La "solución" al problema de los niños de la calle
Voltaire
Un fiscal de la República pidió hace un par de semanas a un juzgado que el organismo estatal responsable de velar por los derechos de los niños en este país se hiciera cargo de los menores que viven en la calle. Conmovida por el descubrimiento de que entre 3.000 y 4.000 niños uruguayos encontraron en la calle una forma de supervivencia acaso menos penosa que la que padecían en sus “hogares”, la jueza ante la que se hizo la demanda dispuso que el INAU emprendiera la piadosa y civilizada tarea de barrer a los menores de las plazas y avenidas de Montevideo y los internara en instituciones del Estado.
Una campaña publicitaria nos anuncia el inminente alumbramiento del nuevo Sistema de Transporte Metropolitano. Nada interesante se encuentra en ella ¡pero tiene logo! Es un poco tarde para patalear o para reflexionar sobre el emprendimiento, ya que el pescado está totalmente vendido (las autoridades no dieron esta vez lugar a la mitificada “participación” popular). Nunca es tarde, sin embargo, para patalear "en general".
En estos días hemos vuelto a recordar a otra víctima de la brutalidad y la ignorancia de los tiranos: el libro. Ya sabíamos que el libro era una compañía indeseable para los dictadores y que sus poseedores eran tratados como acopiadores de armas de destrucción masiva (quién no se vio alguna vez en la necesidad de tener que ocultar un libro como se oculta una desvergüenza). Pero ahora sabemos más: los ministerios de Defensa e Interior acaban de anunciar que en sus depósitos y sótanos se acumulan miles de libros secuestrados durante los allanamientos de aquellos años.