¿Pedir perdón?

Voltaire

perdon.jpg A las ya numerosas controversias que ha suscitado la infame dictadura que padecimos en este país se suma ahora la exigencia de que los militares pidan perdón. Aunque algunos, como el ex presidente Luis Alberto Lacalle, consideran que la misma forma "parte de un hostigamiento a las Fuerzas Armadas", merece que se le dediquen algunas líneas.

Algunas cosas deberían quedar claras: primero, que las víctimas de la dictadura a las que supuestamente se les debería pedir perdón fueron activistas, militantes de izquierda, sindicalistas, estudiantes y opositores en general, es decir una parte de la sociedad que se opuso a los planes totalitarios del régimen. La principal víctima de las hordas castrenses fue la sociedad uruguaya que las padeció. Aquí no hubo una guerra entre “dos bandos” (Tupamaros y militares) como pretende cierto revisionismo histórico en boga (si eso ocurrió fue antes de la dictadura). Lo digo porque constato que algunos periodistas y políticos con vocación de sabihondos (o algo peor) insisten en estos días en la conveniencia de que “ambas partes” pidan perdón. ¿Me pregunto si los perseguidos por la dictadura tenemos que pedir perdón por haberla resistido? Conviene refrescar algunas memorias olvidadizas: los únicos bandos que hubo aquí durante la dictadura fueron los terroristas de Estado y sus víctimas.

La segunda precisión es que en las sociedades modernas y democráticas, las responsabilidades y las culpas sólo pueden serle atribuidas a las personas, no a las comunidades, naciones, religiones o familias. Nadie puede ser responsabilizado por lo que hicieron o hacen los grupos a los que uno pertenece. Nadie puede, por ejemplo, heredar una culpa. Los rusos no son responsables de los crímenes que su Ejército está perpetrando en Chechenia, los curas contemporáneos no son culpables de las atrocidades de la Inquisición ni todos los soldados uruguayos que actualmente visten el uniforme militar deben hacerse cargo de las torturas, asesinatos y desapariciones cometidas durante la dictadura. Si no se acepta esto, todo el derecho moderno es papel mojado. El invento ilustrado del individuo viene a decir precisamente esto, que sólo el individuo es moral y penalmente responsable por sus actos.

Dicho esto, ¿por qué exigirle, entonces, a las FFAA que pidan perdón a la sociedad uruguaya por los brutales crímenes que cometieron en los años 70 y 80? La idea de “exigir que se pida perdón” es una contradicción en los términos. Se puede exigir justicia, pero el perdón sólo puede ser voluntario, y entre otras cosas supone primero arrepentirse de los agravios infligidos a las víctimas. Si no hay auténtico arrepentimiento, el pedido de perdón es apenas un cínico ardid para salir del paso. Pero antes que convencidos de pedir perdón, los militares uruguayos parecen más inclinados a balbucear justificaciones. Un “pedido de perdón colectivo” en una sociedad democrática es ciertamente una anomalía, pero la expectativa de que ello finalmente ocurra puede entenderse por la gran cadena de anomalías que la preceden, empezando por la mayor de todas: la resignada aceptación de que no se imparta justicia.

Formulemos, pues, una pregunta con un matiz diferente: ¿por qué sería deseable que las FFAA como institución reconocieran que cometieron crímenes horrendos e injustificables y se comprometieran ante la sociedad a que eso jamás volverá a ocurrir? (además, claro, pueden pedir perdón, si quieren) Simplemente porque en aquellos años todos los mandos militares y la mayoría de la oficialidad media o bien torturaron, mataron y desaparecieron o bien dieron las órdenes de hacerlo. Incluso quienes no dieron órdenes ni aplicaron tormentos pero se mantuvieron en la institución fueron cómplices de esas iniquidades y delitos, porque no pueden esgrimir ignorancia. Obviamente es posible jerarquizar las responsabilidades, pero nadie que vistiera el uniforme militar entre 1973 y 1985 puede alegar inocencia, porque hasta el más modesto de los militares fue parte activa de aquella atroz maquinaria represiva. Y si no lo supieron en su momento, lo saben ahora.

Ese reconocimiento y ese compromiso (que nada tienen que ver con los informes presentados por el general Bertolotti al presidente, que casi nada reconocen de lo hecho en dictadura) son importantes porque tendrían una enorme significación política. Que es de lo que finalmente se trata, pues en este asunto no estamos hablando de víctimas de violencia doméstica o accidentes de carretera. Todavía ninguna autoridad en este país se dirigió oficialmente a los ciudadanos para certificar que lo que “se dice” es cierto, una forma de empezar a reconstruir la verdad de lo ocurrido, que a falta de justicia es lo mínimo que puede exigir una sociedad para no sentir vergüenza de sí misma. No valen aquí los reconocimientos genéricos (“hicimos mal”, “perdimos los puntos de referencia” y otros eufemismos). Ese mal infligido debe ser nombrado. Si no, se parecería demasiado a la contricción cristiana –"todos somos culpables por ser humanos y por eso merecemos penitencia"– y aquí de lo que se trata, insisto, es de política –qué garantías erigimos para que esto no vuelva a ocurrir.

El siguiente paso debería ser una reivindicación oficial de las víctimas. Un asunto que no es menor. Al igual que durante el pos-stalinismo en la Unión Soviética, hay que reconocer que miles de personas que fueron torturadas, vejadas, perseguidas, encarceladas o asesinadas no cometieron ningún delito, sino que lo fueron porque se opusieron a un régimen tiránico. Sus nombres deben ser reivindicados y el Estado debería reparar –dentro de lo posible– el daño que sufrieron, cosa que sólo se ha hecho en una mínima parte.

Si después de todo esto, los militares quieren pedir perdón, no tengo nada que objetar. Pero conviene precisar que perdonar no equivale a olvidar (por más que a menudo se los utilice como sinónimos) y mucho menos absolver. El perdonado no se vuelve inocente tras el perdón. La sociedad puede, en circunstancias excepcionales, renunciar al castigo, pero quien perdona no renuncia a la memoria, sino al odio (porque, como escribió alguna vez Hanna Arendt, se perdona a la persona, no lo que ha hecho).

Si perdonar es en gran medida renunciar voluntariamente a algo a lo que uno tiene derecho, a la justicia en este caso, va de suyo que nadie está obligado a conceder ese perdón. Pero digamos que demostrar arrepentimiento y solicitarlo es un comienzo. De ahí en más, la palabra la tienen las víctimas.


Respuestas

En estos días sucedió un hecho que, en lo particular, me conmovió hasta lo más profundo: se reconocieron los restos del segundo desaparecido "encontrado" después de más de 30 años-

He sido sumamente crítica con este gobierno, al que voté, como hice siempre desde que puedo hacerlo. Me he sentido desilusionada y engañada más que nada, pero hoy debo reconocer que en este aspecto (búsqueda de desaparecidos) hay logros. Algunos dirán que es poco, pero para las familias de Chavez y de Miranda el hallar los restos significa alcanzar la certeza de la muerte...una muerte siempre sabida, pero seguramente nunca asumida.

El camino es largo aún, todavía quedan más de 200 desaparecidos de los que nada se sabe. Es imprescindible que se sepa que pasó con ellos. Sus familiares necesitan esa respuesta. La sociedad también.

Recuerdo una frase que pasaban siempre en la tele cuando mostraban los comunicados de las fuerzas conjuntas (creo que lo más acertado que decían los milicos):
"Los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetirlo".

Saludos a todos, y buen fin de semana.

Algo obvio: el perdón no se puede pedir a cuenta.
Si primero no me decís lo que hiciste nunca podría, aunque quisiera, perdonarte.
No se nace con una cantidad fija de perdón que se gasta a lo largo de la vida.
Por tanto lo primero y mas importante es que finalmente me digas lo que hiciste por ejemplo que todos los desaparecidos están muertos.
Porque si para vos "hiciste mal" o "perdiste la referencia" y de ahí se infiere que errar es humano, que simplemente fue un error y por eso pido disculpas, seguramente te conteste que soy mortal. Por aquello de que perdonar es divino

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