La prensa y la realidad

Voltaire

La controversia suscitada por las críticas de Tabaré Vázquez al papel opositor que asumen algunos medios de comunicación bien pudo ser el punto de partida de una discusión acerca de cómo estos últimos dan cuenta de lo que llamamos la “realidad”. Pero no era esa la pretensión del presidente, ni de la indignada respuesta de algunos medios.

Tabaré Vázquez convirtió un fenómeno bastante extendido en el mundo democrático (el de la prensa opositora) en una acusación: a su juicio, cierta prensa estaría manipulando la “realidad”, engañando a los ciudadanos por mezclar información con puntos de vista propios y concluía el rapapolvo con la recomendación de separar claramente ambos quehaceres. Los acusados recurrieron para defenderse a la misma línea argumental (ver el editorial de El Observador del día siguiente), es decir que ellos no manipulaban nada, que apenas se limitaban a “dar cuenta” de los hechos y cuando opinaban lo dejaban claramente establecido para que nadie se llamara a engaño.

De modo que tanto el presidente crítico como los medios criticados están de acuerdo en al menos una cosa: la llamada “realidad” es un ente objetivo, que está ahí, mansa y disponible, al margen del punto de vista del observador, esperando a que alguien dé cuenta de ella y anuncie al mundo las buenas (o malas) nuevas. Si se informa con honestidad, nos vienen a decir aunque no lo digan con estas palabras, el resultado sólo puede ser un producto llamado noticia, que no debería dejar lugar a dudas ni mover a controversia… los periodistas serían simples mediadores entre una “realidad” objetiva y el receptor de un relato. Si todos hicieran lo que se debe, en esa mediación no debería ocurrir nada raro, como se desprende de la metáfora del espejo: la prensa sería (o debería ser) un espejo que se limita a reflejar la “realidad”. Según esta extendida visión de las cosas, el asunto se complica si (y sólo si) los informadores deshonestos intentan colar de contrabando en el relato periodístico sus inconfesables propósitos, sus prejuicios ideológicos o cualquier otro punto de vista. Si se destierran esas “maldades”, no habría mayores problemas, porque “la realidad” es una sola, impertérrita, inconmovible y el resultado de esa mediación que realiza la prensa sólo podría ser uno e inequívoco.

No comparto esa pretensión de que sólo la deshonestidad o la falta de escrúpulos (que ciertamente no se echan de menos en la prensa) son las responsables de que el resultado de la actividad periodística (incluida, por supuesto, la del llamado periodismo de información) no siempre sea un producto sobre el que existe un consenso generalizado, como debería ocurrir, según los apóstoles de la objetividad, si todos los periodistas hicieran lo que se debe.

No pretendo descubrir nada nuevo si afirmo que eso que llamamos “realidad” es una construcción del intelecto humano que, para entendernos, hay que diferenciar claramente de “lo real” (el conjunto de hechos y acontecimientos despojados de cualquier interpretación que ocurren al margen de nuestra voluntad y conciencia).

Si lo real y la “realidad” nunca coinciden no se debe sólo, ni principalmente, a razones espurias, o a que los periodistas estén al servicio de determinadas estrategias políticas.

La primera operación de construcción de la “realidad” es la selección de aquella parte de lo real que la prensa considera que merece ser convertida en noticia. Como no es posible dar cuenta del todo, hay que seleccionar… y omitir (nunca se insistirá lo suficiente en que la manipulación de lo real no reside tanto en lo que la prensa dice explícitamente como en lo que no dice). En este primer caso la operación “manipulatoria” –porque construir la "realidad" supone manipularla en el buen sentido de la palabra– está antes, mucho antes, de que los hechos se pasen por el tamiz de los propios puntos de vista, reside en la mirada inicial que le dedicamos a lo real, una mirada que no es un mero movimiento de pupila, sino que está cargada de moral, de criterios valorativos, de cultura en general. Si selecciono para convertir en noticia determinados hechos y no otros estoy construyendo una “realidad” y si selecciono otros, el resultado será una “realidad” diferente. En esta primera operación entra necesariamente en juego lo que el periodista y el dueño del medio consideran importante. No hay un criterio objetivo con el que todos coincidamos para decidir qué es lo importante y qué no lo es (aunque las cátedras de periodismo de las universidades pretendan lo contrario). Que la novedad sea el principal criterio que emplean los medios para decidir qué merece formar parte de la “realidad” y qué merece ser excluido de ella debería bastar para demostrar que la prensa, como no podría ser de otro manera, no da cuenta de lo real, sino apenas de una parte ínfima de él… ya que en eso que, para entendernos, llamamos lo real hay tanta (o más) rutina y repetición que novedades.

Por estas razones mueve a risa que El Observador afirme inocentemente en el citado editorial que “no construimos la agenda informativa [sino que] tratamos de seguir la ‘agenda de la realidad’ más allá de la agenda oficial del gobierno de turno”. Como si una agenda cayera del cielo o se pudiera hablar, como hace el diario, de la “agenda de la gente”. Sin ir más lejos, la mía, que soy gente, no coincide por cierto con la de El Observador.

Otra tarea de esta construcción de la noticia deriva de una exigencia ineludible que sólo una mente limitada puede atribuir únicamente a intereses políticos: esa exigencia es la necesidad de interpretar, que, como se sabe, es un asunto que sólo está al alcance del intelecto humano, pues los hechos desnudos no nos hablan de las relaciones causales que existen entre ellos (a pesar de lo que sostiene el lugar común, si hay algo que no hacen los hechos es "hablar por sí mismos"). Sin establecer relaciones entre los sucesos y acontecimientos, es decir sin interpretar, lo real se nos haría ininteligible, sin interpretar apenas podríamos dar cuenta de una suma de acontecimientos inconexos, que se nos presentarían a nuestros sentidos como un caos. Para empezar, esa operación sería imposible sin el lenguaje. Incluso si fuera posible poner uno al lado del otro todos, absolutamente todos, los acontecimientos que ocurren en el mundo en un determinado lapso, tampoco obtendríamos una idea acabada de “lo real” si no abstraemos e interpretamos. La única forma de citar un hecho sin convertirlo en discurso (por tanto, en interpretación) consistiría en señalarlo con el dedo. Supongo que a esta constatación se le puede aplicar la sentencia de Nietzsche en el sentido de que “no hay hechos, sólo interpretaciones”. Esta exigencia ineludible de interpretación podría ser desechada si la apariencia y la esencia de las cosas coincidieran, si fueran idénticas como dos gotas de agua entre sí. Pero sabemos que eso no ocurre nunca, particularmente en sociedades complejas como las actuales, en las que los hechos nunca son transparentes ni exponen de buenas a primeras su verdad a la mirada del observador.

El hecho como tal es un fenómeno singular e insignificante. En sí mismo carece de sentido. Dotarlo de significado es una operación de un sujeto, en este caso el periodista o el patrón del periodista, que se sirven de determinados conceptos y códigos e introducen así su gesto de interpretación.

La noticia es nada más y nada menos que el resultado de esas operaciones de selección e interpretación de lo real. De ellas derivan su irrevocable ambivalencia y su carácter esencialmente discutible… no de la perfidia de los “malos” de la película (aunque eventualmente los haya). Sin embargo, algunos, como el presentador que dice “les traemos las noticias”, pretenden que éstas andan por ahí caminando a su aire hasta que un sagaz periodista las agarra del pescuezo y las lleva a los estudios del canal o a la redacción del periódico. Por el mismo motivo ese presentador no debería decir “Así está el mundo, amigos”, afirmación que disimula todo lo que estuvo en juego a la hora de producir la "realidad" y evoca una objetividad de la que carece.

Tengo la sospecha de que Tabaré Vázquez no se refería en sus declaraciones a estos reparos a la pretensión de objetividad que tienen los medios de comunicación y que acabo de exponer. Si así fuera, se hubiera referido a todos los medios y no sólo a los que son opositores a su gobierno. Porque todos interpretan y construyen la “realidad”, que es lo que explica que ésta sea tan diferente según el medio que consumamos. La “acusación” de Vázquez lleva implícita la ilusión de que información e interpretación pueden separarse claramente, una ilusión que comparte con un diario como El Observador, que segrega ideología desde la primera a la última página y no sólo en los comentarios editoriales, como creen los ingenuos.

Me temo que el presidente apenas estaba preocupado, como casi todos los presidentes, por lograr que la prensa transmita buenas noticias acerca de su gobierno y para eso no tuvo mejor ocurrencia que salir a presionar a los medios de comunicación para que asuman su condición de opositores (un gesto poco delicado, por decir lo menos, para un presidente en una sociedad democrática). La acusación, además, es inútil, porque los consumidores de prensa saben perfectamente qué medios son opositores y qué medios son complacientes con el gobierno. Es más, creo que la mayoría los compra o los escucha precisamente por su posicionamiento político. Que entre los sentados en el banquillo de los acusados por Tabaré estén grandes medios al servicio de poderosos intereses económicos o políticos, o que en su momento fueron defensores de la dictadura, no agrega ni quita nada a esta polémica. Si alguna crítica merecen los medios de comunicación por esa actitud, que se los critique por ella. Aunque hay que decir que no parece que ésa fuera la mayor preocupación de Vázquez cuando los sermoneó, sino la actitud que asumen hoy ante su gobierno.

Respuestas

La existencia de una realidad objetiva es motivo de discución en ambitos científicos y filosóficos.

¿Existe una realidad que trasciende a la experiencia humana? ¿Podemos observarla? ¿Podemos modelarla y predecir?

En física sabemos desde hace décadas que el solo hecho de observar un fenómeno modifica esa realidad.

Para explicar y darle sentido a "los hechos", a su vez, recurrimos a modelos. La mecánica cuántica, la Termodinámica, el electromagnetismo son ejemplos de esos modelos.

Desde siempre el hombre ha confundido esa tríada de : realidad, observación y modelo.

(Lo que es peor, muchos intentan abordar la explicación de una concatenación de hechos por el lado de la "analogía" con un cierto modelo. Y es asi que la confusión entre modelo, analogía y realidad es mucho más comun de lo que parece. Ejemplos de esto hay a roletes. Ciertas teorías sociológicas ven a la sociedad en base a una lucha de contrarios y para "explicar" esto nos dicen que "asi como en el átomo el electrón de carga eléctrica negativa revuelve sobre el núcleo positivo, asi como el imán tiene un polo positivo y otro negativo, etc. etc., el devenir social resulta de la lucha entre los que bla bla bla....". Otro ejemplo es el de ciertos modelos homeostáticos para explicar los ecosistemas, en los que se habla de la tierra como un organismo vivo en si mismo y se le atribuyen, por la mera vía de la analogía, propiedades al menos discutibles.)

Y si en ciencia pura y dura reconocemos estos problemas, es totalmente cierto lo que dice Voltaire en cuanto a que "realidad periodística objetiva" es un oximorón por donde se lo mire.

Me molestaron mucho los comentarios de Vázquez, tanto en la forma como el contenido.

En cuanto a la forma es irritante ese estilo soberbio, paternalista, de médico tranquilo con el que no se puede discutir.

Y su tesis no resiste el análisis.

A.- Con respecto a los periodistas que trabajan en el "Eje del Mal".

Un periodísta que trabaja para uno de los medios que conforman ese "eje del mal", es segun Vazquez un individuo sometido al tétrico arbitrio de sus patrones, y por lo tanto le cabe uno o más de los siguiente sayos:
a.- Inmoral
b.- Idiota
c.- Amanuense

La gran mayoría de los periodistas del "eje del mal" no son nada de eso. Y si lo fueran, ¿es estable un medio que trabaja de esa forma?.
Muchos y muy buenos renombrados periodistas de izquierda trabajan en el País, en el Observador, en Búsqueda, en el espectador, en el canal 10 etc.

B.- Con respecto a la audiencia consumidora del "Eje del Mal".

La suma de la audiencia de los medios que enumera Vázquez constituye una mayoría abrumadora, aun más vasta que la gente que lo votó.

Esos uruguayos serían, en la vision Vázquez de la realidad, en el mejor de los casos unos lamentables incautos que no percibirían la intencionalidad manifiesta de los medios de marras de bombardear al gobierno.

Es que desde el "locus Vazquensis" se razona de la siguiente manera:
a.- Tengo la mayoría absoluta
b.- La prensa me castiga impiadosa e injustificadamente
c.- La gente, aun la mayoría que me voto y me ama, consume esta prensa
d.- Debo salir a la palestra pública para alertar a mis adláteres de su error.

Y nosotros los mortales advertiremos nuestra equivocación y dejaremos de consumir esa ponzoña diaria.

Como siempre, una crítica destemplada dice más de la persona que la expele que del asunto en si.

en realidad, lo que percibí de las "quejas" del presidente a los medios de prensa opositores fue, simple y llanamente, un intento de echarle la culpa al otro del malestar (cada vez más sonoro) que tienen los votantes frenteamplistas.

Las "noticias lindas" que TODOS queremos escuchar son simplemente que el gobierno va con el rumbo que indicaba en la campaña preelectoral.
A modo de ejemplo, recuerdo perfectamente, cuando en la presidencia de Batlle se votó en forma negativa la "Ley de salud sexual etc, etc....", un periodista (no recuerdo de qué medio de prensa) le preguntó a T. Vázquez que pensaba de ello, y él, muy "demócrata" dijo: "estoy en contra, pero por ser un tema tan sentido por la población, lo justo sería llamar a un plesbicito". No es justamente lo que pregona ahora.....

A ver, señor presidente, la gente está caliente por que usted y su gobierno no colman las expectativas de la enorme masa de votantes frenteamplistas, de la cada vez más pequeña minoría militante y la de los desconocidos "votos prestados blanqui-colorados".

No nos menosprecie tanto. Ni siquiera en la dictadura nos creímos todo lo que nos decían los medios. Acaso se olvidó ya del NO del 80?. Yo no votaba aún, pero recuerdo vagamente que los medios instaban a votar por el SI, pero estos uruguayos "giles y engrupidos" no les hicieron caso y votaron NO.
Acaso no era más difícil en aquellos años? Habían presos, exiliados, desaparecidos...y sin embargo la gente igual supo que debía hacer. Eso si, hoy tengo dudas sobre el voto de nuestro actual presidente...

Lo que dice la petisa es muy pertinente. Casi todos los que despotrican contra la prensa, en el fondo consumen la versión de que los medios son omnipotentes, de que la gente es medianamente estúpida y se cree absolutamente todo lo que le cuentan.

Por retomar la nota que escribí, creo que es fundamental la siguiente distinción: la prensa por lo general no nos dice QUÉ tenemos que pensar, pero sí EN QUÉ pensar. A veces intenta lo primero (casi nunca con éxito) y lo segundo lo hace sistemáticamente aunque no lo admita y pretenda que su agenda es la "agenda de la realidad".


Voltaire,

Coincido en que una crónica en la prensa jamás podrá ser objetiva ("el qué" de tu párrafo final del último post), como tampoco lo podrá ser la lista de "los hechos" que son relevantes para determinada publicación (el "en que").

Pero lo que no entiendo es que hay de malo en eso. No entiendo porque un presidente de un gobierno democrático tenga que andar imponiéndole a cierta prensa por él seleccionada, que se ponga un brazalete que diga "oposición".

Si alguien no le gusta lo que dice cierto canal de televisión (bueno, no cierto canal, el 4 o el 10 de acuerdo a Vazquez) recurre al simple expediente de oprimir con el pulgar en el control remoto los dígitos correspondientes al 12 o al 5.
Claro, para eso es necesario que el pulgar sea oponible a cualquier lugar de la mano, característica ésta de los primates avanzados entre los que (quizá) no se encuentre al Dr. Vazquez.

1. No dije que tuviera nada de malo ni de bueno. Dije simplemente que es inevitable que asì sea, que la pretensión de que los medios no interpretan y se limitan a "dar cuenta" de lo-que-ocurre (es decir que no construirían la realidad) es una gigantesca ilusión. Con esto no estoy diciendo que los medios y los periodistas no puedan evitar dar su punto de vista y opiniones. Sí que pueden evitarlo. Pero eso no los convierte en inocentes mediadores o mensajeros, como gustan verse muchos a sí mismos.

2. Luego, hay periodistas honestos y periodistas al servicio de intereses de carne y hueso; los hay que se toman en serio su trabajo y otros que están atentos sólo al humor del jefe o el dueño del medio para el que trabajan. Puede haber periodistas realmente independientes y otros dependientes. También hay periodistas que, además de contarnos algo sobre lo real, se sienten obligados a decirnos qué debemos pensar sobre lo que acabamos de leer o escuchar, pero también existen los que nos ahorran semejante trámite, cosa que es de agradecer, sobre todo cuando lo que explicitan no es una idea, sino una mera opinión o una adhesión.
Pero tampoco estos últimos actúan como el célebre "espejo" de la metáfora. Salvo que acepten --y aun así-- que el espejo se puede colocar en numerosos lugares y de infinitas maneras.

3. Que Tabaré Vázquez pretenda que determinados medios pongan en portada la advertencia "somos opositores" (aparentemente eso era lo único que les reprochaba: no que fueran opositores, sino que no lo dijeran a los gritos, ¿no?) sería lo mismo que La República sacara un cintillo en primera página diciendo "somos oficialistas". Ridículo... y pone en evidencia el mamarracho del presidente, porque si su preocupación es que no engañen a los ciudadanos, también debió pedirle a los medios oficialistas que explicitaran que lo son.

Además, suponer que hay alguien en este país que mira la tele y lee los diarios y no sabe quién es opositor y quién no, implica que el presidente no tiene un elevado concepto de la inteligencia de los ciudadanos.

Agraviarse en ESTE PAIS porque hay prensa opositora o gubernista, francamente, es como alegar sorpresa ante el descubrimiento de que ni la cigüeña ni los Reyes Magos existen.

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