¡Disparen sobre el corrupto!
Voltaire
¿Cómo explicarle a un lector que no vive en esta provincia el último gran episodio de corrupción que ha tenido lugar en la Banda Oriental y que ha monopolizado las portadas de los periódicos, los noticieros de TV y los indignados discursos de los tribunos en la Asamblea?
Si digo que toda la ruidosa alharaca que se ha levantado se debe a que un senador de la República falsificó un documento oficial para ahorrarse los 1.000 dólares que debió haber pagado por la cirugía a la que fue sometido en un hospital público, quedará perplejo. Expliquémosle, pues, a ese posible lector lo que de otra forma sólo puede ser comprendido por los residentes de esta comarca, habituados a que los predicadores locales conviertan un simple movimiento de olas en un tsunami.
Las cosas parecen haber discurrido de la siguiente manera: el senador oficialista Leonardo Nicolini tenía que someterse a una intervención quirúrgica. Lo habitual en esas circunstancias es que un trabajador legalmente contratado sea asistido en el sanatorio correspondiente a su seguro médico (en el reino de la desregulación laboral todo es posible, pero en principio demos por bueno que al menos los 31 ciudadanos uruguayos que forman la Cámara de Senadores están legalmente contratados y tienen seguro médico). Sin embargo, el ahora defenestrado senador Nicolini no tenía tal seguro. O sí lo tenía, pero lo cierto es que vaya a saber uno por qué inescrutables razones prefirió que lo operaran en uno de los destartalados hospitales públicos de la patria. El rumor más extendido dice que en el hospital de marras había un equipo médico de confianza de Nicolini y que por eso quiso que lo operaran allí. El detalle –imposible de aprehender de buenas a primeras por el extranjero– es que en Uruguay los hospitales públicos no son exactamente públicos. Para que a uno lo atiendan en uno tiene que ser pobre, rematadamente pobre. Y para dar fe de tal condición existe un certificado de pobreza, el llamado "carné de pobre”. Es una tradición nacional lo de institucionalizar y legalizar las cosas. No vaya a creer que el Estado no está preocupado por terminar con la indigencia. Sí que lo está: lleva décadas en la tarea. Y como nunca podemos estar seguros de los resultados de semejante empeño, nuestras autoridades decidieron legalizar a los pobres y darles un documento oficial. Que haya pobreza pero en la ley y el orden.
Pues bien, como el senador Nicolini no podía presentar el famoso carné de pobre, porque su sueldo asciende a casi 3.000 dólares, decidió procurárselo por vías poco ortodoxas: mintió para ahorrarse los mil dólares que debió haber pagado por la operación. Sí, ya me imagino las deducciones que debe estar haciendo el lector no uruguayo: el senador Nicolini es un mentiroso compulsivo, un idiota o un arrogante convencido de que era inmune a las pesquisas de la prensa siempre atenta a los posibles escándalos. O las tres cosas a la vez.
Y esto ha sido todo, estimados lectores extranjeros. Al senador Nicolini lo obligaron a renunciar (lo que de alguna manera habla bien de la democracia uruguaya) porque presentó un falso certificado de pobreza y no pagó una cirugía que bien pudo pagar. Y por este motivo, la prensa y todo el sistema político de este país nos están atormentando desde hace una semana. Se equivocaron de cabo a rabo si creyeron que se trataba del vaciamiento de una empresa pública o de una coima millonaria en dólares para ganar una licitación. Si es que hasta para ser corruptos somos grises y moderados en este país.
Que no se me malinterprete. Nicolini cometió un acto de corrupción, incompatible con su carácter de representante de los ciudadanos. La insignificancia de la suma en cuestión no hace al asunto. Sus camaradas de partido le exigieron la renuncia alegando que quienes tienen su investidura no sólo deben ser virtuosos, sino parecerlo (el desvelo por las apariencias es otro atributo nacional).
Dicho esto, no puede dejar de llamar la atención la desmesura de la reacción de la prensa y de la mayoría de los políticos. De creerle a este coro de moralizadores, nuestra democracia sería tan frágil que pendería de la ética de sus dirigentes.
La exagerada importancia que se le está dando al caso Nicolini está directamente vinculada con un fenómeno casi universal: la inclinación a poner la honestidad (o la deshonestidad) de los políticos en el centro de los asuntos públicos y a convertir la ética personal de cada cual en el criterio del que nos servimos para aprobar o desaprobar una política (y si la diferencia entre un partido y otro reside en la honestidad de sus miembros, entonces los adversarios necesariamente tienen que ser corruptos).
La hiperinflación del tema corrupción es propia de una época en la que la política ha sido despojada de su densidad. Cuando las ideas y propuestas acerca de cómo organizar la sociedad brillan por su ausencia, la personalidad y los atributos individuales de los candidatos ocupan el centro de la escena; cuando la política ha sido vaciada de contenido, la "moral" de los políticos se convierte en la principal preocupación de los ciudadanos; cuando en una controversia política ya no nos es posible divisar diferencias significativas, cuando todo el debate de ideas políticas discurre en una gris medianía en la que todos los gatos son pardos, "el perfil" de los políticos atrapa la atención de los ciudadanos/espectadores y cuando ya no se reflexiona sobre los fines --porque el mundo-es-como-es y nada puede cambiarlo--, sino acerca de la eficacia de los medios empleados (la técnica), los atributos personales de los gestores de la cosa pública (que es como ven los teleciudadanos a los políticos) se transforman en casi lo único que de verdad importa y, en particular, la honestidad. Así, los políticos ya no son valorados por lo que proponen de cara al futuro (tal sería la esencia de la política), sino por lo que son, por lo que representan como individuos, lo que los ubica en las antípodas de la política en el buen sentido de la palabra. Cuando lo que importa de un político son los atributos propios del individuo y no las ideas que somete a consideración de la ciudadanía, estamos fritos, nos ubicamos de alguna forma en un universo pre-político. Esta es una de las pendientes por las que se desbarranca la política en el mundo actual y no sólo en Uruguay. Lo que importa ahora no es lo que propone Mengano, sino si miente, si es buen padre de familia, si es fiel a su esposa o si roba o no roba. Entendámonos: no estoy diciendo que la franqueza o los embustes de un político resulten indiferentes. Lo que estoy diciendo es que la honestidad de un candidato es apenas una condición básica y elemental que debería darse por descontada en un político, no un mérito que merezca destacarse al mismo título (o acaso más como ocurre ahora) que sus propuestas acerca de cómo introducir mayor justicia y libertad en la vida de los ciudadanos. Si el vaciamiento de la política contribuye a centrarlo todo en la bondad o maldad de los políticos, la desmedida focalización de los medios en los episodios de corrupción contribuye, a su vez, a jibarizar aun más a la política, convirtiéndola finalmente en un mero tribunal de conductas individuales. Cuando hablamos sólo (o principalmente) de la moral o la ética de los políticos tenemos garantizada la despolitización del debate público. Cuando escucho que el gran mérito del curriculum de un político es su honestidad, no puedo dejar de pensar en lo jodidos que estamos.
Cualquiera que se tome el trabajo de hacer un relevamiento de la agenda “política” y de la prensa de este país durante la última década puede constatar que los episodios de corrupción ocuparon un lugar muy relevante en ambas, y a nadie debería ocultársele que esa relevancia obedece a la convicción de muchos tele-ciudadanos de que ése es el terreno privilegiado de la política. Y hablamos de un país no especialmente corrupto. Si el relevamiento se hace en otros países, el resultado será mucho más concluyente.
La izquierda de este país ha aportado su montaña de arena a esta lamentable deriva de la política, debido a que durante la última década antes de asumir el gobierno no dejó de basar su prédica en la supuesta deshonestidad de los políticos de derecha (“los orientales honestos versus los deshonestos”, he aquí una pieza medular de la retórica de la izquierda).
Cuando se repite hasta el hartazgo la banalidad de que sólo la ética puede salvar a la política, se introduce una lamentable confusión en esta discusión. A la política sólo la pueda salvar ella misma, es decir la recuperación de la discusión de proyectos y propuestas argumentadas. Cuando se afirma que el gran problema de la política actual es la falta de ética, se está alimentando el amasijo conceptual. Como ya dijo alguien antes que yo, ante un acto de corrupción o nepotismo el que puede tener un problema ético es el protagonista del hecho, quien tal vez llegue a atormentarse por las noches bajo la almohada, pero nosotros, los ciudadanos, lo que tenemos es un problema eminentemente político, esto es decidir qué procedimientos nos damos para controlar a los eventuales corruptos, de qué mecanismos nos dotamos para evitar que algunos sujetos con poder se sirvan de él para beneficiarse en detrimento de la sociedad, un desafío que tiene poco de ético y mucho de político.
Este reemplazo de la política por la moralina explica el significativo confinamiento del caso Nicolini a la probidad del protagonista (da la impresión de que el sentimiento más generalizado es: ‘cómo nos equivocamos con este muchacho’ o ‘qué mal elegimos’). Lo malo no es que tengamos que ocuparnos de las trapisondas de Nicolini y de los Nicolinis que vendrán. Lo malo es que no veamos que el problema que tenemos el resto de los ciudadanos es que, a todas luces, no disponemos de un sistema para controlar y sancionar a los Nicolinis, porque la democracia no es aquel sistema que garantiza que sus políticos serán santos libres de pecado, sino aquel que dispone de instrumentos eficaces para lidiar con ellos. Y eso nos incumbe a unos cuantos más que a Nicolini.
Posfacio (irrelevante) para uruguayos
La comedia de Nicolini permite hacer otras constataciones
- que la política de abrazarse a “ratas y culebras” con tal de ganar una elección tiene sus costos
- que la demagógica norma de que los legisladores y cargos políticos del MPP tengan ‘topeado’ su salario en alrededor de 20.000 pesos es complicada. Entre otras cosas no alcanza a cubrir una canasta básica. Y ante cualquier emergencia, como tener que operarse de apuro, hay que recurrir a las triquiñuelas a las que recurriría cualquier otro uruguayo que gana esa cifra.
- que el gobierno de izquierda ocultó durante unos cuantos días el episodio y reaccionó sólo después de que salió a la luz pública, lo que de nuevo demuestra que no podemos dejar librada a la clase política a un autocontrol o a lo que nos diga nuestro olfato sobre la ética de cada uno de ellos.
- que, al contrario de lo que sostenía la izquierda en la oposición, terminar con las truchadas, favores y corruptelas en la administración pública no resulta tan fácil ni se reduce a una incierta “voluntad política”.
- que los líderes de izquierda aprenden rápidamente los trucos retóricos para justificar todos y cada uno de sus actos. Y cuando eso no alcanza, se hace un juicio de intenciones contra los mensajeros de las malas nuevas. Vean si no la columna de Fernández Huidobro en La República sobre el tema: al parecer, los que denuncian a Nicolini quieren desestabilizar al gobierno, son derechistas al servicio de intereses inconfesables o quieren sacar réditos políticos.
Respuestas
como siempre, un placer leerte..
Autor: la petisa | Febrero 9, 2007 4:21 PM
Ojo, hay un error en lo que refiere a quiénes pueden ser beneficiarios de salud pública:
"1. La no obtención del Carne de Asistencia o la no presentación del mismo no es impedimento para la atención de la persona que requiere los servicios en el MSP.
Se les cobrará los mismos según arancel o el reconocimiento de la deuda en su caso.
La presentación del Carné en un plazo no mayor a 30 días hábiles, cancelará la misma (si correspondió Gratis) o la reducirá de acuerdo al arancel si correspondiere."
fuente: http://msp.gub.uy/documentos/instructivo_categorizacion_usuarios.htm
Hay un Decreto que regula todo esto, 21/05/02 CATEGORÍAS DE CARNÉ DE ASISTENCIA Y ACTUALIZACIÓN DE ARANCELES - DEC. N° 179/002
Es decir, y yendo al caso que nos ocupa, llama la atención que se haya forzado al hijo de Nicolini a tramitar un carné el mismo día que su padre estaba siendo operado de urgencia. A mí me suena a "cama", qué quieren que les diga....
Autor: fer | Febrero 9, 2007 4:51 PM
Aunque no cambia absolutamente nada lo que aquí se afirma, es cierto que en un hospital público se atiende a cualquiera, incluso si no tiene carné de pobre. El detalle es que en ese caso tiene que pagar.
Autor: voltaire | Febrero 9, 2007 5:17 PM
Ufa, loco, qué orgulloso que sos! Tu afirmación:
"en Uruguay los hospitales públicos no son exactamente públicos. Para que a uno lo atiendan en uno tiene que ser pobre, rematadamente pobre. Y para dar fe de la pobreza contamos con un certificado de pobreza, “el carné de pobre”."
queda absolutamente falsificada por mi aclaración!
Así que por favor no digas que "no cambia absolutamente nada lo que aquí se afirma".
Acordate que errar es humano, no tiene nada de malo equivocarse, lo hacemos todo el tiempo. Y cuando señalé el error no lo hice para descalificar nada, simplemente quise precisar que las cosas no son exactamente como vos afirmaste.
Y el otro detalle es que Nicolini sí pagó y lo hizo voluntariamente, no fue ningún juez a forzarlo a hacerlo.
Y lo demás que planteás me resulta súper interesante y lúcido, como casi todo lo que escribís. No hice más comentarios pero si hace falta te digo que está bárbaro.
Autor: fer | Febrero 9, 2007 6:54 PM
Supuse que era evidente que el "no cambia absolutamente nada" se refería a la ARGUMENTACION CENTRAL del artículo, esto es, sobre las relaciones entre ética personal y política.
Con que "los hospitales públicos no son exactamente públicos" me refería a que no son gratuitos... como supuse que podrían imaginarse muchos fuera de este país.
Autor: voltaire | Febrero 9, 2007 8:55 PM
pobre Nicolini!
Sin restarle nada al concepto del artículo, es importante dejar claro que 1. cualquiera puede operarse en un hospital público y después vé cómo paga. Conozco a varios que no son pobres, pero que no tienen sociedad médica,y se operaron en Salud Pública, sin carné ni nada. El tema es ¿porqué si un ciudadano común puede tener esa seguridad, no la tuvo un senador de la República? Estoy de acuerdo con que fué una cama.
2.que Nicolini se haya querido operar con gente de su confianza no me extraña, pues alguien seguramente se la tiene jurada después del caso Focoex. Ese sí fué un caso de alta corrupción y no creo que un tipo que denuncia un fato muy jodido después vaya a arriesgarse por una luca.
Para mí lo cagaron y no tiene más remedio que renunciar, pero la falta de apoyo de su sector y del gobierno hace pensar en dos cosas: que se lo querían también ellos sacar de encima, o están gobernando al grito, como dicen, para demostrar que ellos sí son honestos, por lo menos como para no transigir en la menor falta, cuando el que la comete es de sus propias filas.
Por otro lado, es evidente que el poder poco se vale de la ética. Y para terminar, humildemente opino que Nicolini no cometió acto de corrupción.
Autor: Juan Pedro | Febrero 11, 2007 10:08 PM
Bueno, Jean-Pierre, conseguirse por vías ilegítimas un carné de pobre, que es un documento oficial, ¿no es un acto de corrupción?
¿Por qué renuncia entonces? Si yo no cometo falta alguna, de ninguna forma aceptaría que me desplacen de un cargo legítimamente adquirido.
Ese gobernar "al grito" que mencionás, responde -me parece-- precisamente al creciente proceso de 'moralización' de la política.
Autor: voltaire | Febrero 12, 2007 10:28 AM
después de hacerle la cama, un compa batió que el senador se había acostado y se lo comunicaron al Dr. Parada.
Nicolini eas un nabo,y un garronero.
Si no tenía cobertura médica como senador le hubiera pedido el Pepe, que si es socio del Casmu, allí li hubieran hecho soscio y lo operaban en dos días, con un poco mas de seguridad y sin tamta alaraca.Un senador no puede pensar que somos todo unos giles y tenemos que cuidarlo de las camas, bastantes nos hacen a nosotros todos los días.
En salud publica se puede operar cualquiera, pero no cualquiera se opera enseguida y consigue que le hagan los examenes y todo en tres días, para eso tenes que tener engrasada la cadena y no alcanza con dinero, pero si con poder.
Autor: liliana | Febrero 12, 2007 11:28 AM
Al renunciar, Nicolini posibilita que el único sistema institucional que tenemos para controlar y sancionar -el sistema judicial- se ponga en marcha sin traba alguna (es decir, sin que los fueros parlamentarios impidan o enlentezcan la investigación). Si hubiera insistido en su inocencia sin renunciar, sólo se hubiera investigado en la “interna” del EP-FA y las “internas” no suelen caracterizarse por su transparencia ni ofrecen garantías a nadie más que a los que las integran. Me temo que la posible discusión parlamentaria posterior, si , por ejemplo, se hubiera llegado al caso de que un juez solicitara el desafuero, se habría convertido en otra lamentable exhibición de moralinas y moralejas por parte de los políticos. A mí me parece que, aun siendo totalmente inocente, al tipo no le quedaba otra que renunciar, ya que pertenece a un partido que pretende llevar adelante una política transparente.
Autor: fer | Febrero 12, 2007 7:45 PM
A mí me parece que se olvidó destacar el hecho de que un senador de la República ¡se atendió en Salud Pública! Es gran propaganda para el inminente Sistema Nacional de Salud, que, como aprovechó a declarar MªJulia, evitará que ricachones narigones intenten hacerse pasar por pobres hombres rata.
Autor: sig | Febrero 13, 2007 10:21 PM
Más allá de los motivos que llevaron a Nicolini a atenderse en el hospital Pasteur, debería gratificarnos el hecho de que un hospital público genera la suficiente tranquilidad para que un paciente con esas características elija atenderse allí. Creo que más allá de las consideraciones éticas (que son bastante condenatorias en lo que respecta a Nicolini) el sistema público de salud está a la par de los sistemas privados.
Autor: Miguel Peirano | Febrero 14, 2007 3:41 AM
Interesante lo que dice liliana. Hasta ahora todos reparamos en el asunto guita... pero no en el item tiempo... Se ve que Nicolini tenía muchas influencias como para que lo operaran en tiempo récord.
Autor: ruth | Febrero 14, 2007 7:22 PM
El que lo operaran rápido puede deberse tanto a influencias como a la gravedad de la afección, cosa de la que tampoco se ha hablado y que no me parece una circunstancia despreciable para evaluar tanto la conducta de Nicolini como la de los médicos.
Y lo otro que dice liliana, que por qué no fue al casmu, ya que el Ñato es socio, hubiera configurado algo bastante más corrupto: para las personas de la edad del ex senador que pretenden hacerse socios, dicha institución les hace firmar una declaración jurada de que no padecen de ninguna enfermedad crónica, que no están “enfermos” de nada, etc. etc. ¡ni siquiera várices pueden tener! (acabo de llamar por tel. al casmu).
Autor: fer | Febrero 15, 2007 2:41 PM
Che, como va a tener várices una persona de 45 pirulos como tiene Nicolinni!
Autor: El mulato de la playa | Febrero 16, 2007 11:19 AM
El señor Peirano acumula una vejación más que su familia inflige a nuestra sufrida población. En un gesto de verdadero agent provocateur dice que el Affaire Nicolinni demuestra que el sistema de salud pública está al mismo nivel que el privado.
Andá a atenderte vos y después me contás, chitrulo...
Autor: el mulato de la playa | Febrero 16, 2007 11:25 AM
Peirano: no diga disparates,el sistema de salud público no está a la par del privado...
Sino preguntale a Canela y su baracutanga.
M. Julia ya salió con ese mismo argumento y quiero ver donde se atiende ella.
Me inclino a pensar que la elección de Nicolinni se debe más a amiguismos que a confianza en el sistema.
Hablamos del Pasteur, no del hospital de Tacuarembó, sitio que vaya a saber cómo se coló en el sistema de Salud pública.
Autor: sissi | Febrero 17, 2007 11:52 AM
notable el post, Voltaire. muy interesante. Lástima que la discusiòn se vaya perdiendo en detalles del tipo si Nicolini tiene várices, se le encarnó una uña o se operó en el Paster porque tenía amigos.
Bueno, yo tampoco había pensado en lo malo que es para la democracia política que se discuta tanto sobre la ética individual y la corrupción en lugar de ideas y propuestas.
Autor: alvaro | Febrero 17, 2007 12:21 PM
voltaire: no creo, insito, en que nicolini haya querido nunca un carné de pobre. Desde cuando el hijo de un senador puede firmar algo por el padre en la repordelur? ni en la dictadura, -que no había senadores- lo hacían gente como el goyo o juan carlos...
nicolini no sacó carné de pobre, voltaire, pero:
¡pobre nicolini!
Autor: jean pierre | Febrero 17, 2007 6:28 PM
Si por la renuncia de un senador puede llegar a discutirse el tema de la salud pública en Uruguay,no hay mal que por bien no venga.
Voltaire, hacé el favor, encará un análisis serio del tema de la salud pública y de las roscas médicas, no esas serias premeditadas sino a lo que se llega por la corrupción cotidiana, que es esa aceptación de la realidad ya corrompida, incluso por aquellos que piensan en un mundo mejor sólo cuando votan (¿?)se dicen izquierdistas y viven de haberes mal obtenidos por un sistema podrido hechos por ellos mismos en su diaria acción.
Si un senador de la Repordelur salta por no poder operarse tranquilamente, como yo, que nunca pagué desde que me fui de la administráción seguro de salud alguno, porque desde los dieciocho me dí cuenta - me hicieron dar cuenta- y hoy tengo cincuenta, de que el sistema de salud y seguros ciudadanos era una repodrida estructura sin solución posible sino hasta su total destrucción, que dejaría digo, para un común cualquiera, y más para un indocumentado, sin cédula, que son tantos? Pues bien, conozco gente que no tiene nada, ni el caballo que maneja, que recurriendo a ese mismo sistema público, sin carné ni nada, repito, se operó y se salvó, y ahí anda, urgando como siempre.
Autor: jean pierre | Febrero 17, 2007 6:48 PM
Dejando de lado el hecho de que las noticias sobre la corrupción de los políticos atrapen la atención de los ciudadanos/espectadores - es mucho más atractivo para nuestra mal reconocida mezquindad comprobar las flaquezas de nuestros representantes que hacer un seguimiento atento de sus pocas o muchas contribucines a la organización de la sociedad - la moral (sin comillas) de los políticos sí debe ser una de las principales preocupaciones de los ciudadanos, sobre todo aquellas zonas de la moral que tienen directa relación con esa misma organización de la sociedad, y de quiénes y cómo consumen los recursos públicos.
No parece pertinente el slogan de campaña electoral de aquel político brasileño que rezaba: "Robo pero hago obra".
¿Qué garantía nos ofrece lo que un político propone de cara al futuro, si ese señor o señora sitúa su bienestar ante el bienestar colectivo?
¿Qué nos desautoriza a pensar que las propuestas del tal político estarán dirigidas a sostener un sistema que le permita medrar? ¿No utilizará todos los resquicios que la democracia ofrece en beneficio propio?
Celebro que la izquierda de este país haya convertido en predica el tema de la honestidad, porque un ideario que se precie de socialista debe ser eso, socialista, y no individualista ventajero.
No veo cómo la exigencia de conducta ética puede llevar a confusión en cuanto a qué esperar de la política; tenemos derecho a esperar proyectos, ideas y argumentos, y también a exigir que los que nos representan lo hagan sin colocar su persona por delante de las necesidades insatisfechas de una sociedad que obviamente, les importa poco.
Autor: María | Febrero 23, 2007 3:00 PM