¿Qué Fuerzas Armadas?

Curzio Moore

Otros tiempos. Un C-47 de la FAU sobrevolando al viejo destructor ArtigasIlustración de portada: Eduardo Cardozo

La reforma militar está sobre el tapete, y a juzgar por los dichos de algunas figuras del Frente Amplio, se va a aprobar este año. Sería positivo evitar que el MPP secuestre el proyecto de reforma militar, y que otros ciudadanos de izquierda, que no han sido rehenes del Ejército reclamen su derecho a ser escuchados. Creo que los Tupamaros son singularmente inapropiados para llevar la voz cantante dentro de la izquierda sobre la cuestión militar, aunque ya hemos estado contemplando con bastante regularidad, y algo asombrados, a Eleuterio Fernández Huidobro encaramado en diversos vehículos militares reclamando una cosa u otra para las FFAA. No veo qué necesidad política puede tener el MPP de intentar alzarse con la batuta del tema militar, y en esto incluyo muy especialmente al senador Saravia, quien demuestra que la avaricia, finalmente, rompe el saco.

Como en el caso de la justicia, la mayoría de la población cree que no sabe lo suficiente del tema como para opinar. De todas maneras, según una encuesta internacional, más del 50% de los uruguayos cree que se debería prescindir de las Fuerzas Armadas; para todos ellos debatir sobre su reforma carece de sentido. No creo que los militares desconozcan ese dato, por lo que deberían empezar a poner las barbas en remojo y encarar los temas del pasado que están pendientes. No vaya a ser que el gobierno, en el caso de lanzar un debate sobre el tema militar, abra una caja de Pandora con imprevisibles consecuencias.

Hasta ahora todos los debates públicos que involucraron a las FFAA han girado en torno al pasado y en particular a las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura. Este año el gobierno propone, al parecer, ir más allá y debatir sobre si hay un futuro para las FFAA, y si lo hay, sobre su rol y los recursos que estamos dispuestos a asignarles en un Estado democrático.

En El País del 5 de febrero de 2006 aparece una sorprendente entrevista con el subsecretario de Defensa, José Bayardi. El periodista, que pertenece a la más tenaz oposición al gobierno que imaginarse pueda, lo lleva a Bayardi por los seguros senderos de los enterramientos y de la respuesta de los mandos. Se sabe que Azucena Berruti es la ministra de Derechos Humanos y que no parecen importarle mucho los temas militares propiamente dichos. Bayardi, a quien todos señalan como el futuro operador, no habla, curiosamente, de lo que piensa hacer el Frente Amplio con las Fuerzas Armadas. Casi todo lo que dice en la entrevista parece dicho para exculpar a los mandos actuales de los horrores del pasado. Además de ser un juego peligroso, porque uno nunca sabe cuándo se le va a colar un tapado, es inquietante que ni siquiera el subsecretario hable de los asuntos de esa cartera.

La consideración del tema militar debe comenzar por enumerar los roles que deben asumir las FFAA en respuesta a las diferentes hipótesis de conflicto. Así lo hace, por ejemplo, el Ejército, que no parece tener pruritos a la hora de confundir los roles que le asignaron, ad hoc, ciertos gobiernos de turno con los que les asigna la Constitución. De hecho, no parece percibir ninguna diferencia entre los roles subsidiarios que se les puedan asignar por motivos circunstanciales y sus roles primarios, su raison d'etre, o sea la "defensa nacional".

Según el Ejército (en Ejército Nacional: Marco Conceptual para su Modernización), "La Misión Fundamental consiste en 'defender la independencia, la paz y el honor de la República, la integridad de su territorio, su Constitución y sus Leyes', en el ámbito de su jurisdicción". Como misiones subsidiarias incluye "aquellas actividades que, en beneficio de la sociedad, le sean asignadas por el Mando Superior de las Fuerzas Armadas, pudiendo incluir, entre otras, apoyo a Planes de Desarrollo, Obras de Conveniencia Pública, Mantenimiento del Orden Público y Atención a los Servicios Esenciales".

Cuando tratamos estos temas debemos acostumbrarnos a ciertos términos que los militares utilizan como muletilla, y que creen ser de origen natural o cósmico (sin olvidar el tener que acostumbrarse a que una palabra de cada cuatro la escriban con mayúscula, como bien se verá). Uno de las muletillas más comunes es "honor". No creo que sea fácil explicar en qué consiste el "honor de la República", con la excepción del ámbito futbolero, en el que la República ve cómo se lo mancilla cada año que pasa. Nos quedamos entonces con que el cometido primario de las FFAA es defender la independencia, la paz, la integridad del territorio y la Constitución (este último bastante debatible, dados los antecedentes.)

La independencia y la integridad territorial sólo pueden garantizarse enfrentando (o disuadiendo) a un probable enemigo externo. La custodia de la paz interna ya es un terreno bastante más fangoso, porque como ellos mismos la definen, "la Doctrina de Empleo del Ejército Nacional establece, como Tarea Esencial de la Defensa Militar Interna la de “Conducir Operaciones contra Movimientos Insurgentes” y como Tarea Accesoria la de “Cooperar en la conservación del orden y la tranquilidad en lo interior”. Como trataré de demostrar, ésta es la única tarea para la cual las FFAA (y el Ejército en particular) están preparadas.

Para ambas tareas, defensa contra ataques externos y mantenimiento de la "paz interna", el Ejército tiene dos estrategias fundamentales:

"- Desarrollo de un Poder de Disuasión sustentable y creíble.
- Preservación y afianzamiento de los Valores Nacionales e Ideales Democráticos-Republicanos, Identidad e Integración Nacional."

El segundo punto es puro palabrerío, aunque sólidamente arraigado en la mentalidad y formación de los oficiales de nuestras FFAA. Incluso el uso "táctico" de las mayúsculas denota un extraño celo adquirido en el largo proceso que lleva a un uruguayo a descollar en la carrera militar. El segundo punto, de todas formas, sería difícil de debatir con militares sospechosos de haber violado casi todos los "Valores Nacionales" posibles. Entre los propios civiles sería imposible ponerse de acuerdo en qué consisten esos valores, porque todavía vivimos, afortunadamente, en un país políticamente fragmentado.

La función de la defensa nacional, entonces, se reduce a la defensa contra enemigos externos o internos, por medio de la disuasión "creíble y sustentable". Este país no ha empleado a sus Fuerzas Armadas en ningún conflicto externo con la excepción de la Guerra del Paraguay, enteramente desarrollada en territorio extranjero. Nunca se han empleado las Fuerzas Armadas contra un enemigo externo en el territorio nacional. Sí se han empleado contra "enemigos" internos, los blancos, hasta la década del 30, y la izquierda en los setenta y ochenta y resultaron victoriosas en ambas oportunidades. Quizás haya alguno que piense que la revolución de 1904 fue derrotada a causa de un tiro fortuito, pero serán los menos. Fue derrotada porque el ejército nacional era militarmente superior a los alzados. Mucho menos militar fue la victoria de las FFAA contra la izquierda, ya que se trató de una acción policial particularmente brutal, basada en la tortura sistemática y en no pocas ejecuciones. Para colmo, esa gente bruta que llegó a babucha de los actos más detestables, luego se adueñó del Estado y nos hizo pasar los momentos más amargos a todos los uruguayos.

Sería lógico pensar, pues, que nuestras Fuerzas Armadas están configuradas para derrotar a cualquier enemigo interno, mientras que poseen cero credibilidad para disuadir a un enemigo externo. Toda la inversión del Ejército en artillería autopropulsada y viejos tanques soviéticos recauchutados, no sobreviviría ni un solo día a un conflicto con uno de nuestros vecinos, porque no tenemos la capacidad de establecer superioridad aérea en ningún momento ni lugar, y pronto sería aniquilada por los cazabombarderos supersónicos con que cuentan nuestros vecinos. Pero ésta no es la verdadera razón La verdadera razón es que carecemos de enemigos potenciales. Por más que algún senador fantasmagórico quiera hacernos creer lo contrario, la posibilidad de un conflicto armado terrestre con uno de nuestros vecinos es tan remota que no vale la pena ni considerarla. Igualmente absurda es la hipótesis de que si se desencadenara un conflicto armado entre nuestros vecinos, estaríamos obligados a mantener nuestra neutralidad por la fuerza de nuestras armas.

A pesar de todo, es el Ejército el que lleva la voz cantante en cuestiones de defensa, porque es la abrumadora mayoría del establishment militar. De los 23 mil efectivos de las Fuerzas Armadas, 17 mil pertenecen al Ejército (según cifras de SAORBATS). No tengo a mano las cifras, pero estoy seguro que del presupuesto de inversiones, el Ejército también se lleva la parte del león. Puede encontrarse aquí la relación de autoridades del Ejército, para comprobar la infinita complejidad de este arma.

En caso de que alguien piense que me olvidé de algo, es cierto que en los documentos del Ejército se enumeran una serie de "roles" para éste, tales como el "apoyo a la política exterior del Estado" (en clara referencia a las misiones de paz) o "el Ejército como factor de Integración Nacional", "Apoyo al Desarrollo, Defensa y Protección Civil y Protección del Medio Ambiente", etc. En ningún país se mantienen Fuerzas Armadas para que desarrollen ese tipo de tareas. Estas se les asignan, una vez que existen, para mantenerlas mínimamente ocupadas, pero nunca son su razón de ser.

Tenemos entonces unas Fuerzas Armadas configuradas solamente para enfrentar al enemigo interno, y en ello gastamos una parte considerable del presupuesto nacional. Queda claro que tenemos mucho para definir antes de seguir gastando recursos en coroneles formados en una escuela sobre la que la sociedad no tiene control. Tenemos que definir de una vez por todas si queremos seguir manteniendo a una policía política de alto costo y alto riesgo. De lo contrario, deberíamos prestar más atención a lo que se entiende por mantenimiento del poder de disuasión ante un probable enemigo externo, y antes aún deberíamos decidir si existe tal enemigo, lo que me animo a poner seriamente en duda. Es tan generalizada la sospecha sobre un aparato militar mantenido exclusivamente para disuadir a los enemigos internos, que las dictaduras vernáculas siempre se sintieron obligadas a identificar a los enemigos internos con un enemigo externo, mucho más vasto y siniestro (el “comunismo internacional”, la “anti-patria”, etc)

Se habla tanto de la reforma militar porque la configuración, misión y costo de las FFAA en la actualidad es irracional y económicamente ruinosa. Algo tiene que cambiar. Descartada la absurda hipótesis del enemigo externo, podríamos convenir en que aun así puede ser razonable mantener un rescoldo de tecnología militar, de Estado Mayor y de obediencia debida, para no perder lo que hemos invertido en esas tecnologías, y porque algún día las podríamos necesitar. Pero aún en ese caso estaríamos obligados a poner las cosas en su lugar. Al Ejército le corresponderían muchos menos recursos, porque es difícil justificar la existencia de un cuartel en cada pueblo; a la Armada le correspondería algo menos, porque es difícil argüir que su “vocación oceánica” tenga que ser necesariamente de carácter militar; la Fuerza Aérea quizás recibiría algo más para poder comprar combustible. Ninguna hipótesis de conflicto externo, por remota y descabellada que sea, puede desdeñar la importancia de la superioridad aérea, ni la de mantener funcionando al puerto de Montevideo, que es el verdadero reducto nacional. La preminencia presupuestal del Ejército es una cuestión enteramente política, a la cual deberíamos abocarnos en términos políticos contemporáneos, si se diera la discusión.

La tercera opción, por la cual parecen inclinarse la mayoría de los uruguayos, es la de prescindir de un aparato militar. Es una opción difícil para quienes la apoyan, porque nadie en el ámbito político acompañaría esa medida, sin olvidar el hecho de que las FFAA son parte del ordenamiento constitucional de la República. No creo que esta opinión sea muy uniforme, porque muchos de los que constituyen esa mayoría estarían dispuestos a mantener algún tipo de milicia que obedezca órdenes y produzca resultados en situaciones de emergencia, por aire, mar y tierra. Muchos dirán que esa capacidad de recibir órdenes y cumplirlas sólo se obtiene apelando al honor militar. Para los militares honorables, esa idea puede traducirse en "obedecer a la cadena de mando siempre y cuando la orden sea legitima".

Ciertos países, como Costa Rica, carecen de un aparato militar propiamente dicho, pero al mismo tiempo mantienen fuerzas ligeramente armadas, que responden a códigos básicamente militares. Otros paises mantienen Fuerzas Armadas que son mayoritariamente cuerpos de carácter casi militar pero adaptados para actuar en tareas no militares de interés nacional, especialmente en emergencias. También pueden mantener otras unidades, más opacas, más identificadas con el combate propiamente dicho, donde se cultiva la capacidad de formar ciudadanos en las técnicas que les permitirían, si fuera necesario, actuar de una manera militar.

En todos los casos, en particular si mantuviéramos la estructura decimonónica de nuestras Fuerzas Armadas, les dedicamos demasiados recursos y poca atención. Les tenemos demasiado temor y demasiada ignorancia, porque, como una vez tituló Marcha, "las bayonetas sirven para todo menos para sentarse sobre ellas". Las familias militares se casan entre ellas, y las familias civiles, forzosamente harán lo mismo. Imaginate que te hagan esperar en la parada vistiendo un espadín.

Respuestas

Luego de tu claro aunque extenso análisis de las FFAA y su rol dentro de la sociedad, parece ser que un camino posible (deseable?)es el de desmantelar el viejo y ruinoso aparato militar uruguayo y sustituirlo por otro mas moderno eficiente y ciertamente mas funcional a las necesidades reales. Mandar unas pocas fuerzas ligeramente armadas y que respondan a códigos militares (léase cumplir órdenes) a cumplir tareas no tanto de orden militar sino social. Estoy de acuerdo.
También se me ocurre que aprovechando una información valiosa y única que tiene por ejemplo el Servicio Geográfico Militar con respecto a nuestro territorio, se podrían incluír en las tareas propias de nuestras FFAA algunas de orden cultural o de investigación científica que no vendrían nada mal. Y seguro que a mas de uno se le ocurren cosas mas interesantes.
Pero el tema pasa por lo que decís al principio. Al igual que en el caso de la justicia, o la contaminación ambiental le agregaría, la mayoría no cree estar calificada para opinar.
Y los que se suponen calificados no opinan. En particular mas que la opinión del Pepe Bayardi (hombre de paz), me encantaría oír la opinión de algún integrante de la FFAA.
Preguntarle directamente a los honorables, que los hay, que se siente pertenecer a un aparato obsoleto en cuanto armamento, inútil en cuanto a varias de las tareas para la que fue creado y desprestigiado por su propia historia, sobre todo la mas reciente. Y por donde ven la salida, porque una reforma se impone. Habrá alguno leyendo este blog?? Vos sos milico Curzio?

Nunca fui especialmente admiradora de la carrera militar. No entiendo de guerra ni de armas aunque he disparado alguna, pero si admiro a algunos hombres y mujeres que desde su condición militar han hecho historia.
Recordemos que el Tata Artigas, aunque me digas que fue un indio ladino, vago y camaleónico, era milico y era o es la única figura nacional de consenso, aceptada por todos, querida, no discutida y mas prestigiosa que tenemos. El General, así como lo estudiamos en la escuela era un milico honorable, que dejó un ideario que aceptamos todos, civiles, militares, de derechas, de izquierdas, sea verdad o no. No importa, como tampoco importa si la Ilíada la escribió Homero o este tal Homero nunca existió.
Lo que importa es que tenemos la Ilíada, y tenemos un pensamiento o un ideario así sea obra de Jose Gervasio, de Homero, o de una construcción colectiva uruguayensis.

Lo que importa es que la Institución Militar puede dejarnos un legado libertario al que todos honremos o un legado de mierda al que todos repudiemos. Y como siempre son los hombres y no las Instituciones los que hacen la diferencia.

Me fui a la mierda. Solo quiero oír la opinión repito de un militar, acerca del futuro posible de las FFAA.
Porque sin dudas la mejor forma de encontrar caminos no solo de paz sino también de eficacia para continuar con cualquier proyecto digno de país pasa por un involucramiento de todos, una conciencia colectiva, ni que hablar de socializar la información y sobre todo de un elevado sentido del "deber".
Guau!! Esto último sonó a discurso militar. Sorry

Sissi,

En primer lugar, gracias por tu comentario, estaba empezando a pensar que no había nadie interesado en este tema, lo que sería grave (el post sobre el aborto ya va por los casi cuarenta comentarios...) Estoy de acuerdo en general con lo que decís, y hasta puedo entender tu posición respecto al Padre Artigas.

No soy milico, aunque obviamente me interesan los temas militares. Y como a ti, me encantaría que algún militar con cabeza se sumara a esta discusión. Le hice llegar el post a Angel Bertolotti directamente. Capaz que recibo algún comentario por la vía indirecta. Si es asi, lo trasmitiré aqui. Saludos, Curzio.

Celebro tu iniciativa Curzio, y espero que te den bola. Pero como para cualquier reforma se necesita un diagnóstico de situación y por lo mismo una evaluación de cosas y personas, solo espero que a Bertolotti no lo asesore el mismo abogado de los barrabravas de Peñarol y te conteste :acà no hay buchones!!?
A propósito, les mandé un comentario sobre este señor al mail de quejas. Creo que es otro tema para quejarse.
saludos

ya hace dias que publicaste este post, y, realmente, es un tema que moviliza y despierta sentimientos encontrados.

Como gran parte de los uruguayos, crecí despreciando a las FFAA. Como bien decís, aparentemente su único cometido es mantener la "paz interna".
Hace unos 15 años, en ocasión de presenciar unas maniobras militares del ejército brasilero en rutas brasileras, me enteré (por medio del yerno de un militar que creo que era coronel) que la estrategia de guerra del ejército uruguayo era "resisitir 48 horas la invasión brasilera"...eso me resultó tan grotesco que aún recuerdo la carcajada que largué.Era tan ridículo que destináramos tanta plata del presupuesto nacional para mantener un ejército que resistiera 48 horas una invasión!!!!

Hoy, las FFAA son más que nada, el único trabajo al que pueden acceder algunos jóvenes del interior. Y encima ahora están con el "curro" de las misiones de paz, de las que pueden sacar limpios algunos dolarcillos.

No creo que este país necesite tanta cantidad de personas dedicadas a mediar conflictos en África o Haití. Las veces que se ha necesitado su colaboración, nunca hay la cantidad de efectivos suficientes para la tarea social que se les solicita (que, como bien dijo Curzio, no es su rol) o si los hay nunca están disponibles el tiempo necesario.

No me preguntaron nada en esa encuesta, pero si hoy me preguntan, considero que las Fuerzas Conjuntas (capaz que, más que fuerzas conjuntas, el ejército) en un país como el nuestro no son necesarias.

No se si será conveniente una "milicia" como la que plantea Curzio que tiene Costa Rica. No lo tengo muy claro. Lo que sí tengo muy, pero muy claro es que no me interesa mantener ningún tipo de fuerzas o aparatos que estén preparados y/o destinados para la represión interna.

( Y no te sientas mal por que el post del aborto tiene más intervenciones, simplemente es un tema que nos toca más de cerca)

Saludos

hay un muy buen artúclo sobre fernández Huidobro y las FFAA en

motoraway.blogspot.com

Estimado Curzio:
me temo que Bertolotti no va a responderte (si es que ya no lo hizo y no avisaste nada).
Hoy estaba muy olímpico con sus camaradas recordando a "los caidos".
No hay nada que hacer...los rascás un poco y están hechos todos del mismo barro ...

Se larga hoy el Debate Nacional sobre Defensa:

http://www.presidencia.gub.uy/_WEB/noticias/2006/05/2006051210.htm

Hace unos cuantos años un periodista le preguntó al general Medina qué harían las Fuerzas Armadas uruguayas en el caso de que alguna de sus hipótesis de conflicto (una guerra con Argentina o una guerra con Brasil) se hiciera realidad. Medina adoptó una expresión de emotivo patriotismo y respondió: “Nos inmolaríamos”.
Dudo que alguien se haya creído semejante patraña. Los ejércitos que se caracterizan por masacrar a los civiles que pagan sus salarios, traficar con niños, torturar a los detenidos y otras barbaridades no tienen tiempo para formar cuadros militares profesionales capaces de dar su vida por los demás ciudadanos. Una cosa o la otra.
Un ejemplo cercano que me viene a la memoria es el de las Fuerzas Armadas de Argentina en la guerra de las Malvinas. A los gigantescos yerros tácticos y estratégicos que cometieron se sumó la incapacidad de los oficiales. Pero entre ellos estuvo el entonces capitán Astiz, famoso asesino y violador. Estando al frente de un destacamento en las Georgias del Sur, quien hubiera demostrado tanto arrojo frente a menores de edad o a monjas, plantó la bandera blanca sin tirar un solo tiro ni bien la sombra de los británicos se recortó en el horizonte.
En fin, gastar millones de dólares por año a cambio de una promesa de inmolación no es lo que yo llamaría un buen negocio.
Creo que lo que debemos considerar los uruguayos en primer lugar es si el país debe estar armado. Si la respuesta mayoritaria fuera negativa, correspondería entonces disolver las Fuerzas Armadas y decidir qué destino le daríamos a los muchos recursos que éstas devoran. Con respecto a su personal, los oficiales podrían ser distribuidos en otros organismos de seguridad y/o reparticiones del Estado donde sus conocimientos puedan ser de utilidad. En cuanto a aquellos para los cuales no se encuentre destino, correspondería pagarles el salario y asistirlos en su proceso de reciclaje. No sería muy distinto el procedimiento para la tropa y el personal administrativo.
Si la ciudadanía considerara que el país debe mantener su capacidad de responder militarmente a una agresión del exterior, entonces la siguiente cuestión a resolver sería la de si la sociedad en su conjunto participaría de esa responsabilidad o si, como hasta ahora, se le continuaría otorgando el monopolio de las armas a una institución estatal, de hecho la misma que lo ha ostentado hasta la fecha con las consecuencias que ya conocemos. En cualquier caso, con o sin monopolio de las armas, habría Fuerzas Armadas y deberíamos redefinirlas en función de los cometidos que les asignemos.
Si Uruguay se propusiera mantener a sus Fuerzas Armadas con la misión principal de proteger el territorio de agresiones externas, seguiríamos malgastando el dinero. Como ya se ha dicho mil veces, no tiene sentido prepararse para una guerra perdida de antemano, ya que incluso en su mejor día, las Fuerzas Armadas de Uruguay no podrían ni siquiera demorar una invasión argentina o brasileña, y ningún presupuesto posible modificaría este hecho. De todos modos, si antes nadie creyó en tal hipótesis, hoy ésta parece decididamente ridícula.
Si decidiéramos seguir teniendo Fuerzas Armadas deberíamos redefinir su rol, ajustándolo a las reales necesidades del país en materia de seguridad. Si este último fuera el caso, considero que el Ejército debería ser sensiblemente reducido y adaptado a la misión de proteger la frontera terrestre, para la cual, por ejemplo, ya demostró su utilidad en ocasión de la crisis provocada por la presencia de aftosa en la región. La Armada, por su parte, debería deshacerse de toda la chatarra que posee y aun de sus unidades estrella. Su misión principal es proteger la riqueza de nuestro vasto territorio marítimo y para ello requiere de unidades artilladas rápidas y con radares de mayor alcance que los pesqueros que debe mantener fuera del mar territorial. No es difícil ver que se trata de un arma en la cual las inversiones darían rédito económico, aun sin contar con su participación en tareas de relevamiento e investigación.
La Fuerza Aérea, tradicionalmente relegada del presupuesto militar, puede jugar un papel destacado en el patrullaje del mar territorial, y, finalmente dotada de los radares que reclamó por tanto tiempo, ejercer un control efectivo del espacio aéreo. También debería ser dotada de mayores recursos para misiones de rescate y frente a desastres naturales.
No quisiera dejar de referirme a las misiones de paz. Sucesivas administraciones y senados han enviado personal militar a regiones donde sus vidas corren alto riego. Peor aun, hay tropas uruguayas participando de la invasión a Haití, no sé si por ignorancia o mala intención.
Sin desestimar los aspectos ya mencionados, la parte medular de la reforma militar sería, sin duda, la de los institutos de formación de las tres armas. En eso, a los civiles, nos va la vida.

Alfredo

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