La vida te da sorpresas

Jorge Barreiro
handguns.jpgHay quienes se dicen sorprendidos por el llamado del senador tupamaro Eleuterio Fernández Huidobro a armarse para hacer frente al crimen y la inseguridad y la propuesta del no menos tupamaro José Mújica de encerrar “a prepo” a los menores que consumen pasta base.

Las peligrosas ocurrencias de ambos no constituyen exactamente una novedad. Ya nos las vienen recomendando desde hace muchísimos años los políticos conservadores: el orden y la seguridad, nos dicen, deben estar al tope de las prioridades de una sociedad y si el Estado, y la justicia en particular, son incapaces de garantizar ese orden y esa seguridad, entonces habrá que ponerse por encima de ambos, olvidarnos de las garantías constitucionales, del derecho a un proceso justo y recurrir a esa dudosa forma de justicia que es la que se hace por mano propia. Son iniciativas por las que vienen clamando desde hace tiempo líderes de casi todas las tiendas políticas.

Frivolidades irresponsables como las de los ex guerrilleros son demasiado habituales cuando se acercan las elecciones como para sorprender a nadie. En una era en la que los políticos sacralizan las aspiraciones inmediatas de la opinión pública en lugar de atreverse a proponer soluciones siempre complejas y a largo plazo a los nada simples problemas que enfrenta, no debería asombrar la pleitesía que los líderes tupamaros le rinden al prejuicio y los instintos más anti-políticos del pueblo llano.

Sin embargo, hay un extendido estupor entre las huestes de izquierda que no es provocado por la creciente semejanza, al menos en este terreno, del discurso tupamaro con el de Lacalle, pongamos por caso. Ya sabemos que cuando se acercan las elecciones todos los gatos son pardos y la necesidad (de mantenerse en el poder) tiene cara de hereje y justifica pagar el tributo de integrarse a la cruzada en favor de la seguridad. La sorpresa que alegan estos sobrevivientes de un tiempo en el que la derecha era derecha y la izquierda, izquierda es de otro tipo y obedecería a la supuesta incoherencia de estos planteos de Mujica y Fernández Huidobro con su trayectoria política pasada. La sorpresa, se nos viene a decir, responde a lo mucho que supuestamente han cambiando estos muchachos. Una explicación que no deja de llamar la atención, porque la inclinación de los dirigentes tupamaros a recurrir a las armas o a la fuerza para resolver cualquier problema social parece inscribirse en sus tradiciones más auténticas. No percibo ninguna incoherencia entre la mentalidad castrense de Fernández Huidobro, que entre otras cosas lo llevó a elogiar el coraje y la consecuencia del torturador Tróccoli, y su actual llamado a tomar las armas para defender nuestras parcelas privadas. Todo lo vinculado a las armas siempre se le dio muy bien a Fernández Huidobro. Antes y ahora, que parece el vocero de la corporación militar. Tampoco veo contradicción alguna entre el desprecio por los procedimientos de la justicia que están implícitos en la original propuesta de Mujica de encerrar “a prepo” a los menores supuestamente esclavizados por la pasta base y los modelos de sociedad que más lo deslumbraron en el pasado (sí, estoy hablando de Cuba)

Digámoslo de una vez: lo que me parece que debe ser criticado de nuestros “renovados” tupamaros no es que no sigan pensando y haciendo lo mismo que hace 40 años, sino los despropósitos que ahora divulgan en nombre de las preocupaciones de un incierto ciudadano de a pie, al que siempre se le puede atribuir casi cualquier aspiración.

A quienes se sienten ultrajados por el supuesto cambio de actitud de los líderes tupamaros (¿esperan acaso que sigan gritando “Patria para todos o para nadie”?) habría que decirles que, como ámbito privilegiado de la vida estrictamente humana, que es siempre vida con los otros (incluidos los que son y piensan diferente a nosotros), la política está sujeta al cambio, a las sorpresas si se prefiere esa palabra, a lo imprevisible, a aquello con lo que no contábamos. De otro modo, estaríamos condenados a la eterna repetición de lo mismo.

Tanto en la vida privada como en la pública, la acción (y la palabra es acción) altera lo dado, produce un nuevo escenario, unas nuevas condiciones, un “imposible” en el escenario precedente. Sin esa capacidad propia de la acción humana de producir “milagros” (por decirlo con Hanna Arendt), de sorprender, en suma, la política sería algo muy parecido a cualquier otro metabolismo sujeto al ciclo de la naturaleza y se le hurtaría todo el potencial emancipador que le es propio. De alguna manera, lo imprevisto lleva la marca de la libertad.

Claro que cuando lo nuevo sólo puede ser de un signo ya no le podemos llamar sorpresa. Si la modificación del actual estado de cosas sólo puede discurrir en un sentido, no corresponde hablar de auténticas sorpresas, ni de libertad, sino más bien de necesidad, que es lo opuesto a la libertad. Esta última queda clausurada cuando pensamos que estamos irrevocablemente determinados a actuar como venimos actuando. Sin la posibilidad de elegir, sin la obligación de elegir, no podríamos hablar de auténtica libertad. Esa capacidad de actuar ─nunca ilimitada y siempre sujeta a los constreñimientos del tiempo que nos ha tocado vivir─ , de producir lo imprevisto y sorprendente, incluye la capacidad de equivocarnos, de elegir el mal incluso.

Nada debería escandalizarnos menos, pues, que asistir al milagro de unos ex guerrilleros revolucionarios actuando en un sentido totalmente inesperado. Esa sorpresa forma parte de las mejores posibilidades de la política: que sorpresas como ésta se produzcan es el testimonio de que no todo está abocado a cumplir un destino, que una mujer, un obrero, un pobre, un católico no están obligados a ser esclavos eternos de su condición… y que un revolucionario no está irremediablemente condenado a repetir los lugares comunes que se esperan de él. Lo que acaso se eche en falta en el caso de hombres que han asumido altas responsabilidades públicas, como Mujica y Huidobro, es una explicación también pública de cómo pasaron de aquella épica revolucionaria a esta vulgaridad represiva.

Lo que me produce asombro no es que Mujica y Fernández Huidobro se pronuncien en un sentido totalmente opuesto al que habitualmente se espera de ellos. (Aunque, a decir verdad, ya no sé muy bien qué deberíamos esperar de cualquiera de los dos.) Lo que me suscita perplejidad es aquello que dicen y hacen como senadores, lo que ubica mi crítica en el terreno de la política, no en el de la indignación moral, que estoy dispuesto a ceder a quienes consideran un mérito pensar siempre lo mismo o a los vocacionales de la “coherencia” entendida como tediosa repetición de principios tan sagrados como incapaces de confrontarse con lo real. No me produce el menor desasosiego que Fernández Huidobro y Mujica no sean fieles (palabra horripilante si las hay) a su pasado político, sino las bárbaras políticas que nos proponen hoy.

Armarnos para defender nuestro patrimonio o para hacer justicia por mano propia nos devolvería a la jungla o a regirnos por la ley del Talión, es un paso atrás civilizatorio de enormes proporciones y es un despropósito en lo que se refiere a los derechos democráticos de los ciudadanos, entre ellos el de tener un juicio justo e imparcial en caso de ser acusado de un delito. Tan cavernícolas lucen las propuestas de los líderes tupamaros que hasta nuestra nada posmoderna ministra del Interior se sintió obligada a tomar profiláctica distancia de las mismas.

No me escandaliza el (supuesto) abismo que separa la propuesta de Mujica de encerrar compulsivamente a los menores que consumen drogas de sus (también supuestas) inclinaciones libertarias del pasado. El reparo que pongo a la sugerencia de nuestro precandidato presidencial es, de nuevo, estrictamente político. La represión (porque la iniciativa de Mujica es represiva) no resuelve las conductas anti-sociales de los menores, el encierro no rehabilita y el encierro “a prepo” para colmo ignora los derechos y garantías constitucionales. Mujica y Fernández Huidobro ignoran las causas del fenómeno de la inseguridad y, por ende, sus propuestas elaboradas al grito de la tribuna no podían ser políticamente más infelices. Su mayor defecto no es que estén alejadas de un incierto espíritu revolucionario, sino que están demasiado cerca del ideario de los políticos conservadores. Un ideario que no contempla la eventualidad de una auténtica sorpresa, como la de que los menores pobres dejen de serlo algún día y no estén destinados al encierro.


Respuestas

lo que demuestran estos señores es que lo que dicen no es, ya que el aljibe por el que pasaron no les cambió nada lo que pensaban, así que a prepo parece que no es. Qué relajo ¿no? Ahora, qué hacemos con esos sidóticos homosexuales pastabaseros, pensadores de maldades? Podríamos mandarlos al mar blanco, a una isla que yo me sé.

Si Fidel encerró durante mucho tiempo a los sidosos y homosexuales (por tener costumbres decadentes que menoscababan el orden social), ¿por qué no puede el Pepe encerrar a esa lacra de pastabaseros que erosionan los pilares de nuestra sociedad y la convivencia?

Renegar de lo que uno alguna vez pensó en la vida es válido.Como dice don Voltaire el cambio es permanente. Pero entonces no vale seguir jugando a lo mismo. Pobres de los militantes que se vean en la necesidad de justificar ante la gente los revires electoraleros de esta gente. Una prueba más de la falta de ideología en el accionar político.

El problema de los Tupamaros no es que hayan cambiado. No hay nada terrible en ello. ¿Quién no ha cambiado en estás últimas décadas? Yo soy uno de los tantos que lo ha hecho. El problema, como dice Cándido, es que siguen "jugando a lo mismo", pretenden convencernos de que en verdad tal cambio no ha ocurrido o, más precisamente, que hay continuidad entre sus posturas actuales y las que defendían hace 40 años. Pero eso es hacer malabarismos.

Siguen reivindicando su pasado político (festejan la toma de Pando, por ejemplo) y, al mismo tiempo, pretenden hacernos creer que su política actual no está en conflicto con su estrategia guerrillera de antaño, que se pueden reivindicar sin mayores conflictos ambas cosas.

Es eso lo que los hace algo patéticos.

la opción por la no violencia tiene miles de años. Es difícil si no imposible, dar un valor moral a una actitud, descontextualizada del momento histórico en el que surge.Pero parecería igualmente, o así prefiero creerlo, que un sentido común vincula a lo largo de la historia, en todos los que han optado por la no violencia. Es la ideología que se transmite generacionalmente como objeto-valor cultural.
En este sentido, aunque marcando el devenir guerrero de la humanidad a lo largo del siglo pasado y lo que va de este, no parecería extraño que, luego de haber vencido al nazi/fascismo por la vía de las armas, y en plena batalla (¿fría?)contra el sovietismo imperial ruso, se haya elegido el camino de las armas para terminar con la injusticia y la codicia de los que estaban en el dominio del poder -democráticamente?- en el contexto de una democracia,
o para arrebatarles el poder. Parecería que las armas son cosa de machos. Un arma nos iguala a todos, todos podemos bravuconear y hacer que se nos respete.No importa que si vamos a las piñas el otro me tape. No importa que sea karateca o policía. Es paradoja que estos señores que jugaban a la revolución no hayan optado nunca por la no violencia y ahora que asumieron el gobierno democráticamente, -no violentamente- sigan sosteniendo que el pueblo debe armarse. Siguen siendo tupamaros...siguen optando por las armas. Siguen pensando que los inventos siniestros para matar, son los artefactos que nos igualan a todos, más democráticamente que el sistema que hoy gobiernan sin haber disparado un tiro.
Sobre estos temas no hay matices: no puedo decir: apenas tengo un matagatos por las dudas..." se es o no se es. Unos están de un lado y otros estamos del otro.


Acá se mezclan muchos temas, comento acerca de uno solo: ¿por qué la población civil debería desarmarse, como propone la ministra?

¿Por qué los guardias de seguridad (cuyo número ha aumentado enormemente, y sigue siendo una de las ofertas de trabajo más numerosas en el gallito luis) pueden estar armados y los civiles no?

¿Por qué no está mal defender el patrimonio de los bancos con varios guardias armadísimos con fusiles en plena calle, -fíjense cuando sacan o pponen plata de los cajeros automáticos- y sí se condena que la almacenera de la esquina tenga una mísera .22?

"Bancos" puede ser sustituido por barrios jardín (privados), colegios privados, supermercados, etc, etc, etc?

Yo también cambié mucho en los últimos treinta años: de ser una adolescente pacifista, John Lennon, no a la guerra, adiós a las armas, ahora de veterana estoy por comprarme una .45 y tomar cursos.

La principal razón: era muy chica durante la dictadura. De ocurrir algo similar de aquí en adelante, me gustaría poder defenderme o pegarme un tiro si las papas queman.

Si hasta Gandhi lo dijo “Entre las muchas fechorías que el Imperio Británico perpetró en la India, la historia mirará la de privar de armas a toda una nación como la más negra de todas ellas”.

Es decir, desarmarse está ok, pero si nos desarmamos todos, todos.

Dasarmarse todos todos quiere decir que tampoco haya Policía? ¿que la no violencia dependa de la buena voluntad de cada uno de los ciudadanos? Y mientras eso no sucede, ¿como nos manejamos? ¿que cada uno haga lo que le parezca? Armas para todos o para nadie! Se parece al patria para todos o para nadie.

En un reciente artículo, Fernández Huidobro hacía en La República un conato de defensa de lo indefendible de sus afirmaciones previas, citando a Hitler y a Goebbels (caballitos de batalla, si los hay). De alguna manera daba a entender que los que prefieren que haya menos armas en los hogares uruguayos son nazis. "El que quiera tener armas, que se afilie a las SS", citaba el autor.

Con esto pretende decirnos que los que se oponen a que la gente ande a los tiros contra los que les cruzan el alambrado, son agentes de la opresión. Lo que dicho sea de paso es exactamente lo que piensan los miembros de la ultraderechista NRA de los EEUU, con Charlton Heston a la cabeza. Este esputo de Fernández Huidobro es aún más repulsivo que el anterior, porque llevada hasta su conclusión lógica, todos deberíamos estar armados para emprenderla a los cuetazos cada vez que creamos que tenemos derecho a hacerlo.

El verbo operativo aquí es "creer". Yo "creo" que los perros ladran porque acecha el peligro, entonces salgo y tiro. Yo "creo" que los que consumen cierta droga se la están buscando, entonces los meto "a prepo" en una colonia para "corregirlos" (y si no se dejan ¿también tiro?) Es una enfermedad que parecen compartir los presos y los lectores de El País.

Creo que ninguno de estos personajes ha superado la etapa heroica-adolescente en la que ya eran reaccionarios, y ahora, de viejos, siguen siendo los mismos reaccionarios de siempre. Si se creen que derramando lágrimas de cocodrilo por el "pequeño productor lechero" se van a redimir, que lo piensen otra vez. Se van a redimir el día que crezcan.

Este problema no debería centrarse en el hecho de poseer armas sino en la voluntad de usarlas. Y como es un tema complejo, debería estudiarse con seriedad, y no caer en facilismos. El pueblo más armado del planeta, Suiza, es también el que menos las usa para ejercer violencia. Y el que le sigue el cuanto a la falta de voluntad de usarlas, Japón, es el menos armado del planeta, por lejos (hasta las escopetas de caza están prohibidas en Japón). Sería toda una paradoja si olvidáramos que el tema central, en ambos países, es la bajísima propensión de esos pueblos a la violencia privada.

Un tema no menor, y que rara vez se menciona, es la diferencia que existe entre las armas cortas y las largas. Los suizos están armados, es verdad, pero con fusiles de guerra que miden por lo menos un metro veinte y que no se pueden llevar bajo la campera. En muchos países, la legislación hace una marcada diferencia entre las "concealable weapons" (armas que se pueden llevar escondidas) y las otras. Las primeras están prohibidas, a menudo de manera muy estricta, y las segundas, que en general son armas de caza, están mucho menos reguladas. Las armas deportivas son una cosa, y los bufos, otra muy diferente. Personalmente creo que la posesión de armas cortas por particulares debería estar prohibida, lisa y llanamente, y con esto se resolverían muchos de los problemas derivados de la tenencia de armas.


montes:
Hasta no hace demasiado tiempo (unos 20 años, aprox), la policía británica no portaba armas de fuego. Eso no impidió nunca que esa sociedad abandonara su notoria tradición represiva

Incluso ahora, no toda la policía del reino unido está armada, sólo algunos regimientos. El asesinato del pobre brazuca en el metro hizo pensar a varios en volver a los viejos tiempos en que TODA la policía era civil.

Suiza es el mentadísimo ejemplo de "armas para todos", cada ciudadano tiene en su casa por lo menos un fusil que haría babear a F. Huidobro.

Eso sí, de emplearlo fuera de las situaciones de ejercicio militar, se la ligan grandemente.


Vuelvo porque recién leo lo de Curzio: en un país en el que se practica esquí, ¿no le parece que un fusil de un metro es bastante "concealable"?

Dejando eso de lado, la distinción que señala entre armas cortas y largas es realmente importante, ya que relativiza el asunto: no se trataría entonces de desarme civil a secas, sino de desarme de armas cortas exclusivamente.

Con eso se puede poner un parate a la peligrosa mojigatería detrás de "hay que desarmarse porque las armas son malas, malas y peligrosas, peligrosas en sí, salvo cuando están en manos del aparato represivo".

OK, en vez de la .45, ¿le parece que me puedo conseguir un AK? ¿Me aconsejaría?

En un país como el Uruguay, una AK47 es mucho menos peligrosa que una pistola de calibre europeo o que un revólver calibre 38 (ambos permitidos para el uso civil). Las armas largas que usan munición "de guerra" constituyen un peligro infinitamente menor que el que ofrecen las armas cortas de pequeño calibre.

Es costumbre de algunos anglosajones emprender contra el público con armas automáticas con el fin de causar la mayor cantidad posible de bajas antes de ser abatidos, o sea, han encontrado una forma de suicidarse llevándose a unos cuantos inocentes consigo. Allá ellos. Por suerte ese es uno de los defectos que no hemos adoptado, entre los tantos que están en oferta.

extraído de informe AI:
640 millones de armas circulan por el mundo y cada año se fabrican 8 millones más y 16.000 millones de balas: 2 por cada hombre, mujer, niña y niño del planeta.

Las armas son cada vez más dañinas y de efectos más indiscriminados para la población civil. Muchas armas son sencillas y duraderas: su uso no precisa de mucho entrenamiento y pueden seguir operativas durante más de 40 años.

"Ha bajado mucho el precio: solía ser seis vacas por un AK y ahora puedes conseguir un rifle nuevo por un buey y seis cabras". Charles Logwe, antiguo comerciante de armas en el norte de Uganda, 2001.
Matar es cada vez más fácil: se puede hacer a mayor distancia, con mayor indiferencia y menor esfuerzo. Además, el suministro de armas a países donde se violan los derechos humanos es constante y transmite el mensaje de que la comunidad internacional tolera, e incluso respalda, este tipo de actos.

Por todo esto cabría esperar que este comercio estuviera estrictamente controlado, pero no es así. Mientras la atención internacional se centra en la necesidad de controlar las armas de destrucción masiva, el comercio de armas convencionales sigue en un vacío legal y moral. A día de hoy, no existe ninguna ley internacional exhaustiva y vinculante que regule el comercio de armamento convencional y las armas se siguen vendiendo sin ningún control sobre su destino y uso final.
• Armas Bajo Control
El Problema

Cada día millones de hombres, mujeres, niñas y niños viven bajo la amenaza de la violencia armada. Cada minuto uno de ellos muere asesinado. Desde las bandas armadas de Río de Janeiro y Los Ángeles, hasta las guerras de Liberia e Indonesia, las armas están fuera de control.
Las armas ligeras contribuyen de forma significativa a la pobreza y al sufrimiento y desarrollan un papel clave en las violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario. Se infligen más heridas, muertos, desplazamientos, violaciones, raptos y torturas con armas ligeras que con cualquier otro tipo de armas. Por este motivo, el exsecretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, las calificó como "las auténticas armas de destrucción masiva".
Cuando no existe un control estricto, abusan de las armas tanto los ejércitos durante un conflicto armado, como los cuerpos de seguridad que ejercen la fuerza indebidamente, las empresas privadas de seguridad y las bandas criminales.
La violencia armada no se limita a las guerras, sino que se está generalizando en las calles y en los hogares de miles de familias. Actualmente, más de la mitad de las armas convencionales está en manos de civiles.
El negocio de las armas es escenario de corrupción y sobornos generalizados, y se nutre de los beneficios que dan unas máquinas diseñadas para matar y mutilar a seres humanos.¿Quién obtiene beneficios con este horrible comercio? Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU -Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China- son responsables del 88 por ciento de las exportaciones de armas convencionales de las que se tiene noticia. Desde 1998 hasta 2001, Estados Unidos, el Reino Unido y Francia obtuvieron, por la venta de armas a países en desarrollo, una suma superior a la que gastaron en Ayuda Oficial al Desarrollo.

"Sorprendente estudio cuyos detalles se conocen hoy: el suicidio responde por la mayor cantidad de muertes violentas que se producen en el país (16,7 cada 100.000) habitantes, seguido por los accidentes de tránsito (13,2) y recién en tercer lugar se ubican los homicidios (6,1)".
[De estos últimos]"más de la mitad (51%) se explica por armas de fuego, en segundo lugar (28%) aparecen las armas blancas y el tercer renglón es para otros (18%), que se compone esencialmente de herramientas, martillos, palos, piedras y similares".

Eso dice La República de hoy. El estudio es del PNUD.

Confirmo lo que sabe cualquier peatón: lo más peligroso en la calle son los autos.
Pero con ellos nadie se mete, aunque hayan llenado de plomo los pulmones de los niños durante añares (son los más bajitos, a los que les llega primero y sin diluir el humo de los escapes), aunque sus conductores sean responsables de tantísimas muertes.
Ni los ecologistas se meten con los autos, es increíble.

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