Rufianes

En los años 60 había tanto crimen en este país que hasta tenía su propia revista (se llamaba “Al Rojo Vivo”). En 1868, Richard F Burton, célebre viajero y cronista inglés, describía a la tripulación del vapor argentino “Proveedor” como integrada por "los rufianes, canallas y pelagatos más acabados que haya visto en Suramérica, incluso en Monte Vidéo". Entender, o siquiera imaginar, que la inseguridad, el crimen y las barbaridades son cosa de esta época de “pichis” y pasta base, no sólo es demagogia, sino que denota un ligero estado de pánico por la perdida de control sobre el “orden”, cosa típica entre los que se formaron en la escuela del estalinismo atenuado, como los socialistas vernáculos.

La ocasión nos encuentra, además, en una época en la que se conmemora la “semana del corazón”, en la que se pretende aconsejar a los mozos de bar sobre cuándo y cómo echar a los parroquianos que han bebido de más, y de una preocupación generalizada por la prolongación de la vida y la extensión de las buenas costumbres.

No en vano lloraba ante las cámaras la ministra del Interior, declarando que los socialistas son “buenos soldados”. Son tan buenos soldados como Atila era un buen huno. Antes se promulgaban leyes que limitaban la ebriedad o el descontrol de los más transgresores, y que en la mayoría de los casos eran olímpicamente ignoradas por la población y por la autoridad, porque ambas se habían fijado sus propios y ancestrales límites, los que solían funcionar bastante bien para preservar la paz en la tradición latina de control del descontrol

La revitalización del Orden protagonizada por el Frente Amplio ha hecho que zafar cual anguila de ciertas reglas que nos ridiculizan, ya no sea tan fácil. La población frenteamplista ahora te mira y te dice “vos serás mi amigo, pero si fumás acá, te denuncio”. Maniobra exitosa, ya que la mayoría opta por fumar en el balcón. Otro "amigo" re-frenteamplista me ha amenazado con denunciarme a la DGI por hacer un dibujo y venderlo sin cobrar IVA. Gauchos hasta el final, el patroncito es otro y otros los patrones.

Nos quieren hacer creer que el crimen es apenas fruto del desorden, de la indiferencia y del consumo de drogas, y que éstos son simplemente males de esta época. De paso meten en la misma canasta a justos y pecadores, como si el mero consumo de sustancias, el desorden o la indiferencia fueran las verdaderas causas del delito. Como si el consumo hiciera de los buenos, malos (y de los malos que no consumen, buenos). Tienen su guerra contra la droga, la que se prolongará hasta que aparezca un enemigo más útil y potencialmente más peligroso, como los pollos con gripe o la madrassa de La Teja. Ahí la abandonarán, sin haber ganado ni perdido, ni causado bajas más que entre el enemigo.

El término "guerra contra el narcotráfico" o “las drogas” ha pasado del lenguaje de Ronald Reagan al lenguaje oficial y, finalmente, al lenguaje cotidiano. Es una guerra santa y extraña, la que al decir de un general-estadista, como se emprende sin la convicción de la victoria, se pelea con la certeza de la derrota. En esta guerra, uno no puede sino preguntarse quién decidirá cuál será y cuándo tendrá lugar la madre de todas las batallas, la que terminará con la victoria de los buenos sobre los malos, la que terminará con la fantasía de los unos y dará lugar a la mona de los otros.

Los expertos en seguridad del Frente Amplio están desarrollando una brillante estrategia en varios frentes simultáneos, que basada en las experiencias históricas de la OPR-33, se encaminan hacia la victoria final contra la Droga. A cargo del arenero se encuentra el general Jorge Vázquez, hermano del presidente y no sé qué más.

El frente principal, el que brinda mejores promesas electorales, es el de alimentar el odio cerril hacia los consumidores de pasta base, los que deben aparecer como inventores de la violencia y el crimen, fenómenos hasta ahora desconocidos en el Uruguay. No es sorprendente que la prensa amarilla siempre tenga un demonio para culpar por el mundo en que vive. Lo que sí es sorprendente es que el propio Frente Amplio arrime su cuota de leña al fuego, cargando las tintas sobre los comportamientos ilegales sin diferenciarlos de los antisociales.

Alguien, alguno del partido de gobierno, podría ensayar alguna interpretación alternativa (antes de que lo haga Larrañaga) y alguna estrategia, aunque sea para contrarrestar el embate del odio de clases implícito en el odio a los consumidores de pasta. Hay informativos que le asignan a la pasta base la autoría de fechorías cuyos autores no han sido ni siquiera identificados.

La pasta es una droga de mierda que hace mal, y que mejor no tomar, eso es todo. Desde hace décadas hay programas de rehabilitación para heroinómanos en la mayoría de los países europeos, en los que tratan a cualquiera deseoso de no tener que robarle la garrafa a la madre para procurarse paz. Algunos programas involucran tratamientos basados en suministrar fármacos similares, otros en suministrar la propia sustancia sujeta a algún tipo de tratamiento, y otros en suministrar drogas sicológicas con la esperanza de que puedan sustituir a las químicas. Los socialistas vernáculos, sin embargo, creen que la mejor estrategia es fomentar el odio hacia los consumidores de drogas legales e ilegales, permitiéndo y fomentando los informes periodísticos que atribuyen todos los males al consumo de ciertas drogas y no a las ganas de afanar, como ha ocurrido desde que Roma es Roma.

El segundo frente opone a las mulas que se arriesgan a llevar unos kilos de merca por dos o cinco mil dólares, con una Europa capaz de consumir cantidades prodigiosas de cocaína, y los inversionistas que las mandan. Es la vuelta al mercantilismo. Los filtramos acá y los microfiltran allá. Acá rebotamos a las mulas y allá a los yoruguas. Y todo por nada, porque hay tanta merca hoy en Europa como la que había veinte años atrás (y sospecho que la que habrá dentro de veinte años). Magra cosecha para una guerra que ha dejado tanta sangre derramada y tantas vidas arruinadas. Se llenan nuestras cárceles porque alguna gente en Madrid quiere jalar cocaína. En términos futbolísticos, la cocaína se lleva el punto de visitante.

El tercer frente, que involucra a la mayoría de la población, existe desde siempre y ha sido adoptado por sectores clave del gobierno, a los que el consumo de yerba mate ha hecho inmunes a las ideas que no provengan de Tabaré Vázquez, y ya que éstas no abundan, a los principios del “ideario artiguista” tal como los entiende Eduardo Galeano. Este frente se ocupa de todos los "hábitos" (en el sentido hinduista del término) que conspiran contra el país productivo, saludable, solidario y alineado. Para preservarlo pusieron a cargo de la Junta Nacional de Drogas a un tipo que obviamente carece de amigos o tiene unos amigos muy raros, y que dice que la marihuana es un "error y un horror".

Planteada en esos términos, en esta batalla todos somos combatientes.

Respuestas

pero este post no terminaba promulgando el voto en blanco?

Si fue a taller, deberían haberlo revisado un poquito más, ya que hay dos palabras que se repiten en el texto...

En fin....yo quería comentar que compartía la idea del voto "castigo"..pero lo prefiero anulado, ya que el voto en blanco se suma a la mayoría...

Acá le ponen el énfasis a las drogas...si se tocan todos los frentes, las cagadas son mayúsculas, sin importar el tema en cuestión.

sola, fané, descangayada y es que uno, quién sabe, empieza por fumarse un cigarrillo bocabajo y colgando de la hornacina a luca en la bastilla, se pasa a los la paz unfiltered, dominguea a la salud del contador damiani con décimas repentistas bajo videos o vídeos de youtube y un noviembre cualquiera acaba o se ve a sí mismo y sin vuelta militando por pedro (es pedro) meta esemecés.
del tabaco considerado como un arma de destrucción masiva.
fósiles de un tiempo en el que aún creíamos que se podía elegir, batía el voyeur.

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