Che Guevara que estás en los cielos
Voltaire
Cada aniversario del asesinato del Che Guevara es una ocasión para que se le rinda culto y devoción, incluso para que algunos lo eleven a la categoría de santo. A cuarenta años de su muerte puede decirse que la figura del Che Guevara ha sido deshumanizada e instalada fuera de la historia, como ocurre con todos los próceres.
Por razones fácilmente comprensibles, la ritual celebración de los últimos años ha sido ocasión para que proliferen artículos y ensayos sobre un fenómeno particular: la trivialización y mercantilización de la figura del “guerrillero heroico”. La indignada denuncia de este uso espurio de un líder revolucionario, cuya preocupación primordial habría sido enterrar el capitalismo, lleva implícita la idea de que hay un Guevara de escaparate, de consumo masivo --el impreso en llaveros, postales y camisetas, que habría sido domesticado y convertido en políticamente correcto-- y un Guevara “auténtico”, el de las esencias revolucionarias, que el puro negocio se habría propuesto ignorar. Estas líneas pretenden ocuparse, pues, del auténtico Guevara.
Los escandalizados por la versión soft del Che que propaga la industria no se cansan de destacar un aspecto que consideran central en su biografía: la coherencia entre pensamiento y acción, la insobornable fidelidad a sus ideas, el heroísmo con el que se entregó a la causa revolucionaria, que le llevó incluso a sacrificar su propia vida. Puede entenderse este enfático señalamiento en medio de cierta frivolidad imperante, pero nada excepcional hay en esos caracteres del Che Guevara. Desde tiempos inmemoriales ha habido hombres y mujeres que fueron capaces de defender sus convicciones aun en las circunstancias más adversas. Cada día asistimos a actos de heroísmo, incluso al martirio, en nombre de las causas más diversas y estrafalarias, reaccionarias incluso. Se lo puede formular así: la inmolación por una causa nada nos dice de los méritos (ni de los deméritos) de esa causa. Militares fascistas, sacerdotes de todos los credos, políticos liberales, fanáticos de todas las ideologías y miembros de todas las sectas han sido y siguen siendo capaces de dar la vida por los dogmas que abrazaron. De modo que por muy auténtico que haya sido, nada de excepcional hay en este aspecto de la vida del Che Guevara.
Pero mucho más importante que la falta de originalidad de tales rasgos es que no merecen que se los convierta en virtudes. El valor, la bravura y las agallas suelen ser virtuosos para quien cree que no hay nada que pensar, discutir ni pactar --que es lo propio de la política--, porque está persuadido de que la senda está trazada y sólo hay que recorrerla. Pero como ya dijera Juan Carlos Onetti, un hombre valiente y con fe es tan peligroso como una fiera herida. Es que los profetas convencidos de que están en el mundo para cumplir la misión de anunciarnos el advenimiento de una nueva era (sea en versión laica o religiosa) suelen subordinarlo todo, incluida la vida propia y las ajenas, a la realización de sus profecías.
No estoy sugiriendo que el doble rostro de un Che romántico y austero y un Che fanático y despiadado que ponen en evidencia numerosos episodios de su vida esté revelando una impostura. Todo lo contrario: hay una coherencia absoluta entre la austeridad del Che, su entrega, su disciplina espartana, su culto del sacrificio, su desprecio de los privilegios que tenían los miembros de la nomenclatura cubana, su implacable determinación de inmolarse si fuera necesario y su convicción de que cualquiera que fuese el tributo que demandara la causa revolucionaria estaba justificado. Los apóstoles de todos los credos están convencidos de que el fin justifica los medios. El Che es apenas uno de los tantos ejemplos disponibles de individuos que creyeron que sus semejantes eran “combustible de la historia”, que la revolución no puede andarse con remilgos humanistas. Lo preocupante de los que están dispuestos a morir por un ideal, y nunca se insistirá lo suficiente en esto, es que también suelen estar dispuestos a matar. Y el Che también fue un ejemplo de ello. Y no a su pesar, como pretende la leyenda del revolucionario idealista. En un mensaje de 1967 a la Tricontinental hace el elogio de “el odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar".
La paradoja de quienes se indignan con la perversa amputación que habrían hecho los mercaderes de la figura del Che es que, salvo una ínfima minoría, tampoco ellos defienden explícitamente la vigencia de su incierto pensamiento, y a su manera también se quedan con el Che de las "buenas intenciones". Pero no se puede divorciar el dudoso idealismo del Che, que según muchos seguiría vigente, de sus ideas políticas, que pocos se atreven a reivindicar en público.
Su actividad e ideas políticas marcaron una época, dividieron las aguas de la izquierda y condujeron a miles de jóvenes latinoamericanos a empuñar las armas en selvas y montañas, donde encontraron la muerte o padecieron la indiferencia de quienes en el imaginario guevarista estaban llamados a sumarse a su rebelión. Quienes aún hoy se ufanan de ser sus herederos deberían, pues, ser los primeros en negarse a confinar sus primitivas ideas políticas a los archivos del departamento de historia de alguna Facultad o a conservar únicamente al Che impoluto, el de las buenas intenciones. Deberían defender su ideario en la arena pública.
Cuando me refiero a sus ideas, no estoy pensando únicamente en su aspiración a una sociedad más justa y libre, sino también a las formas de acceder a ella. Ambas cuestiones son inseparables en cualquier estrategia y teoría del cambio social. Dado que entre los muchos que aspiran a desterrar la injusticia y la opresión de este mundo hay más desacuerdos que acuerdos (como ocurre incluso entre los que descreemos que tan loable propósito pueda alcanzarse cabalmente bajo el capitalismo), las ideas acerca de cómo lograrlo son acaso tan o más importantes que el mítico lugar de arribo, en el que al parecer nos instalaríamos por los siglos de los siglos. Afirmar que se comparte el ideal del Che Guevara de una sociedad justa e igualitaria (una afirmación nada sencilla de sostenerse por cierto) y al mismo tiempo desentenderse de la discusión sobre cómo acceder a ella es afirmar una perfecta banalidad, que todo el mundo podría suscribir. Proclamar que se está en contra del estado actual de cosas y apelar a la mera voluntad para superarlo se parece más a una ensoñación que a un posicionamiento político. Aquí reside precisamente la diferencia entre las buenas intenciones y una política fundada en argumentos que expliquen quiénes, por qué y cómo emprenderían ese cambio radical de la sociedad. En el caso del Che se echa en falta la segundo o, más precisamente, cuando intentó ponerse a la altura de ese desafío desembocó en un delirio teórico y en una tragedia práctica.
¿Qué queda, pues, del Che si se lo despoja de su aura romántica y heroica?, ¿hay algo que rescatar de su legado para la acción política en los tiempos presentes? Después de haber leído buena parte de sus escritos y mucho de lo que otros han escrito sobre su “pensamiento”, creo que nada. Quienes pretenden lo contrario, dirán que su idea del socialismo (“hombre nuevo” incluido) y su teoría de la guerra revolucionaria han sido aportes originales al desarrollo del ideario socialista. Ninguna de las dos son inventos del Che Guevara, hay que decirlo.
El Che Guevara, al igual que Stalin y Mao, tenía una idea completamente mistificada del socialismo; estaba convencido de que en Cuba se estaba construyendo una sociedad sobre bases enteramente diferentes a la capitalista. (No voy a repetir aquí mis argumentos de por qué pienso que Cuba no es una sociedad socialista, porque ya lo he hecho en otro texto en este mismo blog, al que remito a quienes estén interesados en el tema.) Creer, como creían el Che, Mao y Stalin, que era posible un archipiélago socialista en un océano capitalista hubiera hecho sonrojar a su supuesto mentor ideológico, el señor Karl Marx. Precisamente esa ilusión fue la que condujo a erigir los opresivos regímenes que imperaron e imperan en el llamado socialismo real, porque sólo por la fuerza puede fundarse (intentar fundarse más bien) un régimen para el cual no están dadas las condiciones económicas, sociales y culturales. Pretender instaurar un orden que no esté regido por las determinaciones de la producción mercantil en un país atrasado desde el punto de vista del desarrollo capitalista, sometido a la tiranía de la necesidad, y en particular cuando en los países más desarrollados impera una economía de mercado, es una gigantesca quimera. Y a ella se aplicaron tanto los revolucionarios cubanos como rusos y chinos. Al menos al principio, puesto que una vez consolidadas sus respectivas dictaduras sospecho que tenían plena conciencia de que aquello no era el “paraíso socialista” que evocaban.
De más está decir que el Che jamás despertó de ese sueño. Ni siquiera cuando el mismo ya se parecía a una pesadilla. De ello dan cuenta su fracasada pretensión de que los intercambios comerciales entre países “socialistas” no estuvieran regidos por estrictos cálculos de costos de los bienes intercambiados y su famosa teoría de los estímulos morales para aumentar la productividad de los trabajadores cubanos, que era una de sus obsesiones. (“hay que aprovechar hasta la última partícula de trabajo que se pierde del hombre. El socialismo es la racionalización del trabajo. No se trata de la explotación, de exprimir al obrero, sino de que el obrero consciente de sus deberes (…) vaya haciendo más racional su trabajo”, escribió en febrero de 1964). El “hombre nuevo”, al que el Che Guevara quería dar forma como se le da forma a una figura de plasticina, faltó con aviso. Y no podía ocurrir otra cosa en una isla monoproductora de caña de azúcar en la que el trabajo suministrado por cada uno siguió siendo la medida de lo poco que se podía adquirir en el mercado.
Eso no lo empujó a revisar sus consideraciones sobre la Unión Soviética y Cuba, a las que siguió considerando sociedades socialistas, lo que da cuenta de forma más que elocuente del tipo de sociedad justa y libre que tenía en la cabeza el “romántico” guerrillero. En su desvarío, Guevara llegó a sugerir en un artículo que en Cuba se podía comenzar a caminar hacia el comunismo.
El Che jamás se apartó de la ortodoxia, a pesar de que algunos quisieron creer que detrás de sus tímidas críticas al burocratismo soviético se ocultaba un trotskista tropical. Otro tanto puede decirse de la supuesta oposición entre un Che libertario y un Fidel prosoviético, de la cual no hay más que especulaciones y conjeturas, pero ningún documento, dato o testimonio que la confirme.
La idea de revolución como acto fundante de una nueva era, que buena parte de la izquierda latinoamericana consideró una seña de identidad del castrismo/guevarismo tampoco es demasiado original. En verdad, se la debemos a los revolucionarios franceses del siglo XVIII. De allí nació la creencia de que existe una relación necesaria entre una revolución política y un nuevo orden social. Pero ni la revolución francesa creó el capitalismo en Francia ni las revoluciones rusa y cubana crearon el socialismo. En verdad la descomposición del orden feudal, que la hizo posible, comenzó mucho antes de la revolución francesa y el despliegue definitivo del “orden burgués” insumió la mayor parte del siglo XIX y bajo gobiernos no siempre “revolucionarios”. Los revolucionarios rusos y cubanos derrocaron tiranías más o menos arcaicas pero sucumbieron ante el desafío de crear una sociedad nueva.
La confusión tal vez provenga de ese dogma guevarista consistente en que las aguas que separan a los que quieren cambiar el mundo de los que supuestamente se habrían resignado a mejorarlo pasan por esos conceptos clave: revolución, toma violenta del poder. De esto sabemos mucho en América Latina y en particular en este país, donde una guerrilla urbana consideraba que su carácter revolucionario y el reformista del Partido Comunista, con el que después de todo compartían las mismas ideas, residía en la actitud de unos y otros frente a la lucha armada. “Cambiar el mundo”… he aquí una consigna seductora propia del pensamiento revolucionario que merecería unas cuantas precisiones. No las voy a hacer ahora, pero al menos permítanme impugnar la creencia de que esa hercúlea tarea es posible si un grupo de ‘cambiadores del mundo’ se apodera del aparato administrativo del Estado y empieza a diseñar una nueva sociedad a golpe de decretos y encarcelamientos de contrarrevolucionarios.
La toma del poder –una obsesión casi excluyente en la vida y la obra del Che– puede terminar con una dictadura, con una casta burocrática e instaurar un régimen político diferente, pero no puede ponerse por encima de la historia y crear abundancia donde reina la necesidad, no puede inventarse un sujeto revolucionario ni imponerle motivaciones y deseos a los individuos para que luchen por lo que a todas luces no quieren luchar, ni puede, en fin, crear por decreto la cultura social de la que tal vez algún día podrán (o no) emerger individuos interesados en relacionarse entre sí como seres autónomos y no como piezas de un engranaje abocado a producir y consumir. Claro que esta segunda perspectiva la pueden asumir únicamente quienes saben que las grandes transformaciones culturales, sociales y económicas son el resultado de lentas mutaciones históricas, a las que suelen ser indiferentes los héroes con mayúsculas como el Che. No es que la política no tenga nada que hacer para estimularlas, o incluso acelerarlas, pero las iniciativas en esa esfera deben estar ancladas en lo real, de lo contrario son puras ensoñaciones de la voluntad.
Si estas consideraciones no fueran suficientes para refutar la vigencia del pensamiento del Che, queda la evidencia de que apoderarse del aparato administrativo de un Estado nacional (si en eso consistiera la sacralizada toma del poder) nada garantizaría. Es que vivimos en una época en la que esos mismos Estados nacionales, atados al territorio como los siervos a la gleba, se han revelado impotentes para sustraerse a los imperativos de una economía globalizada para la que las fronteras no constituyen obstáculos.
El corolario de sus intuiciones revolucionarias (que no otra cosa era el llamado pensamiento del Che) fueron los manuales de guerra de guerrillas y sus aventuras en el Congo y Bolivia, alimentadas por la fantasiosa esperanza de que la carambola de la historia que fue la revolución cubana podía repetirse. Curiosamente, esos episodios de su biografía son los que más perduran y los que han hecho del Che el ícono que sigue siendo en nuestros días. Resulta curioso no porque desembocaran en monumentales y trágicos fracasos, sino porque incluso en su momento quienes no tenían la arrogante omnipotencia del Che ya sospechaban que los fundamentos políticos de esos proyectos eran de una pavorosa fragilidad y que ignoraban casi todo acerca de las sociedades que pretendían transformar.
La idea inherente a su teoría foquista de que un grupo decidido de luchadores podía convertirse en la chispa que encendería la mecha de la revolución es una de las teorías más disparatadas que ha concebido la izquierda en el mundo (y ha concebido unas cuantas). En América Latina llevó a la muerte a miles de militantes cuyas energías hubieran sido mucho más fecundas en otros quehaceres. De su andadura por el Congo quedan algunos relatos de la indiferencia y el pasmo que suscitó su presencia. Y en Bolivia experimentó más la delación que el fervor revolucionario que, contra cualquier consideración razonable, esperaba de los campesinos de ese país. En el resumen del mes de abril de 1967 de su diario boliviano puede leerse: “… la base campesina sigue sin desarrollarse, aunque parece que mediante el terror planificado lograremos la neutralidad de los más, el apoyo vendrá después”.
Después de este sumario recorrido por los dos grandes aportes teóricos del Che, queda en pie la pregunta de si acaso el Che canonizado por sus apologistas de izquierda no estará tan alejado del auténtico como lo está el ícono que se usa para vender camisetas.
Respuestas
te voy a hacer un elogio guevarista que tal vez no te guste: te felicito por el coraje y las agallas de decir estas cosas, que es imprescindible decirlas.
Puede herir la sensibilidad de la gente que lo convirtiò en mito, pero hay que decirlas. Hizo mucho disparate ese tipo.
Autor: alvaro | Octubre 31, 2007 7:34 PM
Querido Voltaire, cuántas palabras para tratar de que no sintamos el erotismo y la pasión del Che, como de Alejandro el Magno, como de James Dean.
Ojalá hubiese diez, mil, un millon de Ches en el Mundo, lo humano que él tenía, y todo lo demás...
Perdoname que te cambie el tema o te baje el nivel.
Autor: liliana | Noviembre 1, 2007 6:08 PM
El otro asunto que marca centralmente el "pensamiento" del Che Guevara fue su concepción sobre la llamada "liberación nacional". Se trata de un componente clave, porque si de lo que se trataba era de liberar a los países latinoamericanos del imperialismo o del neo-colonialismo, entonces la guerra revolucionaria de "liberación nacional" estaba plenamente justificada y era coherente con la teoria del foco. No es casual que el grueso de los movimientos guerrilleros se denominaran de "Liberación Nacional". Esta concepción justificaba muchas cosas: liberar a la patria, castigar a los vendepatrias, crear uno o varios vienams, etc., es decir, descolonizar y echar a los colonialistas. Esta concepción fue uno de los grandes disparates de personajes como el che guevara, que consiguieron retrasar una cuantas décadas el progreso del continente. La teoria de la dependencia venia a afirmar que seguiamos siendo paises-colonias y que la unica forma de dejar de ser colonias y ser "libres" era rompiendo las amarras con el capitalismo, y construir el socialismo. Un pais tuvo exito en construir el socialismo por el que luchaba el Che: Cuba. Es hoy uno de los paises mas pobres de América Latina, solo superado por Haití. Antes de la revolución estaba entre los cuatro países mas desarrollados de América Latina.
Autor: espino | Noviembre 2, 2007 7:17 PM
Está perdonada, Liliana, completamente perdonada. No pretendía en absoluto privarla del erotismo, la humanidad (y todo lo demás) que usted dice que tenía el Che. Cada cual puede inspirarse en quien quiera. Incluso en James Dean y Alejandro el Magno.
Lo que pretendía es que no nos pasen gato por liebre, como ocurre cuando se intenta pasar a un aventurero neo-stalinista. por un libertador. ¿Sabía que el Che firmaba Stalin II cuando quería hacerse el ocurrente?
Suyo, Voltaire
Autor: voltaire | Noviembre 2, 2007 8:09 PM
"seamos realistas, hagamos lo imposible" dicen que dijo el Che alguna vez. Quizá era consciente de su delirio...
A mi me va el Che, pero como me va Jim Morrison o cualquier mito de esos. Y en este mundo tan banal, donde el Che quedó diluido a tres o cuatro frases, bueno, el tipo toca ideales que son vendibles a cualquiera, y montado en "esa" foto de Korda es imbatible.
El tema es el "otro" Che, tan real como el primero, poco importa. Y no es su culpa, el quizá estaría frustrado en este mundo que no tiene ni tiempo ni interés en leerlo, sólo en tener su camiseta.
Salvando las distancias pasa algo similar con el Quijote. Cuánta gente lo leyó realmente???
Ahora, el Che, para ser un tipo tan viajado y tan comprometido, no "vio" nada, de otra forma se hubiera dado cuenta de que su idea de los estímulos morales y otras no pueden funcionar nunca. Lamentable pero cierto. Basta leer dos minutos a Hobbes para entender eso.
Es decir, hay dos formas de lograr que funcionen: se puede obligar, como hizo el amigo Pol Pot... o tener en cuenta como bien decís que "las grandes transformaciones culturales, sociales y económicas son el resultado de lentas mutaciones históricas, a las que suelen ser indiferentes los héroes con mayúsculas como el Che".
Quizá eso sea el Che, un átomo del gérmen de una lenta mutación histórica...
abrazo
Autor: TLP (espero te des cuenta quién soy) | Noviembre 2, 2007 10:49 PM
no se....es fácil ahora, a 40 años de muerto, y con todo lo que ha pasado en el mundo, hablar sobre el Che, sobre sus ideas y filosofía, y sobre todo, discrepar con ellas sin sentirnos traidores a las ideas "izquierdistas". Hace poco leí que como persona era muy cruel, que fue uno de los revolucionarios que más individuos mató.
Creo que el Che terminó representando lo más puro del espíritu disconforme de la juventud. Y cuando digo disconforme, lo hago en el más amplio sentido de la palabra. A ningún joven (incluida yo hace 20 años) se le ocurre mirar ni juzgar los aspectos más mezquinos de su vida. (por ejemplo, dejar a sus propios hijos siendo prácticamente bebés por "la " revolución.) Hoy, transcurrida ya la mitad de mi vida, estoy convencida que el tan mentado "hombre nuevo" debería haber empezado los cambios revolucionarios por sus actitudes en la vida cotidiana...
Sin embargo.....cómo me hubiera gustado haber sido lo suficientemente grande para poder verlo y escucharlo en la explanada de la Universidad!!!
Autor: la petisa | Noviembre 3, 2007 3:03 AM
Las críticas de Voltaire al Che son las mismas que hace la derecha, aunque algunos se puedan llegar a confundir porque tiene un lenguaje de izquierda. Parece que el Che era más malo que un alacrán. Ahora es fácil decir todo lo que se dice en el articulo, pero por qué no lo vistes hace 40 años. No tiene mucho sentido juzgar con nuestros valores actuales a personas y actitudes de hace tanto tiempo.
El Che luchó por lo que le parecía justo, por supuesto, se pudo haber equivocado, pero estos ataques son reaccionarios. Por lo menos luchó, otros se quedan con el socialismo perfecto pero no hacen nada, como vos. Creo que merece más respeto. La historia le dará la razón. Y ustedes quién los conoce para andar dictando cátedra?
Autor: tania | Noviembre 3, 2007 12:51 PM
tania:"no tiene mucho sentido juzgar con nuestros valores actuales a personas y actitudes de hace tanto tiempo", perdoname pero es lo mas opuesto a las innovaciones que se me ocurre y casualmente esa es la definición de reaccionario.
Parte del avance del conocimiento supone poder entender si con los criterios o valores de cada época los hechos, pero justamente al revés de como sugerís, reverlo con nuestra propia mirada.Poder cuestionar, criticar, tomar lo que sirve e intentar entender y revertir los errores.
Si no podemos tener una visión crítica hacia la historia y sus protagonistas, entonces cerrá y vamos...
Por otro lado, esto no es una cátedra, apenas es un blog donde se puede transitar libremente. Podés criticar, por supuesto, es fácil. De hecho yo me he calentado varias veces con opiniones o disparates dichos en este mismo lugar, pero no pidas credenciales más allá de lo que se dice, en un sitio donde el anonimato es la clave.
liliana, podría agregar algún vivo a su lista de héroes eróticos, pero igualmente adhiero a su visión pasionaria. Por supuesto ante la pasión o el erotismo, no hay verba por más inflamada que esté que se le pueda oponer. Juegan en ligas diferentes.
Saludos
Autor: sissi | Noviembre 3, 2007 3:09 PM
TLP, creo que sé quién sos, pero más importante que tu identidad es lo que decís. Si te va el Che como te va Jim Morrison “o cualquier mito de esos”, no tengo nada que decir ni cuestionar. Cada cual elige sus propios mitos (hay gente que cree en Dios y otros que tiran el I Ching). Ahora, cuando no se habla de elegir mitos, sino de la VIGENCIA del “pensamiento” político del Che Guevara, como pretenden aún hoy miles de personas, tengo derecho a criticar esa pretensión en el mismo terreno, en el de la política. Y no veo por qué hay gente que se enoja (no estoy diciendo que sea tu caso obviamente) cuando uno se muestra crítico respecto a ese mismo pensamiento político. Lo curioso, sin embargo, es que quienes se enfurecen y denuncian el uso espurio del Che por parte de los mercachifles no dicen una palabra en defensa del auténtico Che. ¿Qué sería lo importante del Che en nuestros días? ¿Por qué no nos lo explican? ¿Será que no tienen ni idea de lo que dijo e hizo el Che?
Petisa, dos cosas: 1) “sentirse traidores a las ideas izquierdistas”, decís… pero yo creo que uno no debería ser fiel a una persona, a una imagen, a un mito, a una narración. Un verdadero subversivo no debería tener miedo a enfrentarse a las sagradas escrituras ni a las “ideas establecidas” por el canon izquierdista, como si fueran intocables. Esa es una actitud que parece más propia de conservadores que de alguien que quiere impugnar el orden existente. Yo no veo nada de izquierda en quienes le rinden pleitesía a la “palabra revelada de una vez para siempre”, temerosos de que apartarse de “lo conocido” los conduzca a coincidir con “el enemigo”. Esa es una forma bastante peculiar de pensar, de no-pensar en realidad, porque quien asume ese tipo de posiciones, como Tania, no piensa por sí misma, sino que se define por oposición a lo que dicen otros, es un esclavo. Por lo demás, tampoco creo que seguir pensando lo mismo, es decir “ser fiel” a las ideas que uno tenía 10 o 20 años atrás, sea un mérito del que haya que enorgullecerse. Tal sería el caso si uno está convencido de que esas ideas están vigentes, de lo contrario estamos más bien ante un caso de tozudez. Pero la vigencia de esas ideas hay que demostrarla (cosa que no se hace cuando ante la disidencia intelectual gritamos “¡a la hoguera!”). O sea, lo que decís funcionaría si estuviera demostrado que la senda está trazada y que nos la mostró el Che.
2) A cuarenta años es fácil hablar del Che. La afirmación sugiere que es fácil acertar el resultado de un partido del domingo con el diario del lunes, y que esa tarea, además de tramposa, es inútil, porque no se puede juzgar la historia, que es lo que hacen algunos cuando condenan a un emperador romano con los valores modernos, por ejemplo. La historia, antes que nada hay que entenderla. Y creo que efectivamente es así. No tendría sentido, por ejemplo, denunciar a Nerón porque no respetó la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 o a Colón porque era machista y no tuvo en cuenta la discriminación de género. Sería un ejercicio inútil, naturalmente. El juicio moral es pertinente cuando una persona hizo lo que hizo pero pudo haber hecho una cosa diferente… y es obvio que entre las posibilidades de Nerón no estaba afiliarse a Amnesty International.
Ahora, no creo que tal sea el caso del Che. En primer lugar porque el Che es un hijo de la modernidad, actuó en medio de los (ahora machucados) valores morales y políticos de este tiempo, de las ideas modernas, a tal punto que muchos sugieren que las suyas siguen vigentes. O sea que no estoy analizando críticamente a un personaje de “otra” época con herramientas de la actual. De modo que mientras haya alguien que diga que el guevarismo es un camino a seguir, la controversia no será historiográfica, sino política, es decir de máxima actualidad.
De todas formas, estoy de acuerdo contigo en que el Che Guevara no cayó del cielo (aunque algunos lo crean un ángel)), que su itinerario se puede explicar, tiene causas, fue el resultado de una circunstancias, pero eso no nos inhabilita a tener un acercamiento crítico respecto de su vida y su obra. Si ese fuera un argumento aceptable tampoco podríamos ocuparnos críticamente de Hitler o Stalin, porque claro, ahora es muy fácil….
Pero al final de cuentas creo que coincidimos en que el guevarismo no tiene la menor vigencia. ¿O me equivoco? Es lo que se desprende de tu pedido de que dejemos al Che en paz, en aquel lugar de la historia que le tocó ocupar. Tal actitud me parece coherente, no como la de quienes gritan “¡Viva el Che!” y cuando te ponés a discutir con ellos, te retrucan ¡no, no se puede juzgar al Che porque perteneció a otra época!
Tania me acusa de derechista, reaccionario y de ser un desconocido (¡¡!!). Cuando exponga algún argumento tal vez podamos iniciar una polémica. Mientras tanto, debo suponer que carece de ellos.
Autor: Voltaire | Noviembre 3, 2007 3:32 PM
Tania: yo no sé si lo que cita Voltaire sobre el mensaje del Che a la Tricontinental, hace referencia a valores actuales, de aquella época, o universales. Son, en todo caso, los valores de una persona absolutamente desvariada, peligrosa y una amenaza para una buena sociedad. ¿O tu piensas que son ideas y valores que siguen vigentes en la actualidad? Es decir, que se trata de ideas que seria bueno seguir defendiendo y que contribuirian a mejorar nuestras sociedades.
Autor: espino | Noviembre 3, 2007 5:14 PM
Arthur Koestler decía, a fines de 1940, que el debate capitalismo-socialismo terminaría siendo tan relevante en el futuro como el debate teológico sobre el sexo de los ángeles. Más de cincuenta años más tarde nos encontramos debatiendo con algunos "preclaros" la misma interrogante.
Uno de esos sujetos "preclaros" parece ser el Ché Guevara y en la fecha del cuarenta aniversario de su muerte, siento el impulso de rendirle al Ché el homenaje que se merece.
Nunca saldremos del dominio de la estupidez mientras sigamos rindiéndole al Ché homenajes de héroe. El Ché era un asceta demente que pensaba que había adquirido derechos sobre la vida y la muerte de personas que no conocía, para hacer la "revolución". Sin entrar en ponderaciones sobre la bondad o la conveniencia de instaurar una régimen "a la cubana" en lugares tan dispares como el Congo o Bolivia, el solo hecho de que se creyera con derecho a asesinar soldaditos bolivianos en arteras emboscadas y luego jactarse de ello, debería ser suficiente para denunciarlo como asesino mesiánico, como cosmopolita del desastre, y no como héroe. Ernesto Guevara era un demonio tan demonio como los demonios a los que denostaba. Tan demonio que halló justificable el asesinar campesinos de un país del que nada conocía con el propósito de instaurar una tiranía, y lo hizo gracias al oro soviético. El oro soviético que extrajeron milles, millones de esclavos del régimen estalinista. Los que hoy homenajean al Ché, homenajean a un personaje romántico obligado a hacer el bien, y sin quererlo, homenajean a un monje asceta de la tiranía, a un Calvino de la dictadura soviética
Autor: Curzio Moore | Noviembre 4, 2007 4:29 AM
Espino: lo importante no es si los valores del Che siguen vigente. Esa es una discusión diferente. Posiblemente algunos sí, otros no. Lo que digo es que me conmueven los pacifistas como ustedes, que se horrorizan por la violencia, como si la violencia la hubiera inventado el Che.
dónde viven ustedes? qué historia estudiaron? Curzio Moore nos quiere conmover con lo de los soldaditos bolivianos, como si la Bolivia a la que llegó el Che fuera una democracia modèlica.
Claro que el culto a la violencia no me parece genial, pero está en la historia.
Autor: tania | Noviembre 5, 2007 10:46 AM
Un artista plástico uruguayo (S. Tavella) sacó hace poco una simpática serie de autoadhesivos en los que, a partir de la famosa foto de Korda posterizada (me refiero al efecto sobre la imagen, no a la “posteridad”) propone una suerte de iconos gráficos. En una vemos la imagen del Che con fondo rojo y la estrellita del mismo color en la boina. Es la versión “classic”. Fondo rosado, mariposa en vez de estrella: “gay”. Rojo y esvástica: “nazi”, etc., etc.
Imagino la representación de la imagen del Che correspondiente a la que proponen Voltaire y seguidores: una estrella, sí, pero invertida –el diabólico pentángulo-, ojos trazando un espiral (combina la dialéctica con el delirio); fondo espeluznante, tipo gabinete de Calegari. El texto, obviamente, sería "evil"...
Porque lo que hace V. es darnos SU versión del Che Guevara, con supuestos “argumentos” que demostrarían su validez, su verdad, su mayor cercanía con “la real realidad” que las propuestas por los otros. Muy bien, pero a mí no me demuestra nada.
Por partes:
1. Morir por las ideas no tiene nada de excepcional ni de original, ni dice nada acerca de la bondad de tales ideas, de acuerdo. Pero tampoco dice nada acerca de las personas que obran de esa forma. En tres líneas, V. pasa de “hombres y mujeres” que tienen “convicciones” a un listado de individualizaciones bastante antipáticas (fascistas, fanáticos, etc.) que “abrazan un dogma”.
Nótese que lo mismo puede decirse de otros tantos mártires “buenos”:
los palestinos que mueren a diario reclamando un lugar en el mundo (¡estrafalaria idea!); los soldados del ejército soviético que detuvieron el avance de Hitler y contribuyeron a su derrota (¡pero los mandaba el malo, malísimo de Stalin!); los resistentes armados de todos los tiempos; etc.
Es decir, el supuesto argumento no es tal, no demuestra nada es una mera trampa retórica (a V. se le da bien la pluma, pero no hay que dejarse confundir).
2. Por el contrario, aun cuando inmolarse fuera indeseable desde cualquier postura y por cualquier causa, no hacerlo tampoco dice nada acerca de las ideas ni de las personas. La romántica idea de que siempre es mejor “pensar, discutir y pactar” es y ha sido utópica para buena parte de la población mundial. Yo todavía les llamo “los oprimidos”, no sé cuál es el nombre correkto ahora, cuando innovar es la palabra mágica, aunque nada de lo que realmente importa a ese respecto (desde mi perspectiva y la de tantísimos otros) haya cambiado.
La sacrosanta democracia para la buena parte de la población mundial ni siquiera significa la posibilidad de votar, y no me refiero a los cubanos ni a los chinos... ¿En qué ágora escuchan a los miskitos? ¿Y a los niños filipinos? ¿Y a las jóvenes prostitutas tailandesas? ¿Y a los inmigrantes africanos? ¿Y a los que viven en el Borro? (Por favor, presupuesto participativo NO.)
3. En la misma línea, V. le cae a quien “está persuadido de que la senda está trazada y sólo hay que recorrerla”, como opuesto al “ser político”. ¿Pero no se supone que también es propio de la política el llegar, mediante el pensamiento, la discusión y el pacto, a trazar una senda? Algunos ahora le dicen “agenda”, en los Estados democráticos se habla de “políticas públicas”, los partidos dicen "programa".
En general, la actividad cognitiva se orienta a la búsqueda de la verdad (alguna, sobre algo). V. tiene sus verdades acerca de diversos temas, ¿eso no lo hace tan dogmático como los fanáticos religiosos? ¿O va a decirnos que lo de él son convicciones, no credos? ¿Cómo se distinguen?
4. Y esto enraba con lo anterior: tengo mucho respeto por el montonazo de guevaristas que decidió seguirlo a conciencia, pensando, discutiendo y pactando, aunque fuera consigo mismos. Pero claro, ya se sabe que el diablo es ante todo un gran seductor, tras del cual los débiles se arrastran sin pensar...
Desde el vamos estaba claro que seguir al Che era apoyar la guerra de guerrillas como medio, integrarse a ella. Tal vez algunos jóvenes hayan creído que se iban a un picnic en la sierra o a hacer trekking por el altiplano, pero NO porque se les haya mentido. La arenga militar (como corresponde a quien va a hacer la guerra) que cita Voltaire no deja lugar a dudas. Quiero creer que “los miles de militantes” que la teoría del Che “llevó a la muerte” sabían muy bien lo que estaban haciendo. Acá nomás decían "Armate y esperá".
Y por ahora la dejo por acá, agregando que, como señaló Tania, no encuentro nada de original ni de excepcional en la crítica que nos ofrece Voltaire, es la misma que la derecha escandalizada repite desde el vamos: el Che, asesino de jóvenes, sanguinario, etc.
¿Firmaba en joda Stalin II? ¿Y con eso, qué? ¿Qué clase de “argumento” es ese? Pero si acá ese tipo de pavada es de recibo, dejo un pedacito de la biografía del verdadero Voltaire escrita por Condorcet, para leer a la luz de esta afirmación del que ahora firma Voltaire El juicio moral es pertinente cuando una persona hizo lo que hizo pero pudo haber hecho una cosa diferente…
Voltaire outragé peut recourir aux lois; mais il craint de donner de l’éclat à l’affront qu’il a reçu. Il n’a recours qu’à son seul courage; des amis lui offrent leurs services, mais il se réserve à lui-même le soin de la vengeance. [...] Un maître d’armes vient tous les matins lui donner des leçons [d’escrime], et quand il eut acquis toute la dextérité nécessaire, il se rend au Théâtre Français, entre dans la loge où était le chevalier de Rohan: « Monsieur lui dit-il, si quelque affaire d’intérêt ne vous a point fait oublier l’outrage dont j’ai à me plaindre, j’espère que vous m’en rendrez raison.
Autor: fer | Noviembre 5, 2007 3:16 PM
Manuel Díaz Martínez, poeta y periodista cubano, nacido en Santa Clara en 1936, fue entusiasta de la revolución, además de diplomático en Bulgaria, investigador del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba, redactor-jefe del suplemento cultural Hoy Domingo (del diario habanero Noticias de Hoy) y de La Gaceta de Cuba (de la Unión de Escritores y Artistas de su país natal). Vive exiliado en España desde 1992.
Escribió sobre el Che:
En La Habana, por aquellos días, se montó una gran exposición industrial de la República Popular China. En el espacioso Palacio de Bellas Artes –donde Ofelia, que empezaba a ser mi novia, era secretaria de Lezama–, los chinos desplegaron las muestras de su producción textil. Las telas eran hermosísimas: un lujo inesperado en medio de las escaseces que comenzaban a complicarnos la vida. Me contó Ofelia que una mañana, antes de la apertura de la exposición, estuvieron por allí Haydée Santamaría, heroína del asalto al Cuartel Moncada y mujer del ministro Armando Hart, y Aleyda March, la mujer del Che. Las telas las deslumbraron, y los chinos, finos que son los chinos, entre sonrisas y reverencias permitieron a las dos ilustres cubanas llevarse graciosamente todas las que quisieron. Horas después de la visita, los empleados de Bellas Artes, Ofelia entre ellos, observaron cómo un chofer oficial devolvía a los vicarios de Mao, de parte del comandante Guevara y con su agradecimiento, los brocados y tafetanes que habían perturbado a la bella señora March. La Santamaría, al parecer, se quedó con los suyos.
En Cuba se decía –lo decía gente que debía saberlo– que la del Che era la única casa de dirigente en la que se vivía “por libreta”, es decir, con arreglo a la cartilla de racionamiento, porque el Che había renunciado a la cuota privilegiada que era parte, y no la menos apetitosa, de las prerrogativas de la nomenklatura.
El Che padecía de una arrogancia incontenible, ridícula como todas las arrogancias. En carta dirigida el 3 de noviembre de 1958 a Enrique Oltuski, encargado de finanzas del Movimiento 26 de Julio, quien le exigía su firma para entregarle un dinero, estampó esta rotunda altanería: “mi palabra vale más que todas las firmas del mundo”. Tenía, por consiguiente, un defecto que el cubano detesta: era pesado. Una noche, en una mesa redonda televisada, el viejo Germán Pinelli, popular presentador de la televisión y la radio cubanas, se dirigió a él con marcada familiaridad diciéndole Che, como le decía toda Cuba. El guerrillero, en tono glacial, le respondió delante de las cámaras: “Yo soy Che para mis amigos; para usted soy el comandante Guevara”. Ésta fue la respuesta de un hombre que, siendo presidente del Banco Nacional, firmaba nuestro papel moneda con su alias.
El Che unió la rectitud del militar a la austeridad del místico. Es, mutatis mutandis, una versión posmoderna de Ignacio de Loyola. Hizo un culto del sacrificio, en cuya práctica implacable inmoló enemigos y amigos y terminó inmolándose. Para él, los países que fueron escenario de sus acciones político-militares valían como probetas. En una ocasión le confesó al periodista José Pardo Llada que los revolucionarios cubanos tenían la suerte de contar con un país para experimentar. Imbuido de blanquismo, pensaba que una revolución puede desatarse a partir de la acción inicial de una vanguardia reducida pero audaz. Al igual que Robespierre, consideraba el terror como recurso válido para imponer la revolución, incluso a la masa que se pretende liberar. En el Diario de Bolivia del mes de abril, se lee: “…la base campesina sigue sin desarrollarse; aunque parece que mediante el terror planificado, lograremos la neutralidad de los más, el apoyo vendrá después”.
El Che comenzó a convertirse en emblema en la Sierra Maestra. Muerto en su más fantasiosa cruzada guerrillera, tratando de implantar en la meseta boliviana su ideario bolivariano-maoísta, ha sido canonizado por mucha gente que de él sólo conoce la foto de Korda y poco más, y ha adquirido la dimensión de héroe clásico. Ocupar el más alto sitial en la hagiografía revolucionaria del fin de siglo como un Cristo armado es su gran triunfo, el único que corona su quijotesca andadura. Fracasó en todas sus empresas libertarias, empezando por la revolución cubana, convertida hoy en patética borradura de los ideales que la generaron. Su fracaso más sobrecogedor es el del “hombre nuevo”. Él lo imaginó libre, dirigiendo su propio destino; pero, a medio siglo del día en que la revolución triunfó en Cuba, al “hombre nuevo” –mi padre, que fue miliciano y comunista, lo decía con indignación y tristeza–- hay que buscarlo en los incontables calabozos de la isla, en el fondo del Estrecho de la Florida, en los arrabales del exilio o perseguido en cualquier rincón de Cuba por la Seguridad del Estado.
La realidad del Che no es tan hermosa como su leyenda. Hay demasiada sangre innecesaria en su biografía: centenares de condenados a muerte en juicios sumarios sin garantías procesales. Nunca se fusiló más en La Cabaña que cuando el Che era el alcaide de esa fortaleza colonial. Él denegaba las apelaciones y autorizaba las ejecuciones, siempre de varios hombres en una misma madrugada. El horror total de este período de la historia de Cuba nos aguarda agazapado en los archivos, pienso yo.
El Che es un mito como son todos los de ayer y de hoy y serán los de mañana: un cuento de hadas, con algo de cierto, para adultos esperanzados, o desesperados. Los mitos existen porque la realidad es pérfida y suele ser atroz, y para soportarla necesitamos soñar que puede ser distinta.
Autor: montesquieu | Noviembre 5, 2007 3:19 PM
Que lástima que fer se dedique a atacar a Voltaire sin decirnos que piensa ella sobre el pensamiento del Che (si hay que seguirlo, si está vigente). Se podría haber ahorrado entero el punto 1 y una buena parte del 2 si hubiera leído bien una sola frase del post: “Se lo puede formular así: la inmolación por una causa nada nos dice de los méritos (NI DE LOS DEMERITOS) de esa causa”.
El resto del punto 2 es una pequeña lista -cualquiera la puede engordar mucho más si de eso se trata- de los males que sufre la gente. Yo mismo podría agregar unas cuantas terribles maldades e injusticias más. Y con eso qué? Se desprende de eso que la estrategia del Che era la correcta? Siempre pasa lo mismo con los ultraizquierdistas infantiles como fer: cuando uno cuestiona sus dogmas, responden: pero fijate como esta el mundo, si es un desastre, cómo querés que la gente no se levante contra esas injusticias? Que yo sepa nadie cuestiona que la gente se levante (si no que se levanten unos iluminados en nombre de la gente). El axioma de fer es: como el mundo es injusto VIVA LA GUERRILLA GUEVARISTA. Les decís algo de los disparates de Chavez y de nuevo con lo mismo: pero fijate lo que es el capitalismo salvaje, les decis algo de las brutalidades de Fidel y te recuerdan las debilidades de la democracia “formal” (supongo que la buena es la “real”). Pero fer: deberías demostrarnos que la senda trazada por el Che es la que conduce a terminar con esas injusticias y horrores (ese es el tema del post). No me parece que nadie niegue aquí que el mundo es atroz y horrible.
Sobre el punto 4, creo que si, que los que se fueron a hacer la guerrilla no fueron engañados por un demonio. Se creyeron que esa era LA estrategia correkta…. (no me parece que en el post se diga lo contrario) Lo que no deja de ser un drama
Pero al margen que el analisis de V. se parece al de la derecha, vos que pensás del análisis? O con esa acusación lo das por finiquitrado? Esto de acusar a alguien de parecerse a la derecha (y quedarse de lo más pancho) me hace acordar a las madres moralistas que le decían a sus niños: no te toques el pirulín que eso lo hacen “los chicos malos”¡y mirá si después te gusta!
No sé francés. ¿Qué tal si lo de Voltaire lo contás en inglés o italiano?
Autor: Montesquieu, seguidor de Voltaire | Noviembre 5, 2007 5:30 PM
Por mucho tiempo mi posición con respecto al "Ché" era la siguiente:
Es lo más parecido que puede existir a un santo de izquierda. Sobre los santos no es muy fructífero discutir, o se les tiene fe o no se les tiene fe
Ante esto oscilé entre ser un creyente bastante tibio y un agnóstico.
El problema con esta posición de "lavarse las manos" es que se relaciona solo con "identificaciones emocionales" y se pasa por encima la discusión más interesante que es la que se plantea en el post,relacionada con la violencia política, el voluntarismo, el sacrificio etc.
Creo que hay un tipo de crítica al Ché que es claramente inaceptable y reaccionaria en el sentido de que básicamente plantea que su figura es irrelevante porque el mercado y la democracia "ganaron" y no hay nada más que se pueda hacer. El típico triunfalismo neoliberal.
Pero creo que el problema es que la izquierda no debería vivir de próceres, de "grandes hombres", para mí debería ser otra cosa. Cierta gente de izquierda se aferra a imaginarios que defienden a capa y espada pero hay pocos argumentos detrás. No es suficiente decir que tal o cual argumento es el mismo de la derecha. Me cuesta entender esa necesidad por tener “santos”, héroes unidimensionales y austeros.
Recuerdo un artículo de J.P Feinmann en donde decía que prefería equivocarse junto al Ché que tener razón junto a Vargas Losa. Pero ¿por qué no puede “existir” algo más allá de esa dicotomía?.
Autor: cotox | Noviembre 5, 2007 5:47 PM
Cotox, creo que su ejemplo de J. P. Feinmann es el más ilustrativo que he leído hasta ahora sobre esa peculiar y detestable forma de debatir: prefiero hundirme con “los míos” antes que reconocer una verdad en campo ajeno. Feinmann es de los que defendería a capa y espada que la Tierra es plana y está sostenida por un gigantesco elefante si sus enemigos políticos aseguran que es redonda. Ya leí algo parecido en alguna de sus columnas de Págna 12, en la que argumentaba que los superpoderes de los que quería dotarse Kirchner hace un par de años estaban bastante bien, pero que el peligro residía en que podían ser utilizados por otros no tan santos como el presidente argentino. ¿Se da cuenta? Los superpoderes son buenos si están al servicio de K, pero pueden ser un desastre si los emplea L.
Permítame añadir que no sólo “no es suficiente decir que tal o cual argumento es el mismo de la derecha”, sino que es inaceptable, no demuestra nada en absoluto.
Autor: Voltaire | Noviembre 5, 2007 8:52 PM
Aquí está el enlace con el artículo de Feinmann:
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-49809-2005-04-17.html#inicio
Realmente creo que Feinmann es lúcido en ocasiones pero aquí la pifió y mal.
Personalmente pienso que "equivocarse" es válido y necesario en la vida pero en política son muchos seres humanos los que pueden pagar con su vida los "errorcitos" de algunos. Esto sin asumir que los guerrilleros estaban siendo engañados o manipulados pero aunque sea una perogrullada decirlo las ideas tienen poder y obviamente ese poder va más allá de la simple coerción o manipulación
Autor: cotox | Noviembre 5, 2007 9:08 PM
Tania dice que el “culto a la violencia está en la historia”. No, lo que puede estar en la historia es la violencia misma, pero el culto de la violencia lo hicieron sólo algunos pocos. Esta pequeña precisión le parecerá un detalle nimio, propio de demócratas pequeñoburgueses, pero no lo es en absoluto.
Cuando la violencia se instala en una sociedad, cuando es la forma que adquiere la lucha entre diferentes partes de la sociedad, porque se ha suprimido la política como ámbito específico, no hay nada que discutir, está y punto. Frente a ese escenario cada uno se posicionará como le parezca. Aclaro que en plena guerra civil española, por ejemplo, yo no hubiera salido con una bandera blanca a pedir paz. Seguramente hubiera empuñado las armas para defender a la República. Pero que la violencia emerja como la única forma que queda para defender la libertad política no es en absoluto parangonable con una teoría que a priori dice que no hay nada que hacer en política que no pase por la violencia. Mucho menos en un tiempo donde en América Latina existen las posibilidades para defender cualquier ideario politico. Una cosa es la violencia como último recurso frente a la opresión y otra muy diferente es que yo proponga la violencia como vía para resolver los conflictos políticos. Esto me hace acordar a la frase de Camus que estuvo unas semanas abriendo este blog: “Me decían que era necesario matar a unos cuantos para que se dejara de matar”.
Uno de los temas a los que remite la afirmación de tania es si el recurso a la violencia es siempre legítimo. Yo creo que no, que en países donde se pueden defender las ideas y propuestas en un marco de libertades políticas, la violencia no es legítima. El asunto es que algunas concepciones políticas defienden la violencia ante la evidencia de su soledad, de su incapacidad para convencer de la pertinencia de sus propósitos. Creen que la violencia es un atajo para llegar a donde de ninguna manera llegarían por medios persuasivos.
La violencia que emerge de una sociedad que no tiene otra vía de expresión política tampoco tiene nada que ver con las teorías foquistas cuya finalidad era tomar el poder para aplastar a los enemigos, no para restaurar o implantar una democracia. Algo que se consigue por la fuerza, sólo se puede conservar por la fuerza. Y si no, mirá Cuba.
En ninguna parte los foquistas dejaron de ser una minoría de iluminados convencidos de que las propias acciones armadas irían sumando a los indiferentes a su causa. Una conjetura indemostrable por cierto.
Autor: voltaire | Noviembre 5, 2007 9:59 PM
Al reclamo de montesquieu, voy a eso, de a poco, ¿te parece?
1. cuando leí (y copié) el post de V. el jueves esa frase no estaba. de todos modos, no importa. yo digo algo más, no seas perezoso y leelo.
2. iba a seguir rebatiendo y peleando, pero mejor, traduciré el francés voltaireano.
3. varios minutos después, lo hice, y es mejor que hice desde que me puse a ocuparme de este post, gracias por el empuje.
Sí, no es al inglés ni al italiano, pero sólo traduzco a mi lengua nativa, materna, mi español. Capaz que con eso podés armar la versión rumana, muntesquiul.
Voltaire, ultrajado, puede recurrir a la justicia, pero no quiere darle lustre a la afronta recibida. Sólo cuenta con su valentía; sus amigos le ofrecen apoyo, pero él se hace cargo de las vicisitudes de la venganza [...]. Cada mañana un maestro de esgrima lo instruye y, cuando adquiere la destreza necesaria, va hasta el Théâtre Français y se apersona en el palco donde está el caballero de Rohan: “Señor, le dice, si nada lo distrajo de la afrenta que vengo a reclamar, espero que me entienda”.
Autor: fer | Noviembre 5, 2007 11:58 PM
Hay posturas dificiles de entender. Al menos, tengo curiosidad cuando leo textos indignados e incendiarios contra cualquiera que ose criticar a guerrilleros heroicos, gobiernos socialistas, tradiciones de la izquierda, etc. Es a lo que se dedica fer, sea cual fuera el tema de los articulos que aparecen en CEF. Al menor comentario crítico contra un supuesto "patrimonio histórico" de la izquierda, fer salta como un resorte para acusarnos de derechistas incorregibles, vendidos al capitalismo. Para ser breves. Creo que se puede ser de izquierdas o progresista y ser fuertemente critico con la historia del socialismo real (en Europa, en América Latina, en Uruguay) porque, a mi entender, el balance es ampliamente negativo. Salvo que fer crea (y tenga argumentos) para decirnos que no, y que su particular balance sea positivo. Pero tiene que demostrar con razones que esto es así. Y por favor, si decide hacerlo, que lo haga en castellano y que no nos castigue con la pedanteria insufrible de postear textos en francés en un sitio en el que se escribe en español.
Autor: espino | Noviembre 6, 2007 1:08 PM
yo también quedé perplejo con la intervención de fer. No se entiende nada. A ver si puede ser un poco más concreto: ¿cree que hay algo del Che Guevara que hay que reivindicar? ¿una postura, una teoría, una estrategia?
en su último post, dice que iba a seguir "rebatiendo" u que finalmente se contuvo, pero yo no veo que haya rebatido nada.
adelante, fer
Autor: montesquieu | Noviembre 6, 2007 2:05 PM
Espino: lamento lo del francés, aunque se apresura al tildar mi gesto de pedante, el móvil fue simplemente la pereza (copiar y pegar el texto que tenía delante es más cómodo que buscar una traducción o hacerla). Debería admitir, sin embargo, que aporté una versión en español no bien fue solicitada. De todos modos (y es claro que no lo digo por ud.) eso de ponerse seudónimos franceses y después reclamar que se escriba en inglés o italiano deja bastante que desear.
En fin, cosas veredes… Yendo a lo otro que me reclama, a saber, mi accionar cual muelle, me gustaría señalarle que lo que se expuso en este post se parece más a un ataque ciego que a una crítica propiamente dicha. Me parece que el de V. es un texto bastante más “indignado e incendiario” que mi respuesta.
Yo creo que no sólo se puede ser crítico con la historia, se debe serlo. Pero si la interpretación no agrega nada nuevo ni da lugar a que se cuestione nada viejo, si la crítica se agota en ella misma y se presenta sin asomo de duda con el único fin de denostar a un personaje y a sus seguidores, si el estilo en que se expresa muestra más interés en tener razón que en acceder a la verdad, no veo para qué podría servir.
Por ejemplo, V. le reclama a un comentador que no sólo “no es suficiente decir que tal o cual argumento es el mismo de la derecha”, sino que es inaceptable, no demuestra nada en absoluto. Pero en el post hace uso del mismo tipo de argumento cuando dice:
El valor, la bravura y las agallas suelen ser virtuosos para quien cree que.... Ambos son argumentos de autoridad y, esencialmente, son idénticos (no dejarse confundir, como ya advertí, por el uso del lenguaje). ¿Por qué vale para uno y no para el otro?
Otra cosa que me resulta difícil de aceptar y que aparece como un escollo en las discusiones aquí muy seguido es la oposición democracia /totalitarismo presentada como agotando las posibilidades de la organización política de una sociedad. En particular, según una ley cuya formulación desconozco –Voltaire, experto en las lentas mutaciones de la historia tal vez me pueda ayudar con esto- se asocia socialismo con totalitarismo con tanta certeza que se ha llegado a decir (aquí en CEF) que, de haber ganado, los tupas hubieran instalado un régimen totalitario de terror. Es muy llamativo, más allá de que los tupamaros de entonces no tenían (y así lo explicitaban) ninguna idea de qué tipo de gobierno instaurarían una vez tomado el poder, es asombroso que haya quienes crean que se puede aseverar “qué hubiera ocurrido si…” en un ámbito tan marcado por la contingencia como el de la historia…
A ver: que en el SXX los Estados socialistas hayan adoptado en su mayoría una forma totalitaria de gobierno NO SIGNIFICA que sea una consecuencia necesaria del socialismo.
Pero además, la democracia representativa occidental actual no es garantía ninguna de igualdad ni libertad. Creer que el simulacro de participación que ejercemos cuando votamos hace algo más que dejar todo como está es bastante iluso. Y por lo que sé nunca hubo un cambio verdadero a través de una elección democrática. Aquí se le agrega incluso que el voto es obligatorio… Pero para algunos la insistencia en denunciar a Castro como dictador, a Chávez como futuro Castro y al Che como asesino y corruptor de menores es tan fuerte que les impide reconocer cualquier logro, cualquier aporte de sus regímenes o de sus ideas. En Cuba todo el mundo recibe entrenamiento militar y seguramente en su educación se alaben las revoluciones. ¿Por qué no se alza en armas, entonces, el pueblo cubano? ¿Será que no están dadas las condiciones, que esta vez están esperando?
También me reclaman como de costumbre que hable del “tema central del post”. Sería bueno que le pidieran a V. que se remita al tema central del post cuando lo escribe, en vez de agarrárselas conmigo, pero no hay problema. Buena parte del pensamiento de Guevara sigue vigente, en la medida en que es un ideario revolucionario que invita a que las personas se hagan cargo de su liberación. La ilusión de la democracia actual nos hace olvidar que somos esclavos de la economía de mercado, cuyas leyes se aceptan como si fueran leyes naturales. Se impone y acepta la economía capitalista como única realidad y se considera de criminales el criticar la democracia: ese es el dogma actual, compartido por izquierda y derecha. No sé cuál es la salida, cuál es la verdad, y no me creo capaz de llegar a ella por mí misma. Creo, sin embargo, en la posibilidad de la política para dar lugar a otro mundo. Sí, “cambiar el mundo”, que no debe entenderse como cambiar todo lo que hay en el mundo, alcanza con empezar a cambiar algo.
Estoy segura de que mi respuesta no va a satisfacer a los pseudo-franceses de la vuelta, tant pis pour eux. A mi no me convencen sus argumentos conservadores y reaccionarios y me tienen bastante cansada sus insultos gratuitos. Así que: à caguer au malvon!
Autor: fer | Noviembre 7, 2007 8:45 PM
En http://www.elpais.com/articulo/opinion/Redaccion/discrepa/editorial/Che/elpporopi/20071018elpepiopi_11/Tes
La Redacción discrepa del editorial sobre el Che
El Comité de Redacción, en nombre de los firmantes 18/10/2007
La Redacción de EL PAÍS quiere mostrar su disconformidad con el editorial titulado Caudillo Guevara, publicado el pasado día 10 de octubre. Más de dos tercios de los redactores (250) consideran que el texto publicado no abordaba en su totalidad la figura de un personaje como el Che Guevara que, con sus luces y sus sombras, es lo suficientemente compleja para haberla tratado como si no hubiera una escala de grises.
El Estatuto de la Redacción contempla la posibilidad de discrepar de un editorial siempre que se logren reunir las firmas necesarias, que cifra en un mínimo de dos tercios de los redactores. En ejercicio de este mecanismo de transparencia y democracia interna, único en la prensa española, se ha habilitado este espacio para dejar testimonio de nuestra discrepancia.
¿A qué viene esto? Fíjense más abajo en el editorial cuestionado, ¿no les suena?
¡Tanta prédica de moral y ética y ni siquiera citaste al artículo del que te copiaste todo, Voltaire, qué vergüenza! Así que la infantil, la esclava, soy yo... Sos un plagiario de octava, qué querés que te diga. Pero lo lograste, después de esto, nunca más gastaré ni un segundo leyendo (y mucho menos debatiendo) tus paparruchas. À jamais.
En
http://www.elpais.com/articulo/opinion/Caudillo/Guevara/elpporopi/20071010elpepiopi_2/Tes
Editorial
Caudillo Guevara
El romanticismo europeo estableció el siniestro prejuicio de que la disposición a entregar la vida por las ideas es digna de admiración y de elogio. Amparados desde entonces en esta convicción, y a lo largo de más de un siglo, grupúsculos de las más variadas disciplinas ideológicas han pretendido dotar al crimen de un sentido trascendente, arrebatados por el espejismo de que la violencia es fecunda, de que inmolar seres humanos en el altar de una causa la hace más auténtica e indiscutible.
En realidad, la disposición a entregar la vida por las ideas esconde un propósito tenebroso: la disposición a arrebatársela a quien no las comparta. Ernesto Guevara, el Che, de cuya muerte en el poblado boliviano de La Higuera se cumplen 40 años, perteneció a esa siniestra saga de héroes trágicos, presente aún en los movimientos terroristas de diverso cuño, desde los nacionalistas a los yihadistas, que pretenden disimular la condición del asesino bajo la del mártir, prolongando el viejo prejuicio heredado del romanticismo.
El hecho de que el Che diera la vida y sacrificara las de muchos no hace mejores sus ideas, que bebían de las fuentes de uno de los grandes sistemas totalitarios. Sus proyectos y sus consignas no han dejado más que un reguero de fracaso y de muerte, tanto en el único sitio donde triunfaron, la Cuba de Castro, como en los lugares en los que no alcanzaron la victoria, desde el Congo de Kabila a la Bolivia de Barrientos. Y todo ello sin contar los muchos países en los que, deseosos de seguir el ejemplo de este mito temerario, miles de jóvenes se lanzaron a la lunática aventura de crear a tiros al "hombre nuevo".
Seducidos por la estrategia del "foquismo", de crear muchos Vietnam, la única aportación contrastable de los insurgentes seguidores de Guevara a la política latinoamericana fue ofrecer nuevas coartadas a las tendencias autoritarias que germinaban en el continente. Gracias a su desafío armado, las dictaduras militares de derechas pudieron presentarse a sí mismas como un mal menor, cuando no como una inexorable necesidad frente a otra dictadura militar simétrica, como la castrista.
Por el contexto en el que apareció, la figura de Ernesto Guevara representó una puesta al día del caudillismo latinoamericano, una suerte de aventurero armado que apuntaba hacia nuevos ideales sociales para el continente, no hacia ideales de liberación colonial, pero a través de los mismos medios que sus predecesores. En las cuatro décadas que han transcurrido desde su muerte, la izquierda latinoamericana y, por supuesto, la europea, se ha desembarazado por completo de sus objetivos y métodos fanáticos. Hasta el punto de que hoy ya sólo conmemoran la fecha de su ejecución en La Higuera los gobernantes que sojuzgan a los cubanos o los que invocan a Simón Bolívar en sus soflamas populistas.
Autor: fer | Noviembre 8, 2007 12:18 AM
Fer se dedica en su último post de despedida a marear a los lectores con supuestas afirmaciones que nadie ha hecho. A título de ejemplo: sugiere que yo afirmé que las dictaduras del socialismo real son la consecuencia necesaria del ideario socialista. Una barbaridad que no dije ni pienso. Pero su pretensión habla más de ella que de lo que se afirma en el post: sólo alguien que confunde el "socialismo real" con el socialismo puede tomar una cosa por la otra.
Supongo que esta inclinación a irse por la tangente obedece a que, una vez convencida de haber "rebatido" lo que se dice en el post original, cree que otros temas la convocan y por eso se inventa controversias para salir del paso.
Cansada de tanto "rebatir", intenta ahora un ataque personal en toda la línea (una canallada típica de los que no tienen argumentos, de los responsables de la Stasi y de la seguridad del Estado cubana) y da a entender que yo copié mi artículo del editorial que adjunta y que acabo de leer en este instante por primera vez. Cualquiera que lea atentamente ambos se dará cuenta de que la pretensión es una patraña insostenible, basada en que en ambos se denuncia el mesianismo del Che. Aclaro que no pretendo tener el monopolio de la originalidad en éste y en ningún otro tema de debate, esa es una virtud que sólo está al alcance de mentes únicas, como la de fer... aunque a veces no se note, como cuando repite los lugares comunes del izquierdismo más pueril.
Todo el mundo sabe que hace rato que no contesto las pataletas de fer, que tienen siempre la singular característica de eludir el centro del asunto en debate. Escribo estas líneas para el resto de los lectores, porque si me callara alguno podría interpretar que mi silencio es una aceptación de lo que dice.
La aclaración es aplicable a eventuales recaídas futuras de fer (que no voy a volver a responder), aunque espero que cumpla su "amenazante" anuncio de no entrar más a este blog.
Autor: Voltaire | Noviembre 8, 2007 11:15 AM
fer: no estoy de acuerdo en que lo expuerto en este post sea más un ataque ciego que una critica propiamente dicha. Lea bien, por favor, que es lo que usted reclama a otros. Puede ser que esa critica a usted no le guste, pero ese es otro tema. Sobre la organizacion social y las supuestas oposiciones entre opciones políticas, evidentemente que hay una oposición clara entre totalitarismo y democracia. Y yo me quedo con la segunda, aun admitiendo todos sus fallos. Es que en el primer caso, probablemente la kgb de turno ya hubiera intervenido en este blog y nos lo hubiera cortocircuitado. (en el mejor de los casos). Creo que usted tiene un problema con la politica (no ya con la democracia o con el socialismo). La politica es la actividad por antonomasia de los ciudadanos libres. Y la politica existe porque no nos ponemos de acuerdo en los asuntos colectivos. Por eso la politica va acompañada por la democracia, con el pluralismo. Por lo tanto la politica y la democracia no tienen que ver con el consenso, sino con el disenso. Todo esto viene a cuento porque la politica que usted defiende (al menos eso se desprende de lo que escribe) se lleva mal con las discrepancias. Por eso a los regimenes del socialismo real les ponia y les pone los pelos de punta y los nervios destrozados, cuando alguien discrepa. No conciben que eso sea posible. Yo creo que es posible y, más aún que es imprescindible, que discrepemos, por ejemplo, sobre cuales son las politicas para luchar de la mejor manera contra la pobreza. Sinceramente, creo que usted tiene problemas con la politica,no termina de entender que se trata de unas reglas de juego y no de una ideologia. A Fidel Castro, pero tambien a Pinochet o Franco, nunca les interesó la politica en el sentido apuntado. Porque para ellos no era (no es) posible la discrepancia. Para ellos, solo discrepa el traidor.´La politica no es para dar lugar a otro mundo como usted plantea. Eso de construir otro mundo es un asunto de mesiánicos y profetas. Me conformo con mejorar este. El ideario de Guevara va en la misma dirección. No invitaba a la gente a que se hiciera cargo de su propia liberación. Para eso estaba él. Porque si eso que usted dice fuera cierto, que coño hacia pegando tiros en la selva boliviana. Nos dice tambien que la democracia actual no es garantia de libertad y de igualdad. Es que la democracia no tiene que asegurar eso. La democracia es una condicion necesaria pero no suficiente para alcanzar más libertad y más igualdad. Usted está situando el antagonismo entre socialismo y democracia y cree que hay que optar por uno de estas dos opciones, que serian incompatibles entre sí. Ese es su problema, no el mío, porque creo que es posible (y necesario) compataibilizarlas, aunque avancemos poco a poco. No se lo que usted tiene in mente cuando nos habla de "cambio verdadero". En principio, me asusta el término. Usted se ha quedado mosqueada con aquello de que los tupas tenian in mente un proyecto totalitario. A mi no me cabe la menor duda que fuera así, porque ellos eran explicitamente guevaristas y castristas. No sé que le parece a usted lo que hoy existe en Cuba. Como "mérito" de los tupas, apunta ahora que ellos no sabian que tipo de gobierno iban a implantar. Parece una broma macabra. O sea, ¿que los tupas pretendían conseguir la adhesion de los uruguayos sin tener la menor idea sobre como pensaban organizar el estado una vez "tomado el poder"? La historia, en cualquier caso, es horripilante.
Autor: espino | Noviembre 8, 2007 1:45 PM
Es muy difícil entrar, y tarde, a este debate. No logro dilucidar la intención real de la nota. Las conclusiones de Voltaire, sobre la nulidad actual de la herencia política del Che("después de leer sus escritos"), dan una pista. El mito del Ché se mantendrá y crecerá en tanto las condiciones sociales, al menos en América, sigan empeorando, como lo han hecho en estos 40 años, ya que el Ché simboliza el enfrentamiento a los sistemas políticos que son responsables de estas crecientes miserias. Mas allá de lo que yo piense sobre si Cuba es socialista o no (pienso que no), no tengo dudas de que en Cuba se hizo una revolución política y social que no sólo sigue impactando en nuestros desafíos políticos, sino que mejoró palpablemente las condiciones de vida de su población, hasta hoy día. Con su revolución, que no voy a tratar de disecar en este comentario, lograron lo que el 60% al menos de la población de América Latina no ha logrado desde el punto de vista de sus derechos sociales. Si habláramos de los países del Caribe y de Centroamérica, este porcentaje crecería al 80%. Por eso el mito del Ché es difícil de comprender si se lo mira desde un balcón a la playa en una casa de Punta Gorda, Carrasco o Malvín. El Ché fue y es un revolucionario porque , junto a muchos cubanos, hicieron una revolución social profunda, que comenzó con el lema del 26 de julio "Verguenza contra dinero", para sacarse de encima a esa mafia corrupta y asesina que gobernaba la Isla desde EEUU, profundamente explotadora y racista, y que terminó derivando en la expropiación de la tierra y de las fábricas de manos de los capitalistas, aboliendo en ese acto revolucionario, en esa insurrección popular, no sólo un descompuesto sistema dictatorial sino además el antiguo derecho de propiedad. En esa época, una mínima contextualización si hubiera algún apego honesto a la verdad histórica serían necesarios, cosa que no he visto en la mayoría de los comentarios ni en la nota de Voltaire, implicaba una ruptura con la tramposa coexistencia pacífica , que la URSS imponía también a los explotados de América Latina, a través de sus sucursales políticas, una ruptura con los supuestas cualidades antiimperialistas y desarrollistas de las burguesías nacionales(ilusión hoy remozada en los Tabaré, los K, lulas , Chávez etc) y principalmente una ruptura con los tradicionales sostenedores del orden social, jurídico, político y cultural, que hoy también predominan de punta a punta en nuestro continente, sostenedores no sólo del saqueo imperialisata, de la explotación, de los crímenes sociales masivos, de los genocidios, y de innumerables formas de opresión, causantes de padecimientos espantosos para las grandes mayorías de América, durante estos 40 años. La revolución cubana ha enfrentado estas condiciones con éxito, comparándolas con la situación por la que pasaron y pasan las mayorías, no comparándolas con la liberta de la que goza la burguesía o por las condiciones de vida de un 20% ciento que se puede beneficiar en la democracia de los propietarios. De ninguna manera este comentario reivindica a la corriente política del "Guevarismo", muy por el contrario soy crítico de ella . Tampoco mi intención es defender la casta social que se convierte en propietaria a través del control del Estado cubano. Me dan tristeza aquellos que habiendo participado entusiastamente de ese momento revolucionario en nuestros países, hoy despotriquen contra él como si fuera un lejano pecado de juventud. Por supuesto que se hace evidente un ataque al compromiso revolucionario de los intelectuales(hoy mucho más cómodos en la defensa del orden vigente), a la idea de "revolución social", emparentándola con desequilibrados violentos y fanáticos, una crítica que vale debatir con la derecha, que por supuesto siempre va a tratar a los rebeldes, revolucionarios e insurrectos de enfermos. Nada nuevo en ese sentido, es la crítica reaccionaria a la rtebelión popular. Ojalá emboque las teclas correctas para que esto les llegue. Roberto
Autor: Roberto | Noviembre 12, 2007 3:33 PM
Nunca es tarde para entrar a un debate, Roberto. Separemos la paja del trigo para empezar. Sobre la “real” intención de la nota, que al figurar al principio del comentario parecería que es la primera y principal preocupación de Roberto, creo que está meridianamente clara: cuestionar la supuesta vigencia del guevarismo. Sospecho que al preguntar por la real intención de la nota, piensa que hay una intención explícita y otra oculta (esta última pérfida, obviamente, si no ¿a qué ocultarla?). Pues no hay intenciones ocultas. La real es la que explicito. En cualquier caso no veo en qué cambiarían las fortalezas y debilidades de mi argumentación si mis intenciones fueran unas u otras. A mí me parece que esto de ocuparse de las intenciones que “hay detrás” de una argumentación es una forma de eludir la discusión. Vamos a suponer que mis intenciones fueran las peores (como “evidentemente” son las de todos aquellos que viven en Malvín y Punta Gorda), ¿demostrarían acaso que mis argumentos son equivocados? Y si lo son, ¿por qué no dedicarse a refutarlos en lugar de juzgar intenciones con el evidente propósito de descalificar, no los argumentos esgrimidos, sino a la persona? Es como si yo dijera que quienes defienden las mismas teorías de siempre de la izquierda guevarista lo hacen porque no soportan quedarse a la intemperie y buscan el calor de lo conocido o porque no tienen el coraje de cuestionar los mitos de la tribu a la que pertenecen. Con toda razón, se me demandaría que me dedique a refutar los presupuestos del guevarismo en lugar de hacer psicología barata. Un ejemplo típico de esta forma de discutir es el comentario acerca de “los que despotrican (contra el momento revolucionario que vivieron) como si fuera un pecado de juventud”, cuyo propósito es, me parece, mandar a la hoguera a quienes sencillamente piensan de otra manera que hace 30 o 40 años. Eso está mal, según Roberto, no se puede cambiar de forma de pensar (es obvio que eso es lo que late detrás de su afirmación, aunque no lo diga con todas las letras). Frente a semejante planteo, sólo puedo demandar lo siguiente: demostrame que lo que pienso ahora es un disparate y que lo que corresponde es seguir defendiendo las mismas ideas que hace treinta años.
Si nos deslizamos por el juicio de intenciones, la discusión carece de interés, porque en rigor no hay NADA que discutir. Se sobrentiende que la razón le asiste al que tiene las buenas intenciones y no al que tiene las malas. Si no fuera este el caso (cosa que a estas alturas dudo mucho, porque no es la primera vez que fuera de este blog me pasa lo mismo con mi amigo Roberto), tal vez le interese leer lo que sigue. Si no, quedará para el resto de los lectores.
¡Tenemos un acuerdo!, lo que es toda una sorpresa: el Che Guevara es un mito. Roberto dice que el Che Guevara es un mito, que de ninguna manera pretende reivindicar el guevarismo, del que dice ser muy crítico. Y a continuación se dedica a EXPLICAR por qué pervive ese mito. Es una labor de sociólogo de lo más compartible, pero me hubiera gustado que explicara de paso qué piensa él de ese mito, y no sólo por qué otros siguen adheridos al mismo. Porque hay personas que creen en Dios, otras que creen en el I Ching y otras en que la desigualdad social es parte del orden natural, y sospecho que además de explicarse por qué perviven esas inclinaciones humanas, Roberto piensa algo sobre ellas. Otro tanto le debe ocurrir con el Che y el guevarismo, pero nos quedamos con las ganas de saberlo.
El centro de su explicación (y se me corregirá si simplifico) es que la figura del Che es la cara visible de una revolución que mejoró palpablemente las condiciones de vida de los cubanos y que hoy constituiría (este paso lógico lo doy yo, pero de otra manera no podría concluirse el razonamiento de Roberto) un ejemplo al que aspirarían los millones de latinoamericanos que viven en la pobreza. Yo no me metí en el berenjenal de explicar las causas políticas, culturales, sociales de la pervivencia del mito (era muy engorroso desde mi balcón de Malvín), sino con el mito mismo, me pronuncié sobre él. Pero abordemos la explicación de Roberto: que la adoración del Che guarda relación con los grandes progresos sociales de Cuba, que los pobres de América Latina se sienten identificados con los beneficios que trajo la revolución en aquel país, que contrastan con sus miserias. No tengo una explicación alternativa, pero desde ya que no la comparto, como no comparto su idealización de la revolución cubana (que después de todo parece ser el centro de nuestra discrepancia, ya que sobre otros aspectos del guevarismo dice ser muy crítico). La explicación no me termina de convencer, porque no veo por ninguna parte que las masas desheredadas de América Latina estén suspirando por algo parecido al modelo cubano. No veo ninguna señal de algo que a Roberto le parece casi una evidencia (de otro modo su explicación se viene abajo). Salvo pequeños grupos políticos, yo no veo que en ningún país de América Latina los desheredados estén inclinados a reeditar algo parecido a una revolución cubana, sino más bien a seguir las “remozadas ilusiones” de Kirchner, Tabaré, Lula y Chávez. A juzgar por lo que sé, tampoco los cubanos parecen demasiado entusiasmados con su revolución. Mi pregunta es si Roberto no habrá confundido a los guevaristas con las grandes masas populares, porque francamente no veo que éstas vean en Cuba la solución a sus miserias. Los jóvenes (de todas las clases, no sólo los pobres) podrán comprarse una camiseta del Che, pero cuando se trata de intervenir en política no parece que su horizonte sea Cuba. Yo estaba polemizando con los guevaristas (con los auténticos, con los que creen que por ahí van los tiros) porque, aun siendo una ínfima minoría, no pienso que el número sea un criterio de verdad en el terreno de las ideas. Y porque creo que la cultura guevarista que aún pervive en algunos sectores de la izquierda es un camino agotado, que conduce a ninguna parte, a pesar de que a algunos les resulte más confortable instalarse en ese difuso universo de certezas, al abrigo de cualquier interpelación inquietante.
Decir que las condiciones de vida no han hecho más que empeorar en América Latina en los últimos 40 años es un disparate. Salvo que se tomen los períodos que a uno le convienen (es decir los de los ciclos de crisis) esa afirmación es insostenible. Ahora mismo (si tomara únicamente el ciclo expansivo del capitalismo) podría hacer la afirmación exactamente opuesta. Aclaro (porque en el maniqueísmo de ciertas discusiones podría ser acusado de defender el orden imperante) que no estoy afirmando que hayan desaparecido la pobreza material y espiritual de este continente. No estamos discutiendo si aún perviven injusticias intolerables. Lo que estamos discutiendo es si el camino del Che Guevara es el que conduce a superar la desigualdad, la opresión y la miseria. Para Roberto es casi un axioma Guevara/Cuba/revolución = camino sin escalas a la justicia social.
Pero bueno, repitamos algo sobre Cuba, cuyas bondades al parecer explican la buena salud de la que goza el mito entre los excluidos que viven en favelas y villas miseria.
Tu larga descripción sobre la revolución y el régimen con el que terminó ignora olímpicamente aquello que construyó el nuevo régimen. Los ayatolás hicieron una revolución en Irán y lo que erigieron en su lugar no es que resulte demasiado seductor, los comunistas soviéticos terminaron con una tiranía repugnante y lo que erigieron fue un monstruo totaliltario, opresivo y explotador como pocos en la historia moderna. Cuando arribamos a este punto se suele repetir el contundente “argumento” de que en Cuba no hay analfabetismo (no hablan de educación, porque un sistema educativo que adoctrina no puede conducir a la libertad ni a la emancipación de nadie) y que existe un sistema de salud ejemplar. ¿Ese es el logro de 50 años de régimen castrista? ¿En esos logros pretende legitimarse el régimen cubano? Ese logro, sin embargo, no ha sacado a los cubanos, cincuenta años después de la revolución, del subdesarrollo, de la miseria incluso, de la cartilla de racionamiento, de la necesidad casi crítica de las remesas de cubanos del exterior, y por supuesto no ha terminado con un sistema de poder y de privilegios, como es el que encarna la nomenclatura del PC que dirige al Estado cubano. Privilegios no sólo políticos, sino económicos y sociales, de clase. ¿O tendremos que escuchar el cuento de hadas de que el pueblo cubano tiene su destino en sus manos? Los explotados y los oprimidos, en nombre de los cuales parece que hablara Roberto (como si fuera evidente que ellos se identificaran con sus puntos de vista) no tienen en Cuba otra opción que obedecer, no tienen posibilidades de hacer una huelga ni de organizar un sindicato que no sea el oficial. Ese modelo ya no constituye algo deseable para (casi) nadie, Roberto.
Claro que se trata de asuntos que a los guevaristas no les interesa discutir, porque si lo hicieran tendrían que demostrar que necesariamente la adquisición de esas mejoras exige la existencia de una dictadura. Pero en el fondo no importa lo que yo piense al respecto, sino lo que piensen los cubanos. Es decir, ¿los cubanos creen que es aceptable pagar tal precio? Si piensan que está bien pagar ese precio, adelante. Pero yo creo que nadie se lo ha preguntado. O sea, se da por sentado algo que, de nuevo, creo que está lejos de ser una evidencia: que los cubanos siguen eligiendo hoy el sistema que reina en la isla. Yo no puedo “demostrar” lo contrario obviamente… pero no partiría tan ligeramente de ese presupuesto. Por lo menos hay unos cuantos fenómenos que dan para preguntarse, y entre ellos el de la emigración de centenares de miles de cubanos (que serían muchos más si hubiera libertad total para emigrar) no es el menor. (mientras escribo, me pregunto qué tendrá que ver todo esto con la vigencia del guevarismo, pero bueno, ya me dejé atrapar por tu indemostrable tesis de que las masas oprimidas de América Latina ven en la revolución cubana un luminoso horizonte al que les gustaría acercarse y que eso mantiene vivo al mito).
Mitificás la revolución, mitificás la expropiación de los capitalistas como si con ellas llegáramos a un puerto de destino y no a un lugar con problemas y conflictos nuevos.
Sin embargo, la idea de organizar la sociedad de otra manera, es decir la convicción de que nunca habrá puertos de llegada, forma parte de las condiciones mismas de una sociedad democrática, y por eso ésta establece el derecho a hacerlo. No diríamos que existe libertad en un sistema que no contemple la posibilidad de ser modificado, incluso radicalmente. Una utopía verdadera no es la que nos instala en un lugar, sino la que permite abrir nuevos caminos. Como ya dijo alguien antes que yo, la legitimidad de la utopía estriba en su capacidad de mantener abierta la consideración de otras posibilidades. El mejor proyecto emancipatorio no es el proyecto completo y definitivo de una sociedad apartada felizmente de la historia, sino la conciencia de que las cosas que hacemos, nuestros proyectos y opiniones, podrían ser mejores de otra manera y de que es bueno mantener esa probabilidad abierta aun cuando estemos casi seguros de que nuestra posición es inmejorable. Es una paradoja de buena parte del llamado pensamiento alternativo creer que una alternativa de esa alternativa no sería legítima. Una utopía política debería tener esto en cuenta: que la historia da mil rodeos y que existe también algo así como alternativas de las alternativas. Sería poco coherente exigir la búsqueda de alternativas y singularizarla en una posibilidad rígida que no admitiera a su vez posibilidades alternativas. Las sociedades que no se interrogan a sí mismas sobre el camino que siguen (como ocurre con todas las actuales, cuyo lema parece ser “esto es lo que hay”) no pueden ser un ejemplo de utopía a seguir. Pues bien, Cuba es precisamente uno de los tantos ejemplos paradigmáticos de un sistema que no admite la interrogación sobre su propio futuro. Lo dice el propio régimen: se puede discutir de lo que quieran (cosa que no es cierta, por supuesto), pero el “socialismo” (eso que llaman socialismo) es innegociable.
Bueno, si además tenés algo que decir sobre la vigencia del pensamiento del Che, estoy dispuesto a leerte.
Autor: Voltaire | Noviembre 12, 2007 10:35 PM
Voltaire, tu repuesta està plagada de interpretaciones arbitrarias sobre lo que dije, no, se atienen a lo que escribì, todo el tiempo ponés en mi bocacosas que no expresé.Necesitás que lo que digo encaje en tu esquema. También te victimizás, lo que no le agrega valor ni claridad a tus ideas. Es imposible refutar todas tus invenciones. No séque parte de mi nota pertenece al sociólogo, o al político, o a otras diciplinas, si esto es un blog de opinión, es decir no académico, no tiene mayor importancia que yo haga sociología o vos psicoanálisis. Científico no es el debate, prueba de ello es que afirmás que es "un disparate" mi afirmación de que han empeorado en estos últimos cuarenta años las condiciones de vida de las grandes mayorías en nuestros países. Vos decís lo que querés, de los temas que querés, me adjudicas dichos e ideas que no enuncié pero al final te despachás: "bueno, si además tenésalgo que decir sobre la vigencia del pensamiento del Ché, estoy dispuest a leerte".Gracias porla atención, si me salgo del libreto, dejalo por si a alguien le interesa. No me gusta que me refutescomo un maestro ciruela, si fuera tu nuevo estilo literario, tomátelo como una opinión crítica del mismo, no te autorreprimas, me la banco.
Voltaire, ¡tenemos otro acuerdo!!!!, "los guevaristas son una ínfima minoría...la cultura guevarista es un camino agotado". Estoy de acuerdo, elguevarism cmcorriente política, se propuso la creación de un foco guerrillero de base rural, campesina riginalmente, luego también urbana. Su organización y acción sustituye a las masas populares,las convoca a seguirlos y las interpreta. Esdecir, el guerrillerismo impone sus tiempos porencima de las necesidades realesdelmovimiento real. Es una concepción burocrát ica y autoritaria, la constitución de sus ejércitos le exige una disciplina dura y comandantes,la concepción del Che, que tiene una derivación polìtica en el"guevarismo" lleva a convertir la construcción posterirdel Estad sobre la idea vertical dela guerrilla. De arriba para abajo,con un partido único y dándole un valrnuloa la democracia política, tanto en el proceso revolucinario, com para las masas en caso de arribar al poder. Con aditamentos de "guerra popular prolongada" de base campesina, en continuidad en los 60 y70. con las revoluciones de China y Vietnam.La aplicación de este esquema por los guevaristas latinamericanos,posteriores a la revolución cubana, demostróoloerradode sus análisis,de sus premisas, fue derrotadoo y fracaso´trágicamente. Los guevaristas quisieron copiar la revolución cubana y su experiencia fue un desastre. En Cuba, dirigido por un grupo de revolucionarios este esquema fue exitoso. Este reconocimiento no implica ninguna idealización de esa experiencia. Pero tampoco me induce a ignorarlos profundos cambios sociales que produjo en la Isla, en millones de personas, y desde ese cambio para la mayoría,que todo indica que fue positivo en relación al sistema en el que vivían, es que comparo con la situación de decenas de millones de latinoamericanos que viven en sistemas que no han hecho ninguna revolución y que viven en lapeor de las pesadillas de la explotación, el hambre, la violencia cotidiana, las muertes por enfermedades evitables, ladesnutrición, el embrutecimiento, donde la vida no vale nada,es desde este punto de vista que digoque es muy distinta la apreciación de las conquistas sociales de la revolución cubana de acuerdoa la posición social desde la que se la mire,que grafiquécon el balcón a laplaya de esos lindos barrios. No pretendo desacalificar tu opinion o ideas porque vivas aquí o allá. Para esos millones de personas, incluídas decenas de miles,probablemente cientos de miles también de uruguayos, estas "magras" conquistas de este país pobre implicaría un mejoramiento en sus condiciones de vida. Con esta apreciación no propugno la revolución guevarista, es un invento tuyo o al menos una equivocada interpretación.
En esta opinión sobre elguevarismo están implícitas mis críticas a la concepción política del Che. Pero además también aprecio otros aspectosde su persona, de su acción y de su trascendencia política. Aprecio el compromiso de un intelectual y profesional con los oprimidos y explotados, , su búsqueda militante de una salida justiciera y emancipatoria, su audacia para desafiar los valores políticos dominantes de su época,tanto de los defensores de los sistemas de explotación como de los que en ese momento propugnaban cambios a través de estrategias estalinistas, evolucionistas,a la cola de cualquier burgués nacional o populista que apareciera. Aprecio la capacidad organizativa para enfrentar exitosamente al imperialismo norteamericano y derrotarlo militarmente en la invasión a la isla, .La reivindicación del derecho a la insurreccion, al desafío de cuestionar el monopolio de la violencia por los estados de las clases dominantes. Respondió al desafío de su época, y con su acción adquirió una dimensión política que nos interpeló a todos en este continente, en cuanto a cual era nuestro lugar en la sociedad y en la lucha de clases, dirigio´una revolución social en un país pobre latinamericano demostrando que las clases dominantes pueden ser expropiadas y sus aparatos represivos neutralizados o destruídos.
No adhiero a su estrategia política ni tampoco a la de sus seguidores que conformaron después el "guevarismo" .En los 60 y 70 participé de estos movimientos, pero ya en esa época tuve demarcaciones críticas del mism y una ruptura plítica total desde el 75. No sufro mi participación pasada en dicho movimiento,también respondí a losdesafíos de mi época, con lo mejor que creí encontrar.Soy parte delos miles que participando dela lucha social,aprendí de ella, de esa experiencia, de todas, participand también delcambio de ideas que esto conlleva. Estimulosiempre el cambio de ideas, no me asusta en absoluto, todo lo contrario. Que exprese mi sentimiento de tristeza por los que ven estas experiencias como lejanos y vergonzantes pecados de juventud no quiere decir que reivindique esas ideas y esas prácticas políticas hoy, ni que condene a los que cambiamos las ideas al respecto, todo lo contrario. No es tristeza en cambio, ell sentimiento que me despierta Pepe Mujica llendo a apretar a los cañeros que ocuparon 36 hectáreas en Bella Unión con el argumento de que "estamos en un estado, de derecho" , como ocurriera hace dos años. De mi experiencia con muchos uruguayos, argentinos y chilenos con los que compartí sueños, barricadas, militancia, huidas, y mucho dolor en la derrota rescato principalmente el esp´ritu rebelde, fraterno, justiciero, solidario de la mayoría de los compañeros, también ví otras cosas,per nunca fue lo predominante. No sé cómo conviviría con mi pasado, si pensara sintiera que estuve rodeado(y yo mismo fuera) un desequilibrado, fanático o asesino potencial. Todas las derrotas generan restauraciones negadoras, reaccionarias.
Separo para el análisis mi crítica ypensamient del guevarismo como movimiento político, de mi valoraci´n de Ernesto Guevara como revolucionario que marcó una época y también la separode mi apreciación sobre el mito del Ché. El mit delChé debe tener muchas fuentes,yo lancé lo que vos llamaste interpretación sociologica, habrámuchas interpretaciones del mismo me imagino, de todo tipo. Voy a tener otra coincidencia con vos!!!!!, no te asustes, resistí. A mi también me parece que el mito del Chées abslutamente minoritario en AméricaLatina, sobretodo comparado con los mitosdominantes. Al mito del Ché lo construyen los fanáticios de su figura, construyen un imaginario cerrado, perfecto, idealizado, el Jesucristo del siglo 20 . En tu nota original Voltaire, decís de él: "se le rinde culto y devoción", "lo elevan a la categoría de santo" "deshumanizado" "fuera de la historia" "como ocurre con todos los próceres" "trivialización y mercantilización", "guerrillero heróico" "uso espurio de un líder revolucionario" "un Guevara de escaparate, de consumo masivo", "auténtico Guevara", "soft del Ché", "actos de heroísm, incluso el martirio, en nombre de las causas más diversas y estrafalarias, reaccionarias incluso" "militares fascistas, sacerdotes de todos lscredos, políticos liberales, fanáticos de todas las ideologías y miembros de todas las sectas", "falta de originallidad" "el valor, la bravura y las agallassuelen ser virtuosas para quien cree que no hay nada que pensar, discutir, ni pactar", "es tan peligroso como una fiera herida", "profetas convencidos", "cumplir la misión de anunciarnos el advenimiento de una nueva era", "realización de sus profecías", "doble rostro...romántico y austero...fanático ydespiadado", "ls apóstoles de todos los credosestán convencidos de que el fin justifica los medios" "la revolución no puede andarse con remilgos humanistas", "la vigencia de su inciertopensamiento", "el dudoso idealismo del Ché", "confinar sus primitivas ideas po`´iticas", "conservar al Ché impoluto, el de las buenas intenciones", "delirio teórico y tragedia práctica", "su aura romántica y heróica", "comocrían elChe, Mao y Stalin", "el Ché jamás despert´de ese sueñ", "ni cuando el mismo se parecía a una pesadilla", "hombre nuevo", "le quería dar forma como se le da forma a una plastilina", "en su desvarío", "se ocultaba un trostkista tropical", "un che libertario", "dogma guevarista""alimentados porla fantasiosa esperanza" , "la carambola de la historia que fue la revolución cubana", "ché, elícono", "monumentales y trágicos fracasos", "quienes no tenían la arrogante omnipotencia del Ché", "esos proyects eran de una pavrosa fragilidad", "ignoraban todoacerca delas sociedades que pretendían transformmar".
Impresionante, había muchas más, esta exacerbación negativa del Ché, convertido en tiu nota en un saltimbanqui, alimenta, muy a tu pesar, el mito del Ché. Fijate, era TODO.
Voltaire, te dije que pensaba del "guevarismo", qué de Ernest Guevara,pero aún no opiné sobre el mito. Decís que hay personas que creen en Dios, otras en elI Ching, otras en el Ché. Yo no tengo ninguna de estas creencias. No adhier al mit del Ché, n lo alimento, ni por la positiva ni por la negativa. Tewng otro pensamiento que el tuyo sobre esta cuestión, no considero la misma cosa al guevarism como movimient político, a la personalidad de Ernesto Guevara, y al mito del Ché, mas alláde su obvia relacio´n. Emblocar todo como hacés, no contribuye a tener una distancia crítica, armás un contramito , "el alacrán totalitario" como me hizo reìr una de las participantes del blog, y terminás alimentando el mito. De ahí que me costara entender la "intenci´n real". Para vos tod es la misma cosa, yo propongo diferenciarlos y aún más, l diferenciaría de Cuba, de su revlución y de su estadio actual. El mito del Ché es minoritario, no es el instrumento ideolóigico del poder dominante. La burguesía a través del sistema educativo, de sus sistema político y de sus medios de difusi´n mantienen vivos otros mitos, estos sí masivos. Para ser claro, junto con el "mito" te cargás la idea de la revlucion y y el cuetionamiento al monopolio dela violenciaque el estado de clase ejerce cotidianamente contra losdominados, contra los asalariados, contra los que cuetionan y desafían el orden social de explotación, en los hechos.Y en estoes que tenemos una diferencia bien tajante.Esta idea quedaba subsumida en la crítica al "mito". Algunas de las creencias y mitos que sn muy operativas paramantener el dominio polìtico de clase, son , el de que todos somosiguales frente a la ley, el mito de que se puede repartir la riqueza sin expropiar a sus expropiadores, el mito de un estad democrático e igualitario por encima de las clases, el mit que oculta elcarácter violent y dictatorial de este estado, el mit de que se puede democratizar el capital, la creencia de que actuando bien, cada uno como un buen ciudadano, "las cosas van a ir cambiando", el mito de la separación de poderes, pero estoestáfuera de libreto. Es cmplicado saber que queremos decir con palabras como ,revoluci´n, socialismo,cmunismo,democracia. Comunistas eran Stalin,Pol Pot, Abizmael Guzmán!!!,socialistas se dicenFelipe González, Tabaré, Chávez!!!,en nombre de la democracia y la libertasd Bush provocó la muerte de 600.000 civiles en Irak, Sanguinetti es cómplice y protector de asesinos y torturadores y es un gran demócrata, hasta el monarca, el Rey Juan Carlos nos viene a dar lecciones de democracia!!!. Orweliano. No sé cómo se sale de eso. Gracias poraguantar la perorata(si la aguantaste). Gracias porel espacio para cambiar ideas. Roberto
PD: si EEUU o España estuvieran a 90 millas de Montevideo podríamos suprimir el servicio de público de transportes,nadie se quejaría , no sería necesario que Tabarése convierta en Fidel y prohíba la salida, se irían igual.
Autor: Roberto | Noviembre 15, 2007 4:57 PM
Tengo la impresión de que esta polémica empieza a tener un movimiento circular, que los argumentos y contrargumentos empiezan a repetirse como en una rutina. O, peor, se asemeja a un diálogo de sordos. Ya no le veo demasiado interés y además corremos el riesgo de embolar al resto. Si acaso llegaran a aparecer nuevas ideas o formas de expresarlas, encontraremos otro ámbito para hacerlo (o no). Uno de los riesgos de seguir por este camino es (y lo digo sin la menor ironía) volver a malinterpretarte, a hacerte decir cosas que no decís. Si mi interpretación sobre el tema central, es decir, sobre que el mito del Che pervive porque los miserables de América Latina ven en la revolución cubana un camino a emular también estuvo traído de los pelos, entonces me declaro incompetente para entenderte.
Es un riesgo volver a caer en lo mismo, porque en muchas de tus afirmaciones hay vaguedad, brumas, asuntos que se pueden interpretar de mil maneras. Y volverías a decirme que te hago decir cosas que no decís. No sé si esa vaguedad se debe a la razonable cautela de quien sabe que está pisando terreno complicado o es un mero ardid para abordar la polémica (de modo que nadie tenga de dónde agarrarse, porque total “esto” o “aquello” yo no lo dije).
Son demasiados los temas que me dejen con un signo de interrogación. A título de ejemplo (sólo a título de ejemplo), el de la revolución. Las palabras revolución, revolucionario se repiten no menos de 35 veces en tu comentario. Son el núcleo de nuestra controversia y sin embargo no puedo polemizar porque no sé qué querés decir con ellas. Por su imprecisión, la revolución en tu comentario se parece a una bíblica Tierra Prometida. La revolución de la que hablás ¿es un deseo? (ojalá que haya una revolución), ¿una propuesta política? (preparémonos y organicémonos ya para hacer una revolución), ¿un pronóstico? (percibo en la sociedad tendencias objetivas en ese sentido), ¿quién estaría (teórica y prácticamente) interesado en esa revolución?, ¿quién sería el sujeto de esa revolución?, ¿cómo se la llevaría a cabo? (¿con un Ejército de una fuerza similar al actual?), ¿qué harían los revolucionarios una vez que se apoderen del aparato del Estado en países como los latinoamericanos?, ¿cómo se relacionarían los revolucionarios con el gran número de ciudadanos que descreen de las revoluciones? Son apenas algunas de las preguntas que se me ocurren ahora. Me parece que para un tema de esta magnitud, y con las consecuencias nada festivas que suelen tener las revoluciones, no valen respuestas del tipo “no lo tengo claro”, entre otras cosas porque de la pertinencia de las respuestas a la mayoría de ellas, depende que la revolución sea una perspectiva razonable o una ensoñación de la voluntad, como digo en la nota. Es más, de las respuestas a esas preguntas dependerá que me plantee o no una revolución. De lo contrario es como se dice vulgarmente, poner la carreta delante de los bueyes.