Neo ruralismo
El ministro de Ganadería y Agricultura, José Mujica, volvió estos días a la carga con su pedido/exigencia (incluida la amenaza de renuncia) de que se perdone una buena parte de las deudas que desde hace años mantienen los llamados "productores rurales" con los bancos del Estado. Me pregunto si mañana, en el caso de quedar desocupado o mis ingresos se vayan al garete, mis plegarias serán atendidas por algún secretario de Estado.
Hace muchos años ya, gran parte de la izquierda despotricaba contra los latifundistas, ganaderos y todas las subespecies de propietarios de tierras. No era únicamente su condición de oligarcas −y su insaciable apetito de lucro− lo que los convertía en objeto de tales diatribas. Los estancieros, a los que se les prometía una reforma agraria que les expropiaría hasta las botas que calzaban, eran además, según el punto de vista de la izquierda, un grupo enquistado en el Estado, capaz de someter la política económica a sus planes e intereses. Una especie de clase parasitaria, del tipo de la tenia sanginata o algo así.
Trataban a sus peones como bestias de carga. Eran, en fin, una casta de privilegiados que consideraban que el criterio patrimonialista con el que abordaban los asuntos políticos era un derecho inherente a sus numerosos y tradicionales apellidos y al mito fundador del ruralismo patrio que pretende que los propietarios de tierra representan a la nación o, vaya uno a saber, a la identidad nacional, esa joya aún extraviada a pesar de las energías invertidas en encontrarla.
Las denuncias de la afición de los estancieros por los préstamos baratos de los bancos estatales y el hábito de posponer hasta la eternidad su devolución eran un lugar común en la prensa de izquierda de la época, una prueba irrefutable de sus ardides y falta de escrúpulos. Los empresarios supuestamente no devolvían los préstamos que habían recibido porque, en lugar de invertir las sumas recibidas en emprendimientos productivos, las despilfarraban en caprichos suntuosos. La terapia que se recomendaba para terminar con tales vicios era el rigor de las autoridades ante los pillos.
No es cuestión ahora de establecer qué había de falso y qué de verdadero en aquellas descripciones, sino de intentar comprender qué ha ocurrido para que, una vez en el gobierno, una parte de la izquierda −la más entusiasta de la reforma agraria, la que había jurado desalambrar hasta los gallineros− haya mutado en un nacional-ruralismo digno del mejor Nardone. Sólo falta que desde las oficinas del ministerio de Ganadería y Agricultura se difundan las grabaciones de las famosas peroratas del clerical, golpista y, por supuesto, ruralista doctor Corso. (Nota para los que no habían nacido antes de la dictadura o eran niños: el doctor Corso tenía una audición en Radio Rural en la que despotricaba contra los bajos precios de la carne y la lana, el comunismo internacional, la subversión, el pelo largo, el rock, la modernidad y todas las novedades que atentaran contra la tradición).
El actual ministro de Agricultura y Ganadería propuso hace ya unos meses que no era una mala idea aprobar una ley que contemplase los particulares problemas de un muy particular grupo de ciudadanos, que por poseer ese atributo se merecían también una solución particular, y que si no fuera porque él era muy disciplinado y respetuoso de las decisiones de su gobierno, habría impulsando una ley en el Parlamento para suspender las ejecuciones de los “productores rurales” que debían plata pero no la pagan. Eso no le impidió animar a los dirigentes de la Federación Rural a que lo hicieran. Ahora propone que se reduzcan sus deudas en un 50% y hasta en dos tercios y se apliquen intereses amables a las sumas que deben los agrociudadanos.
Los bienes de cualquiera que no sea un “productor rural” son inmisericordemente expropiados si no paga sus deudas. Así son las reglas del juego y nadie parece haberlas puesto en cuestión. Pero resulta que ahora los “productores rurales” son los únicos empresarios de este mundo (junto a los banqueros de este país tal vez) que deben ser contemplados cada vez que la fiesta del mercado no asigna los recursos tan adecuadamente como se presumía y algunos se quedan con las manos vacías después de rota la piñata.
Sería interesante, pues, conocer alguna explicación de por qué ahora es “progresista” que los “productores rurales” no devuelvan los créditos que recibieron de los bancos estatales o que lo hagan en unas condiciones a las que no accede el resto de los deudores (¿por qué, si no, la exigencia de que se los trate de una forma diferente al resto de los deudores en general?), por qué es “progresista” evitar a cualquier costa, incluyendo los perdonazos a cuenta del presupuesto del Estado, que un “productor rural” se arruine, como ocurre con todos los demás “económicamente inviables”, sobre todo en una sociedad que no se caracteriza por la piedad con los “inviables” de cualquier laya, y por qué a los “productores rurales” se les eximió (junto a otros empresarios, es cierto) de pagar impuestos y contribuciones a la seguridad social cuando estuvieron en dificultades, cuando el Estado sostiene que no hay recursos suficientes para hacer todo lo que debería hacerse en materia de políticas sociales, o por qué sería “neoliberal” el presidente de un banco del Estado que afirmase que se pueden contemplar todas las situaciones particulares (esas que se desdibujan en el abstracto concepto de “productor rural”), pero que el Estado no va a tolerar que alguien especule con la eventual aprobación de una ley para no pagar sus deudas. ¿Por qué? ¿Por qué a un estanciero, cuando entra en quiebra, no se le ocurre vender su campo, como sí se le ocurre, o está obligado a hacer con sus medios de producción, cualquier otro empresario.
Por supuesto que el lobby de los ganaderos no osa decir su nombre. Sus demandas, creo yo, pretenden fundarse en que la tierra es algo “especial”, diferente a esas anónimas usinas e hipermercados, que pueden estar en cualquier parte y daría lo mismo, como también ocurre con esos recursos descartables que son los trabajadores. Pero la tierra no sería un medio de producción más, en ella estarían afincadas las esencias de la patria. La sugerencia parece extraída del romanticismo europeo de la primera mitad del siglo XIX, pero se sabe que los ganaderos uruguayos abrevan en fuentes más locales y simplotas.
Se nos dice que no se puede poner en la misma bolsa a todos los “productores rurales”. Pues exactamente eso es lo que hace el concepto de “productor rural”: ocultar las diferencias. Su abarcadora aspiración todo lo confunde: en el universo de los “productores rurales” hay desde poderosos ganaderos que están colmando sus bolsillos a manos llenas gracias a las exportaciones de carne hasta pequeños agricultores familiares que acaso viven tan mal como un asalariado de la ciudad. Tal vez el Estado debería contemplar a estos últimos −no a un empresario que decide jugar al juego de la inversión y cuando pierde pide ayuda al Estado para que socialice las pérdidas y cuando gana argumenta que el botín ha sido producto de su personal esfuerzo− pero es difícil discriminar porque cuando se trata de orarle a la Virgen del Perdón todos ellos se mezclan, bailan y se dan la mano.
Se me ocurren algunas ideas nada originales para lidiar con el problema. La primera es recordarle al ministro de Agricultura y Ganadería que él no es el representante de los “productores rurales” en la administración (a veces lo parece), sino el responsable de la política agraria del gobierno (que para eso los ciudadanos votaron a quienes votaron), tal como el ministro de Trabajo no es el representante de los trabajadores en la administración, sino el responsable de que se respete la legislación laboral o de modificarla si esa es la política que la izquierda se comprometió a llevar adelante.
La segunda es que se le impongan retenciones a las jugosas exportaciones de carne que desde hace dos o más años nutren las cuentas bancarias de los “productores rurales” involucrados en esa patriótica tarea. La emergencia social así lo demanda. Que los florecientes exportadores de carne contribuyan con una parte de su riqueza a financiar programas sociales o de empleo. Es lo menos que se les puede pedir después de las contemplaciones que tuvo el Estado con ellos. Ya lo hizo Eduardo Duhalde en Argentina cuando era presidente. Y nadie dijo que era comunista. ¿O era comunista Duhalde?
Respuestas
Siempre me ha llamado la atención que en Uruguay y en Argentina (no en otros paises de A.Latina) se utilice el término "productor" solo para los agricultores o empresarios del sector agrario. ¿Porqué no se habla de un productor industrial o de un productor de servicios? Me recuerda a la concepción de los fisiócratas del siglo XIX que sostenian que la unica producción real era la primaria (mineria, agricultura, etc.) que todo lo demás era "mera transformación". Tenia una connotación filosófica el asunto. La riqueza solo se generaba en el sector primario. Los ganaderos rioplatenses hacen uso de esta visión fisiocrática para mostrar que la riqueza del país solo se genera en el sector agrario. Por tanto, cuidado con excederse en la presión impositiva al sector, es decir, a la gallina de los huevos de oro.
Autor: Espino | Abril 17, 2006 4:30 PM
Coincido con la apreciación de Espino acerca de las pretensiones que hay detrás de la palabra "productor", aunque le haría una pequeña precisión. La "connotación filosófica" a la que hace referencia es en verdad pura "connotación ideológica". No es una ingenua confusión de palabras, el concepto de "productor" aplicado a los empresarios rurales no es una operación neutra, tiene el propósito que menciona Espino. ¿Filosofía? ¿La Asociación o la Federación Rural enredadas en asuntos filosóficos? Es demasiado para esos gremios. Lo de ellas es derramar lágrimas y hacer lobby ante los gobiernos para obtener privilegios. ¿Su coartada ideológica? La tierra, la patria, la identidad y otras sandeces semejantes. Lo llamativo no es que un sector específico del empresariado defienda sus intereses (no es ni siquiera llamativo que lo haga en nombre del "interés general" como hacen nuestros productores agropecuarios), sino que esa pretensión forme parte del "sentido común popular", incluido el de una buena parte de la llamada izquierda.
Autor: voltaire | Abril 17, 2006 5:01 PM
Más allá de que desconozco el caso particular del Urugay, aunque algo he leido por los diarios, me da la sensación de que el centro de la cuestión tiene que ver con que hace 30 años la lucha era contra los grandes propietarios de la tierra, que eran, y probablemente aún lo son, todo lo que decís. Con el paso del tiempo, muchos de estos grandes propietarios, y también muchos medianos y pequeños, han cedido su propiedad a grandes empresas transnacionales, con las cuales es mucho más difícil negociar. No es lo mismo negociar con 300 productores que tienen 350 hectáreas cada uno, que seguramente muchos viven en sus campos o en ciudades cercanas, que negociar con una empresa que tiene 100.000 hectáreas. Y este comportamiento no se ve sólo con el campo, me da la sensación que a nivel de otras actividades productivas pasa lo mismo.
La izquierda se dio cuenta, desde mi punto de vista correctamente, que era más fácil presionar o negociar con aquellos que son del país que con extranjeros. Para dar un caso de lo que son las multinacionales, ligadas con el campo, basta ver el caso de Monsanto en Argentina. Como los juicios y las resoluciones del Estado le fueron desfavorables, realiza juicios en los países de Europa y en Estados Unidos.
Autor: Predica | Mayo 31, 2006 6:26 PM
Eso una empresa local lo puede llegar a hacer, pero es bastante más complicado. Ni hablar de casos más extremos, como por ejemplo la invasion de Irak, por citar uno, en el cual un pais invade a otro sólo para favorecer a alguna de sus empresas. Por lo que me parece que no es un tema menor la defensa de la "oligarquia" local. Puede parecer contradictorio, sobre todo mirando lo que se ha dicho hacia atrás, pero evidentemente el mundo ha cambiado.
slds
Autor: predica | Mayo 31, 2006 6:30 PM
Tu oposición a Mujica, la comparto. Tu frustración ante el abuso del Estado por parte de los propios políticos y a favor de intereses particulares, la comparto.
El resto es una sarta de disparates y reciclajes del marxismo que no tienen sentido. Tu última propuesta en particular, la de abolir las exportaciones de carne, es de lo peor que se me puede ocurrir.
Autor: Pablo | Mayo 31, 2006 11:33 PM
Pablo:
¿abolir las exportaciones de carne? ¿no habrás leido otro artículo? ¿de qué estás hablando? Tal vez deberías dedicar menos energías a descubrir marxistas reciclados detrás de cualquier objeto y más a leer con atención (se te perdona, al fin y al cabo, quién no tiene su propia e intransferible idea fija).
Yo, al menos, empleé el término retenciones. En otras palabras: impuestos, "retenerles" parte de las ganancias que se están embolsando muchos ganaderos por las exportaciones de carne, que contribuyan al bienestar general de esta sociedad. El Estado les vive perdonando la vida --como no se la perdona a nadie, digámosolo de paso-- (hace tres años estuve en la ruina, en el seguro de paro, sin un mango y no recuerdo ninguna iniciativa estatal para "aliviar" mi situación: no me perdonaron el pago del impuesto de Primaria ni la Contribución Inmobiliaria ni nada de nada... claro, me olvidaba, no soy un productor rural, sino un asalariado)... de modo que no estaría mal que ahora, que pueden, entreguen una parte del botín.
Pero no, siempre lloran; desde que tengo uso de razón y memoria los "productores rurales" de este país lloran, se quejan y piden que el Estado los considere cuando están en dificultades (que es siempre, según su lacrimógena versión de las cosas de este mundo). Uno se pregunta si acaso no deberían dedicarse a otros menesteres, ya que si siempre, siempre están perdiendo dinero, como alegan, lo mejor que podría sucederles es abandonar el rubro, vendiendo sus propiedades a los muchos que quieren comprar campo porque por lo visto sí consideran que no es un negocio tan deplorable. A mí, por cierto, no me inquieta en lo más mínimo que el propietario de tierras se llame Nepomuceno Quiroga Fernández o John Smith, sino qué y cómo haga con ese campo.
Un dato que apareció en la edición de la diaria de hoy: desde que se recuperó la democracia en este país hubo 42 REFINANCIACIONES para los deudores agropecuarios (no es una errata, leyeron bien: 42 refinanciaciones).
Autor: voltaire | Junio 1, 2006 2:31 PM
Es asombroso comprobar cómo entre personas formadas, aparentemente informadas, cunde la más profunda ignorancia de las cosas del campo. No quiero crear "culpabilidades", mucho menos "maldades". Nada que ver. Es simplemente lejanía de la cuestión, desconocimiento total y absoluto. ¿Y por qué no? ¿Cómo haría para entender lo que dice en este tema alguien que ha nacido, crecido y vivido en la ciudad, abasteciéndose en los supermercados o en las ferias vecinales pero sin hablar nunca con un productor agrícola, con aquel/la que -si no les gusta la palabra produce les pongo otra- crea lo que les alimenta, a ellos y a sus hijos? No es fácil. ¡Cuidado! Lo digo sin sorna, sin ironía. Digo en serio lo que digo.
No me dará este espacio para compartir lo poquito que sé del asunto. Pero estaría bueno preguntarse cuántas refinanciaciones han tenido los deudores urbanos. ¿Alguien las cuenta? ¿Alguien sabe cómo se producen? ¿Siquiera lo saben sus beneficiarios directos e indirectos?
Como en otros temas, corremos el riesgo de polarizar, dicotomizar, neurotizar el diálogo. Bueno, pues no lo hagamos. No hay tal separación entre agricultores y no agricultores, la hay entre pobres y ricos, agricultores y no agricultores. No es todo lo mismo. Recomiendo estudiar conceptos como "seguridad alimentaria" y "soberanía alimentaria". No son boludeces; en serio. Les pido por favor que lo hagan. Este país -el mundo- necesita, grita, reclama por intelectuales como varios de los que participan en esta página para que profundicen sobre estos temas. No está bueno que utilicemos la conceptología del enemigo ("la derecha" o lo que sea) para crear categorías funcionales apenas a nuestros textos. Claro que hay "productores" avivados, pero estimados amigos y amigas, les puedo asegurar que por un avivado hay cinco honestos. ¿Cómo puede decir alguien ilustrado que es lo mismo que la tierra esté a nombre de John Smith o de Horacio Quiroga, si por eso está diferenciando a alguien consciente de la sociedad en la que vive de otro que no lo es o no le importa? No importan los nombres, es claro, pero sí el uso que se hace de la tierra. La tierra no es una fábrica, ni un piso que sostiene las lechugas. ¡Cuidado con las frivolidades! La tierra tampoco es "una madre de pechos turgentes" a gusto de los ecoanimistas. La tierra es lo que la gente que la habita, la ama, y se identifica con ella decide que sea. En lo que me es personal, la tierra me alimenta. Todo, absolutamente todo lo que como proviene de la tierra, y en la medida de mis posibilidades, evito que provenga de la agroindustria y promuevo que provenga de la agricultura familiar.
En mi modesta opinión, este es un tema crucial para nuestros hijos y nietos. Y no da más el tiempo para tratarlo con superficialidad, descaro, ligereza, rutina o pereza intelectual.
Gracias por el espacio.
Autor: juandedios | Junio 3, 2006 1:24 AM
Sí, estoy de acuerdo con Voltaire y quienes lo refrendan. Me gustaría agregar:
-Los bancos prestan el dinero de sus ahorristas. No es dinero que surgió de la nada. Alguien lo consiguió, no lo disfrutó, lo guardó en el banco y tiene derecho a recuperarlo. Los bancos sólo prestan dinero que recibieron en préstamo.
-Mujica es una persona irresistiblemente seductora. Aunque parezca exagerado, cualquier opinión que uno se forme a partir de sus dichos, estará viciada de nulidad porque se generó bajo los efectos alienantes de esa hipnosis. Es lógico tenerle admiración y aprecio, pero es saludable conocer sus efectos secundarios. Sucede con él lo que sucede con los adictos que no son concientes de su esclavitud. Él lo sabe, por eso amenaza con provocar el doloroso síntoma de privación que padecerían los Mujica-dependientes.
Autor: Fernando | Junio 3, 2006 10:26 AM
No soy un experto en temas agropecuarios (supongo que igual puedo decir lo que pienso si lo fundamento, como creo que hago), pero conozco algo de la sociedad en la que vivo y a muchos, muchísimos de los llamados “productores rurales” y sus problemas (e intereses) en todo este asunto del endeudamiento. Conozco personalmente a varios que pidieron plata prestada al Banco República y siguen sin devolverla después de años porque están esperando que haya una “solución legislativa” al asunto. No sé si se trata de esa minoría de avivados de la que habla Juan de Dios y que contrastaría con la mayoría de productores honestos, pero en todo caso estoy persuadido de que no son una excepción.
En todo caso, tomo nota del llamado de Juan de Dios a discutir desapasionadamente el tema. Creo, por decirlo con cierta simpleza, que el centro de nuestras discrepancias reside en su afirmación “la tierra no es una fábrica”. Sí, claro, la tierra no es una usina, pero en una sociedad capitalista la tierra sí es un medio de producción más y sus propietarios son empresarios, como cualquier otro. Salvo los escasos “productores rurales” que podrían calificarse de campesinos (aquellos pequeños propietarios que viven del trabajo familiar y tienen una economía casi de autosubsistencia, que viven en condiciones muy parecidas, por su pobreza, a la de los trabajadores), el resto o bien son asalariados rurales, peones –que no deben confundirse como se hace a menudo con campesinos– o son empresarios. Sí, empresarios. Que disponen de capital y contratan fuerza de trabajo asalariada. Estos son la mayoría de los endeudados con el BROU, pues a los propietarios de un predio ínfimo que no tienen dónde caerse muertos nadie les suele dar un préstamo… ni más ni menos que como a los laburantes.
Ahora bien, la pregunta es: ¿la sociedad (porque creo que este asunto debe abordarse desde la perspectiva del conjunto de la sociedad, ya que estamos hablando de recursos de toda la sociedad) debe tratar de diferente manera a los empresarios, según sean industriales, comerciantes o “productores rurales”, que invirtieron para ganar dinero y en el juego del mercado les fue mal? Salvo que JuandeDios crea en la versión de que los empresarios agropecuarios son filántropos dedicados a garantizar la seguridad alimentaria de la población, que sería el único motivo por el que en una sociedad mercantil cabría considerar la posibilidad de establecer esas diferencias, debería responder negativamente a la pregunta.
Me parece que JuandeDios ignora que en este asunto de las deudas y las relaciones del Estado con los llamados “productores rurales” hay INTERESES económicos concretos en juego… disfrazados de ideología. La propia denominación de “productores” no es neutra (también podríamos hablar de “productores industriales”, por qué no), es ideológica y para legitimar las a mi juicio desmedidas pretensiones de los endeudados del campo se ven en la necesidad de establecer esa distinción entre la tierra y el resto de los medios de producción. Eso es precisamente lo que hacen los propietarios rurales. Tienen que recurrir a un arsenal puramente ideológico: en la madre tierra (siempre escriturada a su nombre, eso sí) estarían las esencias de la patria, “el interés colectivo” y otras abstracciones de las que ha desaparecido todo rastro de sus propios intereses y de las inhumanas relaciones que establecen con los trabajadores rurales. Y no vale argumentar que si la sociedad no sigue subsidiando a los Fernández vendrán los Smith con sus cultivos de soja transgénica, porque en ese caso repetiré lo que ya dije: que el asunto no es si el empresario rural es vernáculo o sajón, sino qué hace con la tierra y si lo que hace, y cómo la hace, es mejor o peor para el conjunto de la sociedad… que de eso y no de leyendas se trata.
En mi nota hablo de la posibilidad de que el Estado contemple a los pobres del campo, como debería hacerlo con los pobres EN GENERAL. Pero claro, para eso hay que enterrar definitivamente el abstracto concepto de “productor rural”, una bolsa llena de gatos, todos pardos, en la que no es fácil separar la paja del trigo. Ya lo afirmé en la nota que suscitó este debate: entre los llamados productores rurales hay muchos empresarios capitalistas, no pocos ricos que siguen nutriendo sus cuentas bancarias con exportaciones de carne, bastantes ganaderos medios y una minoría de pequeños campesinos pobres. Empezar por establecer estas diferencias tal vez sea un buen comienzo. Pero como ciudadano me niego a los perdonazos generalizados, particularmente cuando se hacen con recursos de la sociedad, que merecerían mejores destinos.
Autor: voltaire | Junio 3, 2006 6:06 PM
Para Fernando: totalmente de acuerdo. En 1549, un señor llamado Étienne de la Boétie publicó un librito que ha permanecido casi desconocido durante siglos, y probablemente seguirá así. El libro se llama "Discours de la servitude volontaire". Su lectura es verdaderamente estimulante y a la vez deprimente.
Con respecto a lo que dice Voltaire (que debe haber leído a La Boétie): tendría que ponerme a buscar los datos ahora y no tengo muchas ganas, aunque prometo hacerlo otro día. La realidad es que la mayoría de la tierra en Uruguay está en pocas manos. Esos no precisan "perodnazos", son los dueños del país, deben millones de dólares y listo. Después hay un grupo un poco más grande de medianos productores. En estas dimensiones hablamos casi exclusivamente de ganado ovino y bovino, y cultivos agroindustriales tipo trigo, soja, maíz, girasol, árboles, arroz, etc. Estos son en general "duros de roer". Son los que Voltaire describe como los "productores rurales" que se mencionan en los discursos. Deben centenares de miles de dólares, a veces hasta algún millón. Pero no quieren pagar. Tampoco pueden, pero además la mayor parte no quiere. Y si algún día puede, no lo hará.
Más abajo está el grupo mayoritario, que tiene un porcentaje ínfimo de la tierra uruguaya. Son miles de "productores rurales" dueños de 30, 40, 50 hectáreas, a veces medianeros o las dos cosas. Estos son los que cultivan hortalizas, frutas, verduras de hoja, crían pollos, hacen "chacra" (algunas pocas hectáreas de maíz, de avena, alfalfa y poca cosa más). Estos son los que más conozco. Casi todos están endeudados en decenas de miles de dólares, porque compraron un tractor nuevo, porque agrandaron un galpón, porque compraron un camioncito usado para ir al Mercado o porque cambiaron o pusieron sistema de riego, etc. Estos no son peones rurales, y son campesinos, o no importa cómo se les llame, son agricultores (eludamos los términos "productores" y "campesinos"). Son explotaciones familiares (podemos agregar centenares de tambos familiares). Estas personas -y sus familias- viven mucho peor (en cierto sentido material) que un obrero de FUNSA, que un funcionario del CASMU, que un empleado de la IMM. Es como si una familia entera tuviese que vivir de un sueldo de maestro o de policía, sin posibilidades de 222.
Hablamos de pobreza. Claro, comen mejor que los pobres urbanos porque tienen gallinas, tienen "cultura agrícola", saben hacer cosas que nosotros no sabemos como vivir seis meses de un chancho muerto. En fin. Podría seguir contando, y me encantaría hacerlo, pero no quiero monopolizar el diálogo. Podría aportar nombres y apellidos, localidades. Estos agricultores que todavía permanecen insensatamente en el campo son los que alimentan al Uruguay.
Los otros alimentan al ganado europeo con su soja, a las plantas chipeadoras y pronto de celulosa con sus árboles, al mercado de commodities y a los supermercados del Norte.
Todos están endeudados, ese es el asunto.
La cuestión que debemos dirimir es: ¿a cuáles de ellos necesitamos subvencionar para tener alimentos de acuerdo a nuestras necesidades, costumbres alimentarias, a nuestra salud? ¿Es posible una agricultura que consolide la "seguridad alimentaria" (autonomía) y la "soberanía alimentaria" (capacidad de decidir qué comemos) sin apoyo social?
Mi respuesta es no. No es posible. Cada vez que veamos un cartelito en las esquinas, en las rutas de salida de Montevideo ofreciendo tres lechugas a 10 pesos, sepamos de detrás de ese cartel hay un/a agricultor/a muerto/a (figuradamente). Una semilla de lechuga demora 60 días en ser lechuga, hay que hacer almácigos, regarla todos los días, después transplantarla a la tierra (agacharse, hacer un agujerito y colocarla en la tierra), después hay que regarla dos veces por día, carpirle los yuyos (si no usás porquerías químicas), y al cabo de 60 días tenés una lechuguita que hay que cosechar del suelo. ¿Puede eso valer tres pesos? Si se vende a tres pesos, ¿cuánto recibe el agricultor? A veces menos de 1 peso, con suerte 1,50 pesos. Y así es con casi todo, todo el tiempo. Muchas veces no se obtiene un ingreso, apenas se empata con los gastos. Pero ellos casi nunca lo saben porque no hacen las cuentas como los que saben hacerlas. Ellos calculan cuánto cobran cuando las venden en comparación con lo que tienen que pagar por costos a crédito. El trabajo propio nunca entra en la lista de costos. Esto es así. Es real. Estos son los que (grosso modo) alimentan al Uruguay. A esto me quiero referir cuando hablo de lo que escribo.
Los otros, casi sin excepción, son empresarios como dice Voltaire. Agrego un matiz: no pocos son empresarios de pacotilla, vecinos de Malvín y del Buceo, del Centro y del Prado. Son de clase media. Pero es verdad que no quieren pagar.
Un saludo cordial
PD: no soy Juan de Dios, sino juandedios.
Autor: juandedios | Junio 4, 2006 2:28 AM
Por dios, juandedios!! Que es eso de la soberania alimentaria y de la seguridad alimentaria? Capacidad de decidir qué comemos? En un mundo como el que vivimos comencemos a pensar en temas como este con un horizonte cosmopolita y de ventajas comparativas para producir alimentos y no de que cada pais tenga su "huerto". Evidentemente, tendrán que empezar los EEUU y la UE a bajar sus niveles de protección de "su" agricultura.
Autor: Espino | Junio 14, 2006 12:05 PM
no es lo mismo refinanciar la deuda a los productores rurales que a los urbanos, ni tampoco a voltaire si alguna vez lo necesita.
el objetivo de Mujica es lograr mantener en el campo a la poca gente que aún está en el campo.
esto es una tarea muy difícil y es vital para el país. el que se fue del campo no vuelve y lograr repoblar el campo es fundamental si queremos un país productivo.
porque además no se trata de que la tierra rematada la compre cualquiera, hay un conocimiento indispensable para hacer rendir a la tierra
Autor: alvaro | Junio 17, 2006 5:40 PM
Alvaro:
No entiendo por qué repoblar el campo es fundamental si queremos un país productivo. Me suena a consigna "maoista" transnochada. Lo productivo no es sinónimo de lo agricola. Podemos producir otras cosas que no sean las que emanan de la tierra, por ejemplo, de nuetras conocimientos, ideas, tecnologias, innovaciones. Que sepamos los paises más desarrollados no son ejemplos de areas rurales pobladas.
Autor: Espino | Junio 18, 2006 2:07 PM