Legisladoras a la fuerza
Voltaire
La Cámara de Senadores acaba de aprobar una ley que obliga a los partidos políticos a incluir, como mínimo, a una mujer cada tres candidatos en sus listas a cargos electivos en las elecciones nacionales de 2014 y las municipales de 2015. Se trata de una iniciativa que en la jerga jurídica se denomina discriminación positiva. La norma aprobada pretende aportar por vía administrativa una solución a un problema que aún está pendiente de demostración: que no hay más mujeres en las cimas de la política porque los hombres se lo impiden.
Este mes es el turno de la llamada rebelión estudiantil de los años 60. En la ritual celebración de aniversarios puede percibirse cierta nostalgia de tiempos heroicos pero también cierta necesidad de sentirnos depositarios de alguna herencia inmaculada o continuadores de un episodio fundacional. Por ejemplo, la gesta artiguista, en el caso de la nación, el 68 en el caso de una buena parte de la izquierda contemporánea. Hubo una época en este país en la que todo había empezado en el 68: el proceso de fascistización, la politización de las masas, la liberalización de las costumbres, la latinoamericanización del país, el compromiso de los intelectuales, la crisis final del sistema.
Terminada la dictadura, entré en la vida política como militante y luego diputada por el Partido Socialista. Entré con el pelo suelto, como feminista y libertaria, a las luchas que por ese entonces daba la izquierda. Libertad, igualdad, fraternidad. Claro que para el PS esos términos debían ser relativizados por esa loca tendencia de nuestros dirigentes que los llevó a saludar la "reelección" del dictador Ceaucescu pocos días antes de que el pueblo rumano lo barriera para siempre. La impronta que le daban y que hasta el día de hoy le dan esos locos despeinados amantes de la libertad, pero igualmente amantes de la dictadura del Partido Comunista de Cuba.