Esto sí que no se ha visto

homero.tabare.jpgCurzio Moore
Acabo de ver en TV Ciudad un maravilloso documental sobre skateboarding en Montevideo (creo que se llama “Mitten the movie: skateboarding uruguayo”). Dispuesto a alejarme de la línea habitual de criticaresfacil.com, no tengo casi nada más que elogios para lo que ha representado TV Ciudad para la televisión uruguaya. Es la mejor televisión en su género, y además tiene el mérito de ser la única televisión en su género que ha existido en este país. Una reflexión tan simple como ésta no puede quedarse aquí, especialmente en este país de contubernios mediáticos y televisivos.

Esto también me hizo pensar en situaciones como la de Gran Bretaña, donde una ley obliga a todos los propietarios de receptores de TV, o sea a todo el mundo, a pagar una tasa con la que se financia la BBC. A muchos les parece una injerencia intolerable en la libertad de elección de los consumidores, a mí me parece que la BBC produce la mejor televisión del mundo.

Quizás con un exceso de optimismo esperaba que el gobierno de izquierda encarara el tema de los cárteles televisivos, hasta con algún gesto jacobino que estaría plenamente justificado por tantos años de zancadillas. Y no sólo de zancadillas, vamos a entendernos, sino de décadas de mediocridad, de manipulación, de puro mercantilismo y rapacidad desvergonzada. Me atrevo a afirmar que éste es otro de los grandes temas pendientes de la izquierda; no con el fin de acallar opositores, sino para poner algunas cosas en su lugar. Pensaba que quizás el Frente Amplio se iba a animar de una vez por todas a tratar a los cárteles mediáticos como lo que son, y no como si fueran emprendimientos separados e independientes, y por tanto a subastar con buen criterio las señales de televisión abierta. Me imaginaba que el nuevo gobierno iba a encontrar una forma de extraer el máximo beneficio posible, en efectivo, de estas chacras tan lucrativas para financiar una televisión nacional independiente y quizás hasta para inventar la televisión comunitaria.

Nos hemos quejado tanto y tan amargamente en el pasado de la complicidad de los canales de televisión con el poder. Nos hemos asombrado tanto y por tanto tiempo de la total falta de responsabilidad social de la televisión comercial, de su mojigatería, de su temor a comportarse como prensa, de la calidad paupérrima de su producción. Nos hemos indignado tanto del abuso que representan las interminables tandas publicitarias que hacen que los informativos que duran una hora se reduzcan a veinticinco minutos de “noticias”, o menos, sobre todo desde que entraron en la onda de que cada segmento noticioso debe ser auspiciado por algún anunciante. Nos revolvieron tanto el estómago los locutores de los noticieros que comentan las noticias con arqueos de cejas, con encogimiento de hombros, con sonrisas descerebradas, aprovechando cualquier oportunidad para mostrar la cara más reaccionaria de lo que ellos suponen que es la “opinión pública”. Por no hablar de la irritación que nos causó que los periodistas de televisión “descubrieran” que podían hacerle preguntas difíciles a los ministros recién cuando se dieron cuenta de que se venía el cambio; ni del escándalo que significó que el monopolio de la TV abierta se extendiera con total impunidad a la TV cable de Montevideo sin simular siquiera que estaban compitiendo, sino lisa y llanamente como cártel. Tantos de estos, y otros, horrores ocurrieron que lo menos que podía esperarse es que el cambio llegara a la televisión.

Ya había empezado a escribir este artículo (que en su momento se concibió como un comentario sobre TV Ciudad y la televisión nacional en general) cuando Tabaré Vázquez se enrabietó con ciertos medios de prensa porque no hacen lo que él supone que deben hacer. El problema es que como ahora es presidente no puede amenazar con irse cada vez que lo contrarían (¿a dónde se iría?).

Una lectura pesimista concluiría que su exabrupto sólo sirvió para evitar reflexionar seriamente sobre el imperio de las ondas y poner a salvo a los canales que mencionó de cualquier cuestionamiento. Así como tiene decidido por sí y ante sí vetar la ley de salud reproductiva y así como obliga por su cuenta y riesgo a los fumadores a mojarse bajo las lluvias de invierno, bien podría tomar por sí mismo, solito, alguna iniciativa “progresista”. ¡Al menos una vez! Por ejempo, para contribuir a que el sistema televisivo funcione para todos; tanto para los que consumen a Cotelo (¿o era Sotelo?) como para los que añoran el retorno de Noches Cultas de Telecataplúm (791 hits en Google) y tantos otros, que los hay.

Nuestro presidente se abstiene de opinar sobre los temas que sacuden a la interna del FA. No habla sobre las deudas de los productores, no habla sobre la reforma impositiva, no habla sobre la reforma de la salud. Habla tan poco, que cuando habla, todos escuchan. Que dedique, pues, su escasa sabiduría a los dos únicos temas sobre los que tiene opinión formada, y deje que las “fuerzas históricas”, que tanto ha invocado la izquierda a lo largo de los tiempos, horaden por sí mismas las piedras que haya que horadar.

Publique una respuesta


Please enter the security code you see here