Candidaturas
Voltaire
Si de lo que se trata es de elegir al candidato presidencial del Frente Amplio, ¿por qué, en lugar de conspirar en cumbres bilaterales o multilaterales, pero siempre dominadas por el secreto, sus dirigentes no se abocan a organizar unas elecciones internas transparentes, como manda la Constitución y los criterios democráticos que se supone guían el quehacer de una fuerza de izquierda?
Sería una oportunidad inmejorable para debatir las propuestas políticas de los precandidatos y ventilar las diferencias que supuestamente explican que haya más de un aspirante a líder máximo. De no ser así, estamos autorizados a sospechar que las riñas y disputas por la candidatura presidencial del Frente Amplio obedecen a otras razones que no pueden exponerse abiertamente en público.
Quienes deberían responder a estas dudas son los dirigentes de los partidos que integran el Frente Amplio, pero sería una ingenuidad esperar una explicación política de sus indisimulados afanes por llegar a unas elecciones internas con un menú concebido y preparado en la cocina del poder frenteamplista. Las elecciones internas tendrán lugar de cualquier modo, porque así lo prescribe la Constitución, pero al parecer lo que se busca es que los comensales no tengan más alternativa que aceptar el menú que se les ofrezca.
Lo que se atisba detrás de ese plan es el temor a que los votantes elijan mal, una eventualidad que nadie, salvo los populistas más irredentos, puede descartar, claro. Tras el rechazo de los irlandeses al Tratado de Lisboa en un referéndum, un canciller europeo dijo que la unificación del continente era demasiado importante como para dejarla en manos de la gente común y corriente. Es inimaginable escuchar semejante confesión de los dirigentes del Frente Amplio, pero todo indica que comparten con el ministro europeo el desprecio por la inteligencia de los votantes.
¿Pero qué sería elegir mal? En la era de la personalización de la política, elegir mal es optar por el candidato equivocado. Y el candidato equivocado sería el que tiene menos posibilidades de ganar las elecciones. Tal es la desnuda simplicidad del razonamiento de los líderes políticos y de muchos ciudadanos. El mejor no sería aquel que expresa el ideario y las aspiraciones de quienes están llamados a elegirlo (recuérdese que se trata de elecciones internas de un partido), sino aquel capaz de seducir a esa porción relativamente pequeña del electorado (la más desideologizada y despolitizada) que, finalmente, termina decidiendo las elecciones. Porque la gran mayoría ya tiene decidido su voto antes de la campaña, antes incluso de que los partidos escojan a sus candidatos. En ese marco están especialmente desaconsejados los exabruptos izquierdistas y los excesos de conservadurismo. Por eso no debería extrañar que los discursos de los partidos políticos en tiempos electorales se parezcan cada vez más y sus pretendidas diferencias remitan a aspectos menores, por ejemplo convencer al votante de que determinado candidato haría mejor, de forma más eficiente (no distinta), aquello que de todos modos hay que hacer.
Siempre según esta jibarizada concepción de la política, y puestos a optar entre las personalidades de Danilo Astori y José Mujica (o el precandidato anti-astorista que se cuadre, porque de eso se trata para la ortodoxia frenteamplista), el primero sería un candidato más digerible para ese gran desconocido que es el votante centrista, que aborrecería a quien ostenta una “mancha” de ex guerrillero en su currículum. Una conclusión indemostrable, por cierto, que los votantes no siempre están dispuestos a avalar, como quedó en evidencia en las recientes primarias del Partido Demócrata en Estados Unidos.
¿Pero en términos políticos son acaso tan diferentes Astori y Mujica como para concluir que con uno el Frente Amplio se encaminaría hacia la gloria y con el otro al abismo? Astori es hoy sinónimo de estabilidad económica, respetabilidad, seriedad y confianza de los mercados. Representa, por decirlo con términos convencionales, la moderación y la previsibilidad, atributos que pueden importar a la hora de gobernar, pero no para ganar elecciones, pues se sabe que “los mercados” pueden hacerles la vida difícil a los gobiernos, pero sus votos no se cuentan por millones. ¿Y Mujica? Mujica no tiene (o al menos no ha expuesto en la arena pública) grandes diferencias con la política económica del gobierno. Es más, mientras fue ministro de Ganadería y Agricultura, apoyó esa política, que ciertas fábulas izquierdistas atribuyen al maquiavelismo del ministro de Economía. No hay nada en las siempre confusas y contradictorias propuestas de Mujica que sugiera que está inclinado a posturas ultraizquierdistas o experimentos estatistas. La aclaración es pertinente porque los disconformes con la política ortodoxa del gobierno frenteamplista han echado a rodar el cuento de que esa política fue concebida e implementada por Astori en oposición a la voluntad y las propuestas del resto de la izquierda. El relato es insostenible porque, empezando por el presidente Tabaré Vázquez, y siguiendo por los grupos más importantes del Frente Amplio, todos, absolutamente todos, han apoyado la política económica implementada por el gobierno. Acaso con alguna pataleta ya olvidada, como cuando el entonces ministro Mujica se erigió en vocero de los endeudados “productores rurales” o se opuso, con menos energía, a la firma de un TLC con Estados Unidos. Mujica no tiene ideas, sino ocurrencias, como la de abrir parrilladas a lo largo y ancho de Europa para vender carne uruguaya.
Entendámonos: Mujica y Astori no representan nada diametralmente opuesto en política. Sus diferencias son de apariencia. Mujica es un político ejemplar de la posmodernidad, un estilo (aunque le falten las corbatas que le sobran a Astori), una gestualidad, una pura forma vacía de contenido, que por eso mismo conecta bastante bien con la sensibilidad de una parte de los ciudadanos contemporáneos.
Astori conecta con otra. Quienes lo quieren de candidato presidencial están convencidos de que el gran activo de un candidato es su imagen centrista y su mayor atributo la capacidad de no decir nada que irrite a ese desconocido y despolitizado porcentaje de los electores que tienen la llave del acceso al gobierno. Si el sentido común de sus partidarios no está equivocado (algo que no hay que descartar) Mujica no sería el as de triunfo del Frente Amplio. Es una cuestión de imagen, no de ideario. Así son las cosas de la política en esta era liviana.
El problema que tienen los partidarios de uno y otro es que ninguno está en condiciones de demostrar que está en lo cierto y, por ende, de convencer a los frenteamplistas de que en esa timba de elegir al candidato con más posibilidades de ganar las elecciones nacionales, hay que poner las fichas en uno u otro casillero. Se puede alegar, como a menudo se alega, que las consideraciones programáticas y los argumentos acerca de los fines últimos de la política no interesan a la hora de ganar elecciones; se puede estar imbuido, como están muchos, de la convicción de que lo único que importa es que los buenos ganen en octubre del año que viene y que la elección del candidato, y de paso cualquier disidencia, deben subordinarse a ese objetivo superior. Pero aun aceptando todos esos presupuestos que impregnan el sentido común, ninguno puede asegurar que los votos que se ganen con un candidato “previsible” y moderado serán muchos más de los que emigren por ese mismo motivo. O viceversa, como sugieren los convencidos de que en cada votante frenteamplista late una vocación revolucionaria reprimida por la dirigencia. Esa imposibilidad de asegurar que tal o cual candidato garantiza el triunfo deriva del carácter imprevisible, mudadizo, caprichoso y, sobre todo, plural del electorado. Ya no es posible asegurar, como antaño, que la clase obrera, la clase media, el habitante de la ciudad o del campo votan de tal o cual manera. Hay de todo en todas partes.
Si las diferencias entre Astori y Mujica, o de un tercer o cuarto precandidato son tan importantes como sugieren quienes dedican en estos meses sus energías a blindar sus candidaturas en las trastiendas políticas, ¿qué mejor que las mismas se debatan a la luz pública en una campaña para las elecciones internas? Sería la mejor forma de comprenderlas y elegir con fundamentos, de manera responsable e informada. Y si de lo que se trata es de optar entre meras personalidades, con el resultado de los sondeos y una calculadora en la mano, pues lo mismo, qué mejor que unas internas no digitadas para conocer los gustos y prejuicios de los votantes.
Parece una contradicción que una fuerza política que siempre sostuvo que la última palabra la debían tener los ciudadanos muestre ahora reparos en dejar en manos de esos mismos ciudadanos la elección de su candidato. Siempre se puede alegar que los votantes desconocen los entresijos de la política y que, por tanto, pueden elegir mal. Por cierto que esa posibilidad existe, pero ¿la democracia no consiste acaso en dejar abierta esa posibilidad en lugar de encomendarle la tarea a un comité de sabios?
Respuestas
Comparto plenamente el articulo. Discrepo con el último párrafo. ¿"Comité de sabios"? Ojalá asi fuera.
Creo más bien que hay soberbia, y un argumento que de democratico tiene muy poco, que es no discutir nada abierta y publicamente, porque cualquier oposición o
discripancia pone en riesgo el proyecto electoral. Fue quizás válido antes de
las elecciones 2004, por cierto no lo fue a posteriori, durante estos años, y menos con vistas a las próximas elecciones.
Autor: FERnando | Julio 18, 2008 2:23 PM
y si -antes de las candidaturas- lo que se quiere definir es el programa?
Autor: Horacio | Julio 19, 2008 5:23 AM
Tengo toda la impresión de que las principales fuerzas del Frente Amplio se han embarcado ya en la lucha por la candidatura sin esperar a definir programa alguno.
Además, los programas del Frente Amplio suelen ser programas de fantasía, como el de las elecciones de 2004. Es decir, no exactamente programas (con medidas o iniciativas concretas), sino grandes líneas de intervención. Por ejemplo: "apostaremos por la integración regional" y cosas por el estilo, de modo que es un gran paraguas, bajo el cual a veces se pueden hacer unas cosas y también las contrarias.
Tendría que hurgar en alguna hemeroteca, pero tengo el recuerdo de que el propio Vázquez pidió explícitamente a los redactores del "programa" electoral que fuera lo más genérico posible. El contenido del programa de gobierno del FA siempre estuvo en relación directa con sus posibilidades de triunfo: tanto más vago cuanto más altas las chances de ganar.
Francamente, no creo que las disputas por la candidatura tengan relación con cuestiones programáticas.
Autor: Voltaire | Julio 19, 2008 10:49 AM
El problema que tienen los astoristas y los mujikistas con una elección interna
competitiva, no arreglada, es que votarían miles, centenares de miles, que no serían fácilmente controlables. Mucho menos controlables si hay un tercer o cuarto candidato. (qué tal Lady Seguridad Tourné, Madame Muñoz o el ex bolchevique Karámbulosky). Parece que los socialistas no están de acuerdo que el menú, como dice V, se reduzca a Mujica y Astori. Yo no me imagino que el votante frenteamplista menos militante vaya a "obedecer" lo que le digan los dirigentes de su sector porque ni siquiera son de ningún sector. Ahí puede pasar cualquier cosa y todos prefieren ver si pueden llegar a un arreglo conveniente antes que correr ese "terrible" riesgo.
Pero hay un escenario que V no considera: que haya elecciones competitivas aun en contra de la voluntad de todos los involucrados. No sería la primera vez en la historia que se produzca un resultado que nadie quiere. Estoy de acuerdo en que estos dirigentes de
izquierda se quieren saltear las primarias, pero puede ser que las haya igual. Por qué?
Porque no se ponen de acuerdo. Así de fácil.
Puede haber otras buenas noticias inesperadas (y no buscadas por nadie), por ejemplo que decline definitivamente la estrella de nuestro presidente, su estilo de "aquí mando yo y
todos los demás se callan" Parece clarito que su intento de digitar la candidatura del
FA no funciona. Lo está ensayando pero nadie le da demasiada pelota. Una buena sería además que todos los críticos de la política del gobierno tendrán, si al final hay internas competitivas, la oportunidad de explicar qué plantean como alternativa a la misma. Algo más que no sea "Astori traidor" o "NO al FMI", digo. Y Astori podría contarnos si tiene algún plan más que atraer inversiones extranjeras.
Autor: Rubia Mireya | Julio 20, 2008 5:44 PM
Preguntas tontas:
¿Qué son unas "internas no digitadas"?
El programa del Frente, hasta el momento parece reducirse a un único punto: profundizar los cambios ¿Qué significa eso?
En esta actitud de espectador-votante de los ciudadanos no entreverados en los resortes partidarios ni en las organizaciones desde donde se ejerce el poder ¿dónde está la democracia? A mi se me perdió por algún lado.
Autor: María | Julio 21, 2008 10:38 PM
La única de sus inquietantes preguntas que puedo responder, María, es la primera. Ya se apañará usted en encontrar a quien le responda las demás.
Por si queda alguna sombra de duda, cuando hablé de internas "no digitadas" me refería a lo siguiente: "señoras y señores, en mayo (o junio) del año que viene se pueden presentar todos los candidatos frentistas que quieran, exponer sus programas, sus propuestas, debatir, criticarse mutuamente para que luego los electores decidan quién será el candidato presidencial".
¿Cuál es el problema? ¿Cuál es el peligro? ¿A qué le temen? Yo sólo le veo ventajas a ese procedimiento.
Autor: Voltaire | Julio 22, 2008 12:12 PM
comparto el concepto final: tiene que decidir la gente mediante elecciones internas y en esa discusión que quede claro el punto. No creo que la pulseada sea en el programa porque a la vista está que lo más que se puede es esbozar rumbos de buenas intenciones donde todos estamos de acuerdo: mejor educación, más seguridad, mejor salud, más trabajo, fomento de que la gente trabaje en el campo, captar inversiones, etc... entonces todo pasa a ser una cuestión de carisma, personalidades y matices. las internas permiten a la gente captar esos matices, ver personalidades, etc... y si el temor es "pah si nos despedazamos en la interna después quedamos mal para las nacionales"... bueno es una forma de adelantar lo que después puede pasar en el gobierno lo que es un papelón y un perdedero de tiempo como lo del TLC y el tren. Vázquez decía una cosa, Astori idem... pero mr gargano frenó el tren. en fin. creo que las internas es lo más saludable. abrazo y muy buen enfoque... coincido con que consejo de "sabios" es al menos cuestionable... me gustó el post que lo cambia por "soberbios".
Autor: Darwin | Julio 23, 2008 2:16 PM
Desafío para criticones facilones: LEER el Estatuto del FA y después elaborar una crítica seria y fundamentada a la democracia interna de esa fuerza política.
Autor: e-comité | Julio 23, 2008 7:38 PM
asumo el guante... soy un criticon facilongo. No leí el estatuto del FA, conozco de conversaciones con amigos la forma de elección del precandidato, pero eso no me descalifica para argumentar desde "mi" sentido común. No es lo mismo Astori que Mujica por más programa que se apruebe por mayoría. Por eso lo mejor es que se encuentren y que diriman las urnas con los votos del pueblo del FA. Porque imaginate que la cúpula impone a Astori pero el que tiene más respaldo es Mujica. Es una cagada porque se empieza a cortar el cordón umbilical entre el presidente y la fuerza política que lo llevó al poder (siempre que no les gane el Partido Nacional, cosa improbable, pero no imposible). Entonces creo que es demasiado lo que está en juego. Soy conciente de no tener el nivel de profundidad de los escribas de esta página muy interesante ni de su correo de lectores, pero es lo que creo. Estimo que al FA y al país le haría bien una buena interna entre Mujica y Astori. Ta tal vez se reunan en la chacra del Pepe, se pongan de acuerdo, manden señales a las bases, al congreso, a donde mierda sea y chau humo blanco. No sé, me gustaría un sinceramiento de la principal fuerza política del país. E insisto no es lo mismo una presidencia de Astori que una de Mujica. Abrazo
Autor: Darwin | Julio 26, 2008 11:16 PM
Ayer escuché atónito unos pasajes del discurso de Mujica en Buenos Aires.
Me dio vergüenza ajena. Como votante del FA no podría sobrellevar que Mujica sea el candidato de la izquierda
de este país (ya llevo más o menos a Tabaré). Parece que tenemos que querernos, tratarnos bien, comprender al paisano, hablar en el lenguaje del pueblo llano, porque la puta que lo parió que las cosas no son fáciles, y el capitalismo es muy inteligente. Una montaña de nada, una cascada de sinsentidos, puras palabras sensibleras, en tono populachero... pero ideas, propuestas, nada de nada, afirmaciones incomprensibles, frases a medio terminar, enormes cantidades de sobreentendidos, guiñadas para los cómplices. Mucho "he, he, he", "sí, claro", "como si fuera soplar y hacer botellas", "el paisano que dobla el lomo al sol".
¡Alarmante! ¡que algo tan inconsistente llegue a ser el candidato o el presidente de este país a mí me preocupa mucho!
Yo tampoco leí el estatuto del FA, pero no veo que haya que habérselo leído para hablar de las candidaturas.
Autor: ARF | Julio 28, 2008 3:41 PM
A lo que iba con el Estatuto es que el FA ya tiene un sistema democrático representativo aprobado por todos los grupos que integran la coalición para determinar los candidatos comunes a presidente y vice.
Claro que no hay por qué leerlo para hablar de candidaturas.
Aunque para criticar el sistema de elección de candidatos y "evaluar" su democracia, me parece que lo mínimo esperable es conocer el sistema...
Autor: e-comité | Agosto 8, 2008 6:36 PM