Para terminar con la dictadura
Voltaire
A pesar de que no tengo demasiadas esperanzas de que los torturadores que aún andan paseándose entre nosotros vayan a ser juzgados, puse mi firma para convocar a un plebiscito para anular la Ley de Caducidad. No es que mi mayor aspiración sea ver a unos viejos criminales tras las rejas. Pienso que vale la pena intentar terminar con esa ley por otra razón.
Las relaciones entre Uruguay y Argentina atraviesan el peor momento de su historia: los puentes cortados, los presidentes que no se dirigen la palabra y un clima en el que crecen el rencor y las manifestaciones más primitivas de nacionalismo estúpido. Lo único que sigue fluyendo como de costumbre son los negocios, a los cuales las fronteras nacionales y los puentes les tienen sin cuidado.
El progreso es otra de las cosas que ya no son lo que eran. Prueba de ello es la sorpresa que producen, el estupor incluso, algunos políticos que se autocalifican de progresistas; los que deberían serlo mantienen esquemas que no dudaríamos en calificar de cosa del pasado y hay quien sostiene que la idea de progreso ha pasado insensiblemente de la izquierda a la derecha, transformada en una genérica voluntad de modernización, eufemismo de la idea envejecida de progreso.