Transición a la cubana

Voltaire

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"No aspiraré ni aceptaré, el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe" de las Fuerzas Armadas, escribió Fidel Castro en la carta de renuncia publicada en el diario Granma el 18 de febrero. El anuncio bastó para que se dispararan las especulaciones sobre el inicio de una transición en Cuba. ¿Se retira realmente Fidel Castro a cuarteles de invierno? Y si lo hace, ¿en qué consistirá la eventual transición? Son preguntas nada fáciles de responder tratándose de un régimen que no se caracteriza por la transparencia informativa.

Ya lo había dicho el propio Fidel unos meses antes: “todos debemos comprender que no es conveniente ofrecer sistemáticamente información, ni brindar imágenes sobre mi proceso de salud”. Se trata del secretismo propio de todos los regímenes autoritarios y personalistas, cuya estabilidad depende en buena medida de la salud del líder máximo. (Basta recordar la información que se suministraba en el tramo final de la Unión Soviética, cuando unas plantas llamadas Breznev, Gromiko y Chernenko hicieron de la botánica una disciplina auxiliar de la ciencia política.)

Hay que comprender al líder máximo. A pesar de que la mayestática primera persona del singular que recorre toda la carta sugiera lo contrario, él siempre tuvo claro que “mi deber elemental no es aferrarme a cargos (sic), ni mucho menos obstruir el paso a personas más jóvenes”.

Si se tomó más de 40 años para desobstruir el paso de las nuevas generaciones, ello se debió a que su posición “era incómoda (…), frente a un adversario que hizo todo lo imaginable por deshacerse de mí y en nada me agradaba complacerlo". El riesgo de complacer al enemigo imperialista, sin embargo, no lo apartó de sus extenuantes labores de plomero. Claro que cumplir con ese deber exigía una minuciosa (y larga) preparación para “evitarle (al pueblo cubano) ilusiones que, en caso de un desenlace adverso, traerían noticias traumáticas”. “Prepararlo para mi ausencia, sicológica y políticamente”. Tal era el desvelo del líder máximo. ¿Será que el pueblo cubano se imaginaba que el comandante es inmortal? No lo sabemos. Lo que sí sabemos por la carta de renuncia de Fidel es que está convencido de que su presencia (o su ausencia) en la cúspide del poder en Cuba es determinante del curso de la revolución. Por eso dedicó hasta “el último aliento” a preparar a los cubanos para el inevitable desenlace.

Había mucho trabajo por hacer antes de anunciar el retiro. Por ejemplo “evitar las tendencias a copiar lo que venía de los países del antiguo campo socialista, entre ellas el retrato de un candidato único…”, y desconfiar “de las sendas aparentemente fáciles de la apologética”.

Pero el comandante se puede retirar ahora tranquilo. Una nueva generación de comunistas cubanos está aprendiendo “el complejo y casi inaccesible (menos para el comandante obviamente) arte de organizar una revolución”. Es que esos jóvenes "cuentan con la autoridad y la experiencia para garantizar el reemplazo". No la revolución –signifique lo signifique esa gastada palabra–, sino el gran reemplazo. Su reemplazo.

Pero dejemos de lado el humor revolucionario y hablemos en serio, porque lo que está en juego es el futuro de más de once millones de cubanos.

Para empezar conviene no apresurarse
. "¡No me despido!", advierte Fidel Castro en su carta de renuncia, y a continuación blande la amenaza de convertirse en un “soldado de las ideas” y castigarnos con más “Cartas del comandante”. Una advertencia que conviene no tomarse a la chacota. Fidel renuncia a los cargos en el gobierno cubano, pero mantiene todos los que ostenta en el Partido Comunista, una estructura clave en la ingeniería del poder en Cuba junto a las Fuerzas Armadas.

Por eso lo primero que hay que considerar es si Fidel seguirá o no detrás del trono. A corto plazo no es un dato insignificante. Aunque los líderes máximos no son tan omnipotentes como pretende la apologética (particularmente la apologética revolucionaria), y ni siquiera Fidel esté por encima de la historia, está claro que los individuos con más poder que sus contemporáneos tienen más capacidad de influir sobre el curso de los acontecimientos. Y en este sentido, parece haber acuerdo en que, dentro de la nomenclatura cubana, Fidel es uno de los más renuentes a que la revolución emprenda un camino diferente al que ha seguido hasta ahora. Tarde o temprano la figura de Fidel se extinguirá. Ya se está extinguiendo. Pero mientras no muera o ingrese en el reino vegetal como sucedió con sus inspiradores soviéticos (cosa que no hay que descartar que ya haya ocurrido), no habrá lugartenientes que se animen a desafiar su tutela. En este contexto, la mentada transición no deja de ser una especulación o un pasatiempo de los analistas de la CNN.

Si a corto plazo no hay motivos para que los sufridos cubanos recuperen el optimismo, otro puede ser el escenario a mediano plazo. Viva o no Fidel unos años más, el régimen cubano se enfrenta a unos desafíos que difícilmente le permitirán seguir como hasta ahora. Con o sin Fidel Castro.

La penosa situación económica de los cubanos pide a gritos un cambio que, en las condiciones de una economía subdesarrollada, aislada, ineficiente, sin recursos naturales y poco competitiva, pasa necesariamente por su integración a la economía global. Sobre esto no hay siquiera dos opiniones. Incluso quienes atribuyen las penurias de los cubanos al embargo norteamericano y reclaman, con razón, su levantamiento, reconocen implícitamente que el fin de la relativa autarquía de Cuba es una condición del mejoramiento de las condiciones de vida de sus habitantes. De lo contrario no se comprende por qué reclaman el fin del embargo. No es que Cuba esté totalmente fuera del circuito de la economía capitalista mundial: el desarrollo de su industria turística, gracias a las considerables inversiones extranjeras, demuestra palmariamente que si forma parte de ella. Pero la dirigencia cubana aspira a que esa integración se intensifique y se acelere. Y para ello está dispuesta incluso a introducir reformas aperturistas de mercado, que amplíen la iniciativa privada, autoricen la contratación de trabajo asalariado y cuantas condiciones demande el capital (en este sentido los problemas de Cuba no son demasiado diferentes a los de cualquier otra economía emergente). Todo menos renunciar a la dictadura del partido único o asumir el riesgo de que alguno de sus dirigentes termine en el ostracismo, como muchos de sus antiguos pares del socialismo real en Europa.

La pregunta es si la gradual transición hacia una economía de mercado (o una combinación de economía estatizada y mercantil) es compatible con el monopolio del poder político por el PC. Los grandes capitales han aceptado, hasta ahora, invertir en sociedades con esas características. China es acaso el ejemplo más notable. Con su gigantesco mercado, sindicatos prohibidos, protestas reprimidas, abundante fuerza de trabajo y bajos salarios, China representa el ideal de los capitalistas. El pequeño detalle es que Cuba no es China. Los países occidentales no están en condiciones de ponerle a esta última demasiadas condiciones, cosa que perfectamente podrían hacer con Cuba. Sin embargo, ya conocemos el doble rasero y la hipocresía de EEUU y la Unión Europea en materia de libertades democráticas y respeto a los derechos humanos: se comportan de una manera con China y Arabia Saudita y de otra con Sudán, Bielorrusia o Zimbabwe. Hay, no obstante, un país que podría ilustrar el posible futuro de Cuba: Vietnam, con su economía abierta a las inversiones extranjeras y el monopolio del poder político por el PC. He aquí un escenario posible para Cuba a mediano plazo.

Con otro sueña la derecha de toda América y el exilio cubano: transición sin escalas hacia una democracia representativa y restauración de todas las reglas de una economía de mercado clásica. La actitud de la sociedad y el régimen cubanos son claves para determinar si es plausible un escenario como ese. Pero a la hora de hacer conjeturas en este sentido conviene no fiarse demasiado de los expertos que aparecen estos días en las pantallas ni en las versiones idílicas sobre la fidelidad de los cubanos a su gobierno que siempre difundieron los castristas. En rigor, la reacción de los cubanos bajo el pos-fidelismo es todo un misterio. Otro tanto ocurre con los dirigentes del PC.

A la mayoría de los ciudadanos de Europa del Este que padecieron el llamado socialismo real parecieron no importarles un rábano las libertades democráticas. Daba la impresión de que su malestar y sus protestas se alimentaban de la imposibilidad de acceder al consumo del que disfrutaban sus semejantes del otro lado del muro. La resignación con la que los rusos aceptan hoy a un gobierno como el de Putin, que no reúne los requisitos más elementales para ser considerado democrático, confirmaría estas presunciones. ¿Puede decirse lo mismo actualmente de los cubanos? No lo sabemos. Lo que sí podemos conjeturar es que sin una exigencia de los cubanos, no habrá democracia en Cuba, porque en lo que concierne al partido, no existe la menor señal de que vaya a dejar de ser el pilar del régimen ni que esté dispuesto a terminar con su monopolio del poder.

En este contexto es difícil que a corto o mediano plazo el régimen se vaya a desmoronar como ocurrió en los países de Europa del Este, ya que la mutación de los partidos comunistas únicos en partidos de izquierda que aceptaron el pluralismo o en versiones eslavas de la socialdemocracia fue allí un factor decisivo de la transición. De una transición que de otro modo hubiera resultado mucho más violenta de lo que resultó. Y terminada la Guerra Fría, nadie en América, salvo el exilio cubano –-no por cierto los gobiernos de izquierda ni el de Estados Unidos–- quieren algo que desestabilice a la región. De modo que no parece que la mentada transición vaya a asumir la forma de una democracia representativa. Lo que no impide que se alcance algún pacto que tolere alguna forma de oposición. Eventualidad que no habrá que descartar después de que Barack Obama anunciara que en caso de ser presidente estaría dispuesto a conversar con los dirigentes cubanos e incluso terminar con un embargo que todos consideran obsoleto.

La alternativa de que todo siga como está, en el marco de una economía y una cultura globales demasiado poderosas como para que Cuba se sustraiga a su influjo, no parecen contemplarla siquiera los burócratas de La Habana. El problema que tienen es que no están dispuestos a correr el riesgo de perder la ropa para salir del laberinto en el que se encuentran.

Respuestas

Amigo Voltaire, no resisto la tentación de hacerle algunos comentarios a ciertas afirmaciones suyas, al menos discutibles. No me refiero a las especulaciones (que no son sino eso: especulaciones) sobre lo que sucederá en Cuba en el corto plazo, sino a asuntos de mayor calado. Usted da a entender que los sueños de la derecha de toda América y del exilio cubano, no son los suyos. ¿Me equivoco? Al menos, denos alguna pista sobre cuales son sus expectativas y deseos. Yo, personalmente, no me imagino otros.
Es más, creo que es lo mejor que le puede pasar a los cubanos, es que recuperen sus libertades y puedan ser libres de expresarse, de luchar por sus derechos y de poder elegir a sus representantes democráticos. Ya habrá tiempo para intentar mejorar dentro de un regimen de libertades y de oportunidades, aquellas que durante 50 años les ha negado el comunismo totalitario. Por tanto, si hay que ir juntos con el exilio cubano y la derecha americana, iremos juntos. Que a la mayoria de los ciudadanos de la Europa del Este les importaba un rábano las libertades democráticas, es al menos arriesgado, por no decir falso. O quizás falta de información de su parte. Yo conocí en directo lo que fue la verdadera revolución antitotatalitaria en ciertos países del socialismo real (es cierto, no en todos). Esas sí, (Rumanía, Alemania Oriental, Polonia...) verdaderas revoluciones con movilizaciones populares (al contrario de los golpes de mano stalinistas para instaurar revoluciones socialistas en su día), para alcanzar la libertad y el consumo. Sí, el consumo (que usted parece considerar un asunto menor). Usted dice que "daba la impresión" de que sus protestas se alimentaban de la imposibilidad de acceder al consumo.... Usted no debe haber conocido la penuria y la indignidad social, económica, y de todo orden, al que habian condenado a las "masas" los llamados regimenes comunistas. Su afirmación, me parece al menos frívola. Acceder al consumo, es un derecho de las gentes trabajadoras, y no se le puede desligar, además, de la conquista de la libertad, tanto individual como colectiva. Es el mismo asunto. Recuerde además, que las rebelions sociales para la caida del muro, fueron hechas por individuos, sin casi ninguna organziación. Los regimenes comunistas se habian dedicado con paciencia infinita a destruir durante décadas cualquier atisbo de sociedad civil en dichos paises. La inexistencia de una sociedad civil y de las organizaciones de las que se dotan las personas para ser ciudadanos, es el gran drama de la deconstrucción de los regimens totalitarios. Finalmente, lo de hacer previsiones de corto y medio plazo (¿cuanto es el medio plazo?) me parece una temeridad, tratándose del tema que se trata. Los regimenes soviéticos se derrumbaron sin que nadie (nadie de nadie) fuera capaz de prever ese desenlace en ese momento. El punto clave es (como usted bien dice) que los cubanos (los cubanos de a pie) adquieran consciencia que pueden ser decisivos. Y eso llegará, creo que más pronto que tarde.

No veo dónde desprecio las aspiraciones de los europeos del este a alcanzar un nivel de consumo acorde con los tiempos que vivimos. Lo que, en cambio, sí digo es que NO RESULTO LO MISMO estar en contra de los regímenes del socialismo por ese motivo que estarlo porque se aspira a vivir en una sociedad democrática. No se le escapará que la diferencia estriba en que en el primer caso los ciudadanos pueden aceptar seguir viviendo bajo una dictadura que satisfaga sus necesidades materiales más básicas. Cosa que no ocurriría en el segundo caso.

Respecto a lo que ocurrió durante la caída del socialismo real en Europa del Este, creo que tenemos una visión algo diferente. Salvo en Checoslovaquia y Polonia (y puede que en la RDA, recuerdo ahora las manifestaciones de Leipzig), tengo la impresión de que los ciudadanos de esos países no estaban demasiado inquietos por recuperar unas libertades democráticas, que muchos de ellos jamás conocieron. A mí me parece que el caso de Rusia es bastante ilustrativo. Putin es un tiranuelo (electo, dirá usted; tiranuelo insistiré yo), algo que no parece quitarle el sueño a los rusos, tan habituados a las dictaduras. Tengo la impresión de que la búsqueda de la libertad política no fue el factor decisivo en la caída del socialismo real, al menos en Rusia y otros.

En este terreno no podría decir nada concluyente sobre los cubanos, aunque a raíz de algunas críticas toleradas por el régimen nos hemos podido enterar de que el derecho a viajar fuera de Cuba y el acceso a internet han sido dos de los reclamos más recurrentes. Asuntos que, sin forzar demasiado el razonamiento, uno puede vincular con aspiraciones democratizadoras.

Los sueños de democratizar la isla los comparto plenamente. No me pasa lo mismo con la liberalización total de la economía. No me suscita tanto entusiasmo. La desigualdad, la inequidad, el aumento de la pobreza incluso, que han sobrevenido en innumerables países de Europa del Este tras la caída del socialismo real, debería hacernos más cautelosos a la hora de decir "encomendémonos al mercado y a otra cosa". No veo por qué los reparos que uno le formula desde una perspectiva de izquierda al principio de que el mercado todo lo debe regular, no deberían aplicarse a Cuba.

¿Se ovlvida de las masivas manifestaciones en Bucarest, Timisoara y otras ciudades rumanas para derrocar al tirano Ceausescu? ¿En ese caso los rumanos se manifestaban para poder degustar hamburguesas Mc Donalds o por que querian quitar del medio al dictador? El "caso" de Rusia no es ilustrativo como para aplicarlo a otros paises, porque Rusia si que es una situación diferente respecto a otros paises del Este. En cualquier caso la situación de Cuba se parece más la de éstos ultimos que a la de Rusia. La división mecánica que usted hace en cuanto a los motivaciones para derrocar a un régimen(o es por el consumo o es por la libertad) no la comparto. El asunto es que después de la tiranía económica y el sojuzgamiento de la libertad económica propia del totalitarismo, la reimplantación de las normas de mercado, resulta un avance evidente, porque libera las "fuerzas productivas" al decir de Marx. Es a a partir de esta liberación económica que podremos buscar equilibrios y compensaciones para que no solo sea el mercado puro el que regule las relaciones entre las personas. Pero a partir del esperpento económico llamado economia planificada que supone que las personas son siervos económicos de la revolución, no me imagino ninguna otra salida.(Yo no me encomiendo al mercado, porque no creo que nos salvemos con él, pero sí creo que es la manera menos mala de asignar recursos). Sobre el aumento de la desigualdad y el aumento de la pobreza que han sobrevenido en "innumerables" (sic) páíses de la Europa del Este, tendria más que un reparo. ¿Se refiere a Polonia, a Hungría, a Rumanía? ¿O lo suyo es simplemente una impresión?

¿El libre mercado como "liberación" económica? Disculpe que no entienda esa idea. Sé que este tema daría para mucho más que unos comentarios a vuelo de pájaro.

Pero aunque sea en forma telegráfica, déjeme decirle que no me parece liberadora una forma de organización económica que consagra las desigualdades sociales de origen, que impide la autorrealización de las personas, o que la hace depender de los recursos económicos de que disponen, en la que conviven el lujo y la miseria y en la que la libertad de algunos (la libertad positiva, es decir las condiciones materiales para ejercerla, no la ausencia de prohibición) depende de que otras personas no puedan hacer lo mismo (entre otras cosas porque los recursos naturales y los recursos en general no son infinitos).

El aumento de la desigualdad y de la pobreza en algunos de los ex países del socialismo real no es una intuiciòn personal. Hay datos que lo confirman. Deme un par de días que le daré la fuente de la que extraje esa información (no tengo esa buena costumbre de registrar datos como ése).

Lo cito de memoria, de modo que puede que lleve razón en que en algunos países de esa región eso no haya ocurrido, pero tengo presente que en el conjunto de la región Europa del Este se verificó el crecimiento de la desigualdad (y de la pobreza en algunos países).

Cuando hablo de liberación económica, lo digo en comparación al sojuzgamiento actual que supone la economia a la cubana. Y quizas también respecto a los pobres cubanos que se liberarian de una esclavitud real. Sabemos que el gobierno cubano les cobra a las empresas extranjeras que se instalan en Cuba (por ejemplo, grandes cadenas hoteleras)un determinado salario para "cederles" trabjadores, y luego solo les paga a los contratados un porcentaje mínimo de esa suma pagadas por las empresas. Es en comparación con ese paraiso de relaciones laborales y salariales, que creo que una economia de mercado seria una liberación.

En su artículo sobre la evolución de la pobreza en el mundo, la investigadora del Real Instituto Elcano Iliana Olivié dice (apoyándose en Chen y Ravallion: “How did the World’s Poorest Fare in the 1990s?”, hay versión en español, que ahora no encuentro), que "la pobreza mundial habría seguido, en los últimos años, una tendencia diferente a la que sugiere el Banco Mundial. Siguiendo una metodología diferente de la del Banco Mundial pero utilizando los mismos cálculos de la PPA, estos autores llegan a la conclusión de que la pobreza que se sitúa por debajo del umbral de un dólar diario ha disminuido a nivel mundial (entre 1985 y 2000) en muy diversas áreas como Asia, América Latina, Oriente Medio y el Norte de África mientras que se registró un aumento de la pobreza en África Sub-Sahariana y Europa Oriental y Asia Central. No obstante, excluyendo a China del cómputo, las cifras mundiales de pobreza habrían ascendido de 880 a 961 millones de pobres, lo que equivale a decir que la caída de la pobreza en Asia, América Latina y el Norte de África se habría visto compensada con creces por el aumento de la misma en África Sub-Sahariana y Europa Oriental y Asia Central si excluimos la excepción de China".

(ese aumento de la pobreza en Europa Oriental coincide con la caída del socialismo real, no?)

Le doy el link
http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/Elcano_es/Zonas_es/Cooperacion+y+Desarrollo/ARI+184-2004#_ftn7

Sobre la desigualdad, no hablemos. Basta con leer lo que dice la prensa al respecto sobre Rusia.

Bueno, según parece el socialismo real habia tenido el mérito de evitar la pobreza. Todos iguales, sin prosperidad, pero con los bienes de subsistencia mínimos asegurados. Al final, mal asunto este de tirar el muro.... Para este viaje no se necesitaban esas alforjas. Porque la caida del muro deberia haber traido.... equidad. Me pregunto ¿Por qué? ¿Porqué Voltaire esperaba que la caida del muro iba a evitar la desigualdad? ¿Porque se hace esa pregunta? Se me ocurre pensar que para Voltaire es tan (o más) nefasto y peverso el mercado que el socialismo real. El asunto es que Voltaire es prisionero de la vieja dialéctica entre el sistema socialista y el sistem capitalista. Y por tanto, se trata de comparar, y de ver los pros y los contras de uno y de otro. No es eso, Voltaire, no es eso. Lo más lógico es que la caida del muro, produjera mayores desigualdades. Yo ya le he intentado explicar en otro lado de CEF que hay igualdades que son injustas, por ejemplo las del socialismo real. Trabajes poco, o mucho, bien o mal, te preocupes por la calidad de la producción o no, tendrás los mismos beneficios en un caso o en otro. Lo que es seguro que ha traido la caida del muro y la reconstrucción de las sociedades hacia la democracia, ha sido una mayor diferenciación (entre sectores productivos, entre personas, entre regiones, etc.) en el seno de cada uno de los países de la Europa del Este y de Rusia. Y esa mayor diferenciación es lógico que se produzca cuando se termina con la economia estatizada, productora de una igualdad inoperante, injusta y opresora. No le quepa duda que antes o después los países del ex-bloque soviético se integrarán plenamente (algunos ya lo están haciendo a todo tren) en la Unión Europea y podrán disminuir sus niveles de desigualdad y de pobreza a partir de los recursos del estado del bienestar europeo. Los recursos que ya actualmente suministran los fondos estructurales de la UE a países como Polonia, Rumania, República Checa y Hungria, van dirigidos a nuevas infraestructuras que posibiliten un desarrollo más equilibrado, a crear empleo y a establecer sistemas de protección social modernos. Lo de Rusia es diferente, ya se lo he mencionado, y sin duda, más grave y más complicado. pero no metamos todo en una misma bolsa, para intentar demostrar que el mercado no es la panacea para todos los males, y continuar de paso machacándonos con su militancia antimercado.

Sofismas. Puros sofismas, lo de Espino, quien en cualquier momento bate el récord Guiness del Gran Sofisma.

El ardid argumental que nos expone es el siguiente: Voltaire afirma que la liberalización de la economía en Europa del Este tras la caída del socialismo real acentuó la desigualdades y aumentó la pobreza en algunos países; ergo, Voltaire afirma que el socialismo real era fantástico. Por favor, usted es el único que saca una conclusión semejante.

Me parece que ha vuelto a las andadas con sus simplificaciones. Negro o blanco. O hacemos la apología del libre mercado o nos abrazamos a Pol Pot. Va a tener que recurrir a argumentos un poco más sofisticados. A ver, ¿dónde afirmo que "al final mal asunto este de tirar el muro"? No sólo que no lo afirmo, sino que no hay siquiera nada que lo sugiera. Tampoco afirmo (ni sugiero) que el socialismo real iba a evitar la desigualdad. Cualquiera que haya leído otros textos que he escrito en este blog sobre el tema sabe que no pienso que el socialismo real fuera el reino de la justicia y la igualdad. No logro darme cuenta a dónde quiere llegar: ¿pensará que sus ideas se defienden mejor caricaturizando las de los demás?

Así es muy difícil discutir, créame. Según el razonamiento de Espino, si uno llama la atención, pone algún reparo o simplemente advierte de algunas de las consecuencias indeseables de la liberalización económica en Europa del Este, ipso facto pasa a ser un defensor del muro de Berlín (!!!).

Recurriedno a un sofisma opuesto, yo podría afirmar que Espino está de acuerdo con que el Estado alemán haya suspendido los subsidios para los alquileres y dejado en la calle a los ciudadanos de la ex RDA que no se los podían costear. Como está de acuerdo con liberalizar la economía, necesariamente tiene que estar de acuerdo con todas las consecuencias, incluidads las más horrendas, de esa liberalización. También le deberá parecer fantástico que los rumanos, los polacos, los búlgaros, los rusos y los albaneses emigren a paladas de sus países, gracias a la fantástica apertura de sus economías.

No sé lo que ocurrirá a mediano o largo plazo... si sus predicciones acerca del futuro que les aguarda a los europeos del este se cumplirán o no, pero me parece una necedad no reconocer que la transición no está resultando idílica. ¿No escuchó nada?, ¿no leyó nada de algunos de los problemitas sociales que comportó el desmantelamiento de ese (ineficaz sí, burocrático, injusto también, represivo y todo lo que quiera) sistema. ¿Son estalinistas todos los que se quejan?

Sabían que sobre el futuro de Cuba también se pronunció la izquierda uruguaya?. ¿Para decir qué? Para decir nada, salvo qe el futuro de los cubanos lo deben decidir los cubanos. Una perfecta lavada de manos.

Después de la carta-renuncia de Fidel, hubo declaraciones de prensa de socialistas, comunistas (y hasta gente de AU) diciendo que lo de Fidel era genial y demostraba su talento político y otras loas. O sea que no tienen nada que decir sobre lo que pasa en Cuba, sobre las libertades democráticas y los derechos humanos.

Lo más antológico de todos es ese eufemismo sobre que los cubanos deben decidir sus asuntos sin interferencias. O sea que según la izquierda uruguaya los cubanos son los que están decidiendo su futuro. Se creerán ese cuento o es puro cinismo? La prédica de Fidel dio finalmente resultado y covnence a mucha gente que lo qe sucede ahora en Cuba es resultado de la voluntad del pueblo. Por favó...

Ahora, en materia de DDHH y libertades políticas, ¿nosotros no reclamábamos durante las dictaduras del Cono Sur solidaridad internacional? es decir de algun modo el derecho a la "injerencia" en los asuntos de otros pa{ises, np? Pero según esta izquierda parece que sobre Cuba nadie puede decir nada, porque seria una intervención indebida. Entonces reclamar por las desapariciones, torturas y crímenes de Goyo Alvarez, Videla o Pinochet era "intervenir" en los asuntos internos de Uruguay, Argentina y Chile? Alguien hubiera podido alegar: No os metáis en los asuntos de otros países!!! El futuro ed Chile, Arg. y Uruguay lo deben decidir sin interferencias sus ciudadanos.

Cosas veredes y escucharedes y leeredes.

gracias amigo uruguayo por su preocupacion por una Cuba libre .conoci mas del uruguay cuando en los 70 cientos de comunistas uruguayo fueron a Cuba.hoy uds no tienen dictadura pero tristemente nosotros seguimos con la de los castros y le aseguro que lo que usted escribe es la pura verdad.

en nuestros paises y sistemas,sí hay transparencia informativa?
Por qué habria el régimen castrista informar a Reuters sus pasos a seguir?

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