Que alguien explique esto, por favor

Jorge Barreiro

Bolsas.jpgEl actual desbarajuste financiero que se abate sobre el mundo resulta incomprensible para las mentes poco dotadas. Los misterios de la economía son inaccesibles a los legos. Al parecer sólo a los entendidos les es dado conocer la ingobernable dinámica de los mercados. Los demás debemos resignarnos a padecerla, dado que los que sí han desentrañado la naturaleza de los caprichos de la economía nos explican que todo iría mucho peor si se nos ocurriera desconocer sus leyes de acero.

Lo curioso es que desde hace no menos de veinte años venimos escuchando que si no hacemos bien “los deberes” (lo que en español corriente quiere decir otorgarle a los inversores las condiciones que reclaman) mil plagas se abatirán sobre nosotros. Pues bien, hechos los deberes con mayor o menor aplicación, la catástrofe provocada por esos mismos inversores ha llegado una vez más. No lo entiendo

Los defensores de la libertad económica no se han cansado de repetir estos últimos años que el mercado es el dispositivo que mejor asigna los recursos, que premia al eficiente y castiga al vago y al menos emprendedor, que el apetito de ganancias evita el despilfarro y conduce al progreso de todos y que, si la desprestigiada política no perturba la paz de los negocios, la riqueza resultante terminará derramándose por toda la sociedad. Pues bien, resulta que después de haber asistido a un largo período de libertad económica y sin que nadie se atreviera a sugerir que esas actividades, como cualquier otra actividad humana, podrían ser objeto de la planificación consciente de los involucrados en ella (es decir todos), nos encontramos con que la promesa del derrame ha sido reemplazada por una amenazadora advertencia: si no aceptamos lo inevitable ─es decir entregar los recursos de todos para reparar el desaguisado─, deberemos prepararnos para lo peor . No lo entiendo.

Ahora escuchamos palabras como blindaje, rescate, responsabilidad, intervención estatal, para darnos a entender que hay alguien que está al mando de una nave sin rumbo. Que la política se abstuviera de contaminar el inmaculado universo de la economía era, así se nos dijo, el requisito de la buena salud de esta última. En flagrante oposición a cuanto se nos decía hasta ayer, ahora se pide a los gritos que la política aplique tantas inyecciones de dinero como sean necesarias para salvar al moribundo. No lo entiendo.

¿Por qué no reconocen que en verdad no están en condiciones de manejar un metabolismo económico fundado precisamente en decisiones individuales cuyos resultados escapan a cualquier previsión, cálculo o anticipación? El capitalismo financiero, de cuya suerte al parecer dependen en estos días nuestras vidas, es por eso mismo una fuente permanente de incertidumbre. La actual crisis financiera demuestra justamente que no es posible anticiparse a los resultados y consecuencias que traerá aparejada una actividad emprendida por agentes totalmente autónomos que sólo buscan maximizar sus beneficios, desentendiéndose de las consecuencias que no los afectan directamente o que no tienen un impacto a corto plazo. No podría ser de otra manera cuando el acicate de la artificiosa actividad que hoy está en el banquillo de los acusados no es la creación de riqueza material auténtica (apenas un resultado aleatorio de sus actividades), sino incrementar el precio de unos títulos de fantasía que no valen lo que dicen o ganar con hipotecas que nadie está en condiciones de pagar. Bajo el reino del mercado, el resultado de las voluntades individuales autónomas, espontáneas, que se desentienden de cualquier consideración social, no es necesariamente la suma de esas voluntades. Puede llegar a ser incluso su opuesto, un resultado no buscado por ninguno de los agentes económicos, incluida una crisis monumental como ésta, por ejemplo. El capitalismo tiene un cuerpo vigoroso, pero carga con demasiados cerebros, que piensan por su cuenta y sin consultar al de al lado. En esas condiciones, los colapsos cíclicos son inevitables

Si no caemos en la simplificadora tentación de atribuir una crisis como ésta a la maldad, la torpeza o la avaricia de algunos individuos, habrá que concluir que las crisis son inherentes al capitalismo. Hasta tenemos una experiencia acumulada de varios siglos en la materia (lo que no quiere decir que todas las crisis hayan sido idénticas). Sin embargo, los políticos, expertos y mandarines bursátiles están estos días a la búsqueda de una “anomalía” que explique lo que aparentemente no debió haber ocurrido. Los gurúes de las finanzas están estupefactos: piensan que alguien debió de hacer algo mal para que la fiesta se esté echando a perder. No se les ocurre pensar que incluso cuando las cosas van bien (sobre todo cuando van tan “extraordinariamente bien” que parece que el dinero se multiplica mágicamente como los panes y los peces) puede sobrevenir una crisis. Tampoco entiendo semejante sorpresa.

Hasta antes de ayer la mayoría de los gobiernos de América Latina aseguraban, razonablemente, que nuestro destino estaba atado al resto del mundo, sobre todo al mundo desarrollado; que en una economía globalizada, de crecientes interdependencias, era inconcebible el sueño de un destino independiente. Pero ahora parece que estamos “blindados” frente a cualquier contratiempo financiero que ocurra en el mundo desarrollado. Curioso, ¿no? No comprendo semejante optimismo. Y si los Estados disponen de tantos recursos como para aguantar cualquier cimbronazo, tampoco alcanzo a comprender por qué hasta el mes pasado “no había” dinero para aumentar el presupuesto de la educación, la salud o la construcción de viviendas.

Sí me explicaron esta aparente contradicción y la comprendí, creo, perfectamente bien. Con excepción del “ignorante” que dijo que era inmoral que un Estado tenga superávit fiscal cuando abundan los ciudadanos con necesidades básicas insatisfechas, cualquiera la puede entender. El Estado debe dedicar sus recursos a salvar al sistema financiero (como se hizo en Uruguay en 2002), porque si no le da a los bancos el dinero que perdieron al amparo de la sacralizada libertad económica, si queda en evidencia que algunos títulos de deuda son incobrables porque no valen ni el papel que les sirve de soporte, todo se puede ir al garete. Ya nadie le prestaría dinero a nadie, se colapsaría el flujo de créditos, la entera actividad económica se paralizaría. Y adivinen qué: el pato lo pagarían los trabajadores y los pobres… habrá menos empleo, nos embargarían las viviendas hipotecadas y toda lo que ya se sabe. Cualquiera podría decir que se trata de un chantaje. Pero no, la amenaza es totalmente real: siempre ha sido así, los platos rotos de las crisis los han pagado siempre los trabajadores y los pobres. Esto sí que lo entiendo.

En buen romance, lo que se nos viene a decir es que no se puede hacer otra cosa que seguir alimentando a la misma bestia que cíclicamente causa los mismos desmanes, porque si no lo hacemos destruirá todo el ecosistema en el que vive (y vivimos). Suena convincente, pero sigo sin entenderlo: lo que nos proponen es que sigamos echando combustible a un vehículo que está condenado a sufrir nuevas averías, que demandará más reparaciones y combustible para no detenerse (porque de lo contrario sobrevendrá lo peor) y así hasta el infinito.

Tampoco entiendo, o entiendo a medias, la aversión contemporánea a que los humanos planifiquen la vida económica –como hacen con tantas otras actividades–, se anticipen a los problemas, piensen en lo que necesitan producir y consumir y se pongan de acuerdo en cómo hacerlo y qué recursos y energías deben dedicar a cada una de las actividades, en lugar de dejarlo todo al libre albedrío de unas voluntades individuales, cuyas motivaciones son el lucro, incluido el lucro irresponsable que provoca catástrofes como la que nos ocupa en estos días. Digo que lo comprendo a medias, porque con toda seguridad esa aversión guarda relación con los fracasados experimentos del socialismo real.

Ya se escucha el coro: “no hay alternativas, lo real es el capitalismo, lo demás son fantasías de la voluntad”. Muy bien, no las habrá, pero una cosa no quita la otra. Que no haya alternativas políticamente viables, porque las mismas están fuera del horizonte cultural de nuestro tiempo, que la idea misma de alternativa al actual curso de la historia resulte ininteligible para la mayoría, no significa que debamos hacer el elogio de lo real. Aunque mañana se demuestre que el capitalismo es inherente a la naturaleza humana, y que por lo tanto nos acompañará hasta el final de los tiempos, no significa que debamos negar su carácter intrínsecamente injusto y despilfarrador.

Respuestas

La muy extendia definición de que los mercados se asustan, tienen miedo, se ponen nerviosos es de lo más cómica e ilustrativa. Ilustrativa del fetichismo imperante, pues parece que los mercados estuvieran dotados de voluntad, que tuvieran un mando central, cuando son lo mas parecido a un casino (o un campo de batalla). Y tambien es ilustrativa porque pone en evidencia que no hay (no puede haber) alguien al mando de esa nave. O sea, ¿¿¿¿en manos de qué (no de quién) estamos, senhor!!!!!!???? ¿¿¿¿A que gusano loco estamos subidos!!!!!!???? Y en ese mecanismo ciego confiamos algremente. Qué raro que es todo esto… La fe mueve montañas, dicen. Bueno, habria que ver si puede mover a los mercados. Muy extraño todo: expertos, con titulos universtarios hablan del humor, del estado de ánimo de los inversores. Qué futuro se puede construir sobre fundamentos tan enclenques, cambiantes y etéreos?

Dejeme que le explique, y se lo digo de entrada: no estamos ante una crisis del capitalismo sino de uno de sus posibles modos de gestión y de su correspondiente ideología: el neoliberalismo. Para evitar confusiones deberíamos aprender de una vez que existen formas muy distintas de entender y gestionar la economía de mercado. También que hay capitalismos que, aunque se presentan como economías de mercado, no lo son pues son sencillamente “capitalismos de camarilla” o "de amiguetes".El neoliberalismo es un haz de ideas y políticas (un paradigma, si se quiere) basadas en la creencia –no demostrada jamás- de que los mercados se corrigen a sí mismos, asignan los recursos con eficiencia y sirven al interés público. “Este fundamentalismo del mercado estuvo detrás del thatcherismo, la reaganomía y el “consenso de Washington”, es decir, de la privatización, la liberalización y el establecimiento de bancos centrales independientes preocupados exclusivamente por la inflación” (Stiglitz).
Su supuesto de base era que “los fallos del Estado” impedían normalmente que las intervenciones estatales corrigieran “los fallos de los mercados”, por lo que se consideraba más sensato dejar que éstos se autorregularan, limitándose el papel de los Estados a liberalizar, privatizar, desregular, fomentar la competencia, garantizar la seguridad jurídica, los equilibrios macroeconómicos y a desarrollar políticas sociales focalizadas en los grupos más vulnerables.
Al renunciar a la construcción de una economía de mercado real y aceptar la realidad de mercados nacionales fragmentados e imperfectos sólo conectados internacionalmente a través de “enclaves”, el neoliberalismo renunció de hecho a que el ‘Estado Social o del Bienestar’ apareciera como el referente de la evolución económica de los países. Se abandonó así, en caída libre, la única experiencia histórica alternativa a los diversos socialismos reales y a los capitalismos de camarilla que ha tratado de conjugar el funcionamiento eficiente de las economías de mercado con la satisfacción de exigencias morales mínimas de igualdad y libertad.

. Y en eso llegó la crisis. Se manifiesta ante todo como una crisis financiera, pero tiene razones y expresiones más hondas y ramificadas. El epicentro se encuentra en Estados Unidos, pero se expande mundialmente por la interdependencia global de los mercados financieros. Su razón inmediata se halla en la desregulación y liberalización creciente de las instituciones financieras operadas desde 1987 las cuales apoyadas en la globalización y las nuevas tecnologías acabaron generando un nuevo sistema financiero.
globalización y la entronización del beneficio a muy corto plazo.
Cada día hay más evidencias de que el paradigma neoliberal es erróneo y está agotado.
Se pincharon las burbujas y el miedo supura por todos los poros, se ha destruido la confianza, fallan las explicaciones, se disparan las sospechas, se expresan falsedades que no tardan en caer, los responsables parecen quedar impunes y ricos, se extiende la incertidumbre, la crisis ha comenzado a golpear sobre todo a los más vulnerables; aún no nos la creemos y ya nos atemoriza, emergen los resentimientos, ya no hay más burbujas de consumo en las que embobarse y hasta los que pueden gastar ahorran de puro miedo… Todo el mundo está bajo sospecha, especialmente los financieros, los héroes envidiados del ciclo neoliberal y, con ellos, muchos políticos que se convirtieron en sus cortesanos.
Pero esta modalidad banal del capitalismo que más allá de las necesidades expande la idea de la felicidad vinculada al consumismo sólo puede prosperar desde la complicidad social de una gran masa de la población que ha humillado su condición de ciudadano en la de cliente/consumidor.
El neoliberalismo como forma de gestión del capitalismonunca ha sido capaz de producir crecimiento con sostenibilidad y compartición de la riqueza. Ahora hasta se ha agotado su capacidad para producir crecimiento con desigualdad.
Nadie está “blindado” contra los estragos de esta crisis y más nos valiera estar pensando en estrategias concertadas nacional y regionalmente para reforzarnos que en cómo aprovechar los inevitables desgastes políticos que la crisis producirá.
Tras la crisis la economía mundial seguirá siendo capitalista, pero no neoliberal. Uno de los grandes padres de la economía mixta, Paul Samuelson, nos advierte desde su lúcida ancianidad, que mil años de historia atestiguan la indispensabilidad de los sistemas de mercado, pero también que “los sistemas de mercado no regulados acaban destruyéndose a sí mismos”. Fueron las falsas ideas sobre el equilibrio de los mercados financieros (derivadas de las teorías de Friedman y Hayek) las que llevaron a que la nueva ingeniería financiera fabricara los monstruos de los derivados y los créditos recíprocos en una espiral de opacidad y descontrol que acentuó los problemas de azar moral, acción colectiva y selección adversa.
? La crisis ha trazado una frontera: la del fin de un capitalismo global caracterizado por la hegemonía neoliberal estadounidense, del crédito fácil, de la liquidez extrema, de los riesgos fuera del balance, de los sueldos astronómicos de unos directivos ligados a la creación de valor a corto plazo y muchas veces a engañar a los analistas financieros con desconsideración a la producción empresarial, de los cambios legales para facilitar la especulación y la opacidad (el capitalismo gris)…

Si echamos mano de la bola de cristal, y de que es lo que vendrá, que nos depara el futuro tras las "tinieblas" de esta crisssis, a mi me gustan estos dos conceptos, que son el Capitalismo Sostenible y/o el Capitalismo Sensible.

Estos dos conceptos, porque no implican la desaparición del capitalismo en un abrupto final, al estilo Unión Soviética. Sensual ensoñación esta, de todos los que consideran su entender el mundo como idea superior, que vale mas que la torpe, pero constante evolución de las sociedades. Y como ejemplo a esto, tenemos a nuestros amiguitos Chinos, y el socialismo no murió! se transformó (...en fin).

El Capitalismo Sostenible y de la sociedad LowCost, la optimización de recursos (no solamente materiales) como devenir natural, pues el mundo se nos ha hecho pequeño, somos muchos, mestizos de una Europa mas allá de la geografía, gastada y en plena transfiguración. No hay ningún sistema basado en el capitalismo que exista con recursos limitados o mejor dicho que funcione con recursos virtualmente ilimitados, puesto que el planeta tierra es finito. No así la mente humana. Es entonces cuando el capitalismo basado en la sociedad individualista y materialista pudiera deslizarse a una sociedad basada en las relaciones humanas, el individuo con conocimiento de si mismo, y la sostenibilidad como concepto amplio sean el valor. Pues es la única vía para lograr un equilibrio en el mundo.

Y quizás rescatar del ecologismo su lado mas racional, que implica la optimización de los recursos naturales, el cuidado de estos y la conciencia de su agotamiento. Que dan a la economía un lugar donde poder prosperar sin devorarse a si misma. Dejando de lado su tendencia al involucionismo, y la sacralización de la naturaleza como un santuario ajeno al ser humano.

Un presidente de los EE.UU dijo una vez, antes de invadir un país: que el estilo de vida americano no era negociable.
Y ya hace años que el petroleo a dejado de ser virtualmente infinito, puesto que la tendencia es ya irremisiblemente a un costo energético de la extracción igual a lo extraído.

En estos momentos lo único que mantiene a flote la moneda de la locomotora mundial es la referencia del petróleo, la energía que mueve este mundo, en esta moneda. El resto es de manual de economía.

Es entonces un cambio mas allá de lo ideológico y político al que estamos abocados. Porque las ideologías no murieron, cambiaron a una nueva, que es la del Super Yo y el individualismo, el darwinismo social empresarial que se a tornado ineficiente por su naturaleza poco cooperativa, donde los individuos no interactúan, solamente se temen. Y no es solo dañino para las personas, si no que se trata de un sistema que ahoga la creatividad y la audacia, fundamentales para afrontar los desafíos y eso es sencillamente ineficiente e inviable.

Evolucionar a un Capitalismo Sensible, donde los sujetos dejan de ser prescindibles, donde el mercado valora lo colectivo y no aplasta violentamente las aspiraciones personales, lo colectivo sostiene el mercado y viceversa. Dando lugar a algo que hoy solo tenemos en frases hechas como "El dinero no lo es todo"... en fin una sociedad donde las relaciones personales, el conocimiento de uno mismo, el tiempo para pensar, mmm etc. Serán valiosos.

Pienso que esto no solo es muy deseable, si no que en el uso de la razón esto resulta lo mas viable.

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