Montevideo, 22 de octubre de 2004

Campaña.jpg a recordar la violencia tupamara y el escaso compromiso de la izquierda con la democracia, hablan del clima de intolerancia que se respira (¿¿??), el revanchismo de las hordas marxistas, la incompetencia de la izquierda para gestionar los asuntos públicos (como si la suya estuviera fuera de cualquier duda). No sé, botar a esta clase política, que dice representarnos, y que ha usado al aparato de Estado en su propio beneficio, ya es un asunto que justificaría mi voto por la izquierda (o por lo que dice llamarse tal). Pero tengo algún que otro motivo (no demasiado sólido, calculo) para votar al Frente Amplio... a pesar de Tabaré Vázquez.

A la mediocridad y banalidad de esta campaña ha contribuido, claro, la izquierda. Como las encuestas le dan el 50% (punto más, punto menos) de las intenciones de voto, llegaron a la conclusión de que lo mejor es no decir nada, dicho esto en su sentido más literal: queremos la justicia social, ayudar a los pobres, hacer crecer al Uruguay, fomentar la cultura y que los uruguayos vivan mejor. Una especie de catálogo de buenas intenciones. Sordos y mudos. No aceptaron ningún debate con candidatos de los partidos tradicionales por temor a un traspié, con la eventual pérdida de 1 o 2% de las intenciones de voto.

La campaña consiste, básicamente, en un torneo en el que todos se presentan como el campeón de la multiplicación de los panes y los peces. Los competidores son tributarios, sin excepción, de la racionalidad económica. Cómo crecer y crecer, cómo persuadir al gran auditorio de que con mengano en la presidencia tendrá más bienes y riquezas que con sultano. Con mayor o menor énfasis, todos están de acuerdo en que para evitar lo peor, hay que aceptar lo inevitable. Como el ámbito de lo posible fue reducido a su mínima expresión, el espacio de la libertad, que no es otra cosa que la posibilidad de elegir, también es escuálido. Por tanto, la política, en lugar de ser justamente ese ámbito en el que se debaten las diferentes ideas, proyectos acerca de qué y cómo hacer con la comunidad en la que se vive, termina convirtiéndose en un asunto técnico, meramente instrumental, cosa de gestores y expertos y no de ciudadanos. Ya le imagino pensando que no era esto lo que le interesaba saber. Tenga un poco de paciencia.

No desconozco los padecimientos de centenares de miles de personas en este país, ni soy tan ingenuo como para no comprender que para ellas la satisfacción de algunas necesidades básicas es impostergable, está antes que cualquier otra consideración. Eso es así, no admite dos puntos de vista. Pero, en primer lugar, todos (incluida la izquierda) están tan sometidos a los imperativos del mercado y se autoimponen tantos constreñimientos que es dudoso que esa prioridad que le dan a la lucha contra la pobreza pueda llevarse a la práctica. Y en segundo lugar, el ciudadano no es únicamente homo oeconomicus. Esa idea del individuo guiado exclusivamente por su interés egoista es tan liberal como falsa. Las lógicas del mercado y de la democracia son opuestas; en el mercado impera la ley del más fuerte, la democracia, en cambio, es el universo de los derechos, de la igualdad entre los humanos. Ser de izquierda hoy es luchar por más política, no menos. Más política en el sentido de oponerle (imponerle) a la lógica del mercado (o de las tradiciones, la religión, la nación) una lógica de los derechos humanos, que por ser tales no pueden depender de que los ciudadanos tengan un empleo y un ingreso, por ejemplo. Bueno, otros asuntos que tienen que ver con el bienestar y la libertad de los individuos están totalmente ausentes de esta campaña. Un solo ejemplo: hace más de un año la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de ley para legalizar el aborto y hace tres semanas el Senado lo rechazó (paréntesis: el único senador del Frente Amplio que votó en contra del proyecto fue el tupamaro Fernández Huidobro). Había un impasse y hasta se manejó la posibilidad de convocar un referéndum para decidir. ¿Y a qué consenso llegaron los políticos de todos los partidos? Mejor lo dejamos para marzo de 2005, después de las elecciones, porque de lo contrario el tema se va 'a politizar' durante la campaña (!!!). Caramba, uno suponía que las campañas electorales eran precisamente para eso, para discutir las políticas a seguir, entre ellas la relativa al aborto. Podría decirse que es EL momento de discutir ese tipo de cosas.

Es habitual que llegados a este punto se ponga un reparo lapidario: muy interesante lo suyo, pero lejos de la realidad. Por eso le aclaro que no tengo expectativas de alcanzar 'lo imposible' (...); espero de un eventual gobierno del Frente Amplio que haga algunas cosas que son totalmente posibles y que siempre dijo que iba a hacer. No creo que a nadie le puedan parecer insensatas.

- que revoquen el sistema tributario más injusto del mundo y que la gente que tiene mayores rentas pague más y los que tienen las menores paguen menos (será, entre otras, una forma de distribuir un poco mejor la riqueza en este país).

- que atiendan la emergencia social que hay en este país: más de la mitad de los niños viven por debajo de la línea de pobreza y más del 30% de la población idem. No se los puede condenar a la miseria porque no tienen un trabajo formal. Hay que convencer a la sociedad de que, por razones que no son económicas sino morales, no puede aceptar que la mitad de sus niños viva en la miseria.

- democratizar los medios de comunciación (y no hace falta que agregue nada, porque ya conoce Ud. el "estimulante" y "democrático" panorama en ese terreno), lo que supone tal vez rever el otorgamiento de ondas por el Estado.

- democratizar todas las instituciones del Estado, en particular las instituciones más punitivas y represivas: Policía, sistema penitenciario

- reformar el sistema educativo, lo que supone no sólo darle más recursos a la educación, sino también otro carácter. Educar es formar ciudadanos, individuos dotados de convicciones morales y éticas y no meros consumidores o trabajadores hábiles y competitivos. La educación es el gran igualador de oportunidades. Sin un buen sistema de educación PUBLICA --y las condiciones para que los niños concurran a ella-- siempre habrá hijos y entenados.

- dejemos de lado la posibilidad de anular la ley de amnistía para los militares que torturaron y mataron durante la dictadura (el 'pueblo uruguayo' la avaló en las urnas). Lo que un gobierno de izquierda no debería tolerar es que siga habiendo en la cúpula de las FFAA generales que reivindican lo hecho durante la dictadura. 'Ud., señor general, no puede defender públicamente un régimen que torturó y desapareció gente, así que dése por pasado a retiro'. Eso hizo Kirchner en Argentina y no pasó nada.

- jugarse en serio por el Mercosur, como no lo han hecho los gobiernos anteriores, lo que supone no limitarlo a un gran mercado en el que circulen libremente capitales y mercancías, sino darle un alcance político, lo que quiere decir resignar al menos en parte -ay- ese mito de la soberanía nacional. Un Mercosur político supone alguna forma institucional y legal supranacional.

Si hacen esto, yo estaré satisfecho con la decisión de haberlos votado e incluso estaría dispuesto a defender a ese gobierno. Con estas expectativas es que los voy a votar (le iba a decir: hay una historia detrás, que avala esas expectativas, no es mera ilusión... pero claro, mejor no hablemos de la historia de la izquierda, de la de este país y de la del mundo, porque tiene sus Lichte und Schatten, desde las ideas más lúcidas a los criminales más abyectos). No tengo un entusiasmo desbordante. Pero tampoco descarto que me emocione si, llegado el 31 de octubre, se confirma ese triunfo "histórico". Tengo una idea de la política y de lo que constituye una victoria tan diferente de la que tenía hace treinta años que no es fácil establecer vínculos entre mis 'emociones' pasadas y presentes. Entre otras cosas, estoy muy poco inclinado, en asuntos políticos, a dejarme guiar por las emociones. En estos momentos es bien difícil lidiar con ellas. Hasta en los círculos más próximos es imposible pensar. Sólo se aceptan adhesiones... en lo posible incondicionales. "No es éste el momento de introducir la duda, la crítica..." (lo habrá oído usted).

Aun con todos estos reparos... no abrigo la menor duda acerca de mi voto. Quiero que se vaya esta gente, que no vuelva nunca más, terminar con este tabú de un gobierno de izquierda, como si fuera no sé qué... 'Démosle una oportunidad al cambio', como dice la propaganda electoral, y si no, por lo menos tendremos una izquierda que ingresa a la fiesta de la sociedad de mercado y contemplaremos orgías impúdicas y otras degradaciones propias de estos tiempos. Uno ya pensaba que Uruguay era imposmodernizable.

Pienso que quienes nos gobernaron durante los últimos cincuenta años convirtieron un país razonable en una provincia llorona que se queja por ya no ser (además de dejarnos una dictadura). En otros momentos, en cambio, pienso que -deseos al margen- después de todo, en el terreno estrictamente político no salimos tan desfavorecidos (al menos en el contexto latinoamericano).

La campaña obsequia cada día alguna perla: Primer plano de un candidato a senador por el Partido Colorado, testa engominada, sonrisa fácil. Habla: "¿Se acuerdan, en los años 60, de aquellos apagones de horas? A mi padre le encantaban, porque no se podía hacer otra cosa que reunirse alrededor de un vela a conversar. Así se unía la familia. Yo propongo un gran apagón nacional para que todos los políticos nos sentemos alrededor de una mesa y nos pongamos de acuerdo para sacar a Uruguay adelante". (sic)

Otra prueba del abismo que separa la retórica política del mundo real fue la concentración en Masoller (el paraje en el que tuvo lugar la batalla en la que murió Aparicio Saravia hace exactamente cien años), organizada por las huestes nacionalistas: estrado con alta concentración de candidatos, incluido el presidencial, literalmente disfrazados de gauchos (con chiripá, botas de potro, chambergo, rebenque), mientras el auditorio hablaba por celular, estacionaba sus 4 x 4. Patético... Las payasadas que a veces tienen que hacer los políticos es digna de mejor causa. A veces me inspiran compasión... de verdad...

Cuando los domingos paso por la esquina de Orinoco y Amazonas, en Malvín, hay siempre algún sujeto hablando del promisorio futuro que nos aguarda si votamos al FA, que no hay voluntad política para resolver los problemas, que los que nos gobiernan son unos corruptos o vendidos al neoliberalismo, y a los organismos financieros internacionales, que nos cobran intereses leoninos, que asfixian a nuestros productores y que traicionan el legado artiguista (¡¡¡legado artiguista!!). Mucho viejo entre el auditorio. Los voy a votar, sí, pero no se me puede pedir que me ufane de hacerlo.

Los jóvenes, que no conocieron la dictadura y mucho menos a los Tupamaros, sufragarán masivamente (oh, ironías de la historia) por el actual senador José Mújica, líder histórico tupamaro. Uno de cada dos uruguayos va a votar al FA y muy probablemente uno de cada cinco a un líder tupamaro. ¿No es parajódico? Como guerrilleros padecieron aislamiento, como políticos pragmáticos y "realistas" concitan la adhesión de centenares de miles.

El Partido Colorado acaba de sacar una joya publicitaria en la que aparecen la mujer de Mújica y Fernández Huidobro en 1996 entrevistados para un documental alemán sobre la historia del MLN en el que declaran que no creen en esta democracia formal y cuentan con pelos y señales cómo preparaban los atentados en los años 70. Voz en off: "éstos son la mayoría del Frente Amplio". Tuvieron que suspender su emisión porque "los alemanes" se niegan a que utilicen el documental con fines propagandísticos. Cruel destino el de los Tupamaros, que aunque hoy nadie duda que apuestan por participar del juego democrático (entre otras cosas, les ha ido mejor así que antaño), no dejarán de estar en la picota mientras no acepten públicamente que su aventura de los años 60 y 70 fue un gravísimo error, más alimentado por la importación de una ideología castrista que por las condiciones políticas y sociales domésticas. Hacen auto de fe democrática, pero se resisten a decir "erramos". Esa ambigüedad los perseguirá siempre.

Lo peor es que la izquierda se amilana, tiembla ante los embates de la derecha. Cuando bien podría decir, ¿quieren discutir del pasado? Discutamos. ¿Recuerdan quién encabezó la dictadura más sangrienta de la historia de este país? Juan M. Bordaberry, un colorado. ¿Quién fue canciller de la dictadura? Juan Carlos Blanco, un colorado. ¿Recuerdan qué hizo el actual senador colorado Pablo Millor? Fue miembro de ese engendro legislativo que pergeñó la dictadura, el Consejo de Estado. En lugar de eso, se niegan a polemizar. Ya pasó algo similar en las elecciones de 1999, cuando perdieron el balotaje y lo atribuyeron a que algunos dirigentes insistieron en que el FA iba a implantar el impuesto a la renta (como por otra parte está establecido en su programa).

Mire Ud., no habrá socialismo, ni dictadura del proletariado (por suerte) ni fin de la explotación del hombre por el hombre, pero tal vez puedan emprenderse algunos cambios que conviertan a esta sociedad en más vivible, si es que la gente está dispuesta a mojarse un poco el culo, porque lo peor de esta política es que los ciudadanos suelen elegir delegar su poder decisorio en sus representantes, porque quieren dedicar sus energías a sus asuntos "privados", como si la política fuera nada más que el irrevocable decorado en el que transcurre lo verdaderamente importante: lo mío. Y luego a quejarse, claro. Intervengo, con mucha modestia, en el ágora.

No sé si esto satisface su curiosidad sobre el proceso electoral. No puse una bandera del Frente en mi balcón, pero decididamente saldré a festejar el 31 de octubre de noche el final de una época. (¿sabía que los partidos Blanco y Colorado están entre los más viejos del mundo?).

Reciba mis mayores consideraciones. Le tendré al tanto del desenlace de todo esto...