La jueza y la bandera
Voltaire
Es una suerte que en este país haya jueces con ojos avizores, atentos a cualquier violación del derecho, a toda trasgresión de las normas, al menor vilipendio de símbolos sagrados, a la más insignificante alteración del orden. Saberse cuidado por la autoridad tranquiliza. No en todas las latitudes se encuentran magistrados insobornables, capaces de detener a quien comete la imperdonable ofensa de prender fuego a la bandera de un país.
Que los encargados de impartir justicia estén imbuidos de semejante celo nos permite aguardar el futuro con optimismo. De aquí en más podemos esperar que todos los derechos solemnemente consagrados en la Constitución de la República sean ejercidos de hecho. La jueza Aída Vera Barreto es la punta de lanza de una cruzada que impondrá la tolerancia cero en todos los rincones del país y en todos los ámbitos de la vida social. Ninguna ley será violada, ningún derecho será pisoteado, todos los niños recibirán educación, la libertad de expresión reinará en todo el Uruguay, el derecho a tener una vivienda digna será cumplido a rajatabla, los presos recibirán un trato digno y se reinsertarán en la sociedad, los trabajadores tendrán un ingreso decoroso y sus derechos serán escrupulosamente respetados. He aquí el inequívoco mensaje de la jueza Vera Barreto cuando ordenó la detención de un ciudadano por quemar una imitación (en papel) de la bandera de Estados Unidos.
La señora se tomó muy en serio su misión de guardiana del derecho a ofenderse de millones de ciudadanos potencialmente vilipendiados por la quema de su bandera en una calle perdida del hemisferio sur. Deberíamos apreciar como se debe esta vocación por hacer respetar la ley. A simple vista, su disposición a escudriñar con lupa las grabaciones de los episodios callejeros que concluyeron con la quema de la bandera de Estados Unidos y su orden de detener al pirómano parecen un exceso. Pero no nos engañemos: si hubiera más magistrados de su estirpe no asistiríamos a tanto caos y libertinaje. No importa que sean anacrónicas o injustas, ¡las leyes están para cumplirse! Gracias a la magistrada Barreto –y al artículo de una ley vetusta que ha rescatado del olvido– sabemos ahora que podría incurrirse en delito aunque no haya habido daño a propiedades o personas. Algún día se le reconocerá su labor pionera en la tarea de proteger, no los derechos, sino el alma de los patriotas estadounidenses y del mundo entero (puesto que es de esperar que la señora jueza reaccionará con igual prontitud si los pabellones pasto de las llamas son los de Burkina Faso o Uzbekistán) cada vez que alguien ofende con un gesto o una crítica sus convicciones nacionalistas. Tanto celo ha puesto la señora jueza en esa tarea que la ha emprendido sin que antes apareciera quien alegara daño; alguien que dijera, por ejemplo, “yo me he sentido ultrajado por la quema de esa bandera”.
Es que para la señora Barreto el sentimiento patriótico y el respeto por los fetiches adheridos a él no necesitan probarse, son eternos y universales, sagrados. Será por eso que están por encima de cualquier otro derecho, especialmente del derecho a la libre expresión. ¿En nombre de qué principio jurídico, si no, puede “imputarse” a quien no atentó contra ninguna persona ni propiedad? Quemar un papel que imita la bandera de un país (quemar incluso la propia bandera de ese país) sólo puede ser un indicio de delito para quien cree que el buen nombre de la patria (de cualquier patria) es un bien absoluto. Para la doctora Aída Barreto la ley no está para proteger derechos, sino para evitar las críticas, las ironías y los sarcasmos a creencias, tradiciones, ideas. ¡Cuántos problemas nos hubiéramos ahorrado a raíz de la publicación de las caricaturas sobre Mahoma si nuestra magistrada hubiera tomado cartas en el asunto! Hubiera citado a indagación a todos los editores que las publicaron por la presunción de estar ofendiendo a algunos musulmanes.
Me pregunto qué haría la jueza para proteger a cualquiera de los muchos que en estos tiempos podrían alegar un supuesto “derecho” a que no se vilipendien sus convicciones morales, ni se desprecien sus tradiciones ni se critique su fe (y al paso que vamos, a que nadie se burle del estilo de su vestimenta). O qué haría con quien abomina de las patrias y decide ejercer el derecho a expresar su desacuerdo con la existencia de Estados nacionales quemando las banderas de todos los países del mundo, porque esos fetiches agreden y vilipendian su convicción de que la condición humana debe estar por encima (muy por encima) de la condición de uruguayos, marroquíes o mexicanos. ¿Lo enviaría a la cárcel por ese gesto? ¿O decretaría el fin de las patrias para evitar que se vilipendie la sensibilidad cosmopolita y universalista de nuestro anti-patriota? ¡Qué duda hamletiana!
Los impacientes de siempre se quejarán de que el rigor de la jueza Vera Barreto con quien no ha cometido delito alguno, sino una ofensa incierta, no es el mismo que se suele emplear con las violaciones de auténticos derechos. Pero por algo se empieza, señores.
Respuestas
Los hechos fueron peores de lo que expone Voltaire. Según palabras de la propia ministra del Interior, la jueza se adelantó a la quema y le advirtió que si se incurría en ese delito, que efectivamente existe como tal, procediera a la detención. (Es sabido que hace años se queman en diversas marchas banderas yanquis y nadie hace nada al respecto). Por eso había en la marcha una cantidad exagerada de policías de civil y por eso se procedió a la detención inmediata, in situ, del quemador.
Lo más llamativo, sin embargo, es cuál de los varios quemadores de papelitos (para eso habían sido repartidos y varios lo hicieron) fue seleccionado como delincuente ejemplar: un hombre que estuvo detenido 12 años durante la dictadura, en razón de su militancia política.
La marcha en cuestión era para solicitar la liberación de un preso por otro delito que también existe en nuestra legislación y deja bastante que desear, el de sedición, más cuando fue aplicado por romper la vidriera de McDonald’s. Que un atentado a la propiedad privada –bastante menor, por cierto: ¡un vidrio!- se caratule como delito de sedición es espeluznante. Especialmente en este país, con la historia que arrastra.
Unos amigos cincuentones que quemaron una cuantas banderas en sus años mozos están con ganas de organizar la siguiente movilización: ir de a grupos de diez a la comisaría del barrio a auto-denunciarse como quemadores de banderas en el pasado.
Otra propuesta es organizar una marcha con las banderas que alguna vez hayamos embanderado (la del cuadro de fútbol, la del partido, la de la agrupación, etc.) y quemarlas. Si se quiere, después se puede sacar unas banderas iguales y volverlas a enarbolar. Algo así como reapropiarse del valor que se le da al símbolo: lo decide cada uno, no un juez. ¿Alguien se anota?
Autor: fer | Abril 28, 2007 6:30 PM
Lo que me pregunto es si la responsabilidad es de la jueza, que se pasó de severa y más realista que el rey, o de la ley. O de las dos? Qué tiene que hacer un juez cuando tiene que aplicar una ley estúpida, anacronica y manifiestamente injusta.
Autor: alvaro | Abril 30, 2007 7:29 PM
Está claro que la ley es anacrónica y que debería derogarse (hasta la Corte Suprema de EEUU declaró que la quema de la bandera de un país no podía considerarse delito porque formaba parte de la libertad de expresión).
Pero tambien es cierto que la jueza tomó la iniciativa de APLICAR esa ley, que actuó de oficio, sin que mediara denuncia de parte. Esto me hace pensar en las motivaciones que pudo haber tenido para reaccionar de esa manera.
Yo no suelo analizar las cosas en términos conspirativos, pero la decisión de la jueza va en sentido totalmente opuesto a la política del gobierno en esta materia, que en general prefiere abstenerse de reprimir a los que queman banderas y rompen vidrieras. Con bastante sensatez el gobierno intuye que la "represión" es lo que están buscando los radicales quemadores de McDonalds y no va a hacerles el juego.
Parecería que la jueza quiere crearle problemas al gobierno.
Autor: ricardo | Mayo 2, 2007 12:26 PM
Como bien decís estimado Voltaire, es un alivio sentirse protegidos por verdaderos paladines de la justicia. Aunque debo confesar que la tranquilidad que me inspiró Vera Barreto al actuar con la firmeza y celeridad que una ofensa de esa magnitud ameritaba, se vió turbada pocos dias después.
En el programa de Igual a Igual que conduce Omar Gutierrez, el ex tupamaro Jorge Zabalza quemó esta vez no un papelito sino una mismísima bandera de tela de EEUU.
Mientras Omar Gutierrez improvisaba un malambo para evitar que las llamas se propagaran por el resto del estudio le pregunta porqué quemaba una bandera de los EEUU. A lo que Zabalza contesta: porque no tengo dos.
Que yo sepa ni Zabalza (autor material de un delito que ya todos nos enteramos que existe) ni Gutierrez (cómplice evidente ya que fue su producción la que le dio la banderita) fueron en cana ni citados a declarar.
Ya ves Voltaire, una golondrina no hace verano, y vamos a necesitar de muchos mas jueces como Aída para acabar con tanto caos y libertinaje.
Autor: sissi | Mayo 3, 2007 6:39 PM
Zabalza fue denunciado inmediatamente, no recuerdo bien por quién, creo que un diputado blanco, da lo mismo.
Tampoco recuerdo a qué juez le llegó la denuncia, pero éste decidió pasarle el caso a Aída Vera (¿especialista en quemas de banderas?). Aída Vera dijo que no se iba a ocupar ella, y se lo mandó al juez de turno correspondiente.
El propio Zabalza comentó al respecto, en la diaria, que el caso "era un fierro caliente".
Supongo que es fácil averiguar en qué está.
Además, sissi, si te parece que corresponde, ¿por qué no hacés vos la denuncia? Fuiste testigo presencial, ¿no?
Autor: fer | Mayo 3, 2007 7:00 PM
Vivimos un período en el que la violencia del estado se acepta porque proviene del que llegó para arreglarlo todo. La violencia del estado no se mide solamente por la cantidad de palos que se dan (aunque si la dejaran a esta ministra andaría repartiendo palos y balines de goma como si fueran maná del cielo), sino también por el afán de orden que nuestros socialdemócratas del tipo primitivo, nucleados en el PS, creyeron interpretar de los manuales que les mandaron de Noruega en los años cincuenta.
Por una zancadilla del destino, el PS está a cargo de todo el aparato armado y las relaciones exteriores el Estado. Y a todos ellos les gusta dar palos. Quieren convertir al Uruguay en un paraíso nórdico, pero con policías (y ministras) charrúas.
La forma en que se dirige Daisy Tournier a la población, es abominable. Nos desprecia a todos con su pinta abacanada, sin reparar que todavía no demuestra más que ser un poco más reaccionaria que sus predecesores, de todos los partidos.
El país se llena de inspectores de todas clases, vigilando que no fumemos, que no tomemos, que no quememos llantas el día del Natalicio del Artigas, que no tomemos "drogas", y que en general nos comportemos según las reglas del Partido Socialista de Ucrania.
Espero que el próximo presidente relegue a esta gente a tareas de inteligencia militar, porque seguramente tendrán mucho que aportar.
Autor: Mendieta | Septiembre 7, 2007 3:13 AM
Te corrijo, Mendieta: no te olvides que los latas son "socialistas con alpargatas"!
Ellos siguen solitos sus propias reglas!
Autor: la petisa | Septiembre 7, 2007 4:55 AM