Oid mortales
Un tipo se pasea en medio de una manifestación en Callao y Santa Fe, con un cartel que dice "Somos el pueblo. No al ejército pago de vagos". A su alrededor, mucha gente bastante producida aporrea buenas cacerolas. Hoy es 16 de junio de 2008. Si le preguntáramos a cualquiera de ellos por qué es que están ahi, la respuesta mayoritaria sería "que se vaya esa yegua". Es un sentimiento tan repetido en los vaivenes trágicos de la historia argentina que uno termina preguntándose ¿por qué no se irán ellos también, con sus cacerolas, a otra parte?
Siempre armando quilombo, subidos a carros de los que poco conocen. Pero saben muy bien porqué están ahí dándole a la olla. No es porque al Estado se le haya ido la mano con las retenciones, no están ahí "por el campo". Están ahi porque quieren voltear a un gobierno que se parece demasiado a un segundo gobierno de Perón pero con Evita a la cabeza, una pesadilla que saliendo del freezer, se materializa. Son el costado "gorila" de la ecuación. Y vaya si lo son. Los que ahora cacerolean medio sin saber porqué, son, o son los hijos de los que cuando se llevaban muchachos para hacerlos desaparecer, decían "algo habrán hecho".
No se puede confiar en nadie en la Argentina de hoy ¿por qué? Porque no han logrado construir partidos políticos, porque no hay una izquierda que no se haya visto confundida dentro de un peronismo que no ofrece otra cosa que equívocos, ni una derecha independiente de los cuarteles ni inocente de confundir el interés personal con el interés público.
Los peronistas de izquierda, que existen por milagro de la providencia, nunca se han preguntado por qué Perón se adueñó del movimiento sindical; lo asumen como hecho santo, y contestan que "es la mayor transformación social de la historia argentina". Lo que hizo el peronismo en Argentina, como último estertor de las ideologías corporativas, en particular la del fascismo italiano, fue escatimarle a la izquierda el liderazgo del movimiento obrero organizado. Y de esa manera robarle a la Argentina una vida política compatible con la democracia representativa. Algún peronista dijo recientemente "estamos condenados a ganar", lo que extrapolando desde el histrionismo tan central al devenir político argentino, es un llamado a la cordura.
No le deseo larga vida al gobierno de Cristina Fernández, pero le deseo la vida que la Constitución le otorgó. Ni un día menos ni un día más.