Fútbol y cocaína
El País titula hoy (13/1/08): "Crece: Gobierno plantea al fútbol preocupación por la cocaína". Igual pudo haber titulado "Crece: el fútbol plantea al gobierno preocupación por la cocaína". O mejor aún: "Crece el consumo de cocaína: fútbol y gobierno cruzan pedidos de muestras de orina."
Uno hubiera esperado que con un gobierno progresista el planteo fuera algo menos ortodoxo. Cuando se demuestra que un futbolista tiene metabolitos de cocaína en la sangre no se está ante un caso de dopaje en el sentido deportivo del término (porque la cocaína ciertamente no mejora el rendimiento deportivo sino todo lo contrario), aunque quizás sí ante un problema social menor: el uso recreativo de la sustancia (tal vez semanas antes de obtenerse la muestra). El caso es que ningún futbolista profesional puede ser consumidor contumaz de cocaína (o sea, lo que llamamos "adicto"), y seguir siendo futbolista. El que consume cocaína a diario es incapaz de llevar el tipo de vida que se requiere de un atleta profesional, ni de mantener orden en sus períodos de sueño y vigilia.
Es cierto que se han reducido las "penas" que se aplican por consumo de cocaína, de dos años a seis meses, aunque no fue por iniciativa de este gobierno. El ministro Lescano es flor de cristiano y, como todos sabemos, la compasión es una de las virtudes que ayudan a ganarse el cielo. Compasión hacia personas que pueden ser deportistas ejemplares, con brillantes futuros y que no han hecho absolutamente nada malo desde el punto de vista de la competencia deportiva, aunque quizás se hayan jalado una raya o dos en alguna fiesta. Compasión para no arruinarle la vida y someter al escarnio público a un tipo que, al fin y al cabo, es un trabajador como cualquier otro, y además un ser humano cuyos derechos son iguales a los de los demás. Uno se pregunta por qué se hacen pruebas sobre consumo de cocaína con las muestras de los jugadores y, si se hacen, por qué se tratan con el mismo criterio con que se trata a los que de verdad quieren hacer trampa en una competencia deportiva.
Si el consumo esporádico de cocaína no mejora el rendimiento deportivo, entonces el castigo que se les inflige a los atletas que la consumieron es únicamente una exigencia del puritanismo de algunos (puritanismo que en este gobierno parece haber cobrado nueva vida y entrado en el librito rojo de Tabaré). Si se quieren aplicar castigos ejemplarizantes a los jugadores de fútbol (ya que según las cabezas parlantes del deporte se supone que "deben dar el ejemplo a los jóvenes"), entonces habría que hacer otro tanto con otras profesiones que también deberían dar el ejemplo a los jóvenes. Si en un arranque de vazquismo empezáramos a analizar muestras de orina de los legisladores, por ejemplo, pondríamos en peligro las frágiles mayorías parlamentarias del oficialismo y acabaríamos con los llamados a sala que hace la oposición, por falta de número. Médicos, periodistas, maestros, profesores, directores de entes, tomaconsumos de UTE, guardahilos, choferes, en fin, padres y madres de familia, todos ellos deben dar el ejemplo. A ellos no les pedimos muestras de orina, y por eso muchos de ellos se pasean tan campantes por las calles, con metabolitos de cocaína en la sangre y de lo más tranquilos porque no juegan al fútbol.
Al leer la frase anterior sentí un escalofrío. Si Tabaré se la toma en serio, puede empezar a reclamar análisis a todo el mundo para pasar a la historia como el Gran Recolector de Orina, y pasar a la historia, todos lo sabemos, es su primera y gran pasión.