Dos parábolas sobre la igualdad
Félix Ovejero Lucas
Ninguna es mía. Me limito a explotarlas, con bastantes licencias, al hilo de declaraciones de destacados líderes socialistas que, a mi parecer, no acaban de tener un trato cómodo con el ideal igualitario: una se refiere a la naturaleza de la igualdad; la otra, a cómo conseguirla.
Es tradición en este país vanagloriarse del importante papel que tuvo Uruguay en la creación del Estado de Israel. Siempre votamos a favor, incluso cuando no teníamos que votar. En este país hay muchos judíos y muchos hijos de judíos de madre o padre "criollo". Producto de la buena tradición de no preguntar cuántos son, sino que vayan saliendo, lo que también funciona con otros grupos étnicos, y si no lo cree, lea la guía telefónica.
Un detenido estudio de la Universidad de Oxford ha llegado a la conclusión de que es preferible no estudiar. Las empresas están hartas de los sabihondos y ahora escogen a tipos simpáticos y espabilados sin necesidad de muchos títulos o diplomas. El cambio en las preferencias ha sido notable desde comienzos de los años setenta y hasta la actualidad.
Más allá del duelo, morbo y mercancía son las otras caras del memorialismo. Tuve la oportunidad de experimentarlas todas pocos días después del derrumbe de las Torres Gemelas en Nueva York.
Winston Churchill quería detener y fusilar inmediatamente a los máximos dirigentes alemanes. El ministro de Exteriores británico, Anthony Eden, sostuvo en 1942 que debía evitarse a toda costa el "error de no ahorcar al kaiser Guillermo II al final de la I Guerra Mundial y que se abandonara desde el principio cualquier idea de proceder jurídicamente contra los dirigentes del Eje", según cuenta el historiador británico Richard Overy.