Los guapos
Voltaire
Las relaciones entre Uruguay y Argentina atraviesan el peor momento de su historia: los puentes cortados, los presidentes que no se dirigen la palabra y un clima en el que crecen el rencor y las manifestaciones más primitivas de nacionalismo estúpido. Lo único que sigue fluyendo como de costumbre son los negocios, a los cuales las fronteras nacionales y los puentes les tienen sin cuidado.
El origen de la pelea ya lo conocemos: una fábrica de capitales finlandeses construida sobre el río Uruguay. Desde Argentina se dice que no bien empiece a vomitar celulosa se abatirá sobre la región una tragedia ambiental y social comparable a la de Chernobyl; en Uruguay arguyen que esa industria derramará sobre la patria todos los beneficios del progreso. Con certeza no ocurrirá ni una cosa ni la otra.
No voy a recordar ahora las aguas que provocaron este lodazal. Ya se han llenado toneladas de papel sobre el impacto ambiental del emprendimiento, pronunciado largos y encendidos discursos sobre los riesgos, las culpas y las responsabilidades de unos y otros. En este mismo blog hemos escrito unas cuantas líneas sobre el conflicto y no ha aparecido ningún dato nuevo que consignar. Si acaso más de lo mismo, como si cada parte estuviera abocada a tensar un poco más la cuerda. Aquí, en las Pampas, no se cumplen los principios de la dialéctica, aquello de la famosa acumulación cuantitativa que produce un salto cualitativo. No. En el Río de la Plata la acumulación de retórica nacionalista y argumentos falaces se reproducen sin solución de continuidad y sólo dejan más retórica nacionalista y más argumentos falaces.
Si alguien se enterara del conflicto en estos días, no diría que la bendita usina es la causa de la discordia, sino las declaraciones de un gobierno, los gestos de un presidente, los ademanes de malevo del otro. Por eso creo que es hora de decir algo sobre las responsabilidades de ambos presidentes, lo que de ninguna manera supone ignorar ingenuamente los intereses en juego, los riesgos propios de un modelo de desarrollo ni la desmesura de una protesta que asume que cualquier medio es legítimo para calmar sus no del todo fundadas sospechas. De esto ya hemos escrito hasta la saciedad. Ahora quiero dedicarle unos párrafos a estos dos tipos mediocres.
A lo largo de la historia los conflictos entre Estados se arreglaron dialogando y haciendo concesiones mutuas o a las patadas. Como nadie en su sano juicio puede imaginarse que éste se resolvería a los bifes, todos teníamos la esperanza (que ahora se revela como mera ilusión) de que en algún momento llegaría la hora de la sensatez, de que este enfrentamiento entre Uruguay y Argentina encontraría alguna fórmula para salir del empantanamiento en el que se encuentra y así poder discutir lo que realmente importa de este conflicto. Pero nos olvidamos, ingenuos de nosotros, de que nuestros presidentes se llaman Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez, dos auténticos criollos que no se van a dejar avasallar, ni patotear, ni asestar puñaladas traperas, ni dejar que los traten de boludos.
No es que pensara que Kirchner o Vázquez son los señores omnipotentes que se imaginan que son, pero tampoco son puras marionetas de fuerzas inmanejables. Son las máximas autoridades políticas de sus respectivos países. Con todas las limitaciones propias de un mundo en el que la política es menos soberana de lo que nos gustaría que fuera, ambos pudieron haber hecho algo más que tratar de ganar una pulseada para aceitar sus respectivas carreras políticas. A Kirchner y a Vázquez les importan un carajo la justicia, el alegado bienestar de sus pueblos, la legalidad internacional y la protección del medio ambiente que tanto han invocado a lo largo de este conflicto. En esta pelea sólo han estado pendientes de cómo iban a quedar parados, qué perjuicios electorales iban a sufrir o qué precio político les iba a hacer pagar la oposición. Para ellos la política no es un asunto de los ciudadanos, sino de acumulación de poder. Pocas dudas quedan, pues, de que si bien Kirchner y Vázquez no son los causantes del conflicto, nada han hecho para resolverlo y que con su arrogancia se han convertido en parte del problema.
Subordinaron la solución de esta batalla a los humores de la tribuna y en estos días han saboteado cualquier esperanza de ponerle fin al conflicto, aunque preparando previamente el terreno para acusar a su oponente del fracaso anunciado del diálogo. No de otra manera pueden entenderse los anatemas propios de guapos de arrabal que vienen lanzándose estos dos presidentes con pretensiones progresistas (cuando no de izquierda), convencidos de que cualquier concesión a la otra parte es una mariconada que se pagará con votos en las urnas. En Chile asistimos a la cima de una auténtica riña de tangueros rioplatenses con todos los ingredientes de un duelo criollo. Veamos algunas de sus contribuciones a la concordia entre los “pueblos hermanos”. Cuando se enteró de la autorización otorgada a Botnia para que empezara a producir, Kirchner le dijo a Tabaré lo que con toda seguridad le hubiera dicho en parecidas circunstancias a un gobernador de provincia: “no me trates de boludo”, y pensando en lo bien que luciría en las primeras planas de los diarios agregó “esto es una puñalada al pueblo argentino”. ¿Qué pensaba?, ¿que todos se rendirían a sus pies y Botnia se convertiría en un museo industrial? Pero con todo, la mayor contribución del presidente argentino al diálogo que reclama fueron las sanmartinianas palabras que le dedicó a los asambleístas de Gualeguaychú a pocas horas de la reunión de los negociadores: “¡vuestra causa es mi causa!”. Cuentan en su entorno que lo que más le irrita a Kirchner es que Tabaré no se muestre agradecido por haberle ayudado a convertirse en presidente del Uruguay. Pero esa irritación habla tan mal de uno como del otro. Pretender cobrar esa factura muestra a las claras cómo concibe Kirchner la política.
¿Y de Tabaré Vázquez?, ¿qué decir de Tabaré Vázquez y de su cristianísimo abrazo al matrimonio Kirchner cuando ya había dado la orden de que Botnia empezara de una vez por todas a escupir celulosa para felicidad y gloria del pueblo uruguayo? Me pregunto qué habrá pasado por su mente en ese instante. ¿Habrá creído que somos todos estúpidos?, ¿que un gesto para la tribuna iba a ser tomado como una contribución a la paz?, ¿que una apelación a la hermandad entre uruguayos y argentinos bastaba para olvidar todo lo que está en juego en este conflicto? Sin embargo, lo que pinta de cuerpo y alma a Tabaré fueron las circunstancias en las que ordenó que se le diera luz verde a Botnia. Dicen que “se calentó” cuando se enteró de que Kirchner había bendecido a los cortadores de puentes de Gualeguaychú. De acuerdo, no fue precisamente un gesto conciliador el de K, pero un presidente no puede “calentarse” cuando se está jugando lo que se está jugando en este conflicto. Sólo un compadrito que maneja los asuntos políticos y diplomáticos como si fueran asuntos domésticos puede reaccionar de esa forma. ¿Qué hubiera cambiado si nuestro presidente esperaba a que terminara la cumbre de Santiago y otorgaba el permiso a su regreso a Montevideo? Nada, absolutamente nada, sobre todo después de las impresentables marchas y contramarchas que dio el gobierno en los últimos meses a propósito de la habilitación de la fábrica y especialmente después de que Cristina Kirchner admitió que Botnia iba a empezar a funcionar e incluso puso en duda que fuera a contaminar. Ya me lo imagino a Tabaré, con sus ínfulas neoartiguistas. “A mí no me patotea nadie… Mariano, habilitame ya esa fábrica”. Obnubilado por su arrogancia de compadrito, Tabaré Vázquez también ha terminado echando gasolina a la hoguera.
Por eso en algún momento habrá que recordarles a Kirchner y a Vázquez que no fueron puestos por los ciudadanos donde fueron puestos para que se comporten como gallos de riña, que la política, sobre todo una política que se pretende de izquierda, no consiste en entregarse a la defensa de la propia nación, como si los intereses nacionales fueron algo más que pura retórica trasnochada; habrá que recordarles estas mezquindades de politiqueros atentos a no perder un solo voto y a lucrar políticamente con las miserias del patriotismo que anida en el alma de buen número de uruguayos y argentinos; habrá que recordarles que a “los países” no les asiste razón, porque la solución a un conflicto con las dimensiones sociales, ambientales y políticas que tiene éste no puede reducirse a un enfoque tan simplista como el que dice: Argentina tiene razón o Uruguay la tiene; que la política es argumentación, deliberación y eventualmente concesión y no vencer al “otro”; que sus pretensiones de estadistas que pasarán a la historia se han hecho añicos y que de ese sueño sólo queda la certeza de que han encarado esta pelea más preocupados por no pagar en sus respectivos países eso que llaman el “precio político” de una posible “derrota”; que un estadista a veces tiene que decirle a sus ciudadanos algo que no quieren escuchar; habrá que recordarles que la preocupación por la justicia, la protección ambiental y el bienestar de sus ciudadanos que no tuvieron a lo largo de este conflicto, no podrá disimularse con retórica progresista en las conferencias de prensa; habrá que recordarles, en fin, que los haremos responsables de las heridas y los recelos que dejará, que ya está dejando, este conflicto entre ambos países.
Respuestas
Mire Volter, el tema es tan anodino que nadie se ha dignado redactarle el más mínimo comentario, porque tiene cansado a un pueblo ese tema. No hay que hablar de él, hay que esperar a que se mueran todos los protagonistas para hacerlo, como quiere un genial ministro sobre otro tema. No hablemos más así Vázquez y Gargano (y ya casi me olvidaba de Arana) se callan la boca y queda más en evidencia que ninguna idea original late en sus cabezas y sólo se limitan a responder a lo que dicen los otros. Ellos estan ayunos de pensamiento propio e iniciativa.
Y ahora, vayamos a lo más importante:
¿CUÁNDO Y DÓNDE ES LA DESPEDIDA DEL AÑO DE C.E.F?
un abrazo a todos y todas (como le gusta decir a Curzio)
Autor: El Mulato de la playa | Noviembre 17, 2007 8:17 PM
Y no podríamos acelerar el trámite. Lo de que se mueran todos los protagonistas, digo.
Usted se animaría a cometer un doble magnicidio? o financiarlo? Y con la asamblea de Gualeguaychú, qué hacemos? Y los finlandeses? Los atamos con alambre los atamos? NO la veo tu propuesta de esperar pacientemente. Arana es probable que salga de circulación pronto, pero Ñandubasay, por ejemplo, Ñandubasay no morirá jamás.
Y la Picolotti y Lafluf tienen para rato. Y si les hacemos una cita a ciegas? Capaz que se enganchan y se olvidan del asunto.
No te confíes en el "ayuno de pensamientos", que de eso no se muere nadie.
Autor: ARF | Noviembre 17, 2007 10:56 PM
Estoy de acuerdo con el mulato que esto nos tiene cansados a todos, pero la pena es que a pesar del embole el problema sigue ahí. Si fuera tan fácil que algo se resolviese por acumulación de embole, este conflicto haría años que estaría resuelto. Vos estás cansado, yo estoy cansado, él está cansado, todos estamos cansandos. ¿Y entonces? ¿Lo declaramos inexistente el problema?
Pero lamento tener que recordar que seguimos siendo víctimas de un gobierno argentino que además es rehén de unos "ambientalistas" convencidos de sus propios cuentos, con lo cual todo es más complicado. Parecía q Cristina K se desmarcaba de esa gente totalmente perturbada cuando dijo q' si la planta no contamina, la protesta no tendria razon d eser, pero Tabaré Vazquez parece mandado a hacer para complicarla.
Según algunos analistas (de esos que no son santo de mi devocion), la relaci´pon personal entre los presidentes que tienen que resolver un conflicto puede ser decisiva. Y en este caso se fue al garete. Por eso me parece acertado el diagnóstico de la nota, que Kirchner y Vázquez pasaron a ser parte del problema.
Autor: montesquieu | Noviembre 19, 2007 11:48 AM