El Gran Bonete

prado_tertulia_valenti.jpgLas comparaciones siempre son odiosas, pero en lo que se refiere a los recursos que destinamos al Estado, no les hago asco. Este nuevo gobierno parece pensar que, en lo que atañe a la administración del Estado, cambiar significa sustituir unos burócratas por otros, tal como hacían los gobiernos anteriores, con criterios casi siempre político-partidarios. Si este gobierno quiere realmente cambiar para bien la forma en que funciona el Estado, debería empezar por cambiar la forma de reclutar a los funcionarios que manejan los detalles de su funcionamiento. Sin embargo, como hacían blancos y colorados, ha poblado los estratos técnicos de la administración pública como si se tratara de repartir nombres en un comité de base.

En los Estados "serios", a los que el Frente Amplio pretende emular, cuando detona un asunto político en un ministerio, los que deben partir son el ministro, el viceministro y los miembros de su staff político. Los técnicos que hacen funcionar los engranajes del Estado permanecen en sus puestos porque no son responsables de las decisiones políticas y porque no los nombró nadie a cambio de lealtades. En esos países, los cargos ejecutivos se llenan mediante llamados públicos a postulantes que tengan idoneidad, con avisos que aparecen en los diarios y con comités de selección independientes.

El gobierno de Tabaré Vázquez no cambió un ápice los criterios de los gobiernos anteriores. La nube de langostas del Frente Amplio descendió sobre el aparato estatal, llenando todos los puestos de importancia con criterios políticos y no técnicos, y es por eso que hay tantos ignaros manejando áreas importantes de la administración pública. Es triste ver que el gobierno del cambio, que ha cambiado muchas cosas en la administración pública, no ha modificado la que había que modificar primero.

Utilizar cuotas políticas para nombrar jerarcas en esos niveles no constituye una buena práctica en lo que respecta al bienestar del país, ni tampoco le reporta verdaderos beneficios a largo plazo al que lo hace. En primer lugar por la incongruencia que significa elegir a un técnico por su militancia política. Es como elegir a un cocinero por sus aptitudes para jugar a los bolos. En segundo lugar, porque la arraigada leyenda en la izquierda de que no se puede confiar en independientes y miembros de otros partidos es falsa y nos impide tomar decisiones racionales. Es cierto que existen algunos casos de lo contrario, como el del director de Rentas o el de Comercio, pero son excepciones que confirman la regla. En tercer lugar, darle changas a los correligionarios constituye una forma de corrupción, en nada diferente a la que se entregaban los gobiernos anteriores (o los milicos, dicho sea de paso).

Para muestra basta un botón. Los casinos municipales perdieron 13 millones de dólares bajo la dirección de Carlos Bengoa. Sin embargo, Carlos Bengoa fue premiado con un ascenso, al parecer para que hiciera lo mismo en los casinos del Estado. ¿Cuánto habrá que perder para que a uno lo nombren ministro? Si en lugar de Bengoa, que pertenece a Asamblea Uruguay, se hubiera contratado con el doble de sueldo al gerente del casino del hotel Conrad, que no pertenece a Asamblea Uruguay, quizás los casinos municipales no hubieran perdido tanta plata. Para coronar la paradoja, hace unos días nos enteramos de que, no contento con nombrar militantes en cargos técnicos, el Gobierno quiere nombrar ahora técnicos en cargos que deberían ser llenados con criterio político, y designa a un policía como viceministro del Interior. Cosa de locos.

Los directores de las diversas áreas de la salud, de puertos, ferrocarriles, combustibles, telecomunicaciones, cultura, vivienda, zoonosis, hidrografía y prácticamente todas las direcciones, subdirecciones y reparticiones del Estado fueron elegidos por su militancia. Gente que está ahi como recompensa a su actuación política y no como resultado de un proceso racional de selección. Son nombramientos que no ofrecen garantías para nadie excepto para los sectores a los que pertenecen. Los que definen las políticas del Estado son el presidente, sus ministros y sus subsecretarios. Poblar los estratos inferiores de la administración pública con alcahuetes es una muestra de la debilidad del poder político y no una apuesta al cambio.

El caso de los bolches arrepentidos merece un capítulo aparte. No termino de entender cuál es la afinidad que los une, aparte de haber sido estalinistas, después krushevistas, brezhnevistas, andropovistas y gorbachovistas, antes de haber renegado de todo eso para llegar al gobierno a caballo de un ex intendente blanco de Cerro Largo. Las vueltas que tiene la vida ¿no?. Tardaron años en ser admitidos nuevamente en el seno de la izquierda, pero como una tribu perdida en el Sahara, finalmente encontraron su oasis entrando por la puerta de atrás. Entraron no ya como sector político sino como logia, y de la noche a la mañana lograron no sólo instalarse en la adminstración pública sino en muchos sectores clave por su cercanía al poder político. En algunos lugares fueron elegidos en buena ley, como en Canelones y en Maldonado, en muchos otros están porque vinieron de la mano del vicepresidente Nin, y como en toda logia secreta, aparecen en lugares insospechados, como Esteban Valenti, quien sin estar no deja de estar. Si a este país lo hicieron los masones, el país del futuro parece estar en manos, por lo menos parcialmente, de la logia de los ex-comunistas. ¿Quién los eligió? ¿usted? ¡no señor! los eligió el Gran Bonete.

Respuestas

Los ex-comunistas han conseguido apropiarse de muchos aparatos estatales o sectores del mismo, en muchos países de la antigua Europa comunista. En muchos casos se han mimetizado, de forma rápida y limpia, con la nueva situación post-comunista. Lo que explica este transformismo y esta "adaptación rápida" viene determinada por sus infinitas habilidades, cultivadas durante décadas para conspirar, cultivar la opacidad, gestionar información de forma secreta, medrar y destrozar adversarios políticos sin el menor miramiento. Algunos lo han hecho de forma sutil y guardando las formas, otros ensuciándose con sangre y mierda. En suma, que saben manejar este asunto complejo del poder, un asunto que no muchos saben como va. Fente a los demás, manejan además un discurso de eficacia y de realismo, de cierta superioridad intelectual, de elegidos, de personas que no se detienen ante nimiedades morales (de pequeñoburgueses, decían los capitostes del comunismo uruguayo en los años setenta) que lo unico que hacen es dificultar el trabajo bien hecho (por la causa, se entiende). De todos modos, seguirán tocando teclas clave del poder (lo harán mejor que otros, sin duda) si seguimos gestionando lo público de forma "tradicional" es decir, sumándonos a la idea de que el ejericico de las responsabilidades públicas es un asunto de elegidos, de círculos de profesionales de la política, en fin, de conocidos y de entornos afines, donde los ciudadanos no son invitados a la fiesta, donde la transparencia es siempre peligrosa.

Me decía una amiga que mi post parece pecar de "anticomunismo", a lo que le respondía que por el contrario, no he dicho una sola palabra sobre los comunistas. No estoy de acuerdo con ellos en muchas cosas, me parece que se necesita estómago para seguir cantando "al partido salud", pero a ellos sí que los eligió alguien por lo que son.

Los otros, los arrepentidos, podrían haberse mimetizado en una de las infinitas variantes de la izquierda que coexisten en el FA, por lo que me parece sicológico más que político que hayan querido quedarse en una cosa que se llama Confa y que nadie en realidad sabe lo que es. Estoy siendo magnánimo, porque también podría decir que el Confa existe porque es una red cerrada, que conoce y maneja los "tiempos políticos" y las relaciones de reciprocidad, pero que no tiene casi contenido ni tradición ideológica. Es en cierta forma a lo que apunta Espino, aunque yo no sería tan despiadado y no apuntaría a los individuos. Digamos que todos ellos poseen un gen político que quedó desmadrado.

Sobre el uso de cuotas políticas para conformar la administración del Estado, es interesante notar que hace pocos días separaron de su cargo al director de Caracterización de Usuarios del MSP, Eduardo Aicardi, por el caso Nicolini. Además de éste cayeron otra troja, y hasta al pasante de 22 años "la investigación aconsejó asignarle tareas de acuerdo a su capacitación y evaluar su actuación 'a corto plazo' para ratificar o no la renovación de su beca" según el diario El País. El Espectador agrega que Aicardi es "un funcionario de carrera vinculado al Partido Nacional".

Bueno y malo. Lo bueno es que como desmintiendo mis anteriores afirmaciones, sí que hay funcionarios del Estado vinculados a la oposición. Lo malo es que el próximo director de esa repartición "clave" probablemente vaya a manos de alguno de la cola, aunque sería una brillante oportunidad para hacer un llamado público para que puedan presentarse, no sé, demógrafos, etnólogos, enólogos, incluso hasta sociólogos.

Lo más grave de todo esto, sin embargo, es que los medios simplemente anuncian las preferencias políticas de los funcionarios de tercer o cuarto nivel, como diciendo "a tal o a cual lo metieron a dedo". Por cuota política. El caso de Silvana Amoroso, directora del Hospital de Maldonado, a quien frecuentemente se anuncia como "del MPP", es aún peor. Esa jerarca representa no ya a un partido sino a una fracción dentro de un conglomerado de la izquierda aluvional. Faltaría que nos dijeran que dirige el hospital en nombre del marenalismo o del ñatismo. Me recuerda a unos buzos chinos que se zambullían "para llevar adelante el pensamiento del Presidente Mao".


Y ya que estamos, ¿qué tal un censo que nos diga cuántos ineptos de la Vertiente Artiguista están recontra colocados en la Intendencia en cargos técnicos?
Y una mucho más fácil: siga la trayectoria de los autodenominados "generación 83". Cuando tenga un rato, les prometo un informe.
PS. Viva la ideología del Presidente Mao.

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