Mamarracho

Voltaire

neveragain.jpgNunca se sabrá qué pasó por el cerebro de nuestro presidente cuando decretó que el aniversario del nacimiento del “libertador” José Artigas era una fecha inmejorable para crear el día del “Nunca más” a los enfrentamientos entre uruguayos. Si ese “Nunca más” al que se refiere Tabaré Vázquez de forma tan calculadamente ambigua fuera un nunca más a la dictadura (cosa de la que jamás podremos estar seguros), debería explicarnos cómo se las ingenió para mezclar el agua con el aceite, que es lo que vendría a ser este descabellado intento de reunir a un caudillo decimonónico nada apegado a las maneras ilustradas con la moderna conciencia democrática que abomina de las dictaduras.

No importa: nuestro mandatario logró esa síntesis imposible entre Artigas y un difuso Nunca más que sólo con muchísima buena voluntad de nuestra parte podríamos aceptar que está referido a la violación de los derechos humanos en la última dictadura. De modo que de ahora en adelante cada 19 de junio, además de celebrar el natalicio del prócer, seremos buenos chicos y nos comprometeremos todos (incluidas las víctimas de la dictadura que jamás le levantaron la mano a nadie) a no caer en la tentación de la violencia.

Lo que me deja perplejo no es el supuesto intento de atar una fecha “nacional”, como el nacimiento de Artigas, a una política partidaria, como alegan algunos opositores (con lo que de paso admiten que, cualquiera sea el alcance de ese “nunca más”, a ellos no les incumbe). No es eso lo que llama poderosamente la atención, sino la vocación por la ceremonia, la ilusión de que decretando un día de festejos (o de íntimo recogimiento, da igual) se desterrarán las inclinaciones autoritarias en esta sociedad. Los fundamentos del decreto que instaura el día del Nunca más son, pues, tan sólidos como los que llevaron a inventar el día de la secretaria, del amigo o de la suegra. Si algo quiere hacer para que la cultura democrática arraigue definitivamente en la sociedad, nuestro presidente debería ser más imaginativo, porque es dudoso que el rutinario expediente de fijar una fecha conmemorativa vaya a mejorar las cosas. Debería, por ejemplo, pensar en un sistema educativo que forme ciudadanos en lugar de adoradores de Artigas, sin descuidar las virtudes pedagógicas de la ley para hacer entrar en razón (es un decir) a los más inclinados a resolver los conflictos por la fuerza.

Pero el decreto va decididamente por otro camino. Sostiene que "a efectos de que el país pueda mirar al futuro y encontrar caminos de reconciliación nacional, fíjase el 19 de junio como fecha conmemorativa de que nunca más deberán ocurrir estos episodios entre uruguayos". Si entendí bien, todos los 19 de junio no conmemoraremos un episodio del pasado (que es lo único que se supone que se puede conmemorar) sino algo que deberá ocurrir, pero aún no ha ocurrido. Desde luego, esto es un enredo indescifrable, que sólo puedo atribuir a la inclinación presidencial por el festejo ("¡Festejen, uruguayos, festejen"!).

El día del “Nunca más”, según Vázquez, “nos permitirá conmemorar el natalicio de nuestro prócer como corresponde, y asumir ante él (¿nos estará viendo don José?) y ante todos los uruguayos, los que ya pasaron (?), los que estamos y los que vendrán, que nunca más en nuestro país”. Nos quedamos preguntando “nunca más” a qué. Y responde Tabaré: “nunca más a hechos de intolerancia y violencia entre los ciudadanos uruguayos”. Precisamente a esto me referìa al principio del texto: no es lisa y llanamente un nunca más a una dictadura, nunca más a las violaciones de los derechos humanos, a la censura, a los encarcelamientos arbitrarios y a las desapariciones forzadas. Es nunca más a la intolerancia y a la violencia entre los ciudadanos. El decreto es tan light, tan incierto, tan incapaz de llamar a las cosas por su nombre, que estamos autorizados a pensar que ese nunca más se refiere tanto a las riñas entre barrasbravas de Nacional y Peñarol, a la intolerancia matrimonial como a las torturas en un cuartel del Ejército. Tiene un aroma tan parecido al “todos fuimos responsables” y a la teoría de los dos demonios que da asco. Uno puede pensar que este mamarracho que pretende hermanar en un solo festejo a Artigas con un moralista y despolitizado Nunca más es tanto el resultado de la improvisación como de la infertilidad de la mente de Tabaré Vázquez.

Pero también podemos ser malpensados (en política nunca está de más ser malpensado) y sospechar que este decreto pretende poner un “punto final” a una política sobre los desaparecidos durante la dictadura, que tuvo resultados más bien escuálidos (apenas se encontraron dos cuerpos). Dijo Vázquez: el decreto “establece la culminación de una etapa de un proceso que continúa”. ¿Cuál será la siguiente etapa de ese proceso? No lo sabemos, pero no hay que descartar que también ella se cierre con otro decreto y tengamos el día del Nunca más II. Por ejemplo, aprovechar las celebraciones del desembarco de los 33 orientales el 19 de abril para redoblar nuestro compromiso con el Nunca más. Y así hasta la eternidad.

O sea, dígase lo que se diga, no es posible descartar la sospecha de que este decreto artiguista y la inminente publicación de un “informe final” de antropólogos e historiadores sobre la represión durante la dictadura guardan relación con el callejón sin salida al que condujo la búsqueda de los desaparecidos con la inestimable “colaboración” de los mandos militares. A falta de resultados, tengamos ceremonias. No es una extravagancia pensar que estamos ante el intento de “cerrar” una etapa que parece haber pasado con más pena que gloria, a pesar del desmesurado optimismo inicial. La frialdad con que fue acogida la iniciativa presidencial por parte de las organizaciones de derechos humanos permite suponer que no estoy solo en esa sospecha.


* * *


Además de su obvia condición de político, Tabaré resultó ser un historiador excepcional. Dijo al estampar su firma en el decreto: “Artigas nació el 19 de junio y en esa fecha celebramos, con el nacimiento de nuestro prócer, el nacimiento de nuestra patria”. ¡¡Con el nacimiento de Artigas se engendró la patria!! Tabaré no habrá leído a Hegel, pero por lo visto cree en la “astucia de la razón”, esa fuerza o espíritu sobrehumano que guía a los hombres, al margen de sus intenciones y voluntad, a cumplir un designio histórico que de cualquier forma y a cualquier precio se abrirá paso en la espesura de la historia. Es decir que habría habido una vocación, en este caso la de ser nación independiente, que habría precedido a los hechos –azorosos y contingentes– que finalmente desembocaron en la constitución de la república independiente que somos. Esa astucia de la “razón oriental” se habría abierto camino antes, mucho antes, de la concatenación de acontecimientos que dieron lugar a la (y nunca se pondrá suficiente énfasis en esto) imprevisible e impensada independencia uruguaya. Según nuestro presidente –y cierta historiografía vernácula– esa vocación de ser patria habría estado latente en estas tierras desde mucho antes de 1828, año en el que el imperio brasileño y Argentina concluyeron, gracias a las artes persuasivas de la diplomacia británica, que tendrían que renunciar a anexarse esta provincia y que la única solución aceptable para ambas partes sería la creación de un Estado independiente, que en esa época no estaba en la cabeza de nadie (mucho menos unas décadas o un siglo antes). Pero gracias a Tabaré, ahora sabemos que ese momento primigenio existió y fue el 19 de junio de 1764. Más allá de las incognoscibles intenciones del recién nacido Pepito Artigas (¿acaso tendría intenciones esa criatura?) ahora sabemos que con su venida al mundo se inició la patria.

No es que las intenciones y la voluntad de los hombres no jueguen ningún papel en la historia. Lo juegan, pero lo hacen interactuando (a veces de muy mala manera) con las intenciones y voluntades de otros y el resultado de esas interacciones suele ser casi siempre un resultado no deseado por ninguno de los protagonistas de los hechos. De modo que lo que algunos llaman el “sentido” (o el significado) de la historia no es algo que esté inscrito desde el principio de los tiempos en el quehacer de los hombres, como pretende Tabaré; lo que resulta de la historia no es casi nunca lo que los hombres querían: el significado y la coherencia que le atribuimos al pasado es una interpretación (siempre discutible y revocable) que hacen los historiadores a posteriori de los hechos y sólo una versión metafísica o interesada de la historia puede sostener seriamente que ese “sentido último” guía los pasos de los protagonistas de los hechos y los lleva de las narices por los vericuetos de la historia. Que Uruguay (o cualquier otro país) terminara siendo un Estado independiente no estaba inscrito en ningún lado (mucho menos en el nacimiento de un individuo)… fue una “carambola” de la historia. Y no me parece una exageración afirmar que el mayor interés político del saber historiográfico reside en que nos permite tomar conciencia de que, justamente porque la historia no tiene un sentido, el futuro es algo abierto, las posibilidades que se nos presentan están más indeterminadas de lo que suponemos.

Francamente, no creo que Tabaré Vázquez se haya puesto a pensar en el significado de esas palabras que pronunció cuando firmó el decreto con el que pretende meter en la misma bolsa el nacimiento de Artigas con el “Nunca más”. Pero comparémoslas con lo que acabo de afirmar. Según Tabaré, con el nacimiento de ese individuo (don José Gervasio Artigas) en el siglo XVIII, ¡en plena colonia española!, arrancó una cruzada patriótica que ya nadie pudo detener y que 62 años después desembocaría inexorablemente en nuestra independencia (“¿nuestra?”, ¿quiénes éramos nosotros?), ya que aparentemente todos los acontecimientos que siguieron a aquel alumbramiento providencial sólo pudieron ser lo que fueron. Tabaré nos viene a decir, con su prosa esclarecedora, que la hegeliana astucia de la razón se abrió paso en el caso de nuestra historia patria a través de los espermatozoides de Artigas padre y un óvulo de la mamá de Artigas.

Con todo, nuestro presidente no puede evitar sospechar que algo no cierra en su pretensión (y la de una parte de nuestra historiografía) de que una vocación emancipadora anidaba desde tiempos inmemoriales en el alma de los habitantes analfabetos y ociosos de estas praderas casi vacías. Por eso se vio obligado a introducir el azar en su presentación del decreto del “Nunca más”. Lean bien el siguiente dislate: “El día de nacimiento de una persona, en este caso de nuestro prócer, José Artigas, es un hecho fortuito. Fue un óvulo, rodeado por millones de espermatozoides, el que permitió la entrada de un solo espermatozoide que creó a esa persona. Pudo haber entrado cualquier otro de aquellos que estaban próximos al óvulo y seguramente hubiera sido otra persona y no la que fue engendrada. Es el hecho del azar, pero después que se nace, ese día ya no es una casualidad. Es una realidad”. Caramba, nuestro presidente también tiene sus momentos de debilidad y su fe inquebrantable en que necesariamente la patria terminó siendo lo que debía ser, parece haber sido inoculada con el virus de la duda. ¡Qué mal patriota! A él también se le ocurrió pensar que si don Artigas padre, inconsciente de los mandatos provenientes de la prehistoria de la patria, se hubiera ido la noche en la que ayudó a engendrar al prócer al lecho de una de las tantas chinas con las que despilfarraba insensatamente sus espermatozoides abocados a fundar la patria, José Gervasio hubiera nacido otro día, o directamente no hubiera nacido, y otro gallo habría cantado, y en lugar de la ROU hoy podríamos ser la POU (Provincia Oriental del Uruguay) o un territorio de ultramar de la monarquía española o una colonia británica. Pero por suerte (sí, parece que la suerte trabajó aquella noche en favor del nonato movimiento independentista) el padre de nuestro prócer se quedó en casa y Artigas nació cuando debió nacer, el 19 de junio de 1764, y fue quien debió ser y a partir de allí, sí, ya no hubo más azares ni caprichos y nos encaminamos a la creación de este bendito país.

Respuestas

como siempre, leer a Voltaire resulta atrapante. Te admiro por haberte leído todo el decreto (yo ni loca, bastante molesta quedé cuando supe de ello). Claro, al no hacerlo, me perdí de los disparates de tabaré..pero bueno, parece que es lo que nos merecemos.
Creo, (al igual que vos y las organizaciones defensoras de los DDHH) que, lo que pretende, es dejar las cosas como están, total, ya aparecieron dos desaparecidos....

Más que nunca, adhiero a la derogación de la ley de impunidad. Nadie me va a obligar a mi, bajo ningún decretazo, a creer en un "nunca más".

Este tema se soluciona (en mi modesta opinión) de una única manera: juicio y castigo, y saber qué pasó con los desaparecidos.

Habría que hacer una selección de las grandes e infelices "ideas" de Tabaré Vázquez. Esta del decreto en la que se hace una buena ensalada con ingredientes de artiguismo, nunca más, buena voluntad, tolerancia y patria figuraría entre las recetas tabarecistas más famosas.

Lo más indigesto de la ensalada es que pretende ocultar el fracaso en materia de desaparecidos. Lo que me pregunto es por qué habría que "culminar" esta "etapa" con un "día de" si no es para poner un punto final.

Estamos en eso, Ricardo. Curzio se ha puesto manos a la obra y ha recopilado en el artículo "Just a pretty face" (en la ventana Gauchadas) algunas de las ocurrencias màs memorables de nuestro presidente. La catarata de incoherencias es tan profusa que siempre vamos atrasados.

muy bueno, muy buena la interpretación sobre el artiguismo. No soy historiador, y puede ser que sea por eso que es la primera vez qe leo algo tan lucido sobre las boludces que me enseñaron en la escuela y el liceo sobre la gloriosa gesta artiguista.

el artiguismo es como una religión. Acá somos laicos, y por eso tendremos una religión laica.

Nunca pensastes en dedicarte a la política, Voltaire? Yo te votaría.

Si te referís a la política como aquella actividad de los "especialistas en asuntos colectivos", como ese ámbito monopolizado por los políticos profesionales, te contesto que no, que no lo pensé... pero si cambio de opinión, igual te aviso. Ya sé que al menos contaría con un voto.

Ahora bien, dedicarme a la política entendida como la esfera pública, la polis, ese espacio en el que se pone en juego nuestra condición de ciudadanos y que trasciende nuestra condición de individuos particulares, es algo que hago desde hace mucho tiempo y creo que ya no dejaré de hacerlo hasta el final de mis días.

No soy de los que se han sumado frívolamente al desprecio tan a la moda de la política. Mis ideas al respecto las podés leer en "Elogio de la política" en este mismo blog.

Hermano Voltaire,
a pesar de la seriedad de tu exposición y la trascendencia del tema, me reí. Tu ironía es buena y tus conceptos también (siempre). Yo por supuesto que te votaría, no necesito aclararlo....
Vic.

Hablando de homenajes extraños a Artigas, hoy vi uno que debe estar entre los top ten. En una escuela pública de Pocitos, a la cual va mi hijo, me percaté (después de tres años) de que hay un cantero lindero a uno de los muros exteriores, que ha sido bautizado como "Cantero Gral Artigas". Incluso tiene una estela de granito con una placa de bronce. Por supuesto que hay un busto del prócer en el mismo jardín, por lo que el homenaje botánico es para reafirmar la vocación artiguista de los niños, que allí deben ir a buscar la pelota de tanto en tanto. Es conmovedor, pero aleja aún más mi esperanza de que algún día dejemos de jurar la bandera.

Seguramente todos hemos vistos homenajes grotescos al General, como el que hay la punta misma de Punta del Diablo, o el que había en un balneario de Canelones que simplemente decía "Para la historia un genio, para la patria un dios". Estos dos últimos datan, por supuesto, de la dictadura.

Si alguien tiene alguna foto de ellos, o de otros de similar estilo, me las pueden mandar a curzio@criticaresfacil.com. que las publicaré.

Los uruguayos tenemos el único prócer del mundo creo, que no solo no aceptó la existencia de Uruguay como nación independiente, sino que cuando le ofrecieron "volver a su patria" el lacónicamente contestó: "yo no tengo patria". Le debemos muchas cosas a este gran prócer Americano, por ejemplo el cumplimiento de la primera reforma agraria de América, pero sin dudas, que nos abochornamos cuando este gobierno malinche lo utiliza como tantos para justificar lo injustificable.
Artigas, algún día tu sueño de libertad se hará realidad y tu nombre no será usado en vano.

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