Papeles, papeleras y papelones
Voltaire
Las plantas de celulosa que se están construyendo en las cercanías de Fray Bentos están llenando, con razón, muchas páginas de papel y horas de radio y televisión con polémicas furibundas. Los ciudadanos, sin embargo, asisten perplejos a la discusión. De un lado apología del crecimiento económico, confianza ingenua en los paraísos que nos aguardan con las inversiones de Botnia y Ence y excomunión de los infieles que “se oponen al desarrollo”; del otro, autos de fe ecologista, anuncios apocalípticos sobre la desaparición del Uruguay Natural y anatemas del capital transnacional.
Como es habitual en este país (y por lo que sé, en otros también), estas discusiones se parecen más a diálogos de sordos que a un intercambio de argumentos razonados, más a una riña de gallos que a reflexiones de sujetos que piensan, presentan y refutan argumentos. Los involucrados en una polémica suelen tener como meta con-vencer al circunstancial oponente, antes que analizar con detenimiento sus razones. Si las hubiera, claro, pues con demasiada frecuencia antes que razones se presentan opiniones, que, como se sabe, son gratuitas… porque para dotarse de una sólo hace falta estar dispuesto a adherir a ciertos “principios”, que fungen como coraza cuando lo real nos desautoriza. Si los principios se dan de narices con la realidad, pues peor para la realidad. Algo de esto está ocurriendo con el imposible debate que está suscitando la instalación de las papeleras.
En lo que atañe al gobierno, a sus malos modales a la hora de tomar las decisiones (“las plantas de celulosa se van a construir caiga quien caiga”), hay que sumar su incombustible fe en el progreso y en el dogma del “derrame”, que pretende que con las inversiones siempre vienen los puestos de trabajo y tal vez la felicidad humana (la que termina en colorín colorado). Esta visión idílica del desembarco del gran capital, demás está decirlo, no siempre ha sido confirmada por la experiencia (nótese que hablo del capital a secas, con independencia de su lugar de nacimiento, una contingencia que mortifica únicamente a los patriotas). Expongo una sola de mis múltiples dudas al respecto: ¿no podrían acaso anularse los puestos de trabajo que crearán las benditas papeleras por la supresión de otros tantos en áreas como el turismo o la pesca artesanal?
Con todo, el núcleo del supuesto debate es la cuestión ambiental, que parece limitada a la contaminación del río Uruguay y a la calidad del aire del entorno de las plantas, puesto que el problema más importante –la desertificación y erosión de los suelos derivadas de los monocultivos forestales– parece ausente de la discusión, cuando no debiera estarlo, dado que la expansión de esos cultivos por estos lares es la causa de que Ence y Botnia se instalen por aquí, y no los supuestos impedimentos para contaminar que tendrían en Europa. De no abordarse ese aspecto de la cuestión, deberemos prepararnos para recibir no una, sino diez, cien, mil Botnias, que convertirán al país en una gran fábrica de celulosa.
El primer despropósito del gobierno, cometido por el ministro de Medio Ambiente, es contarle a los ciudadanos que las fábricas no contaminarán. Es una mentira que no se sostiene y que, por otra parte, casi nadie cree. La cuestión no es –con perdón de aquellos feligreses que quieren convertir a la naturaleza en una suerte de lugar de peregrinación– si las plantas contaminarán o no, pues cualquier emprendimiento humano de naturaleza industrial contamina o altera el entorno. La cuestión es, al menos así me lo parece, cuáles son los costos y beneficios de un determinado emprendimiento (daños y beneficios que obviamente no deben medirse únicamente con parámetros crematísticos). Este es el auténtico debate que debe tener lugar en la sociedad. Sobre los beneficios ya han hablado los defensores de los proyectos: unos centenares de puestos de trabajo, que sólo una visión frívola del asunto puede despreciar y sólo un dogmático creyente en el progreso puede convertir en el único criterio a la hora de decidir.
Los eventuales perjuicios remiten –ya se lo ha dicho hasta el hartazgo– a la cuestión ambiental, que es de gran complejidad técnica y que no admite el “me parece” o “un muchacho que sabe me dijo que van a contaminar el río”, sino que requiere un conocimiento especializado que parece estar ausente del debate. A pesar de formar parte de la masa de ignorantes a los que las dosis de cloro o los efluentes que irán a parar al río Uruguay le dicen bien poca cosa, creo poder afirmar que:
- las plantas de celulosa van a contaminar y sólo la arrogante y crédula versión del gobierno se anima a negarlo
- que esa contaminación está dentro de los márgenes que aceptan otras legislaciones avanzadas del mundo
- que hay tecnologías más limpias (sin ningún tipo de cloro en el proceso industrial) que las que se van a usar en las plantas de Río Negro, pero con ellas no se puede obtener el papel blanco más apreciado por el mercado
- que no es de mal pensado abrigar dudas acerca de la capacidad de control de la administración uruguaya para hacer cumplir la legislación ambiental.
Con estos elementos de juicio –y no en el seno de una burbuja metafísica en la que se recreen condiciones ideales–, la sociedad debe decidir qué hacer. Cuando, como en este caso, no es posible armonizar beneficios económicos y preservación ambiental, la sociedad (no sólo el gobierno) tiene un problema.
Un gobierno menos arrogante y menos colonizado por una idea demasiado simplista del desarrollo, le plantearía el siguiente dilema a la sociedad: hay inversores que quieren instalar dos plantas de celulosa en una zona particularmente deprimida desde el punto de vista social y económico de este país y nos parece que habría que contemplar la posibilidad de autorizar esas inversiones. Sin embargo, y a pesar de nuestro compromiso de que controlaremos que se cumpla la legislación ambiental y que clausuraremos las plantas si las usinas superan el límite de emisiones permitidas, no podemos asegurar que esa actividad industrial será enteramente limpia, entre otras cosas porque si los ciudadanos quieren papel blanco, de ese que se usa, entre otras muchas actividades, en el área informática, no es posible suprimir enteramente el cloro del proceso productivo. No hay compromiso posible, no podemos tener el pan y la torta, naturaleza impoluta y papel blanquito, puestos de trabajo y aire prístino. ¿Qué hacemos?
La pregunta es particularmente pertinente en una era en la que el ciudadano se ha puerilizado hasta límites inimaginables: cree tener derechos pero no obligaciones, no soporta posponer gratificaciones y placeres, demanda aire limpio y silencio en las ciudades pero no vincula esas exigencias con su uso del automóvil particular, quiere todo y lo quiere ya, incluido el papel blanco pero sin fábricas de celulosa. No se plantea que tal vez tenga que renunciar a algo (al papel blanco, por ejemplo) para conservar los recursos naturales.
El dilema (económico, ambiental, moral) no se resuelve, obviamente, por la facilonga vía de decir: “no en mi patio trasero, que pongan las fábricas en otro lado”… ¿en Burkina Faso, por ejemplo? No se lo resuelve, porque si todos los ciudadanos del mundo respondieran de ese modo, lo único que conseguiríamos es que cada país esté obligado a tener su propia “plantita” de celulosa para producir el papel que consume esa sociedad. Se desplazaría el problema pero no se lo resolvería.
¿Esperaban una respuesta al dilema? Lamento defraudarlos. No la tengo. Pero si el gobierno decidiera estimular el debate ciudadano, en lugar de decir “no hay marcha atrás”, estaría dispuesto a participar en él y eventualmente dejarme convencer, con argumentos, no con propaganda, de que una de las dos alternativas es más razonable.
Ultima constatación: contemplo azorado y perplejo la pelea de barrio en la que están enfrascados los gobiernos de Uruguay y Argentina, dos países condenados a entenderse y a convivir. Y los medios de comunicación locales vuelven sutilmente a hacer gala de una de las peores miserias humanas, la que convierte al “otro”, al “extranjero”, en este caso al argentino, por el solo hecho de serlo y no porque esgrima razones refutables, en enemigo. He aquí la mejor forma de no discutir lo que realmente importa. Sería atroz que se intentara legitimar socialmente un proyecto industrial disfrazándolo de cruzada nacional.
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Respuestas
Este es, a mi juicio, un aporte invalorable para acotar el debate acerca de la instalación de las papeleras en el margen oriental del río Uruguay. Ojalá los medios, occidentales y orientales, no lo silencien. JS
Papeleras: ¿regla o excepción?
Píldoras amargas
Por Teodoro Boot (vecino de Gualeguaychú, especial para Causapopular.com.ar)
Milagro en el litoral
Los vecinos de Gualeguaychú planean no sólo seguir, sino incrementar la
frecuencia y duración de los cortes del puente internacional que une a esa
localidad con Fray Bentos, donde el gobierno uruguayo autorizó la
instalación de dos plantas de fabricación de pulpa de celusosa.
Por desconocimiento, distracción o mala fe, la prensa porteña y montevideana
los define "ambientalistas", incurriendo en un error: no es la protección
del medio ambiente lo que resulta capaz de movilizar y enfervorizar a esos
miles de pacíficos, distraídos y por lo general indiferentes entrerrianos,
sino la defensa de su pueblo, sus casas y su forma y medios de vida. Más que
"ambientalismo", es "humanismo". Como sea, supone una inusitada toma de
conciencia sobre la relación que une al medio ambiente y los recursos
disponibles con una vida humana decorosa y sustentable.
El milagro es obra, pura y exclusiva, del gobierno de Tabaré Vázquez.
Porteños
La expectativa con que las elecciones presidenciales uruguayas fueron
seguidas en los países vecinos, particularmente en la Argentina, fue todavía
mayor en Gualeguaychú: todos daban ahí por descontado que un eventual
triunfo del FA implicaría por lo menos la suspensión del convenio firmado a
último momento por el inefable ex presidente Batlle. Es fácil imaginar la
sorpresa y decepción que supuso su ratificación por las nuevas autoridades.
Pero Tabaré llegó más lejos al desoír el reclamo de conformar una comisión
técnica capaz de evaluar el posible impacto ambiental de las plantas,
acelerando su construcción.
El gobierno del FA no quiere ni oír hablar de comisiones técnicas,
suspensiones, modificaciones o traslados. Con el argumento de la soberanía,
el gobierno del FA decide por sí y desde sí, con una prepotencia que
descarta la elemental cortesía de escuchar a los afectados por sus
decisiones.
La prepotencia de Tabaré ha sido tan explícita y ostentosa que muchos en
Gualeguaychú han dado en sospechar que no sería uruguayo sino porteño. O que
es petiso.
Y más porteños
El senador Eleuterio Fernández Huidobro también ve porteños en todas partes.
En su caso, en un sector de la izquierda uruguaya crítica a las papeleras y
al rumbo que en materia económica está tomando el gobierno de Tabaré, a la
que no sólo acusa de aporteñarse sino de haberse "pasado a su bando".
¿Al bando de quién? ¿De los "porteños" de Gualeguaychú?
¿O acaso se refiere al "bando de los argentinos? ¿Cuál sería ese? ¿En qué
consistiría un "bando argentino" en el Uruguay? ¿Y en qué sentido un "bando
argentino" equivaldría a un "bando antiuruguayo"?
A veces es preferible no hacer estas preguntas. Podrían ser respondidas.
Doble rasero
El Uruguay es o más bien pretende ser un país soberano. Esa pretensión es
compartida por todos cuantos aspiramos a lo mismo de nuestros maltratados
países. Sin embargo, es justo reconocer que la soberanía tiene límites: uno
no es libre e independiente de hacer cualquier cosa. Para ir a un ejemplo,
EEUU no es soberano de ocupar Irak. Puede hacerlo, evidentemente, pero no
nos parece que algún frenteamplista vaya a compartir el criterio del señor
Bush.
¿Por qué entonces la renuencia a aplicar la misma vara para medirse a uno
mismo que la que se usa para medir a los demás?
No somos nada
El pueblo de Gualeguaychú está ubicado fronteras afuera del territorio
oriental, lo que a los ojos del gobierno uruguayo lo vuelve un objeto
pasivo, carente del derecho de opinar y decidir sobre lo que eventualmente
pudiera afectarlo.
El pueblo de Gualeguaychú no tendría nada qué decir de las plantas de
celulosa si se instalaran en Rocha. O en Maldonado. O Japón. Pero sucede que
se instalarán a menos de 25 kilómetros de sus narices. Eso.
Más allá de la contaminación que inevitablemente ocasiona el blanqueo de la
pulpa de celulosa, es un hecho que las plantas producirán un hedor que
vacilaríamos en llamar "insoportable", habida cuenta que la pituitaria, la
más proletaria y sacrificada de nuestras glándulas, al igual que los
pueblos, acaba acostumbrándose a cualquier porquería. Pero en Gualeguaychú
abrigan razonables dudas sobre el futuro de la industria turística: nadie
viaja por el placer de oler mierda. O a "huevo podrido", como dicen con más
elegancia y menos precisión los escritos académicos.
Hechos consumidos
El turismo es la principal fuente de ingresos y empleos de esa localidad de
80 mil habitantes que cuenta con una veintena de buenos hoteles, numerosos
campings, cientos de bungalows y más de medio centenar de restaurantes.
Gracias al turismo los índices de indigencia y desempleo son los menores de
la provincia.
Algún derecho ha de asistir a un pueblo en el que la mitad de sus habitantes
corren el riesgo de perder sus empleos, con todo lo que ello implica. El
gobierno del FA no lo cree así. Y ya ha hecho saber que bajo ningún concepto
aceptará un eventual traslado de las plantas hacia una ubicación que no haga
peligrar al pueblo de Gualeguaychú.
La enorme chimenea de Botnia, visible al otro lado del río, sería en tal
caso una construcción inútil. Habría que dar marcha atrás. Eso es.
¿Cómo dar marcha atrás sin que suponga un menoscabo a la autoridad o a la
soberanía?
Con autocrítica, sinceridad y una pizquita de decencia: si la chimenea de
Botnia ya se yergue del otro lado del río enervando aún más a los
gualeguaychenses, es porque Tabaré decidió en su momento acelerar el
proceso, procurando evitar cualquier cuestionamiento o modificación del
proyecto. En buen romance, aplicando una política de hechos consumados.
El problema de los hechos consumados es que los hechos acaban consumiendo
también a quien los consuma.
Tierrita pobre y sola
Desde fines de la década del 50, el Banco Mundial viene financiando la
forestación en las márgenes de los ríos Paraná y Uruguay. Primero en los
bañados, luego a expensas del bosque natural, finalmente en tierras aptas
para cultivo y tambo.
El árbol de mayor y más rápido crecimiento resultó ser el eucaliptus, idóneo
para la fabricación de pasta celulósica. Uruguay y Argentina son grandes
exportadores de rollizos de eucaliptus. A raíz de la directiva de la Unión
Europea que obliga a la erradicación de su territorio de todas las plantas
elaboradoras de celulosa, las fábricas han comenzado a trasladarse a las
regiones marginales del planeta.
Mal que nos pese, y mirándonos desde Europa, somos una región marginal del
planeta. La prueba es que, en principio, tres grandes plantas se instalarán
en Uruguay. Podría haber sido la Argentina. Da igual. Y de todas maneras esa
posibilidad no estaría descartada para el futuro.
De ahora en más, Uruguay elaborará y blanqueará la pasta que los europeos
transformarán en papel.
La fabricación de papel no ha sido prohibida por la Unión Europea. Lo que
prohibió es la elaboración y blanqueo de pulpa celulósica debido a sus
efectos contaminantes y los perjuicios sociales y económicos que provoca.
Sombra no va a faltar
A raíz de los incentivos del Banco Mundial, casi la cuarta parte del
territorio uruguayo es un inmenso bosque de eucaliptus. La naturaleza, por
sí misma, es incapaz de producir un mamarracho como un bosque de una sola
especie. Lo dijo José Mujica, ministro de Agricultura del gobierno del FA.
El ministro teme que el bosque artificial acabe destruyendo la biodiversidad
y de paso condenando al Uruguay al monocultivo más retrógrado concebible, en
razón de ser el que insume menor mano de obra.
Sólo tres empresas papeleras poseen en la actualidad más de 350 mil
hectáreas de plantaciones de eucaliptus. La lógica más elemental induce a
pensar que muy rápidamente multiplicarán esas extensiones a expensas de la
agricultura, la horticultura, la ganadería y la producción láctea.
A este paso José Mujica perderá su empleo. O se reconvertirá en ministro de
Forestación.
Fatalidad
José Mujica es un hombre muy peculiar. Legendario dirigente tupamaro, rehén
de la dictadura, floricultor, ecologista, notable charlista radiofónico de
discurrir socrático y campero, este, el más popular de los políticos
uruguayos, ha dado últimamente en cultivar un fatalismo oriental. Pero no
oriental de acá, sino de allá lejos. Y en forma ocasional, incurre en la
casi pornografía.
Vean si no: "Con papeleras o sin papeleras vamos a contaminar de todos modos
el río. Eso es consecuencia de nuestra civilización", dijo el ministro muy
suelto de cuerpo y deduciendo que resulta fatalmente adecuado apurar el
proceso.
Con similar lógica debiéramos propiciar la violación de las niñas de diez
años, puesto que, de todos modos, tarde o temprano perderán la virginidad.
Si esto es progresismo, Dios nos libre de los reaccionarios.
De un Pichetto oriental...
En tren de disparates, se venía llevando las palmas el secretario de
Vivienda uruguayo Jaime Igorria. Pero le mató el punto el senador Saravia.
Para este senador frenteamplista, la central de Atucha es un peligro
latente, un Chernobyl en potencia. Se trata de una pavada que no merecería
la menor pérdida de tiempo... de no ser porque el senador la esgrime para
justificar una eventual contaminación de las papeleras. Estamos así en que
si al ministro Mujica se le ocurre propiciar la violación de niñas, el
senador no va a decirle que pare la mano, sino que las va a violar después.
Total, ya estarían violadas.
... a un Igorria occidental.
Igorria venía llevándose la palma en tren de prorrumpir en tonterías e inconveniencias,
pero el gobernador Jorge Busti los puede a todos juntos. Es que no sabe qué hacer para
congraciarse con el pueblo de Gualeguaychú, que le ha sido electoralmente adverso. En
este sentido, los funcionarios uruguayos no se equivocaban al sospechar
alguna influencia de la campaña electoral en las actitudes del gobernador,
pero le erraron grueso al presuponer que todo era fruto de los fuegos
artificiales a que son tan propensos los políticos y no, como realmente es,
el justo y razonable reclamo del pueblo entrerriano de la costa del Uruguay.
Inmune a todo, Busti sigue diciendo y desdiciendo, llegando a sospechar de
la existencia de ciertos fondos reservados de las papeleras para
"incentivar" a los funcionarios orientales.
Dicen que el ladrón cree que todos son de su misma condición.
Levantando polvaderas
Entre dimes y diretes irresponsables, la polvareda está tapando a la
montaña, en la que, si se quiere ver, es posible percibir algunas señales
inquietantes que van mucho más allá de este Boca-Peñarol con el que se ha
bastardeado un conflicto que merece mayor seriedad por parte de quienes
deberían actuar como representantes de los pueblos y no como malevos que se
las miden en los baños.
Olvidemos por un momento la contaminación, apuremos el proceso y eliminemos
del mapa a Gualeguaychú, Fray Bentos y Mercedes. Detengámonos en el modelo
de desarrollo pseudoindustrial implícito en la instalación de las plantas de
celulosa, en el inevitable incremento de la forestación y en su consecuencia
más inmediata (el latifundio) y la mediata: el aumento del desempleo, la
pobreza, la migración.
¿Cómo se entiende que en lugar de frenar este proceso, de modificar las
condiciones recibidas, tratando de enderezarlas, un gobierno de izquierda
las profundice, sumergiendo aún más al Uruguay en una situación colonial?
¿Es esta la discusión que el senador Fernández Huidobro pretende soslayar
descalificando a sus objetores internos?
Ahora que somos menos, estaremos más unidos
El uso del término "porteño" como adjetivo (des) calificativo es compartido
por la mayor parte de los entrerrianos que, por eso mismo han de sentirse
vejados por la acepción que le da el senador Fernández Huidobro. Para el
senador, "aporteñarse" es hacerse argentino, pasarse bando, abandonar
Peñarol para hinchar por Boca. Esta curiosa percepción de "los hermanos
argentinos" está muy en consonancia con el desprecio manifiesto con que el
gobierno del FA ha tratado al pueblo de Gualeguaychú, privado de voz y voto
y del más elemental de los derechos por su condición de "extranjero" frente
a los intereses de Botnia y Ence, que parecen ser más uruguayas que la yerba
sin palo.
Curioso modo de propiciar la unión sudamericana.
Señales de humo
La enjundia con que el presidente Tabaré y sus ministros, funcionarios y
numerosos de sus legisladores, insisten en instalar las papeleras contra
viento, marea y razones, puede ser un episodio aislado, fruto del capricho,
la obcecación, el ánimo de demostrar que porteños hay en todas partes o lo
que sea. Excepto para los directamente afectados, puede que finalmente quede
como una amarga anécdota del pasado. O puede ser una señal muy inquietante
del provenir.
Yo tengo un sueño
El ministro de Economía Danilo Astori ha declarado ambicionar dos éxitos
para el año en curso: la (llamémosla por su nombre) privatización de las
empresas públicas uruguayas y la firma de un Tratado de Libre Comercio con
Estados Unidos.
Sus argumentos guardan una notable semejanza con los esgrimidos alguna vez
por su ex homólogo de la otra orilla Domingo Cavallo. Parece ser que la
desregulación de los servicios públicos pondrá a las empresas nacionales
uruguayas en igualdad de condiciones para competir, por un caso, con
Telecom, Telefónica y las grandes compañías norteamericanas. De no existir
en la Argentina la amarga y cotidiana constatación de los resultados, este
disparate movería a risa.
El otro disparate es todavía mayor: ¿cree alguien seriamente que un tratado
de libre comercio entre la principal potencia del planeta y un pequeño país
del cono sur puede remotamente ser un acuerdo equilibrado capaz de
beneficiar a "ambas partes"? Como si pudiera hablarse de "ambas partes" en
la relación entre el elefante y la sufrida hormiguita, dicho esto sin
desmedro del orgullo nacional uruguayo sino sólo a los efectos de un
reconocimiento objetivo de la realidad.
Si en pocos años México, la más importante y poderosa economía de
Latinoamérica, está padeciendo los estragos de un tratado semejante al que
pretende Astori ¿cuánto demorará el Uruguay en ver pulverizada su pequeña
economía? ¿Horas?
Coincidencia
Que los partidos integrantes del FA se hayan desayunado por la prensa de los
afanes de su ministro de Economía guarda un notable y alarmante paralelo con
la arrogancia con que el gobierno de Tabaré ha destratado al pueblo de
Gualeguaychú.
Parece que la cosa no va sólo con los extranjeros.
Mentideros
Las declaraciones de Astori han sido desmentidas una y otra vez por el
canciller Gárgano, que ha desmentido a su vez al senador estadounidense que
anunció que el TLC entre Estados y Unidos y Uruguay estaba pronto para la
firma de las autoridades competentes.
Sin embargo, "el sueño" de Astori no es una versión periodística sino una
declaración hecha con sus propias palabras y su propia voz. ¿Qué desmiente
entonces el canciller?
Tenemos aquí que si el canciller desmiente, el ministro miente. O se pasó de
copas.
Desmintiendo al desmentidor
Si acaso el ministro Astori le da al trago, bueno es reconocer a su favor
que los mamados no mienten por más que los desmientan. Bastaría para ello
recordar que, casi simultáneamente a que ese Mercosur -más nominal que real-
que supimos conseguir mostrara algún atisbo de existencia al bloquear, con
el activo apoyo de Venezuela, el intento norteamericano de convalidar el
ALCA en la última Cumbre de las Américas, los presidentes Bush y Vázquez
firmaban un tratado de inversiones recíprocas que supone un trato
preferencial y no muy recíproco mediante el cual Estados Unidos podría por
acaso vetar una eventual inversión venezolana y Uruguay ¿podría vetar qué?
Sainetes
El nacionalismo sobreactuado con que el gobierno del FA insiste en la
soberanía del Uruguay para hacer lo que se le canta con prescindencia de sus
vecinos y asociados tendría mucho de patético si no fuera tan reaccionario y
antinacional: si no existe la menor posibilidad para países como Argentina,
Brasil, México o Venezuela de construir individualmente una verdadera
independencia, va de suyo que son bastante menores las de Uruguay, excepto
que los frenteamplistas interpreten como "independencia" la de desligarse
del Mercosur para abrazarse a los Estados Unidos.
¿Es esto lo que piensan los frenteamplistas y los que no, son "cholulos
aporteñados que se pasaron de bando"?
La oportunidad calva
Diversas circunstancias objetivas y la progresiva reacción de los pueblos al
sopor de tres décadas permiten, tal vez por primera y más acabada
oportunidad en nuestra historia, augurar cierta expectativa sobre una
gradual unidad latinoamericana. Dirigentes políticos que la van de poetas se
llenan la boca con "el sueño de los libertadores" mientras se hacen los
distraídos o sueñan a lo Astori.
Y fue un sueño, nomás, e irrealizable, porque los libertadores equivocaron
el rumbo y después no tuvieron con qué. El qué y el cómo lo tenía y sabía el
gran traicionado de esa historia de traicionados que es nuestra historia
común: la unión de los pueblos libres, porque es sólo en base a la soberanía
popular -que no excluye a las soberanías "nacionales", pero las excede
ampliamente- que es posible construir en unidad, equidad y justicia.
Pero una vez más, como siempre, se yergue sobre nosotros la sombra de Malinche.
Pobre Malinche
Esta princesa nahuatl, entregada como esclava a los españoles y luego
convertida en amante y guía de Hernán Cortés en su conquista de México, es
posiblemente el más acabado emblema de esa constante que signa la entera
historia de América latina: la traición.
La pobre Malinche goza de mala prensa: la suya no fue la primera ni la más
emblemática de las "traiciones". Al fin de cuentas, ni América era América
ni México, México; y los aztecas, a los que con tanto entusiasmo ayudara a
destruir, eran un imperio opresor de numerosos pueblos, entre ellos, el de
la propia Malinche.
Los antiguos peruanos también tuvieron sus Malinches: Francisco Pizarro no
tomó la capital del imperio incaico con medio centenar de arcabuceros sino
con un ejército de diez mil huancas, cedidos en yanaconazgo por su cacique,
que vio en los españoles la oportunidad de sacudirse el yugo inca. Para no
ser menos, en su asalto final a la ciudad de México, Hernán Cortés contó con
la ayuda de 80 mil tlaxcaltecas.
La suerte que corrieron estos pueblos una vez liberados de la tiranía de sus
vecinos es prueba de lo desafortunado de su decisión. Pero ellos, entonces,
no lo sabían. Nosotros sí.
Para no ser menos
Tuvieron sus Malinches Tupac Amaru y Tupac Catari, Murillo, Castelli,
Belgrano, Bolívar, Güemes, San Martín y el gran traicionado entre
traicionados, José Artigas.
Es que frente a la traición estamos inermes, surge imprevistamente y en el
lugar más inesperado, bajo la forma de la defección, de la búsqueda de la
ventaja rápida e individual.
¿Estamos ante esa perspectiva, nada menos que con un Uruguay frenteamplista?
Imposible saberlo, pero en principio, bastaría decir que dependerá de los
orientales, de que sepan discutir con altura y sinceridad, y,
fundamentalmente, mirando más allá de su propio ombligo.
Los beneficios de madrugar
El Mercosur no sirvió hasta ahora de gran cosa, pero mucho menos sirve no
siendo. Tal vez el gobierno uruguayo se convierta en pionero de su
inexistencia a cambio de algunas ventajas y tratos preferenciales. Tal vez
no. Pero, por lo pronto, las razones esgrimidas para instalar las papeleras
pueden ser equivalentes a las que se esgriman para un Tratado de Libre
Comercio firmado en forma unilateral con los Estados Unidos.
Las "papeleras" se han comprometido a una inversión de mil cuatrocientos
millones de dólares, nos dicen los dirigentes del FA con los ojos como
huevos duros.
¡Mil cuatrocientos millones de dólares!
Lo que es la inflación. Alguna vez alcanzó con treinta monedas.
Autor: Osvaldo Arribas | Enero 19, 2006 6:20 PM
A pesar de que algunas afirmaciones de Teodoro Boot son totalmente compartibles (y ciertas), otras generan enormes dudas, algunas no tienen nada que ver con el asunto que nos ocupa y otras, finalmente, son un enorme disparate.
Por empezar por las últimas, no me imagino de dónde sacó el dato de que la cuarta parte de la superficie del Uruguay está forestada con especies exóticas. Semejante pifia le quita seriedad al artículo.
Otro tanto ocurre con la muy bustiana sugerencia del final de su artículo en el sentido de que el gobierno del Frente Amplio se vendió por unas monedas, como un asqueroso Judas.
Entre las aseveraciones que me producen dudas, destaco la de que la Unión Europea prohibió la instalación de plantas de celulosa. Si Boot puede aclarar cuándo y en qué resolución se tomó esa decisión, me gustaría que lo hiciera. Esto viene a cuento de que se suele afirmar que esas inversiones se desplazan a estas latitudes porque en la UE ya no se les permite contaminar cuando, en verdad, creo que se debe, como afirmo en el artículo, a la muy capitalista tendencia a elegir aquellos lugares que les permiten obtener los beneficios más elevados. Mi opinión es que vienen a instalarse aquí, porque aquí está la materia prima de esa industria. El de la forestación me parece que es el más importante asunto ambiental y que, por desgracia, está completamente ausente de este seudodebate.
La crítica puramente ideológica al "entreguismo" y la traición de los dirigentes del Frente Amplio le merecerá a cada cual la opinión que le merecerá, pero no viene a cuento en este asunto. Estoy de acuerdo en que muchos dirigentes de izquierda de este país están diciendo ahora en el gobierno unas cuantas cosas que no decían cuando estaban en la oposición, pero entre ellas no recuerdo que estuviera la de que se opondrían a las plantas de Fray Bentos.
Aquí lo que estamos discutiendo son los eventuales beneficios y perjuicios de permitir la instalación de dos plantas de celulosa y no si las Malinches o los Pizarros eran buena o mala gente o qué pitos toca Tupac Amaru con el cloro elemental.
Los lamentos de Boot por la pérdida de "soberanía" nacional en estos países se parecen a una fiebre nostálgica, propia de los que no se enteraron de una tendencia irrevocable de estos tiempos de globalización: la impotencia de la política y de los Estados nacionales para someter a una economía nómade y globalizada a los imperativos de la justicia y la igualdad. El reconocimiento tácito de los gobiernos de Tabaré Vázquez, Lula, Lagos y muchos otros de que el capital globalizado es escurridizo y que, por ende, hay que hacer concesiones para "evitar que emigre" a plazas más atractivas son una muestra de esa impotencia de la política. No pueden atribuirse a una coartada propia de "traidores". Me parece una explicación útil para "confirmar" las teorías de los que la enuncian, pero es simplista hasta la caricatura.
Si hay alguna posibilidad (insisto, si hay alguna posibilidad) de que la política deje de ser impotente frente al mercado (y que los gobiernos no tengan que seguir temiendo al nomadismo del capital) es precisamente terminando con esa ilusión que es la "soberanía nacional". La única posibilidad es crear alguna forma de política e institucionalidad tan globales al menos como la economía. Esa política supranacional supondría, como es obvio, renunciar a ciertas parcelas de soberanía estatal propia. Insistir con la cantinela de la soberanía nacional puede ser políticamente correcto pero es además la vía más segura para reproducir la impotencia. Pensaba que un Mercosur políitco (con su legislación propia, ergo con menos soberanía de sus Estados miembro) podía ser un comienzo en este sentido. Pero me parece que va camino de convertirse en una frustración más.
En este sentido no le sorprenderá a Boot que coincida plenamente con él en que una de las mayores tragedias del caso de las plantas de celulosa es el nacionalismo ramplón que está desatando a un lado y otro del río (pero sobre todo en Uruguay). Ya no me quedan dudas de que el gobierno del FA está intentado usar el miserable y provinciano sentimiento anti-argentino que existe en este país para legitimar un emprendimiento controvertido.
Y por supuesto que coincido totalmente con él en que la arrogancia y la terquedad del gobierno uruguayo, la decisión no consultada con Argentina de seguir adelante con el proyecto a cualquier precio están en el origen de esta lamentable pelea de barrio.
Pero insisto en que lo que está en juego en este pseudodebate no es si vivimos en un mundo injusto o si hay traidores a determinadas causas sacralizadas de antemano, sino si las plantas traerán beneficios o perjuicios a los ciudadanos y cuáles son éstos. Sería hora de empezar a discutirlo en serio, en lugar de recurrir a la propaganda o a las consignas políticamente correctas.
Autor: Horacio Caballero | Enero 20, 2006 11:17 AM
Los argentinos (¿o los porteños?) tienen ciertas formas de hacer política que la mayoría de los uruguayos no entendemos del todo. Una de ellas es abodar los temas con una pasión que no admite medias tintas. Así, por ejemplo, Ibarra se convierte en un "asesino" cuando quizás haya sido sólo negligente. Todo conlleva la idea de "ni olvido ni perdón, bomberos al paredón".
El artículo de Teodoro Boot es un poco así. Las papeleras representan el fin de la vida en Gualeguaychú. La izquierda uruguaya es "traidora", se "vende" por treinta monedas. No nos dice de dónde provienen sus datos, ni los que refieren a la prohibición de instalar papeleras en Europa. Lo que sí nos tira es una sarta de consignas piqueteras sobre soberanía, Malinche y Pizarro. En fin, está plagado de mentiras, medias verdades y gritos. Es mentira, por ejemplo, que Artigas haya sido el gran traicionado, más bien fue al revés.
Me parece que las papeleras van a contaminar porque un día empezarán a funcionar, con o sin piquetes. El hecho es que sabemos muy poco, porque mientras el gobierno uruguayo se hace el sota y pretende que no hay amenaza alguna para el medio ambiente, el argentino (y el de Busti) anuncia verdaderas catástrofes ecológicas (y humanas) sin ofrecer datos. ¿Sabemos a ciencia cierta en qué problemas específicos se va a manifestar la contaminación y en qué medida?, ¿sabemos de verdad si los emprendimientos se ajustan o no a las normas legales vigentes? ¿estamos seguros de poder actuar en caso de que contaminen más de lo que nos dijeron que contaminarán?
Cómo son las cosas, cuantos más cortes de rutas haya, cada vez más gente de este lado del río respaldará al gobierno por las razones equivocadas, y más seguros estaremos de que se nos seguirá bombardeando con consignas, de un lado y del otro, que nada tienen que ver con la esencia del problema.
Autor: Carlos Sosa | Enero 20, 2006 3:53 PM
Un dato que no me parece irrelevante. Lo planteó en una columna del diario Clarín de Buenos Aires el analista Julio Blanck y, que yo sepa, nadie lo ha desmentido hasta ahora:
(...) "Es cierto que las papeleras de Finlandia y España han sabido convencer a las fuerzas políticas uruguayas de los beneficios de esta operación: todas recibieron aportes para sus campañas electorales. Pero eso sólo no alcanza para explicar la reacción unánime de respaldo al gobierno de Tabaré Vázquez en la pulseada, que incluyó a empresarios y sindicalistas".
No estaría mal que representantes de TODOS los partidos políticos respondan si esta información es cierta o no. Sería una aclaración voluntaria, naturalmente, dado que Uruguay carece de una ley de financimiento de partidos políticos que obligue a los responsables de sus finanzas a hacer público el origen de sus dineros.
Se trata de un elemento de juicio más (no digo definitorio) para que los ciudadanos saquen sus propias conclusiones.
Autor: Horacio Caballero | Enero 23, 2006 4:39 PM
No hay por qué ser argentino para considerar a Igorra un asesino, para mí es un mono con una ametralladora. Y un imbécil terminal que no puede ocupar ningún puesto laboral siquiera remotamente relacionado con la ecología.
Autor: benito | Enero 23, 2006 7:16 PM
A ver, Claudio, cómo contesto estos aviesos comentarios de mis paisanos del otro lado del río. Y lo de "aviesos" no es culpa de ellos, que no tienen por qué saber que se me borró todo el contenido del outlook, donde, como imbécil que soy, conservaba muchísimos archivos. Es así que, entre otras cosas (como la mayoría de mis notas), no encuentro la muy interesante y fundamentada de Zibechi (que si la conservás, podrías adjuntarles) o un reportaje al Pepe Mujica en el que, si no exageraba como yo en lo que refiere a la superficie forestada en Uruguay, la pegaba en el palo. Sí conservo, por ahí en la biblioteca, los libros-reportajes de Giglio y Mazzeo, en los que habla del tema, así como su retrato, que me resisto a descolgar a pesar de todas las barbaridades que anda diciendo.
A fin de no entrar en una polémica al cuete y evitarme una búsqueda en internet que puede muy bien demostrar que dije una desmesura, voy a aceptarlo de movida. Seguro que no es una cuarta parte del territorio uruguayo el forestado con pinos y eucaliptus, pero si se me permite, les diría a estos amigos que recorran la costa oriental del río Uruguay a fin de que comprueben que, en cuanto a porcentajes, en esa zona me quedé corto. De todos modos, en lo que Zibechi, Mujica y yo estaríamos de acuerdo, es en que se plantaron y se están plantando eucaliptus en tierras aptas para mejores fines. Y que, a partir de las plantas de elaboración y blanqueo de pulpa celulósica, ese proceso se potenciará, a expensas de otros cultivos y actividades, generadoras de más divisas para el país. Y de mayor mano de obra. De ser uruguayo, es en esto en lo que me fijaría. Pero no tengo más remedio que mirarlo desde otro lado y, al fin de cuentas, si uno no puede evitar la creciente tendencia al monocultivo y al latifundio en su propio pago ¿cómo meterse entonces en el del vecino?
Otro tanto podría decirse de la contaminación. Y sobre eso, creo que vuelvo. pero si vuelvo, será con dudas, porque lo de los "niveles" de contaminación es un asunto muy relativo y que acabaremos por evaluar recién después. Antes, que Caballero trate de ser menos perezoso que yo (no le costará mucho) y busque en la internet, si quiere, acerca de la resolución de la Unión Europea que prohibe, a partir de enero del 2007, la existencia de plantas blanqueadoras de celulosa en todo su territorio. Esta es una de las razones de ENCE, que debe cerrar su planta de Pontevedra, como lo recuerda, una y otra vez, el alcalde de esa localidad, para quien ENCE es una auténtica bestia negra. La otra, como muy bien dice Caballero, la de maximizar sus beneficios, no tanto porque acá están los arbolitos, sino porque pagará menos impuestos, salarios más bajos y podrá aprovechar mejor las debilidades del Estado uruguayo, que son muchas si lo comparamos con la Unión Europea. No veo nada qué objetar en que un gobierno decida aprovechar estas "ventajas" comparativas para procurar inversiones, pero debería analizarse mejor si los perjuicios no serán acaso mayores que los beneficios en vez de aferrarse a esa vieja (y mucho más obsoleta que la de "soberanía") idea del "progreso" o del desarrollo industrial como panacea para solucionar nuestros males.
Para ir al ejemplo concreto, las papeleras anuncian, en sus páginas Web, que crearán entre ambas 700 puestos de trabajo directos y unos 8000 indirectos. 4000 cada una, aunque no especifican si serán 4000 distintos. Y en tren de no especificar, no especifican nada, de lo cual podría muy bien deducirse que contabilizan a una enorme cantidad de empleos ya existentes, como los de los carpidores, hacheros o transportistas. A cambio, y me permito asegurarlo así nomás, Fray Bentos perderá los puestos de trabajo derivados del turismo (muy mal aprovechado y desarrollado, por otra parte) y verá reducido el valor inmobiliario de sus propiedades, como ya está ocurriendo en Las Cañas. Si las plantas contaminan seriamente (que contaminan, contaminan, como lo hace prácticamente cualquier proceso industrial) no sólo destruirá la pesca artesanal, sino que afectará la actividad agrícola y tambera (según afirma el alcalde de Pontevedra, que habla todo el tiempo en las radios locales, Francia, gran importador de marisco gallego, exige que no provenga de la ría de Pontevedra. Eso muy bien puede ocurrir con los lacteos de Young, a mi modesto parecer, entre los mejores del mundo). La zona forestal tendrá adonde expandirse, y lo hará a expensas de tierras que hoy ocupan mayor mano de obra de la que requieren los arbolitos.
Sería así que para Fray Bentos y el departamento de Río Negro, los beneficios de las plantas parecerían relativos. Pero ¿cuáles serían los del Uruguay? Sinceramente, ignoro si el gobierno de Tabaré modificó el convenio firmado por Batlle según el cual las plantas se radicarían en la zona franca, lo que las exceptúa de impuestos internos así como de derechos de exportación. Si esa zona franca funciona como una real zona franca, los derechos de exportación se aplicarían a la pasta celulósica sólo si se vende al Uruguay, como ocurre en la absurda zona franca argentina de Berisso-Ensenada, en la que, además, los empresarios argentinos sólo pueden ingresar sus productos luego de hacer una exportación.. En cambio, pueden ingresar libremente mercaderías e insumos a la zona franca de Fray Bentos mediante un despacho de "en tránsito". En "transito" por el Uruguay hacia la zona franca internacional. Con toda sinceridad, espero que Tabaré haya modificado este disparate, pero de todos modos reconozcamos que esas plantas NO fabricarán papel. Ni la pasta que produzcan será uruguaya.
En cuanto a la soberanía, o me expresé muy mal o el amigo Caballero me lee con desatención. En primer lugar, no me "lamento" de nada, ya que el momento de lamentarse era otro. Simplemente constato el hecho de que nuestros países han perdido la capacidad de tomar hasta las más básicas decisiones. Sí afirmo que hay que construir esa capacidad que, como dije en la nota, tiene límites y que, como también dije, de existir, sólo puede existir siendo compartida. Así que en esto no veo qué me critica Caballero, si estamos diciendo lo mismo. Tanto Caballero como Sosa deberán disculpar lo de la Malinche, es una metáfora que, por otra parte, no inventé yo. Aunque debo decir que Sosa me desconcertó mucho con esto de: "Es mentira, por ejemplo, que Artigas haya sido el gran traicionado, más bien fue al revés", y con su pretensión de descalificarme tildándome de "piquetero". Y digo pretensión, porque en lo que a mí respecta, "piquetero" está muy lejos de ser un descalificativo. Los piquetes nacieron, hace ya unos cuantos años, en las ex localidades petroleras de Cutral Co y General Mosconi, acabadas luego de la privatización de YPF, que dejó a medio mundo sin empleo. Fue la única forma de hacerse oír de los que carecían de existencia, de obreros desocupados cuyos problemas y destino no le importaban a nadie. Acuerdo con Sosa en que los piquetes en el puente internacional son contraproducentes en muchos sentidos, pero ¿qué otra cosa puede hacer el pueblo de Gualeguaychú?, si nadie le da bolilla y el gobierno uruguayo muestra una prepotencia y una irreductibilidad merecedora de mejores causas.
A propósito, Tabaré hablaba de "la herencia maldita" al referirse a las papeleras, convertidas ahora en "cuestión nacional". ¿Es que son tan difíciles de entender las razones de Gualeguaychú? ¿Conocen ustedes la zona? Por empezar, los desechos de las plantas, aun en el caso de que pudiera reducirse al mínimo el nivel de contaminación, arruinarán la playa de Ñandubaysal, a no más de 2000 metros de la descarga de Botnia y, para colmo, en una ensenada, que es donde "se recuesta" el agua del río. Se trata el principal balneario y camping de Gualeguaychú, el único sobre el río Uruguay. También arruinará Las Cañas, aunque en Fray Bentos se consuelan pensando en los puestos de empleo. Pero lo importante, y siempre en la hipótesis de niveles mínimos de contaminación, es el inevitable hedor que despide el proceso. Es así, que Gualeguaychú no sólo se verá privado de Ñandubaysal, sino que los malos olores auyentarían al turismo, de lejos, la principal "industria" de la localidad. ¿Cuantos pueblos de 80 mil habitantes conoce el señor Sosa en que existan casi cincuenta restaurantes, por no mencionar los boliches, hoteles, etc? ¿Por qué pienda que mencioné ese dato? ¿Qué cree que ocurrirá cuando se pierdan los miles de empleos directos e indirectos que genera el turismo? Más que duplican los que crearían las papeleras con las que pretende salvarse Fray Bentos. Imagine usted qué pasa si los elimina de golpe. No es, seguramente, el fin de "la vida", excepto las que se tome el delito, que es la primer consecuencia de la desocupación brusca, como muy bien pudimos comprobarlo en nuestro país en las últimas décadas. No, no es el fin de "la vida". Es el fin de la vida social y económica, y la progresiva emigración. Justamente cuando en Gualeguaychú se verifica el proceso contrario. La paciente y constante política de fomentar el turismo, desarrollando infraestructura, educando a su muy antiporteña población en acoger a los visitantes e inventando nuevos atractivos (de los que Gualeguaychú está escaso, de comparárselo con Fray Bentos o Colón) tuvo como resultado niveles mínimos de desocupación, el mejoramiento de las condiciones sociales y una notoria reducción del delito. Circunstancias estas que atraen a nuevos vecinos, con todo lo que eso supone en cuanto a la revitalización de la actividad económica.
Hasta acá, Gualeguaychú viene, económica y socialmente, en un círculo virtuoso. De acabarse el turismo, se verá metido en un círculo vicioso. El olor a mierda en el aire no es precisamente algo que atraiga visitantes, a no ser aquellos que hayan escapado de un manicomio. Y con mucha o poca contaminación, las plantas de celulosa emanan olor a mierda. Resulta por eso incomprensible el empeño del gobierno uruguayo en no escuchar, no conversar ni una sola vez, no analizar alternativas o nuevas posibilidades, manejándose en cambio con prepotencia y obcecación, haciendo del tema una cuestión de "soberanía nacional" (no soy yo, Caballero, el que habla de esto. Es el gobierno del FA). El Uruguay hará valer su derecho soberano, dice Tabaré. Yo no me vanagloriaría: con un pueblito como Gualeguaychú, cualquiera es taura.
¿Cuáles son las razones de Tabaré para ciscarse en las razones de Gualeguaychú? Resulta inevitable hacerse esta pregunta, porque, a primera vista, parece incomprensible. Es posible que Caballero esté en lo cierto y que el gobierno uruguayo esté manipulando el asunto para legitimarlo, soslayando una adecuada discusión. A decir verdad, la protesta contra el proyecto de las papeleras empezó en Fray Bentos, no sólo promovida por asociaciones ecologistas, sino por fuerzas políticas integrantes del FA. Dos ediles del FA se trasladaron varias veces a Gualeguaychú a fin de interesar al concejo municipal, dar conferencias y reportajes a los diarios locales. Hoy, esos objetores se encuentran soslayados y sin espacio en una discusión convertida en conflicto internacional. Dicho sea de paso, si bien Caballero no recuerda que los dirigentes del FA se hayan opuesto a las papeleras, los vecinos de Gualeguaychú tenían muy buenas razones para pensar que así sería, habida cuenta que fueron dirigentes del FA los que los interiorizaron del tema. Claro, como son de Fray Bentos, seguramente no tienen importancia. Por supuesto, el gobierno uruguayo no está solo en eso de manipular el tema hasta sacarlo de órbita y hacerlo irresoluble: lo acompaña Busti, que es quien más ha hecho para encarajinar todo. Ahora devino en "Primer ecologista", justamente él, cuya primer medida de gobierno fue eliminar el decreto firmado por su errático predecesor que prohibía la tala del monte natural. Que es lo que se está haciendo (¡y quemándose en el campo ñandubays, algarrobos y espinillos!) para plantar soja (nuestro equivalente a los eucaliptus uruguayos) sin que al gobernador se le mueva un pelo.
Está demás hacer notar que ese "bustismo" que se me atribuye lo tomo como un agravio personal. Y además, gratuito. No dije que el gobierno uruguayo se haya "vendido" por unas monedas (ni por "un plato de lentejas", como dice Galeano), sino que mil cuatrocientos millones de dólares son, al menos desde un punto de vista macroeconómico, una suma considerable con la que es posible justificar cualquier cosa. Lo que muy bien puede servir de precedente para, con cifras mayores, justificar otras peores y pasarse por el tujes un par de principios. Y acá viene a cuento lo de Malinche, cuya supuesta traición puse entre comillas, precisamente porque no es traición ni algo tan simple como eso. Y de ahí las alusiones a Pizarro y etc, incluyendo a Artigas, por más que le disguste a Sosa. Se trata de una conducta recurrente, originada u originaria de una mentalidad que consiste en dirimir disputas internas recurriendo a la "ayuda" de terceros, más poderosos, lo que al cabo resulta siendo fatal. Dar los ejemplos llevaría un tratado de historia, así que me conformaré con dos: fue en base a esa mentalidad que la oligarquía porteña recurrió a los portugueses para acabar con el artiguismo. Y esa misma mentalidad llevó a Pancho Ramírez a, después de haber vencido completamente a Buenos Aires, entablar "conversaciones" con su gobierno, a espaldas de Artigas. No era un "traidor", ni quería traicionar a Artigas. Tan sólo pretendía sacar ventajas propias. Y miren cómo terminó todo. (De paso, Cañazo, amigo Sosa). Me tranquilizaría pensar que las razones del gobierno uruguayo fueran las que supone Caballero, pero de agregarse otros datos de la realidad a la prepotencia de Tabaré, es posible sospechar otras posibilidades. Hoy, los dirigentes del FA se desayunan de que el mercosur no sirve para nada, pero se olvidan de cuánto hicieron por eso Lacalle y Batlle. Es como si nosotros nos olvidáramos de Menem. O del caos político del que no termina de salir Paraguay. O de que Brasil, que es el que mostró mayor coherencia, no termine de entender que la integración implica inevitablemente que nos nivelemos económicamente y nos integremos política y socialmente. Pero no en abstracto, en las "cumbres", sino a partir de situaciones puntuales, empezando de una buena vez por liberar el tránsito de personas. La protesta por la eventual contaminación de las papeleras podría haber dado la oportunidad de elaborar en conjunto un proyecto de desarrollo regional, pero no de "la gran región" sino de una región concreta, la del litoral, incluyendo la contaminación que poducen otras industrias y el abuso de herbicidas y fertilizantes. En ese marco podría discutirse lo de Atucha, en vez de usarlo como excusa para justificar el propio aporte al desastre. O la contaminación del Paraná. O el desmonte desenfrenado. Pasa, tal vez, que desde Montevideo y desde Buenos Aires, el litoral queda más lejos que la China. De igual modo, los problemas y necesidades de Fray Bentos son más parecidos a los de Gualeguaychú que a los de Maldonado. Y esto debiera entenderse de una vez por todas, tanto en Montevideo como en Buenos Aires.
La actitud del gobierno uruguayo de imponer su decisión en forma unilateral, en vez de discutir la región, le viene fenómeno al gobierno argentino para seguir desatendiendo tanto las cuestiones ambientales como el despilfarro de recursos y un modelo agrario retrógrado y pernicioso, no sólo para la naturaleza sino para la sociedad y, a la postre, el propio desarrollo económico. Esa es la paradoja de la "jugada cortita" a la que somos tan propensos y de la que las papeleras pueden llegar a ser un buen ejemplo. En medio del palabrerío "bustista" y "vazquista", de las "contribuciones" de Greenpeace, que no ayudan en nada, y el desconcierto del gobierno argentino, que no puede fingir la inexistencia de la protesta, pero le gustaría, los vecinos de Gualeguaychú se ven cada vez más impotentes y frustrados. Es esa impotencia y esa frustración la que da origen a los piquetes. Supongo que el resultado será el mismo que teme Sosa. Pero le debo hacer notar que el intendente de Fray Bentos, que viene esquivando a su colega de Gualeguaychú desde hace meses, desde que empezaron los piquetes comenzó a buscarlo desesperadamente. "Ahora, el que no me encuentra, es él" ironizó con visible amargura el intendente Irigoyen. Las cosas hay que tratar de verlas en su contexto.
Me despido lamentando de todo corazón que al amigo Sosa le haya parecido que hablo con mentiras, medias verdades, y gritos. Ocurre seguramente que la impotencia y la frustración no son buenas consejeras para nadie. Tampoco para mí.
Teodoro Boot
(que por contestar estos comentarios, se quedó sin siesta. Espera, entonces, que se valore debidamente el sacrificio)
Autor: Teodoro Boot | Enero 26, 2006 5:28 PM
Claudio,
Esta será la última entrada en este debate, porque porque se pone aburrido.
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Estimado Teodoro,
Más de lo mismo. Creo que está todo dicho, vamos a tener que esperar nuevos eventos desde nuestras respectivas posiciones.
La polémica sobre Artígas no debería desarrollarse aquí (espero que suceda en algún momento). Sólo quiero decir que Artigas no se refugió en el Paraguay, sino que huyó, porque no pudiendo con su genio se enajenó a los últimos aliados que le quedaban después de haber sido derrotado en buena ley (por burro). Te recuerdo de paso la inusual generosidad de Francia, que le dio asilo luego de que Artigas también intentara socavar su autoridad durante largo tiempo. Artigas nunca volvió porque tenía demasiadas deudas pendientes. No comprendo a los artiguistas, que creen que a nuestro prócer sólo lo animaban sentimientos magnánimos y no las ambiciones de poder propias de un caudillo provincial como él, demasiado primitivo y obcecado incluso para su propio tiempo. ¿qué carajo es el "artiguismo? Cada vez lo entiendo menos.
Tenés que perdonarme por usar el término "piquetero" con tanta soltura. Decía hoy un representante uruguayo de Greenpeace, como para defenderse: "a los argentinos cuando no les gusta algo, cortan las rutas". Yo agregaría, cortan las rutas y siguen votando a los peronistas, que parecen ser la panacea para todos los males (¿qué carajo es el peronismo?).
(momento nacionalista) Me tocó vivir en la Argentina hace como treinta años, y hasta el día de hoy recuerdo que le dije a mi hermano en un carísimo contacto telefónico que ese país me asustaba. Era la época de Ezeiza, se andaban matando como perros entre ellos y hasta el día de hoy no entiendo por qué, ni quién era quién. Gracias al informe de Crónica TV sobre un corte de ruta en "Las Toninas" (¿dónde carajo queda eso?), lo tengo más claro. Cortaron la ruta a Mar del Plata (una multitud, muchos más que los ecologistas de Gualeguaychú), porque querían "una costanera como tienen los otros" y "un acceso con rotonda como tienen los otros". Si cortar rutas bastara para derribar a la injusticia y al sistema capitalista, seguro que estaríamos todos haciéndolo. Pero el gobierno los mira con benevolencia porque está horneando algo totalmente diferente.
Por último, hoy escuché en la tele a un fraybentino que se preguntaba si las papeleras se iban a instalar igual (lo más probable), ¿cómo iban a seguir promoviendo su turismo los vecinos de Gualeguaychú, después de haber pronosticado y piqueteado tanto sobre la "muerte ambiental" de la zona? Y si las consecuencias no son ni de cerca las que los ambientalistas locales pronostican, ¿encontrarán alguna manera de volver atrás sin cortar alguna otra ruta?
El tiempo lo dirá.
Saludos cordiales
Carlos
Autor: Carlos Sosa | Enero 27, 2006 2:45 PM
Ché, Carlos, se te están mezclando los voquibles: que sea TU última entrada no significa que sea LA última.
L.Q.Q.D.
Autor: fer | Febrero 2, 2006 10:56 PM
Otro tema interesante, que tal vez deberíamos discutir es la relación entre saber y poder. El único asunto que me preocupa es el del impacto ambiental y social de los emprendimientos, porque me tienen sin cuidado las razones ideológicas para oponerse a “las inversiones extranjeras” o el también supuesto “entreguismo” de las autoridades uruguayas. Mis dudas se refieren sólo a este asunto. Pues bien, como la mayoría de los ciudadanos no somos químicos ni biólogos y el asunto es de una gran complejidad técnica, estamos condenados a “creer” lo que dicen estos o aquellos informes y aquí es donde se plantea el tema de la relación de poder que se establece entre los iletrados y los “expertos”. Estamos inermes ante su “sabiduría”. El problema bien merece que se le preste atención, ¿no?. ¿A quién debemos creer? ¿A Greenpeace, a Igorra, a Arana, al informe del Banco Mundial, a la DINAMA de la época de Jorge Batlle, al informe de la delegación argentina en la comisión binacional, a la Unión Europea? La respuesta es bastante complicada. ¿Deberíamos pronunciarnos exclusivamente en función de quién nos merece más confianza, de quién nos da la razón, de qué informes coinciden con nuestras ‘opiniones’, adquiridas a precio de saldo en el mercadillo de los lugares comunes? No lo sé. Es un gran dilema. Resolverlo no es un asunto menor. Si no lo hacemos estamos condenados a ser carne de prejuicio, picadillo para los que “saben”.
Autor: voltaire | Febrero 13, 2006 4:19 PM
¿En quién confío en lo que concierne a los estudios técnicos y a la hora de establecer cuáles pueden ser los eventuales impactos ambientales de las plantas de celulosa? Si fuera un experto leería todo lo que se ha publicado hasta ahora y sacaría mis propias conclusiones, pero el titánico y desigual esfuerzo que estoy realizando no promete resultados demasiado notables. Me leí todo el informe de la delegación argentina ante el GTAN (Grupo Técnico binacional de Alto Nivel), la versión de la propia Ence sobre la tecnología que empleará, la postura de Greenpeace y voy por la mitad del informe de la División de Evaluación de Estudios de Impacto Ambiental de la DINAMA sobre el EIA presentado por Botnia pero naufrago en lixiviados, eutrofizaciones, efluentes sólidos y circuitos cerrados. Está duro el asunto. No voy a elaborar, pues, un “índice” de la confianza que me merece cada uno de los organismos estatales, ONGs y empresas involucrados en el asunto.
Tengo en cuenta todo lo que se dice, lo comparo, analizo y saco algunas conclusiones… que no pretendo que sean definitivas. Antes bien, estoy dispuesto a dejar convencerme, con argumentos y datos, no con propaganda, que esas conclusiones son equivocadas.
Les planteo algunas ideas desordenadas y sin jerarquizar. Todas las afirmaciones en danza me suscitan dudas e interrogantes, pero NINGUNA (entre las más serias, naturalmente) afirman que si las plantas entran en operación van a producir una catástrofe ambiental, ni siquiera la más crítica, que es la de Greenpeace, sostiene que hay que impedir los proyectos. Además, ya hay tanto en Argentina como en Uruguay plantas de celulosa y de papel que operan con tecnología mucho más vieja y esa catástrofe no parece haber ocurrido (no es un motivo para aceptar que las nuevas plantas no usen las tecnologías más limpias disponibles, sino simplemente para aquilatar los anuncios catastrofistas). Greenpeace, por tomar la posición más rigurosa de todas, exige básicamente que se cambie de tecnología (que se sustituya la tecnología ECF, libre de cloro elemental que van a utilizar Ence y Botnia por TCF, totalmente libre de cloro) y que se exija un “circuito cerrado” (disculpen mi lenguaje elemental) de tratamiento de los efluentes para no tener que devolverlos al río. La tercera pata de la propuesta de Greenpeace es abordar el asunto cultural del consumo de papel (¡me parece fundamental!). Las empresas dicen que la tecnología ECF y TCF son tan (poco) contaminantes una como la otra (no me resulta creíble, porque si es así, ¿para qué se hace la distinción técnica?). La legislación uruguaya no exige determinada tecnología, de modo que la autorización que se le concedió a las empresas no tiene nada de raro ni de ilegal. El asunto sería en todo caso la propia legislación uruguaya, que habría que hacer más exigente.
Ahora bien, aunque Uruguay haga más rigurosa su legislación, ¿es justo exigirle que tenga una legislación más estricta que la que existe actualmente en el mundo? Porque si hay algo que ya no admite discusión es que la tecnología que se va a utilizar aquí está admitida en la Unión Europea, incluida Alemania, donde rigen las leyes más verdes entre todos los verdes.
En todo caso, después de leer la evaluación de la DINAMA sobre el EIA presentado por Botnia, cambié mi impresión acerca de ese organismo. El examen que hizo del mismo me pareció serio. Afirma que la “información (suministrada por Botnia está llena de) contradicciones (incluso dentro del mismo documento) y respuestas dispersas y poco satisfactorias. La información recibida se caracterizó además por ser muy voluminosa y a la vez poco clara, reiterativa y en ocasiones superflua y de escasa calidad. Todo lo expuesto resultó en un claro y reiterado entorpecimiento del proceso de evaluación”. Por ese motivo la DINAMA le exigió una serie de estudios complementarios a la empresa, algunos antes de la construcción de la planta y otros antes de que entre en operación. El asunto no es tanto la idoneidad u honestidad de los técnicos de la DINAMA, sobre las que no tengo grandes motivos para desconfiar. Está más arriba en la cadena. Las autoridades políticas, tanto las actuales como las precedentes, están tan encandiladas con la inversión de 1.700 millones de dólares, que quieren darle trámite “urgente” a todo.
No conozco respuesta alguna de las autoridades uruguayas a los MUY SERIOS reparos de la delegación argentina en el GTAN. ¿La tendrán? Sospecho que cuando Uruguay dice que entregó todo lo que tenía disponible a Argentina es verdad. No pueden dar más respuestas porque no las tienen… lo que también es serio.
De modo que en términos estrictamente ambientales, no veo, en principio, motivos para decirle no al uso de la tecnología que se va a utilizar. Quedan, sí, en pie, todas las observaciones y exigencias de la DINAMA sobre los planes de mitigación y gestión ambiental que debería diseñar y aplicar la empresa. Me pregunto cómo controlarán eso las autoridades uruguayas, claro. Sobre lo del circuito cerrado de tratamiento de efluentes, lo mismo. Por tanto, como conclusión provisoria, me parece que se trataría de hacerle ajustes a unos emprendimientos que globalmente no me parece que se puedan catalogar de desastrosos (teniendo en cuenta la legislación internacional vigente, el actual conocimiento científico y las tecnologías disponibles). Eso en lo que atañe a los posibles impactos AMBIENTALES. También me pregunto qué necesidad tiene el gobierno uruguayo de ser tan condescendiente con esas empresas: por qué les deja una zona franca, donde no pagarán impuestos, por qué no les exige el circuito cerrado de tratamiento de los desechos y eventualmente otras contraprestaciones por la autorización.
Quedan en pie los procedimientos del gobierno uruguayo, sobre los que mantengo las mismas críticas que hasta ahora. Y por supuesto la pregunta en torno a si queremos convertir a este país en una gran factoría forestal-celulósica. El asunto de la reducción del consumo de papel es una cuestión que, parece obvio, debe abordarse a nivel global.
Autor: voltaire | Febrero 14, 2006 5:50 PM
Me parecen indignantes las declaraciones de Benedetti. Me da vergüenza ajena por más gagá que esté. Ya se sabía que era un dinosaurio, pero ahora es un dinosaurio que pretende echarle leña al fuego ignorando que las protestas argentinas no provienen solamente de Busti, sino de una buena parte del pueblo de Gualeguaychú (y otras partes de Entre Ríos). ¿será ésta la concepción que tiene Mario Benedetti de lo que es ser "de izquierda"?
Autor: Sergio D | Febrero 20, 2006 3:49 PM
Aqui pueden encontrar la ponencia presentada por Lic. Miguel A. Cabrera en la Charla Debate sobre las plantas de celulosa organizada por la Universidad Autónoma de Entre Ríos y el Centro de Estudios Encuentro Ciudadano, el pasado 7 de diciembre de 2005. como sabran el Lic. Cabrera es de nacionalidad uruguaya.
[Modificado por admin por ser muy largo el post original]
Autor: paola | Marzo 15, 2006 3:24 PM
¿Me pregunto si los piqueteros de Gualeguaychú se habrán dado cuenta que se los acaban de cojer de parados? ¿Será posible que no se hayan dado cuenta que toda esta charada es para sacarle las castañas del fuego al gobierno argentino? ¿se habrán dado cuenta de que aunque se paren las obras unas semanas, pour la galerie, después van a continuar tan campantes? ¿de que la Gendarmería argentina se va instalar hoy mismo en las rutas y que la próxima vez que intenten cortarlas, los van a cagar a palos? Capaz que el tonto soy yo, pero si hacía falta alguna prueba de que son unos primitivos, ya no.
Autor: Dow Jones | Marzo 21, 2006 12:09 PM
no siento que me hayan penetrado aún. Si imagino lo que sentirán en el futuro los de Las Cañas y los miserables que vienen a comprar a Gchu y cuando salen del Norte comen como cerdos y dejan la basura tirada. Estos últimos no parecen suizos, parecen lo que son: URUGUAYOS MUERTOS DE HAMBRE
Autor: Juan Pedro | Abril 3, 2006 5:23 PM
EN REALIDAD LA NUEVA TERMINOLOGÍA LOS SINDICA NO DE URUGUAYOS SINO DE URUGUACHOS
Autor: Juan Pedro | Abril 3, 2006 5:25 PM
Juan Pedro, que esta polémica se deslice hacia el nacionalismo me parece lamentable y no habla demasiado bien de tus argumentos. ¿Uruguayos muertos de hambre? ¿Uruguachos? ¿Qué es toda esa boludez?
¿Vos creés que en toda esta controversia LOS uruguayos tienen una postura y LOS argentinos otra? No seas tonto, Juan Pedro.
Autor: voltaire | Abril 3, 2006 10:56 PM
Estimado Francois (sory, no entiendo este teclado): Argumentos hay de ambos lados, como vos (tu) decís (dices). El más contundente, y vos que sos hombre de derecho lo conocès bien es que los ciudadanos tienen el poder de luchar cuando sus derechos son avasallados por el poder. Aunque esto implique, violar las leyes e incluso matar al soberano. Y en una lucha por defender los derechos, nos pasamos por el culo los derechos de transitar cuando existe la amenaza, concreta, de que se viole nuestro derecho a la vida. Esto es, cortamos la ruta para que no pase aquí lo mismo que en Pontevedra y/o en Valdivia. El enemigo de la Asamblea no es el pueblo uruguayo, sino los uruguayos que compraron espejitos de colores y censuran a quienes no piensan como ellos.
Y a los que agreden, los seguiré llamando URUGUACHOS. Y a los que comen como cerdos,porque es barato (tal cual hacían los argentinos otrora en Uruguayana) uruguayos muertos de hambre. Ta?
Autor: Juan Pedro | Abril 4, 2006 4:13 PM
Hola: Invito a todos los orientales a que vengan a pasear a Gualeguaychú. Serán bien recibidos. Sory. Les va a resultar un poco más largo el viaje, ya que tendrán que pegar la vuelta. Apúrense antes que tengan que cruzar por Uruguayana.
Proximamente: Corte de la ruta 14
Autor: Juan Pedro | Abril 5, 2006 5:15 PM
le declaro la guerra a la banda oriental y si se instalan las papeleras habrá, si puedo, ataques terroristas a la papeleras y a tabaré basquet
Autor: roman galarza | Julio 13, 2006 1:20 PM
Me gustaría saber qué es lo que opina Benito sobre los nuevos cortes de rutaw (octubre, 2006). Para la mayoría de las personas aparecen como una idiotez reforzada por el hecho de que "las papeleras" se han convetido en "la papelera". Si nos tocara subirnos a cada carro que los argentinos echan a andar, ya nos hubiéramos subido a la primavera Kirchernista, o a la primavera peronista. No nos subimos a ninguna de ellas. Dejemos que Benito nos diga a qué carro es que debemos subirnos, que es lo menos que podemos hacer.
Autor: foxbat | Octubre 12, 2006 6:40 AM
PAPELERAS
Hebert Fayet
Los vecinos de allá enfrente
con termos, mates,calderas
han bloqueado las fronteras
(refiriendóme a los puentes)
porque Uruguay tenazmente
construye sus papeleras.
¿Por qué los dos presidentes
no se toman unos vinos
actuando como vecinos
en vez de ser oponentes?
¿Por qué no usan sus mentes
estrechándose las manos
y olvidando gestos vanos
con nobleza e hidalguía
nos dan al fin la alegría
de conversar como hermanos?.
Por una cosa sencilla
que bien se pudo arreglar
por tanto pelotudear
y no cesár las rencillas
hoy me obligan a cruzar
nadando hasta la otra orilla
Autor: Hebert Fayet | Enero 1, 2007 7:07 AM
Leí con atención cada artículo y todos tienen su razón. Es como el principio esotérico de bipolaridad: así como es arriba es abajo o microcosmos y macrocosmos,
o uruguayos y argentinos.
De todas formas, en el lugar de seguir con absurdas discusiones sobre lo que ya está decidido, porque la papelera ya tiene fecha de inauguración...¿por
qué no nos unimos los pueblos latinoamericanos contra los usurpadores de nuestros recursos naturales,
llámense EEUU, España y sus
mega empresas, Finlandia y su papelera, etc.etc.que junto con los traidores de cada país, llámense gobernantes, legisladores, jueces, sindicalistas,etc.
etc.,día a día contribuyen a que nuestro territorio esté cada vez más contaminado.
Me causa gracia que se precupen algo por este tema y resulta que nuestro territorio de norte a sur, este y oeste, se esté contaminando con las mineras
que el sr. Menem favoreció,
con la deforestación que nuestro presidente permite.
¿Es una utopía pensar en la unión latinoamericana?
Autor: Susana Del Brocco | Febrero 12, 2007 10:37 PM