Mercosur y después...

Voltaire
No es fácil saber qué planes tienen el gobierno y el presidente Tabaré Vázquez en particular acerca de un asunto tan importante como la permanencia de este país en el MERCOSUR. Vázquez se ha acostumbrado a afirmar una cosa un día, la contraria al siguiente y desdecirse de ambas a la semana, sin que nadie tenga la osadía de señalarle sus contradicciones.

Es más, sus adláteres suelen entregarse a la agotadora tarea de interpretar, y justificar, sus palabras. Sabíamos que muchos políticos suelen tener estas costumbres que desconciertan a los ciudadanos, pero esperábamos otra cosa de un líder de izquierda que había hecho de la transparencia un principio innegociable y convertido al programa de su partido en la Biblia. El modus operandi parece ser el siguiente: echemos a rodar determinada idea, veamos cómo reaccionan los involucrados en el tema y luego vamos viendo qué hacemos. Además de ser poco respetuoso con los ciudadanos que lo votaron, este procedimiento pone de manifiesto que el gobierno de izquierda se mueve más por tanteos que siguiendo una estrategia con objetivos claros.

Hace dos meses advirtió que si el Parlamento aprobaba una ley legalizando el aborto, disolvería las cámaras legislativas y llamaría a elecciones anticipadas. Después de que se armó la batahola desmintió que hubiera realizado esas declaraciones.

Insistió con este jueguito hace un mes en ocasión de un viaje a Venezuela, cuando dijo que un eventual Tratado de Libre Comercio con EEUU no estaba en la agenda del gobierno, para decir todo lo contrario en Washington: supuestamente cambió de opinión porque el conflicto con Argentina tampoco estaba en la agenda y modificó la ecuación del problema. No hubo nadie que le recordara que el conflicto por las plantas de celulosa sí estaba en la “agenda” desde hacía por lo menos cinco meses.

Y volvió a ocurrir hace dos semanas, cuando le dijo a un periodista del canal 10 de televisión que Uruguay iniciaría su andadura para abandonar el MERCOSUR. Tras el desmentido de rigor de Vázquez el periodista no salió siquiera a defender su trabajo. Es increíble: un periodista anuncia con bombos y platillos una trascendente “primicia” que le confió un jefe de Estado y cuando éste lo deja colgado de un pincel se calla la boca. ¡Qué indignidad! ¿Cuál es la verdad? ¿Le dijo Vázquez que se proponía sacar a Uruguay del MERCOSUR o no se lo dijo? Sabíamos que las relaciones entre el poder y la prensa son relaciones promiscuas y de mutua conveniencia, y este episodio lo confirma. Sobre este asunto no hay infinitas explicaciones plausibles. La primera es inverosímil, pero ya que hay almas dispuestas a creer siempre en la versión oficial de los hechos, considerémosla: se trató de un desgraciado malentendido, el periodista no comprendió en toda su complejidad la Weltanschauung del presidente. La segunda es que el periodista tiene vocación de suicida y no dudó en “quemarse” a lo bonzo ni en dilapidar su eventual prestigio profesional porque en realidad quería cambiar de trabajo. Convengamos en que no es demasiado creíble que alguien se invente una declaración presidencial de tanta trascendencia. La tercera es que el periodista le hizo al presidente el mandado de echar a volar un globo sonda para ver cómo reaccionaban los gobiernos involucrados en la decisión, el propio Frente Amplio y la opinión pública en general, tal vez con la ilusión de que así quedaría bien posicionado ante el poder. Y la cuarta es que Tabaré Vázquez lo utilizó vilmente con el propósito mencionado. Dado que las dos primeras son traídas de los pelos, me inclino por una de las dos últimas posibilidades. En cualquiera de las dos Vázquez dijo, como informaron canal 10 y La Nación de Buenos Aires, que se proponía abandonar el MERCOSUR.

Sea como fuere, el objetivo se logró: el dilema de si Uruguay debe permanecer o no en el MERCOSUR está instalado en la “agenda”, como quería el presidente. Y ya que lo está, digamos algunas cosas al respecto.

La primera es que la inserción internacional de este y de cualquier otro país no debería depender de coyunturas siempre cambiantes ni del malhumor de sus gobernantes. Un enojo con Kirchner o con Lula no debería llevarnos a dar un portazo e irnos con la pelota debajo del brazo. Supongo que la pertenencia o la salida del MERCOSUR, particularmente cuando la prioridad a la alianza regional sigue incluida en el programa electoral del partido que llevó a esos mismos gobernantes al poder, debería ser un asunto meditado, consultado con toda la sociedad y decidido (democráticamente) de acuerdo con prioridades estratégicas. Nada de esto parece estar ocurriendo.

Sería necio no reconocer que el MERCOSUR pasa por sus horas más bajas, pero otro tanto ha ocurrido en la Unión Europea, a la que le llevó cuarenta años llegar a donde llegó, con conflictos comerciales que reducen a la insignificancia las quejas por los obstáculos al ingreso del arroz uruguayo al mercado brasileño. Frente a las obvias dificultades por las que atraviesa el MERCOSUR, Uruguay puede despedirse del bloque o bien tener una diplomacia más activa tendiente a fortalecerlo.

Se trata de una política de Estado que no puede decidirse a golpe de carne exportada, bicicletas varadas en las aduanas o litros de leche fluyendo a través de las fronteras. Es cierto que Estados Unidos es hoy el principal destino de las exportaciones uruguayas, pero la decisión de seguir o no en el MERCOSUR, al menos desde una perspectiva que no sea pura y exclusivamente economicista, no puede tomarse sólo con estadísticas sobre exportaciones en la mano. Incluso si aumentar la venta de productos con la leyenda “made in Uruguay” fuera el único motivo de los desvelos del gobierno de izquierda (el neoizquierdista Pablo Mieres sugiere en una columna de El Observador que está bien que así sea), habría que pedir más cautela. Ya deberíamos saber que la fidelidad y la estabilidad no son la principal característica de eso que llaman “los mercados”. El 30% de las exportaciones uruguayas (1.000 millones de dólares) fue a parar en 2005 a los países del Nafta (no sólo a EEUU), contra 23% a los países del MERCOSUR (26% en 2004). No parece ser una diferencia concluyente, sobre todo si se tiene en cuenta que un solo rubro, la carne vacuna, representó un porcentaje elevadísimo de ese comercio con Estados Unidos. Brasil, a pesar de todos los pesares, siguió siendo el segundo país más importante como destino de las exportaciones uruguayas. ¿Y si en un par de años estuviéramos nuevamente en el mismo escenario que a principios de los 90, cuando el MERCOSUR absorbía la mitad de las exportaciones uruguayas? ¿Volveríamos a golpear las puertas de nuestros vecinos?

Ninguna de las dudas que expongo tiene que ver con el rechazo, por razones ideológicas, a un Tratado de Libre Comercio con EEUU. Cuando se trata de vender bienes y servicios hasta Hugo Chávez y Fidel Castro guardan sus discursos anti-imperialistas en el cajón y no encuentro ningún argumento convincente para limitar el comercio entre Estados o subordinarlo a afinidades políticas. Aunque ver a nuestro primer presidente de izquierda a las sonrisitas con George W. Bush no me haga particular gracia. No porque se trate del presidente de Estados Unidos, sino porque se ha reído de los más elementales derechos democráticos, mantiene y tortura en Guantánamo a centenares de presos sin proceso, se mofó de las Naciones Unidas e invadió por su cuenta y riesgo a otro país con excusas mentirosas y se ufana de espiar a sus propios ciudadanos sin intervención de la justicia, por mencionar apenas algunas de sus hazañas más recientes. En mi opinión, el único reparo que se le puede poner a la firma de un tratado de ese tipo sería que una de sus condiciones fuera que Uruguay abandonara el MERCOSUR. Porque −como intentaré demostrar a continuación−, la importancia del MERCOSUR para Uruguay no debería depender únicamente de cuántas colitas de cuadril o sacos de arroz se vendan aquí o allá. A eso lo quiere limitar la derecha…y por lo visto la izquierda ahora también.

Si hablamos nada más que de comercio, se puede aceptar que el pragmatismo guíe los pasos de los Estados. Pero si de lo que se trata es de que éste, o cualquier otro país pequeño, no quede a merced de los imprevisibles “mercados globales” y de los caprichos del capital, que un día viene y otro se va –ni obligado a hacer todas las concesiones que diariamente se nos dice que debemos hacer porque “la-realidad-del-mundo-contemporáneo” indica que si no mimamos a los inversores, éstos se van con sus petates a otra parte–, no habrá más remedio que pensar en una integración en serio. Y cuando digo integración en serio me refiero a una que trascienda el “libre comercio”, que incluya alguna forma de legalidad e institucionalidad supranacionales, es decir una integración política, que no se limite a crear un mercado más grande para tentar a los inversores, sino que internacionalice también todos los derechos democráticos que suelen sacrificarse (laborales, ambientales, etc.) cuando de favorecer el clima de inversión se trata. Esa integración también debería contemplar una política macroeconómica común para evitar que los Estados miembro se saquen ventajitas mutuamente manipulando sus respectivas monedas y, por supuesto, no limitar la libertad de movimientos sólo al capital y a las mercancías, sino extenderla a los ciudadanos (un brasileño que quiera vivir en Uruguay tiene hoy las mismas posibilidades legales de hacerlo que un tunecino). Obviamente que para pensar en esta perspectiva, es necesario terminar con el palabrerío hueco de la soberanía nacional, pues esa integración política supone precisamente estar dispuestos a sacrificar soberanía “nacional” en aras de una institucionalidad supranacional (un derecho supranacional, por ejemplo). Después de todo, la abstracta soberanía nacional podrá llevar algún consuelo a los que andan a la búsqueda de la identidad perdida, pero no parece que sea de gran ayuda para hacernos sujetos más libres. Claro que a la hora de elegir no faltarán quienes prefieran hipotecar la posibilidad de ampliar (o conservar) sus derechos ciudadanos antes que perder un átomo de uruguayeidad.

Esa utopía cosmopolita está lejos, pero más lo estará si ante el primer o segundo contratiempo comercial, abandonamos el empeño y buscamos “soluciones” inmediatas a problemas que no la tienen.

Hasta hace poco la izquierda de este país parecía encantada con la idea de crear un Parlamento del MERCOSUR. La iniciativa era algo apresurada, dadas las circunstancias, pero ahora parece huir de la misma como de la peste. Grave error. Aunque un Parlamento regional parecía entonces, y ahora, condenado a una labor decorativa, son muy significativas las reacciones que provocó su sola mención. Significativas por lo que revelan acerca de las concepciones de unos y otros acerca de la integración. La derecha, con Lacalle a la cabeza, puso el grito en el cielo: ¡jamás entregaremos nuestra soberanía!, ¡el Mercosur es una Unión Aduanera y nada más, no nos vengan con política! Y sabe muy bien de qué habla, claro. Por poner apenas un ejemplo, ¿se imaginan si en toda la región hubiera una única legislación protectora de los derechos de los trabajadores, igualada “hacia arriba”, es decir tomando como referencia las leyes más favorables de los cuatro países, y libre circulación de la fuerza de trabajo? ¿Cómo creen ustedes que estarían mejor protegidos esos derechos, con ella o como lo están ahora? Frente al escuálido MERCOSUR de la libertad económica que quiere la derecha, la izquierda debería plantear un MERCOSUR de los ciudadanos. Una apuesta como ésta sólo puede ir de la mano de una vocación universalista, opuesta a la paranoia provinciana que sólo ve amenazas a la propia “identidad” (?) detrás de cualquier avance de la internacionalización económica, cultural y política (hacia la que de todos modos vamos). Cuando la derecha dice que hay que abrirse al mundo está pensando en negocios. Para una cultura de izquierda debería consistir en universalizar los derechos democráticos y sociales de todos los ciudadanos, una aspiración que tiene más posibilidades de alcanzarse en un ámbito global que en los estrechos límites de la aldea… ni qué hablar si se trata de una aldeíta.

Estamos lejos, sí. ¿Pero la política puede hacer algo para reducir esa distancia?, ¿o debemos seguir ufanándonos de nuestro “ser uruguayos” mientras estamos a merced de los vaivenes globales sin la menor posibilidad de incidir en ellos? Y por ende, de ejercer nuestra ciudadanía

No veo por dónde se puede empezar a acortar, desde estas latitudes, la distancia entre una posible política ciudadana global y la desnuda competencia actual por acceder a los mercados si no es a través de alguna forma de integración con Argentina y Brasil. Si se miran las cosas desde esa perspectiva cosmopolita y democrática –y no desde la abstracta defensa de nuestra identidad nacional– tal integración sólo puede deparar beneficios al puñado de ciudadanos que vivimos en esta provincia.

Por eso, y no por otro motivo, sería imperdonable que se apostara a enterrar al moribundo MERCOSUR en lugar de intentar reanimarlo.

Respuestas

Una de las primeras cosas que se debria buscar es la comprension e integracion cultural. Cual es el primer paso para eso? Bueno desde mi puento de vista, es el idioma, entender el idioma de nuestros vecinos. En el Mercosur se hablan basicamente 2 idiomas, portugues y castellano. Y por lo menos en la argentina, en la escuela pública, tenes como segundo idioma el ingles, despues el frances, despues el italiano. Y calculo que debe ser similar en Uruguay, en Brasil, y en Paraguay.
Hace un tiemposalio una nota en un diario de aca, que decia que por primera vez dos, si DOS, escuelas fronterizas de Brasil y Argentina, iban a tener como segundo idioma el de su vecino. Era en las ciudades de Paso de los libres y de Uruguaina. Como ves, por ahora solo union aduanera. A alguien no le debe convenir una union mas completa, es solo cueston de mirar quienes se benefician con la situacion actual para ver quienes no quieren el cambio.
Obviamente que estoy de acuerdo con un poder legislativo del mercosur, que de reglas de minima para todos los paises miembros. SI eso hubiese existido, probablemnte no tendriamos este quilombo de las papeleras por ejemplo, o las crisis bancarias, que se desparraman a todos los paises, o trabajadores esclavos o explotados que migran de un pais al otro.
Para mi Argentina no existe en el mundo, es un pais que se cae del mapa, salvo por la soja no le importamos a nadie, ahora con el mercosur es otro cantar. Por el tamaño del mercado comun. Porque el bloque es el principal productor de por ejemplo: Futbol, carne, granos, carnaval, pobres. Y seguramente, debemos ser destacados en otras cosas juntos, en las que separados valemos muy poco.
Aparte dejemosnos de joder, sacando el idioma, hay menos diferencias entre nosotros, que entre un porteño y cualquiera que viva en el interior de Argentina. Porque se creen que los yankis creen que RIo de janeiro es la capital de Argentina?
Sdls
PD: Muy bueno el blog

Me pareció magnífica la posición de Voltaire en haras de trascender lo nacional para acercarnos al resto del mundo y buscar ese desaparecer de las naciones. En mi parecer el nacionalismo y la religión (especialmente los tres monoteísmos preponderantes) son grandes responsables de muchas calamidades. Pero eso da para otra discusión.

Como ideal, lo de Voltaire me parece brillante. Ahora bien, ¿son los países sudamericanos y especificamente Argentina, Brasil y Paraguay aquellos con los que más comulgamos políticamente como para que esa integración sea realizable?

A mí me parece que no. Véase el caso argentino a manera de ejemplo:

La historia sociopolítica reciente (y particularmente desde 1930 con el derrocamiento de Yrigoyen y la entrada de los miltares como un actor político fundamental en Argentina) es bien diferente a la uruguaya.

Creo que en Uruguay, para bien o para mal, se le da más valor al sistema político. Todos los intentos de minimización del sistema de partidos políticos han fracasado en Uruguay.

La existencia de un Juan Domingo Perón en Argentina también marca una diferencia grande. Determina que el autoritarismo para una porción grande de argentinos (los peronistas nada menos!) tiene valor ya que puede elevar el nivel de vida de sectores sumergidos, pagando el precio de las libertades civiles.

La sucesión en Argentina desde 1955 hasta la fecha de golpes de estado, gobiernos autoritarios, gobiernos que no terminan su plazo constitucional conspiran contra una adecuada educacion civil de los ciudadanos. Y es asi que las tentaciones autoritarias (de derecha o izquierda) seducen a un buen número de la población.

Por esto, si bien la idea de Voltaire es excelente, se me hace inviable practicamente.

No estoy de acuerdo, me parece que la sociedad Uruguaya es igual de autoritaria que la argentina o la paraguaya. Y hasta me animaria a decir que mas aun ya que es mas "nacionalista" que paises mas grnades como Brasil y Argentina. Han estado gobernados por partidos de derecha por largo tiempo, tambien tuvieron dictaduras. Y una vez que votan a un partido en teoria mas democratico, le sale el tiro por la culata, y tienen un presidente que amenaza con cerrar la legislatura si se DISCUTE un ley que despenalice el aborto, o que Prohibe fumar en lugares públicos, o que manda a sacar a patadas a los que ocupan fabricas o cosas por el estilo.
No la verdad no me parece que Uruguay se la suiza latinoamericana.

Predica,

Más allá de las valoraciones que cada uno de nosotros podamos tener sobre la catadura de los distintos gobiernos (y creeme que pienso que los gobiernos recientes de Uruguay han trabajado bastante mal en varios aspectos entre los cuales los derechos humanos no es el menor de esos aspectos), yo me refería más bien a la aceptación del estado de derecho, del regimen democrático representativo como estamento fundamental y de la constitución que garantice los deberes y derechos de los ciudadanos.

Por más que uno no esté de acuerdo con lo que un gobierno hace, si sus acciones se basan en esos requistos fundamentales, entonces las cosas están objetivamente claras y no son dejadas al libre arbitrio del poder de turno.

En resumen, puedo discrepar con Batlle, con Vazquez, etc. Y mis diferencias se plasmarán y mostrarán mediante los mecanismos legales adecuados. Es ahi donde veo diferencias de conducta.

Si Uruguay tuvo gobiernos de derecha como tu dices, fue porque la gente, el pueblo, asi los eligió. Si el presidente actual no cumple con las expectativas de los ciudadanos, aun moviéndose en el marco de la ley, entonces será juzgado por el pueblo en forma democrática.

Indiqué la diferencia con Argentina porque concuerdo que es el país del Mercosur que más se acerca a Uruguay.

Creo que desde el punto de vista del derecho, ni siquiera vale la pena analizar el caso de Venezuela por ejemplo.

Bueno, suponiendo que estuviese de acuerdo con tu razonamiento, que no lo estoy (Venezuela por ejemplo es uno de los paises de lationamerica que menos golpes de estado ha tenido), l ambito del mercosur deberia servir para fortalecer las opciones democraticas, frente a las presiones de grupos economicos locales y foraneos, potencias extranjeras. Como se dijo antes la opcion es nivelar hacia arriba. No solo al nivel de los gobiernos, sino en el ambito de la justicia por ejemplo, normas comunes.
Ojo, yo estoy de acuerdo con tabare, creo que el mercosur no sirve asi, es casi una payasada, parece un acuerdo de autos y heladeras entre brasil y argentina nomas, y encima por cualquier pelotudes se arma un terrible quilombo, pero como dije antes, uno de los primeros pasos es la integracion cultural, no digo que asimilemos todos la misma cultura, sino que podamos compartir cosas en comun, con nuestras diferencias.

No me imagino con qué otros países que no sean los de la región podría esta insignificante provincia iniciar (digo bien, iniciar) su andadura integracionista. Se podrá decir todo lo que se quiera sobre las diferentes historias políticas de Argentina y Uruguay, pero salvo Australia y Nueva Zelanda, según los que conocen ambos países, no debe de haber en el mundo dos sociedades que se parezcan más que la uruguaya y la argentina. Ambas están unidas estrechamente por su historia, su cultura, su lengua, su economía y por la propia inmigración/emigración de personas de carne y hueso que van y vienen entre ambos países con una intensidad que no debe de tener muchos parangones en el mundo. Que Uruguay y Argentina se den la espalda me parece un despropósito. La intensificación de los intercambios económicos y comerciales entre Uruguay, Argentina y Brasil provocarán, ya están provocando, inevitable –y afortunadamente— también una intensificación y diversificación de los intercambios sociales y culturales entre las tres sociedades que sólo puede constituir un beneficio para este país en contraste con la gran encerrona que proponen los nacionalistas de todo pelaje (con toda su sensiblera retórica del paisito y demás boludeces).

Es cierto que Argentina debería ser la primera opción de integración. Totalmente de acuerdo con lo dicho por Predica y Voltaire en cuanto a la comunidad de intereses, costumbres, etc.
O sea, la integración cultural existe y nadie puede dudarlo (siempre digo que cuando viajo al exterior,les es imposible a los extranjeros distinguir a un porteño de un uruguayo).
Con Río Grande del Sur también existe esa integración cultural, si bien en mucha menor medida que con Argentina.

Lo que quería resaltar es lo titánico de la tarea de integrar políticamente estos países (y eso que los países no son otra cosa que arbitrarias definiciones territoriales.) Tan dificil es que se me hace imposible, nada más ni nada menos por los "usos y costumbres" o la "jurisprudencia" del devenir político regional(exclusivamente político, no hago referencia a nacionalismo alguno entiéndaseme bien).

Algo que en principio es más alcanzable a mediano plazo como una integración económica (tal como comenzo la Union Europea), vemos que está, lamentablemente naufragando.

Y con respecto a Venezuela, es cierto lo que tu decís en cuanto a que Venezuela ha tenido pocos golpes de estado.

El problema actual es que quien hoy preside el gobierno de Venezuela es un golpista.

Deslumbrante su nota, Voltaire.

Me apunto a extender los derechos de ciudadania más allá de fronteras, pero los negocios también. Hacer buenos negocios no deberia ser un asunto exclusivamente de la derecha. Así lo ha entenido desde hace mucho tiempo la izquierda europea creando y consolidando unas reglas de juego que compatibilizan hacer negocios y derechos ciudadanos. Parece dificil en Latinoamérica pero no imposible...

La posibilidad de un TLC con EE.UU. se presenta como una opción pragmática de la gente racional en contra de los pelotudos ideológicos, pero en realidad es sólo pragmática para gente como Lacalle, que se da cuenta de que su patética parcelita de poder se reduciría en un parlamento del Mercosur. Es una opción igual de ideológica, peor aún, es una opción temperamental, y el engaño al que se ha sometido a los uruguayos al respecto es abominable. No sólo las cifras de comercio entre Uruguay y el Mercosur y Uruguay los países del Nafta son similares, sino que las últimas van camino a empeorar y no lo contrario.Me explico; hay un dato esencial que Carlos Quijano viene repitiendo cada vez que lo entrevistan y es que la bonanza de las ventas de carne a EE.UU. en la actualidad, cocarda que los pro TLC enarbolan cada vez que pueden, se debe exclusivamente a la veda que pesa sobre la carne canadiense hasta fin de año, veda que produjo el brote de vaca loca del país del norte hace un par de años. Evidentemente EE.UU. va a retomar sus compras de carne a su país hermano apenas esa veda culmine, y las cifras de intercambio con EE.UU. van a cambiar notoriamente otra vez.

Pero además todo está tan teñido de ideología que, mientras se remarcan una y otra vez las desprolijidades y deslealtades de Brasi y Argentina en el intercambio comercial del Mercosur (y se omiten las desprolijidades uruguayas, como el elegir a Corea como país proveedor de automotores en lugar de a Brasil), casi no se habla del ridículo jueguito con el que México se ha pasado por los huevos el tratado de libre comercio: hace dos años que Uruguay no les puede vender una vaca porque México siempre encuentra un examencito aquí, un requerimiento allá. En cambio el TLC con México sí funciona cuando el Banco Central intenta sacarle la administración de los fondos de los ahorristas a los cuates de Thesis. Ahí sí "no me toques lo firmado, manito" y los tipos siguen manejando la millonada de dólares (de uruguayos ahorristas) que les dieron (regalaron) a dedo durante el gobierno de Batlle, a pesar de que la inutilidad de Thesis los llevó a casi fundirse en un negocio infundible.

Para hacer todo más patético, los cruzados del abandono del Mercosur se rasgan las ropas en el mismo momento en que la ya congénita crisis energética nacional -si se puede considerar "congénita" una enfermedad que nunca se intentó curar- está colgada del pincel de la energía que le venden los países del Mercosur -que son los únicos que pueden hacerlo por motivos de física elemental. Tal vez el TLC (uno de los pocos tratados que el Mercosur prohibie expresamente, diga lo que diga Astori) con EE.UU. incluya, por ejemplo, la posibilidad de un gasoducto que suba al cielo, rodée a la luna y vuelva a bajar para que llegue de Bolivia a Uruguay sin pasar por Argentina.

Lo que pasa es que la xenofobia anti-Mercosur, o para ser más exacto anti-argentina, lo cual es una expecie de oxímoron porque había más diferencias entre los alemanes del oeste y los del este que entre los argentinos y los uruguayos, esa xenofobia es un hueso atractivo y movilizador para los mongólicos uruguayos, que son muchos y con mucho micrófono.

(dicho sea de paso, los "autoritarios" argentinos están lejos de gobernar a decretazo, como amenaza el doctor cada vez que algo asusta a su corazón de chupacirios, y los "autoritarios" argentinos no integraron, ni en pedo, a tantos partícipes de su dictadura en el aparato democrático como los uruguayos, dónde sólo la muerte por senilidad los está alejando de los cuadros de poder)

Sobre el ir y venir de Vázquez y su permanente chantaje, hay que recordar que no es otra cosa que lo que hizo siempre este hombre simplón en la interna del FA, por desgracia con éxito: "si no hacen lo que yo quiero me voy". Por supuesto que en política exterior las cosas son distintas.

es verdad, ahora recuerdo la infinidad de veces que el doctor Vazquez amenazó con irse de la presidencia del Frente si no se hacía esto o aquello. ¿Y cuál era la reacción de los partidos que integran el Frente? "Oh no, muchachos, cuidemos al presi, que si se va perdemos las elecciones" o "votemos todo de vuelta hasta que salga la posición de Tabaré", que si se enoja se va. Todos, todos los partidos sudando la gota gorda, pensando que el señor presidente podía renunciar al cargo y a la candidatura. Aquellas tempestades trajeron estos lodos. La única diferencia es que ahora no puede irse. No puede amenazar: miren que dejo la presidencia de la República. Y sin embargo sus métodos siguen funcionando.

"sin que nadie tenga la osadía de señalarle sus contradicciones."

voltaire, permitime corregirte: "sin que nadie DE SUS FILAS tenga la osadía de señalarle sus contradicciones." la oposición (antes gobierno) ahora es un chiste, y entonces tal vez su opinión para vos no cuenta, pero se las señala (como se las señaló cuando estaba en el poder). y si algo se le ha señalado tradicionalmente a tab desde la prensa, desde siempre, son sus contradicciones. lo que sucede es que para la dirigencia frentista y para la gran masa de votantes frentista, esas contradicciones parece que nunca fueron importantes. lo cual habla muy mal del tipo de izquierda (falsa izquierda, acrítica) que tenemos. y las opiniones del adversario -antes desde un poder que se encogía inexorablemente, ahora desde un nopoder demasiado mícrico- nunca fueron tenidas en cuenta, aunque fueran ciertas, y tal vez sólo por provenir de donde provenían. lo cual me parece una cagada. porque si una cosa es cierta, es cierta. aunque la diga el más repulsivo enemigo.

quiero informacion quienes integraron la banda oriental

No se entiende bien qué información querés, Jessica. ¿Quiénes integraron la Banda Oriental? No comprendo a qué te referís. Uruguayos, lo que se dice uruguayos, no eran; había mujeres, hombres, niños, blancos, negros, indígenas, o si te te interesa por orígenes: orientales, argentinos, brasileños, portugueses, españoles.

Voltaire: no estás obligado a contestar cualquier pregunta estúpida, como la de jessica. Pero ya que la contestaste, te olvidaste de que la mayoría de los primeros pobladores de Montevideo eran franceses, y también te olvidaste de los judíos.

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