La era del riesgo permanente (entrevista con Ulrich Beck)

Héctor Pavón
El sociólogo alemán Ulrich Beck dice que debemos, por precaución, imaginar siempre el peor escenario dado que vivimos siempre en riesgo. Peligros como el terrorismo, el cambio climático, las nuevas enfermedades, los derrumbes financieros globales encuentran terreno propicio en este mundo, a veces, precario.

Riesgo, amenaza, miedo, temor son palabras que se han combinado fácilmente con otras como vulnerabilidad, enfermedades, terrorismo y cambio climático, entre muchas otras. Conectar esas claves en la era global ha sido la tarea del sociólogo alemán Ulrich Beck. Viene de publicar La sociedad del riesgo mundial, una actualización necesaria de su libro fundacional La sociedad del riesgo que publicó en 1986, y Generación global (ambos por Editorial Paidós) junto a Elisabeth Beck-Gernsheim. En esta entrevista expresa, entre otras ideas preocupantes, que la amenaza y la inseguridad son condiciones de la existencia humana.

¿Cuál fue la necesidad íntima y académica que lo llevó a escribir "La sociedad del riesgo mundial" veintidós años después de "La sociedad del riesgo"?

Piense en la enfermedad de la vaca loca, el terrorismo, el cambio climático, el riesgo financiero global. En los últimos veinte años ha habido toda una serie de hechos en los cuales la realidad y los medios masivos están siendo coautores de nuevos capítulos de La sociedad del riesgo mundial. Por otro lado, la tendencia hacia la globalización de los riesgos también se refleja en la recepción de La sociedad del riesgo. Mis análisis generaron debates en distintos países y especializaciones –en sociología y política, derecho, historia, filosofía, ecología e ingeniería. Se creó un enorme corpus de teorización polémica sobre el riesgo o las "incertidumbres fabricadas", lo cual incluye diversas percepciones culturales desde diferentes rincones del planeta.

¿Cuál es el origen de la palabra riesgo?

La amenaza y la inseguridad siempre han sido condiciones de la existencia humana. Esto fue así más en el pasado que en el presente. La intimidación a los individuos y las familias y la muerte prematura y las coerciones a la comunidad a través de hambrunas y plagas era mayor en la Edad Media que hoy. De ese tipo de amenaza debemos distinguir la semántica del riesgo que surgió durante la primitiva marina mercante intercontinental. La palabra riesgo significa la importancia creciente de la decisión, la incertidumbre y la probabilidad en el proceso de la industrialización y la modernización. El riesgo representa el esquema perceptivo y cognitivo de acuerdo con el cual la sociedad se moviliza cuando se enfrenta a la apertura, a incertidumbres y obstrucciones del futuro autocreado y ya no definido por la religión, la tradición o la fuerza superior de la naturaleza, pero que ha perdido su fe en los poderes redentores de la utopía.

¿El riesgo es un signo de la modernidad, segunda modernidad o posmodernidad?

Sí, de hecho existe una fuerte relación entre la modernidad y el riesgo y aún más el riesgo global y la segunda modernidad. Yo distingo una primera forma de modernidad (sociedad industrial del Estado nación), donde la sociedad exigía que las contingencias fueran calculables y estuvieran sujetas a una gestión, y una segunda forma de modernidad (la sociedad post industrial, post nacional), en la que hay peligros que tienen una tendencia inherente a descontrolarse. El foco no está en los peligros "naturales" como terremotos, sino en lo que se ha considerado no natural: las incertidumbres fabricadas industrialmente y los riesgos que avanzan más allá de las fronteras políticas. Estas nuevas incertidumbres –las que derivan de la producción nuclear, biológica y química, y también de las redes terroristas y del cambio climático– no sólo están por encima de las fronteras, sino que son desfronterizantes (transgresoras): trascienden los confines existentes y los transforman. Socialmente generan controversias relativas a demarcaciones en términos de atribuciones de responsabilidad contractual, de obligación de rendir cuentas, de responsabilidad y de respuesta hábil. En este sentido del riesgo, la sociedad es más moderna que posmoderna.

¿Cómo se relaciona el riesgo, o se diferencia, del miedo que existe en el mundo, sobre todo después del 11 de septiembre?

A ver, riesgo no es sinónimo de catástrofe, significa la "anticipación" de la catástrofe. No se trata de un "futuro futuro" sino de un "futuro presente". Los riesgos son siempre acontecimientos futuros que pueden suceder, que nos amenazan. Pero este peligro constante sacude nuestras expectativas, se aloja en nuestras mentes y guía nuestra acción, se convierte en una fuerza política que cambia el mundo. ¿Qué caminos sigue el riesgo para venir a reinar como anticipación "creída" de las mentes de las personas, y en las instituciones? El riesgo global es la puesta en escena de la realidad de la contingencia global. Este énfasis de la perspectiva de puesta en escena también hace resaltar un aspecto del conflicto terrorista mundial que ha sido considerablemente pasado por alto. No es el acto terrorista, sino la puesta en escena de lo global del acto y las anticipaciones políticas, las acciones y reacciones en respuesta a esa puesta en escena, lo que está destruyendo las instituciones occidentales de libertad y democracia. Bin Laden alcanza prominencia política internacional sólo cuando se dan las condiciones que le permiten alcanzar resonancia global. Ya sea a través de las imágenes de víctimas cubiertas de sangre o del presidente Bush declarando "la guerra al terrorismo". Cuando esas reacciones siguen al hecho, cuando se cumple el sueño de todo terrorista de ascenso meteórico de la oscuridad a "enemigo número uno", entonces el "peligro global" se hace realidad.

¿Los Estados pueden evaluar las consecuencias del riesgo, algo intangible, a través de criterios concretos como las estadísticas?

No, en realidad no. Por supuesto, hay una ciencia técnica del riesgo que se basa en una separación clara entre riesgo y percepción y esto es subrayado y respaldado por la separación paralela entre expertos y legos. En la misma medida, la "subjetividad" del riesgo, aumentar la "percepción del peligro" queda delegado a una investigación de actitudes. Pero todas esas racionalidades y normas estadísticas han sido desarrolladas en el contexto de la primera modernidad del Estado nación industrial. Y el Estado nación que intenta enfrentar el riesgo global en aislamiento se parece a un borracho que en la noche pierde su billetera y la busca bajo la luz de un farol. Cuando le preguntan: "¿Usted perdió su billetera aquí?", contesta: "No, pero bajo esta luz al menos puedo buscarla". No importa que vivamos en un mundo que es "objetivamente" más seguro que todo lo que hubo antes; la anticipación representada de los desastres y catástrofes nos obliga a tomar una acción preventiva. Esto vale sobre todo para el Estado, que se ve forzado a tomar medidas anticipatorias y precautorias porque garantizar la seguridad de sus ciudadanos es una de sus tareas preeminentes.

¿Vivir en riesgo permanente no es peor que vivir en guerra o en el peligro hecho realidad?

No, por supuesto que no. La guerra es como el hambre y la sed, algo que es muy concreto, abierto a nuestros sentidos, parte de nuestro sufrimiento en la presencia. El riesgo, en cambio, es una anticipación; es abstracto, la mayoría de las veces no abierto a nuestro sentidos, depende de modelos y cifras científicas, apunta al futuro que hasta el momento no está presente. Y el riesgo es muy ambivalente. Es, por otro lado, una estela de progreso y de éxito. Pero al mismo tiempo, una consecuencia desconocida y no deseada que amenaza socavar o destruir los cimientos de la sociedad moderna industrial, como lo hace el cambio climático, por ejemplo.

¿Max Weber y John Keynes, citados por usted, previeron una situación de riesgo mundial?

A decir verdad no, pero sí previeron y describieron algunos elementos. En Weber, la lógica del control triunfa en la respuesta moderna al riesgo, y lo hace de manera tan irreversible que el optimismo cultural y el pesimismo cultural terminan siendo los dos aspectos de una única dinámica. La racionalidad instrumental despolitiza la política y debilita la libertad individual. Cuando Keynes intenta desentrañar el misterio de la actividad económica, su pensamiento en definitiva se vuelca a la irreversibilidad de la incertidumbre. Su percepción directa –simplemente no sabemos, probablemente no podamos saber– encierra pasos esenciales que señalan el camino que va del riesgo a la sociedad de riesgo mundial. Esto se explica, en contraste, con la idea de Weber de la jaula de hierro de esclavitud con la racionalidad. La incertidumbre insuperable que acecha en el riesgo desde el comienzo, corroe la jaula de la razón calculable y –aunque paradójico– nos libera. El riesgo es una noción reflexiva que equilibra beneficios y daños y hace que el futuro sea decidible hoy.

¿Qué pasa cuando globalmente falta una legislación que nos proteja de los riesgos?

Hay algo importante: la explosividad política mundial de los riesgos globales. Catástrofes con efectos colaterales no pensados –como el cambio climático– contradicen el estado de garantías de seguridad; y pueden incluso hacer que sus garantías aparezcan como amenazas a la seguridad pública y debiliten la autoridad y legitimidad de los estados. Esto también se aplica de una manera diferente para el desafío terrorista planteado por las catástrofes intencionales. Un indicador es la impotencia con que EE.UU. y su presidente se pusieron al frente de un movimiento para la propagación mundial de la libertad y los derechos humanos, debilitando simultáneamente la validez de estos derechos para librar una guerra preventiva contra los riesgos terroristas militarmente impredecibles. Algunos tratan de crear la impresión de que el gobierno estadounidense está actuando como una banda de torturadores violentos patológicos. Sin embargo, esta visión ignora la experiencia de impotencia literalmente sin límites de la mayor potencia militar frente a los ataques terroristas. La sociedad del riesgo mundial obliga al Estado nación a admitir que no puede cumplir con su autodeclarada constitución de promesas, a saber, garantizar a sus ciudadanos el bien legal supremo, es decir, la seguridad.

¿Por qué dice que la sociedad del riesgo mundial tiene la ingrata misión de tener que decidir sobre la vida y la muerte, la guerra y la paz...?

Cuanto más anticipamos las catástrofes, que amenazan a todos, menos puede haber un cálculo del riesgo en base a la experiencia y la racionalidad. Ahora todos los escenarios posibles, en mayor o menor grado improbables, deben ser tomados en cuenta; al conocimiento separado de la experiencia y la ciencia debemos agregar la imaginación, la sospecha, la ficción y el miedo. El principio precautorio requiere un uso activo de la duda. Debemos, por precaución, imaginar lo peor posible y no obstante tenemos que tomar una decisión, sin el conocimiento separado de la experiencia y la ciencia.

Ante el riesgo, usted dice que uno debe tomar sus propias decisiones. ¿Es imposible pensar en forma comunitaria?

No, y es incluso al revés. Los riesgos globales crean comunidades cosmopolitas que atraviesan fronteras. Los riesgos globales crean cadenas de decisiones políticas interconectadas, y efectos entre los estados y sus ciudadanos que alteran la naturaleza y la dinámica de sistemas gobernantes definidos territorialmente. Los riesgos de incertidumbres fabricadas de esta naturaleza conectan el Norte global y el Sur global en maneras que no se perciben de antemano. En respuesta a esta interconectividad global, lo que se está desarrollando es, no un cosmopolitismo normativo de un mundo sin fronteras. Lo que estamos viendo es, por el contrario, la posibilidad universal de la aparición de "comunidades de riesgo" que brotan, se establecen y toman conciencia de su composición cosmopolita. "Cosmopolitismo" en este sentido, es lo contrario de las nociones geopolíticas que encapsulan formas territoriales de orden social, porque las "comunidades cosmopolitas" se formulan a partir de la conciencia de que los riesgos o incertidumbres fabricados, producidos por la modernización radicalizada, ya no pueden ser delimitados socialmente en el espacio o el tiempo.

Una vez más, los pobres son los que quedan más expuestos a los riesgos...

Existe un magnetismo fatídico entre la pobreza, la vulnerabilidad, la corrupción y la acumulación de peligros. Los pobres viven en los puntos ciegos, y por ende, las zonas letales más precarias de la sociedad de riesgo mundial.

Le pregunto algo que usted se formuló en el libro, tal vez ya tenga la respuesta: ¿cómo maneja la sociedad moderna la falta de seguridad que ella misma produce?

La pregunta importante es: ¿en qué medida la amenaza y el shock de la sociedad del riesgo mundial abren el horizonte a una alternativa histórica de acción política? La idea básica es: 1) La sociedad del riesgo mundial trae consigo una nueva lógica histórica clave: ningún país puede enfrentar sus problemas solo. 2) Estas estrategias de acción que abren los peligros globales desbaratan el orden del poder que se formó en la coalición neoliberal capital de estados: los riesgos globales dan poder a los estados y los movimientos de la sociedad civil; le quitan poder, por otra parte, al capital globalizado, porque las consecuencias de la decisión de las inversiones contribuyen a crear riesgo mundial, desestabilizando los mercados y activando el poder del gigante dormido, el consumidor. A la inversa, el objetivo de la sociedad civil global y sus actores es lograr una conexión entre la sociedad civil y el estado, o sea, generar lo que yo llamo una "forma de estatidad cosmopolita". La agenda neoliberal se rodea de un aura de autorregulación y autolegitimación. La agenda de las sociedades civiles, por su parte, se rodea del aura de los derechos humanos, la justicia global y la lucha por una nueva gran narrativa de democracia contemporánea. Esto no es una expresión de deseos; al contrario, es una expresión de realpolitik cosmopolita: cuanto más cosmopolitas sean nuestras estructuras y actividades políticas, mejor promoverán los intereses nacionales y mayor será nuestro poder individual.

(Publicado en la revista Ñ del diario Clarín de Buenos Aires)

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