Mano dura
Voltaire
La rutina con la que la oposición solicita la renuncia de un ministro del gobierno tiene su punto alto en la figura de José Díaz, el ministro del Interior. ¿El supuesto motivo? El ministro no estaría cumpliendo su obligación de garantizar la seguridad de los ciudadanos. Intuyo, sin embargo, que el motivo real es que Díaz es el primer ministro del Interior de este país que no se rinde a la histeria reinante en materia de seguridad.
El problema de la seguridad, sin embargo, tiene sus bemoles, y aunque suele ser objeto de las mayores manipulaciones, no tiene una solución fácil como pretenden los partidarios del garrote. Casi con la misma rutinaria frecuencia con la que aparece la luna llena los medios de comunicación y la llamada opinión pública se rasgan las vestiduras por la incontrolable “ola delictiva” que, según parece, estamos condenados a padecer cada cierto tiempo. De creer a esta versión, Montevideo se habría convertido en un lugar tan peligroso como los suburbios de Johannesburgo, la favela La Rocinha de Rio de Janeiro o el Bronx neoyorquino.
“La delincuencia no da respiro (…), la comisión de delitos avanza atropelladamente, en una forma que genera verdadera alarma pública”, afirmaba hace un par de meses un diario en un comentario editorial. Cada vez que hay un homicidio o una rapiña en esta ciudad, el policía que todos llevamos dentro se pone como loco y sale a pedir garrote. Las estadísticas, sin embargo, no confirman el incremento de los delitos. No tienen por qué creerme, pero les aseguro que desde que me ocupo de este tema (quince años como mínimo) nunca pude obtener datos oficiales que corroboraran el aumento significativo y sostenido de los delitos. La gráfica de la evolución de los delitos en la última década se parece más a un sube y baja. La política de mano dura por la que clama buena parte de la sociedad, y de la que se hace eco la derecha para contentar a la tribuna, se basa invariablemente en la “sensación de inseguridad” que tienen los ciudadanos, convenientemente estimulada por un titular destacado o la apertura de un noticiero de TV con un “crimen salvaje”. Un ejemplo de las desmesuras a las que puede conducir la “sensación” de inseguridad fue el caso de una amiga que llegó a estar persuadida de que sería la siguiente víctima del célebre violador y asesino Pablo Goncalvez, cuando echando cuentas no muy finas esa posibilidad era de una en un millón (o de una en medio millón si excluyéramos del universo de mujeres violables por Goncalvez a las más creciditas).
Lo de la “sensación de inseguridad” es todo un tema, claro. No se presta mucho para el análisis riguroso. ¿Se imaginan una política de seguridad basada en algo tan volátil como las sensaciones? Tengo una vecina, por ejemplo, que dice que en esta ciudad “ya no se puede salir a la calle” (sic). Hay personas a las que la presencia de un negro a menos de diez metros les genera inseguridad y otras que se ponen a temblar si ven un rostro desconocido frente a su casa. Ya que estamos hablando de puras sensaciones, ¿qué quieren que les diga? La mía dice que es un milagro que no haya más delitos contra la propiedad. En un país con la mitad de sus niños y casi 30% de su población total viviendo en la pobreza o la indigencia, lo que debería sorprender es el número extraordinariamente bajo de delitos contra la propiedad que existe en este país.
Nadie discute que la seguridad es un bien imprescindible. Sin una mínima seguridad no se pueden ejercer los derechos básicos de las personas. No puedo hablar de libertad si cuando regreso a mi barrio después del trabajo no estoy seguro de que no me van a matar. Esto es tan claro que no veo la necesidad de andar inventándose “olas delictivas” que sólo existen en algunas mentes fantasiosas. Digamos de paso que, al igual que la libertad, la seguridad también está desigualmente repartida en esta sociedad. A pesar de que las denuncias sobre la insoportable inseguridad provienen por lo general de los barrios acomodados, sus habitantes logran apañarse bastante mejor que los de los barrios más pobres. La razón es bastante sencilla: con dinero no se puede comprar felicidad pero sí seguridad. También en este terreno la sociedad deja a sus miembros librados a sus propias y desiguales fuerzas.
Desde que el mundo es mundo los hombres y mujeres han tenido que lidiar con la tensión que atraviesa las relaciones entre libertad y seguridad. No puedo ser libre si no tengo una mínima seguridad, pero si la búsqueda de seguridad se hace demasiado sofocante, inevitablemente deberé resignar parcelas de libertad. A propósito, conocí a un tipo que no se iba de vacaciones por temor a que le desvalijaran la casa. En serio. Le dejé en la puerta un ejemplar de Ser o tener de Erich Fromm, pero no hubo caso, siguió sin irse de vacaciones.
Una de las consecuencias más indeseables de la histeria reinante es precisamente la reducción voluntaria de los espacios de libertad. Eso ocurre cuando nos convertimos en propagadores de la cultura de la sospecha, cuando el negro, el pobre, el “rarito” o el simplemente diferente se convierten en potenciales enemigos. Esas actitudes nos empobrecen, nos encierran en el universo de “lo conocido”, nos impiden, temerosos como estamos, vínculos y encuentros que no estén en el programa previsto. Otra es que solemos meter resignadamente la mano en el bolsillo para colaborar con fantasmagóricas comisiones policiales cuando nos tocan timbre una vez al año.
Cuando el miedo nos hace perder la cordura y clamamos como enajenados por mano dura, por la rebaja de la edad de imputabilidad penal, castigos más severos y hasta la pena de muerte (medidas punitivas que ya se sabe que no resuelven nada) y, sobre todo, cuando nos indignamos porque supuestamente los jueces dejan a los delincuentes libres, estamos, aunque no lo sepamos, jugando a la ruleta rusa. Las garantías constitucionales que alegan los jueces para dejar libres a los acusados que (no debería hacer falta recordarlo pero lo hago) son inocentes hasta que se demuestre lo contrario, son garantías jurídicas que se otorgan a todos los ciudadanos, con independencia de su respetabilidad, origen social, costumbres morales y, por supuesto, antecedentes penales. Si los jueces cobraran al grito de la tribuna viviríamos en la ley de la selva (en una selva más tupida que la actual). De modo que no se indigne tanto, respetable señor, cuando un juez deje en libertad a un potencial delincuente. La presunción de inocencia es una garantía constitucional también para usted si el día de mañana lo acusaran indebidamente de librar cheques sin fondos o de toquetearse con una menor en un cabaret. Aunque sólo fuera por esa mezquina razón, debería controlar sus pulsiones represivas.
Tampoco chille porque el gobierno aprobó una tímida ley de Humanización del Sistema Carcelario, cuyo único propósito es respetar los derechos humanos de las personas detenidas. ¿Sabía que Uruguay firmó el Pacto de San José de Costa Rica que obliga a poner en libertad a todas las personas que estén más de dos años detenidas sin condena firme? Pues bien, si un Estado democrático no está en condiciones de respetar los derechos de las personas (y los detenidos siguen siéndolo) debe dejarlas en libertad. Ya sea porque están sin condena después de dos años, porque están hacinados o simplemente porque no se les brindan posibilidades de rehabilitación.
No se deje tentar por las soluciones facilongas que le proponen algunos políticos y la tele. Son todas burdas mentiras. La única verdad es que el problema de la inseguridad no tiene una solución fácil y a corto plazo. Perdón, hay otra cosa que también es verdad: si estamos más preocupados por la seguridad que por la libertad siempre es mejor una dictadura que una democracia.
Respuestas
Desconozco cual es el grado de histeria que existe en Montevideo con respecto a la violencia y a la necesidad de mano dura con la delincuencia. En todo caso, me parece que en la nota de Voltaire se confunden muchas cosas y se dejan sin tratar otras, creo que las más importantes. Pese a que Voltaire minimiza su importancia, la sensación o percepción ciudadana de inseguridad es un tema muy importante para calibrar la calidad de vida en una ciudad. No podemos esperar a sufrir un delito directamente para estar seguros de que hay inseguridad. Y no se trata de garantizar una seguridad mínima como afirma Voltaire sino de una seguridad máxima. El estado debe garantizar la máxima seguridad, porque el disfrute de la seguridad en un derecho básico en sí mismo, no una condición para poder ejercer otros derechos.Hay factores que ayudan a eliminar la percepción o sentimiento de inseguridad, por ejemplo la presencia de guardias o policias en el espacio público en labores de vigilancia. Además de ser un factor disuasorio para muchos delitos potenciales. Identificar rapidamente pobreza con delincuencia como hace Voltaire, es una temeridad. No proque la pobreza no sea un caldo de cultivo para la delincuencia sino porque no se puede asociar que a un aumento de la pobreza provocará automáticametne un aumento de la delincuencia, porque existen otros factores que potencian la delincuencia y la inseguridad. Si las denuncias de inseguridad vienen de los barrios acomodados es porque es allí donde acuden los que cometen delitos. Es allí donde están las oportunidades. Los chorros no van a robar o copar viviendas a La Teja o a Maroñas.
Normalmente, se asocia dureza frente a la delincuencia como un asunto de la derecha. Voltaire no apunta ninguna solución, denuncia la situación, critica las reacciones, pero no propone nada. Arriesgue alguna idea de solución, por favor!! Como en tantos otros asuntos de nuestra convivencia en un mundo de riesgos y desequilibrios como el que vivimos, parece que tenemos que optar por "el mal menor" y no por la solución ideal. Es cierto que tenemos que elegir el equilibrio deseado entre libertad y seguridad. Y esto no es una tarea fácil.
Autor: Espino | Junio 21, 2006 1:15 PM
Habría que tomarse un poco de tiempo para leer, estimado Espino. ¿Puede afirmarse que minimizo la importancia de la seguridad cuando afirmo textualmente que “nadie discute que la seguridad es un bien imprescindible”?
Sobre la llamada “sensación” de inseguridad, repito lo que dije en la nota: no se presta a análisis serios (más bien se presta a la manipulación, a la difusión de una ideología reaccionaria) y una política sobre el tema no puede basarse en ella. Sería de locos que el Estado fundara ésta o cualquier otra política en las “sensaciones” que tienen los ciudadanos sobre los asuntos de la polis. No soy de los que creen en la omnipotencia de los medios ni en las versiones conspirativas de la historia, pero basta con mirar un noticiero de TV para ver cómo se potencia la ignorancia, la incertidumbre y los miedos de la gente. ¿Se imaginan a dónde terminaríamos por ese camino? Cualquier ciudadano podría alegar su particular “sensación” para demandarle al Estado cualquier cosa. Mis “sensaciones” pueden no corresponderse en absoluto con la realidad. Estoy seguro, por ejemplo, de que hay empresarios en este país que tienen la “sensación” de que, tras la aprobación de la nueva ley de fueros sindicales, vivimos bajo una dictadura del proletariado.
Dice Espino que “la sensación o percepción ciudadana de inseguridad es un tema muy importante para calibrar la calidad de vida en una ciudad”. No lo comprendo, francamente: volvemos a lo de la sensación. ¿O habrá querido referirse a la inseguridad a secas (no a la sensación de inseguridad) como factor de calidad de vida? Si lo que quería decir era esto último estoy de acuerdo.
No sé si identifiqué “rápida” o lentamente pobreza con delincuencia, pero ¿acaso se pueden negar los infinitos vínculos que las unen? No ignoro que hay formas de delincuencia organizada, mafiosa, que no siempre son hijas de la pobreza, pero casualmente no son esas formas las que abundan en este país, a pesar de los esfuerzos periodísticos por convertir al grupito de vendedores de marihuana del barrio en “una organización de narcotraficantes”.
La inseguridad es todo un tema y yo apenas me referí en la nota a UNA de las fuentes de inseguridad. Hay muchas otras en este mundo, tras el desistimiento del Estado, y la extensión de la cultura del “sálvese-quien-pueda”. El futuro en este tiempo es fuente de incertidumbre, riesgo, desasosiego, miedo… inseguridad. A veces me pregunto si tanto clamor por seguridad (en su sentido más restrictivo) no obedecerá también a una desesperada búsqueda de seguridad en un terreno mucho más amplio que en el de que no me roben por la calle.
Ahora bien, al Estado se le puede exigir lo que haya que exigirle, pero esa tensión entre la seguridad y la libertad de la que hablaba es un asunto que me concierne a mí como individuo, no está referida UNICAMENTE a la POLITICA de seguridad. Cómo negar que la seguridad es un asunto político (que incluye una dimensión legal), pero al margen de las decisiones que tome el Estado al respecto, enfrentado yo a la inseguridad puedo tener diferentes actitudes frente a ella: puedo contribuir a aumentar la sensación de inseguridad, construirme un bunker, tratar a todos los desconocidos como sospechosos, desconfiar sistemáticamente del que tengo al lado, vivir encerrado y resignar parte de mi libertad. Es también una forma de lidiar con el asunto, claro. Y, chillar, sobre todo chillar, y pedir que aumenten las penas, acusar a los jueces de dejar a los delincuentes en libertad (!!)
Espino me pide soluciones. No las tengo, pero estoy convencido de que el problema de la inseguridad y la delincuencia NO TIENE soluciones mágicas y facilongas como pretenden los apóstoles de la mano dura. Ni el aumento de las penas, ni la presión sobre los jueces para que no excarcelen a nadie, ni la construcción de más cárceles han traído soluciones. Me temo que con altos índices de pobreza y exclusión social no se terminará con la delincuencia. Ya sé, como esa es una tarea de largo aliento, me preguntará ¿y mientras tanto qué? Mientras tanto, aplicar escrupulosamente la ley, garantizar el respeto de todos los derechos constitucionales y no rendirse a la tentación del autoritarismo.
Autor: voltaire | Junio 22, 2006 1:56 PM
Sí que el análisis de los sentimientos o percepciones de inseguridad se presta a análisis serios. Y muy serios. Las politicas encaminadas a reduir la percepción de inseguridad entre los ciudadanos, es motivo de prioridad en varias ciudadades del mundo, tanto en ciudades del tercer mundo como del mundo desarrollado y de las Naciones Unidas. Resulta evidente que un aumento del sentimiento de inseguridad o una generalización del mismo, es un factor fuertemente negativo sobre la vida de las ciudades, por ejemplo sobre la participación de los ciudadanos en los asuntos colectivos y sobre el uso del espacio público o sobre la tendencia de las personas a hablar con desconocidos y a interactuar con otros ciudadanos. Tiene que ver, en síntesis con la salud cívica y ciudadana de una ciudad. Hay estudios que demuestran que el sentimiento de inseguridad incluso aumenta cuando la delincuencia urbana real disminuye. Eso sucede en muchas ciudades europeas por ejemplo. Se amplia la brecha o el "gap" entre sentimiento de inseguridad y evolución de la deliencuencia y la disminución de una no supone la disminución de la otra. Los estudios se preguntan cual es la razón de esta incoherencia y se han analizado multiples factores que provocan esta sentimiento de inseguridad. No se trata de reacciones irracionales o "reaccionarias" como apunta Voltaire. Hay muchos factores en la vida de las ciudades que provocan estos sentimientos. Por ejemplo la falta de prevención, la falta de información, la presencia de espacios urbanos peligrosos, poco iluminados, el deterioro de la ciudad, el vandalismo de determinados grupos. Asi también la falta de presencia policial es un factor que genera sentimientos de inseguridad. Pero hay otros factores asociados a las propias personas que sienten temor, por ejemplo, entre las personas mayores, la necesidad de vigilancia mayor cuando se trata de la movilidad de niños pequeños, etc. Y tiene que ver, también, con la propia estructura de nuestras ciudades, con las tendencias a la "ghetización" de nuestros barrios y áreas urbanas (tanto de los pobres como de los ricos) con la falta de mezcla social en la ciudad y por tanto, con el aumento del aislamiento social, lo que hace aumentar el temor a lo desconocido.
Autor: Espino | Junio 26, 2006 9:59 AM
O sea que lo que propone Espino es que sigamos alimentando la "sensación" de inseguridad. Por ejemplo, si la gente siente inseguridad, que el Estado ponga más policías, más luces, más elementos que den la "sensación" de seguridad. No la veo por ahí.
Si el problema es de sensación de inseguridad, hay que tratar de terminar con las causas de esa falsa sensación... y si no es una mera sensación, sino que la inseguridad es real, lo mismo. Pero recurrir a las mismas medicinas para tratar fenómenos opuestos no parece ser la solución.
Autor: insekuro | Junio 28, 2006 1:29 PM
Insekuro recurre al análisis mecánico, siguiendo a Voltaire, al oponer "sensación de inseguridad" (mera sensación) a "inseguridad real" . ¿Qué es la inseguridad real? El aumento del número de delitos? Cuando decimos que una ciudad es insegura? Tengo derecho a decir que hay inseguridad, una vez que he sufrido personalmente un delito? O cuando lo haya sufrido algun miembro de mi entorno? No resulta facil, evidentemente. Claro que hay que terminar con las causas que generan sensación de inseguridad (que no son falsas, las sensaciones son y punto). Pero como he intentado argumentar en mi post anterior, no se termina con esta sensación, automaticamente, al reducir los hechos delictivos. Más aun, ¿si alguna vez sufrimos un delito personalmente, pasaremos a tener sensación de inseguridad de forma crónica en los proximos diez años? No creo que los residentes en Nueva York se pasen el dia mirando al cielo a ver si algun jumbo se estrella contra el Empire State... pero, que duda cabe que los ciudadanos vamos acumulando información y actuamos en consecuencia. Y no le quepa ninguna duda que, en general, los ciudadanos saben como gestionar esa información y que decisiones tomar al respecto. Más de lo que piensan algunos intelectuales que subestiman las "meras sensaciones" del común de los mortales como material desechable y poco digno de ser tomado en cuenta.
Autor: Espino | Junio 29, 2006 9:17 AM
No hay con qué darle a la "sensación" de Espino. O sea que como la "sensación" de inseguridad existe (y vaya si existe) hay que hacer lo que sea necesario para que ella desaparezca, aunque ya no haya nada para hacer (100% de sekuridad es imposible que la haya, ¿o sí?).
Así que, según Espino, la cosa podría decirse así: "Por algo será que la gente tiene sensación de insekuridad". "La gente siempre tiene razón".
Autor: insekuro | Junio 30, 2006 12:26 AM
Insekuro hace honor a su nombre. Es muy inseguro el hombre y necesita seguridades (intelectuales) a toda costa. Eso de los matices no le va. Este ejercicio de diálgo tiene algun sentido si se comentan los argumentos y las razones del interlocutor y no se limita uno a lanzar frases ingeniosas.
Autor: Espino | Junio 30, 2006 9:12 AM
No entiendo por qué mi análisis es mecánico. ¿Por qué es equivocado, a los efectos del análisis, oponer "sensación" de inseguridad a inseguridad real? Me gustaría que Espino me explicara por qué le resulta tan escandalosa esa oposición. No termino de comprenderlo.
¿Qué es la inseguridad real? me/se pregunta Espino. No sé si usted tiene alguna forma singular de medirla, pero parece que existe consenso en que esa seguridad depende, entre otras cosas, de si los derechos de las personas (incluido el derecho de propiedad sobre sus bienes y su integridad física) están poco, mucho o nada garantizados.
Y digo "entre otras cosas", porque lo que estamos discutiendo aquí es apenas una parte del problema: también son fuente de inseguridad e incertidumbre un mundo cambiante que no permite una mínima planificación de nuestras existencias, el abandono de los más débiles por parte de la sociedad y en particular un mercado de trabajo brutalmente desregulado. Alguien mínimamente curioso debería preguntarse -y no me parece que sea traido de los pelos- si estas fuentes de inseguridad, desasosiego y temor mencionadas en último término no estarán condicionando la percepción de seguridad que tienen las personas en nuestra sociedad, o para decirlo en otras palabras: tengo la duda de si la enorme demanda de seguridad --en el sentido restringido de seguridad-- que hoy pulula en el mundo no estará buscando los motivos de la inseguridad en el lugar equivocado.
Tanto estos últimos factores como los indicadores más convencionales y derechos mencionados al comienzo de este post podrían darnos alguna pista sobre la in(seguridad) real... pero, si no lo comprendí mal, Espino sostiene que la mayor o menor inseguridad es un asunto personal e intransferible. La inseguridad consistiría, según él, en "sentirse" inseguro y basta. No habría ninguna forma objetiva de averiguar si vivimos de forma más, menos o igualmente segura que, por ejemplo, hace dos meses o hace dos años.
¿Es así?
Autor: Voltaire | Julio 3, 2006 2:25 PM
Dejemos de lado las fuentes de inseguridad que ahora agrega Voltaire (mundo cambiante, etc.) porque si es así, entonces seria imposible centrarnos en el asunto que nos ocupa. Es decir, de la inseguridad, definida por la evolución del nº de delitos contra la propiedad, los bienes y los individuos. Y, evidentemente que la inseguridad está relacionada con la capacidad del estado para garantizar la protección de individuos y bienes. Tampoco confundamos con la seguridad juridica (derecho de propiedad y obligación de cumplimiento de los contratos) que es otro tema. Mi crítica es que a la sensación (prefiero la palabra percepción) de inseguridad debemos oponer sensación/percecpción de segturidad, y no seguridad "real". Porque, efectivamente, estamos hablando de percepciones y no de "conocimientos científicos". Evidentemente que hay indicadores objetivos sobre la seguridad "real" y sobre todo, sobre su evolución. Pero como he intentado mostrar en mi anterior comentario, las relaciones entre la seguridad real y la percepción (tanto de inseguridad como de seguridad) es una relación compleja. Hay que luchar contra la inseguridad y tratar de que la percepción de inseguridad se reduzca. No se trata solo de lo primero porque lo primero, no reduce automáticamente lo segundo.
Autor: Espino | Julio 4, 2006 3:58 AM
La inseguridad es propiedad de las víctimas y no de la audiencia. Me han robado en mi propio hogar, más de una vez. Me han manoteado la billetera y hasta me han pegado para sacármela. Me ha pasado más de una vez, porque tengo la mala costumbre de emborracharme en los lugares menos apropiados. Una vez, después haber sido rapiñado, viene uno y me pregunta si me había quedado algo de plata, y rebuscando en los bolsillos saqué mil pesos y se los mostré, y también se fueron esos mil pesos. Les fuí a protestar a los carabineros y ellos también se mofaron del estado de inseguridad en que nos encontramos porque me tildaron de borracho. La inseguridad, como dice Ramela, es un "estado del alma"*
* (esta idea apareció en "la diaria" del 4/7/06)
Autor: Gabrielle | Julio 7, 2006 7:33 AM
Dice el filósofo Daniel Innerarity: "El miedo y las demandas de seguridad no están en función de unas causas objetivas como las que reflejan las estadísticas; tienen que ver con la forma del mundo actual, con la virtualización de los riesgos, con las amenazas específicas que producen la técnica y la civilización, con el panorama general de incertidumbre que no terminamos de saber gestionar, con esa fragilidad e inestabilidad en que se desarrolla el proceso de mundialización. De esas circunstancias se alimenta lo que algunos han llamado "los imaginarios de la inseguridad". El sentimiento subjetivo de inseguridad no es lo mismo que el miedo ante los peligros objetivos. El miedo está más vinculado a una explosión objetiva de los peligros visibles; la preocupación por la inseguridad puede existir con independencia de una experiencia directa. Por eso puede ocurrir perfectamente que las nuevas demandas tengan poco que ver con los peligros objetivos, que haya un aumento de las expectativas de seguridad, asociada al desarrollo económico y social, del mismo modo que aumentan otro tipo de expectativas relativos, por ejemplo, a otras prestaciones sociales, en el ámbito de la cultura, el ocio o la salud" (del libro "La sociedad invisible").
Autor: voltaire | Julio 7, 2006 7:40 PM
Una vez más, cuando Voltaire no consigue avanzar en términos prácticos y reales, se nos refugia en las brumas de la teoría y en las elucubraciones de los filósofos. Si no recuerdo mal, esto empezó por el cuestionamiento a un ministro.... ¿o no?
Autor: Espino | Julio 31, 2006 11:18 AM
No recurro a la teoría PORQUE no pueda avanzar en términos prácticos. Más bien al contrario, recurro a ella para sugerir que una política práctica SE BASE EN terreno más firme y no en meras sensaciones totalmente manipuladas. Que yo no consiga avanzar más en términos prácticos no significa que sea una mala cosa recurrir a la reflexión y a la experiencia acumulada(que no otra cosa es la teoría finalmente) sobre un tema, en lugar de apoyarse en el prejuicio y en fenómenos indemostrables que sólo existen en algunas mentes inclinadas a buscar soluciones demasiado simples para problemas demasiado complejos.
¿Las "brumas" de la teoría?
¿Por qué "brumas"? ¿Por qué la teoría le evoca a Espino siempre algo tenebroso, hermético, que nada tiene que ver con la realidad? Cuando la teoría es buena tiene mucho que ver con la realidad... Es -ni más ni menos- que experiencia acumulada.
¿Le parece tan brumosa la reflexión de Inennarity? Viene a decir precisamente que tanto desvelo inexplicable por un tipo de inseguridad tal vez responda a inseguridades provocadas por fenómenos más inasibles e incontrolables, masivos y generalizados en esta era.
¿Le parece tan traido de los pelos a Espino pretender que no se ignore este fenómeno a la hora de formular un diagnóstico y una política de seguridad?
Distinto es que él crea que el fenómeno que describo no existe, que es una pura invención de "filósofos". En ese caso, entonces no se trataría de que reflexionar o teorizar sea algo impertinente, sino de una teoría equivocada.
Autor: voltaire | Julio 31, 2006 5:00 PM
Posted by: No me respondes a mi reflexión. A percepción de inseguridad hay que contraponer percepción de seguridad, y no seguridad real. Por tanto, se trata de dos percepciones. Esto es muy importante para no despreciar la percepción de inseguirdad por el hecho de ser una sensación y dejar de despreciar la percepción de seguridad. Lo de comparar percepción de inseguridad con seguridad real es una falsa contraposición. Finalmente, los que padecen sensaciones o percepciones de inseguridad no son ciudadanos de segunda o no dignos de ser tenidos en cuenta por "reaccioanrios" como se infiere de los comentarios de Voltaire. | Agosto 5, 2006 08:23 AM
Autor: Espino | Agosto 5, 2006 8:25 AM
Lo de brumoso no venia a cuento porque la teoria sea brumosa o nebulosa sino por el método de pasarse a las reflexiones teóricas e interponer nubes que nos alejan de las soluciones y asuntos prácticos. Una tendencia a la que generalmente se apunta Voltaire. Lo de tenebroso y hermétido es de su cosecha no de la mía. Sí, estoy de acuerdo con lo de los "imaginarios de la inseguridad". Que duda cabe de ello. Pero tenemos que resolver asuntos concretos respecto a la seguridad en nuestras ciudades. Y sí, usted minimiza la importancia de la seguridad. Asi lo afirma dos veces en su texto inicial ("sin un mínimo de seguridad", etc. etc.)
Autor: Espino | Agosto 9, 2006 4:21 PM
Sabíamos pocas cosas acerca de Daisy Tournier. Sabíamos que era una "feminista" de izquierda que fumaba en el ambulatorio del parlamento. Sabíamos que tenía un sitio Web en el que ponía cara de progresista, conocíamos su voz aguardentosa, siempre reclamando por los derechos de los reprimidos.
Ahora sabemos más. Ahora sabemos que bebe con placer el elíxir del poder y que aborrece a los que no están de acuerdo con la sabiduría convencional que le permitirá conservarlo. Sabemos que no es más que un ser político del montón, a quien le aterroriza la mera idea de volver a su banca, y ni que hablar de perderla.
La ideología política de Daisy Tournier se reduce a lo que tenga que hacer para conservar el poder. Y vaya si tiene poder que conservar, Ministra del Interior y dueña de todos los palos del país. Como olvidándose de su anterior condición de opositora, ahora aflora como verdadera mujer política, reprimir, reprimir y reprimir. Mamá era punk, pero esta mamá se parece más a Eva Braun que a cualquier otra mujer.
Ahora si agarran 600 kilos de marihuana, Daisy dice que está salvando a los "jóvenes" de la "adicción". Se nos convirtió en agente de la DEA y cree que confiscar toneladas de marihuana es hacerle frente al narcotráfico. ¿Será tan estúpida? ¿se habrá alejado tanto de las bases como para creer que reprimir el narcotráfico es un bien absoluto? Los que queremos fumarnos un porro somos ¿qué? ¿enemigos del pueblo? ¿adictos más deleznables que una gorda alcahueta del oncólogo mayor? ¿Es que hemos luchado para tener una ministra del interior indistinguible de todos los otros fascistas que hemos tenido que soportar en gobiernos anteriores?
No sé ustedes, queridos amigos, pero para mi Daisy Tournier es el enemigo absoluto, es la reencarnación de Yezhov, de Yagoda y de Beria. Es la que se hace grabar diciendo que cualquier oposición a Tabaré Vázquez dentro del Frente Amplio es traición. La verdadera traición a los principios de la izquierda es besarle el culo al adivino y al rey y al que quiere curarte de un cáncer quemando lo que resta de ti.
Niños: cuidaos de convertiros en gente como Daisy. Pordreis ganar elecciones pero nunca ganaréis la salvación.
Autor: Jack | Noviembre 22, 2007 3:16 AM
"Como olvidándose de su anterior condición de opositora, ahora aflora como verdadera mujer política, reprimir, reprimir y reprimir."
Jack, ¿eso lo decís por su sexo o por su ocupación?
Autor: itala | Noviembre 23, 2007 6:05 PM