La justicia de siempre
Nuestro sistema judicial nos tiene acostumbrados al misterio que encierra el ministerio público. Se trata de algo intangible, de lo que no se nos habla; la administración de jusitcia en este país pertenece a un reino de fantasía que cree estar más allá de la comprensión de los ciudadanos. ¿Cómo comprender si no que de un día para el otro, allá por 1973, los jueces pasaran de servir a un Estado legal a otro ilegal, sin que se les moviera un pelo?
Desde hace unos años se difunde el rumor de que izquierda y derecha son categorías periclitadas, inútiles para explicar lo que acontece en las sociedades del siglo XXI. La izquierda, es cierto, va a los tumbos, como borracho después de una juerga, lo que aumenta la tentación de sumarse a los funerales de este dúo heredado de la Revolución Francesa. Pero la derecha, la misma que proclama que ella ya no existe, goza de tan buena salud que es capaz de embestir con uñas, dientes, paros y discursos. El “cadáver” que dice ser, vive y lucha.
Tantos años de lucha por conocer la verdad de lo ocurrido con las víctimas de la dictadura en este país parecen estar dando sus frutos. Gracias al semanario Búsqueda, el programa Zona Urbana y el verbo del secretario de la presidencia, Gonzalo Fernández, nos enteramos al fin de que la dictadura uruguaya no tuvo absolutamente nada que ver con los asesinatos de dos de sus opositores más emblemáticos, Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz.