Montevideo, 6 de noviembre de 2004
El gran espectáculo de las masas haciendo la historia, el surgimiento de un Montevideo insospechado... haciendo acto de ciudadanía con insólita alegría y gestos de complicidad impropios de los orientales, esa atmósfera que se respira cuando la polis presiente que está viviendo algo fuera de lo ordinario... y todos se imaginan el día en que dirán 'yo estuve allí'. La chusma en la calle, la canalla y sus zafiedades, el zurdo por fin confirmado en sus evangelios, el pobre imaginando paraísos, hay para todos, o para casi todos, el progre, el rojo, la señora paqueta, el joven inconformista, el laburante, el Uruguay productivo (sic)... bailaron y se dieron la mano.
Se perdió Ud. esos cuatro días en que reinaron los despreciados, los económicamente inviables, los desprolijos, los que no se plegaron a lo 'inevitable', los que no creen que la política sea sólo el decorado en el que transcurren nuestras vidas privadas, los negros, los maricones, los que hicieron algo mal y por eso no triunfaron, los perseguidos, los torturados, los pocos que piensan en lugar de creer, los que no dicen 'esto es lo que hay, valor'.
Se perdió las 96 horas que conmovieron al Uruguay, una fiesta del pueblo llano, en la que no faltaron el alcohol, los pequeños desbordes que provoca la desaparición momentánea de la autoridad y las expectativas más descabelladas. Miles de personas desparramadas por la calle, centenares de miles, cuatrocientas mil personas apretadas por la Avenida del Libertador Lavalleja. ¿Se imagina 400.000 personas juntas? Estuve allí. Y en ese msmo lugar estuve en 1971, durante el mismo acto de campaña... treinta y tres años después (una bocha de años). Estos días estuve con gente que no veía desde hacía treinta años, que estuvo presa...y me enteré de historias conmovedoras: una mujer anónima que llama a mi amigo DR para decirle que tenía dos botellas de pisco guardadas para festejar con él y algunos miembros de su familia. Veintiocho años atrás --¡28 años, en plena dictadura!-- el padre de DR le llevó a reparar unos sillones al padre de esta mujer en Maldonado y cuando le fue a pagar la reparación, el hombre le dice: a un miembro de la familia R no se le cobra nada porque ya han pagado "un tributo muy alto en sangre a este país" (sic). Se la hago breve: por ese gesto, el padre de DR le regala dos botellas de Pisco chileno... "para festejar cuando en este país haya libertad". El tapicero se murió hace dos años y el padre de DR hace muchos más... Pero la hija mantuvo el 'legado' de aquel viejo y cuando creyó que con el triunfo de la izquierda había llegado el momento de 'la libertad en este país', hurgó y preguntó hasta dar con la familia de mi amigo para beberse el pisco. De más está decirle, que mi amigo DR ignoraba completamente esta historia ocurrida cuando él era un infante. El relato le dará una idea de qué cosas emergieron estos días con el triunfo de la izquierda.
Precisamente esa inclinación humana a no perder la esperanza, a creer a pesar de todo, me conmueve y me asusta a la vez. Es tan enorme la desesperación que la gente espera un milagro. Votó a favor de que se produzca un milagro, porque ya no puede con lo real.
No creo que vaya a haber milagros, pero hubo fiesta...
Podría terminar aquí mis comentarios, tal vez porque prefiero quedarme con ese recuerdo de estas elecciones. En esas circunstancias, y seguramente el 1º de marzo del año que viene, cuando se produzca el cambio presidencial, se experimenta algo parecido a la ausencia de autoridad –política y espiritual--, lo que da rienda suelta a la imaginación, las personas se permiten ir un poco más allá de lo 'posible', pensar que no todo se resume en lo dado, imaginar que nuestras existencias tal vez puedan discurrir de otro modo al que aceptamos cada día. El uruguayo, como usted sabe, no es muy dado a perderse en la selva de las pasiones (lo que tiene un lado bueno desde el punto de vista cívico, vistos los resultados que han dejado en el último siglo las pasiones políticas), por eso no hay que perderse esas excepcionales situaciones en las que sí logra imaginar… que no es una actividad propia de soñadores extraviados, sino simplemente de gente capaz de pensar que puede haber algo más allá de lo dado.
Pero estoy dispuesto a hablar de política con mayúsculas, de las posibilidades de que pase algo diferente, de qué es el Frente Amplio y mis expectativas sobre él. No es la izquierda de los años 70 (por suerte, cabría agregar), de modo que nadie se imagina que tocaremos el cielo con las manos. Aun así, creo que hay muchas cosas por hacer, muchas cosas interesantes y posibles (siempre y cuando no se tome como referencia del valor de esos cambios a un ideal de libertad, justicia e igualdad totales y perfectas).
Lo que me preocupa no es que un gobierno del Frente no revolucione todo (en primer lugar, porque no me parece que sea posible en un país de las dimensiones y el peso que tiene éste), sino que no haga nada de lo que sí puede hacer, que además dijo que iba a hacer y que podría contribuir a que en este lugar seamos un POCO más libres y que haya un POCO más de justicia, lo que No es POCO en absoluto.
Tengo mis dudas de que vaya a ocurrir. Y cuando digo dudas me refiero exactamente a eso. No es una forma elegante de decir que no lo van a hacer. No me identifico mucho con esta izquierda contemporánea y percibo en ella algunos males propios de todos los políticos (burocracia, ilusíón fetichista en el saber, en el puro crecimiento económico, sometimiento a los prejuicios de la masa, cierta pereza para pensar más allá de cuatro dogmas congelados y mucho más), pero también hay gente inteligente, con la idea de que se pueden organizar las cosas de otra manera y hay sobre todo una historia que dice que la izquierda siempre estuvo del lado de los perdedores y que se pasó décadas diciendo que cuando llegara este momento... bla, bla, bla. Bueno, me imagino que esa historia de 33 años, esas expectativas, promesas, luchas, críticas y en especial lo que hagan los que votaron a la izquierda generarán una dinámica diferente, que a mí en principio me interesa y presiento que puede ser más esperanzadora, a pesar de que los dictados del poderoso mundo sigan allí, tan sólidos como siempre. Tampoco descarto que en algún tiempo le diga que estaba profundamente equivocado. No ignoramos Ud. y yo que además de sus luces, la izquierda del mundo entero también tuvo y tiene sus sombras.
La tendré al tanto, señora, de cuánto acontezca por aquí
Suyo, Voltaire