Rituales
Voltaire
En la retórica de los políticos uruguayos nunca falta una muestra de su recurrente inclinación a visitar el pasado. Están convencidos de que mentando dudosas glorias pasadas deleitan al pueblo llano. Nuestro presidente es el primero en entregarse a esos rituales cada vez que tiene la oportunidad. Esta vez le tocó el turno a la gesta de Maracaná, un hito en el camino de la consolidación de la orientalidad.
Montevideo tendrá dentro de pocos meses una nueva obra de grandes proporciones, la llamada Ciudad de los Niños, que se erigirá junto al Montevideo Shopping, uno de los cuatro grandes templos al consumo con que cuenta la ciudad. Sus promotores sugieren que será un territorio en el que nuestros infantes aprenderán a ser adultos, a interrelacionarse con sus semejantes, a ser ciudadanos, en suma. Tiene un nombre algo sospechoso –el Shopping de los Niños–, pero esto no parece inquietar a casi nadie.
Parece que se acaban los años de desvarío posmoderno. En todas partes. Hasta París tiene un límite para acoger charlatanes. En la mudanza, no pocos "humanistas" en período de desintoxicación, con el mismo arrobo con que se encandilaron con deconstrucciones y otros delirios, vuelven su mirada hacia las ciencias naturales. Bienvenida sea la marea si deposita algún sedimento de claridad y de cordura.