Marche preso

prisoners.jpgAyer, la justicia de Rocha procesó "con prisión" a dos funcionarios de UTE por haberse equivocado en un procedimiento que le provocó la muerte a un obrero. El juez castiga con prisión a unos negligentes sin sentirse obligado a probar que representan un riesgo para la sociedad (algo que casi con seguridad no representan). Los jueces creen, por su propia interpretación del código penal, que tienen el derecho a usar la prisión preventiva (procesamiento con prisión) para castigar a los que ellos parecen haber juzgado culpables y que por eso "creen" que merecen un castigo inmediato, independientemente de la utilidad que tenga el encerrarlos. ¿Que sentido tienen meter presa a gente como esta, causándoles un daño a menudo desproporcionado a su falta, y además contribuyendo gratuitamente a los problemas flagrantes del sistema carcelario del país?

Y como la salamandra que se muerde la cola, el Poder Ejecutivo busca en los viejos lugares de reclusión de la dictadura nuevas parcelas en los que alojar esos presos que parecen ser interminables, como las hormigas. Vaya salamandra que se le coló a Daisy, que al grito del oncólogo, apresta la vieja cárcel de mujeres de Punta Rieles para acomodar más y más presos, a medida que crecen las demandas de castigo por parte de la población. Si el instituto de la prisión preventiva se usara con un criterio que se asemejara más a la justicia y no tanto a la percepción de los jueces sobre la "opinión pública" habría mucha menos gente en la cárcer, y por consiguiente el Estado podría velar mejor por los que están presos, en todos los sentidos de la palabra.

Se pudren en las cárceles de este país ciudadanos inocentes, que lo son si no han sido hallados culpables, que no representan peligro alguno para la sociedad. Se los comen los otros reclusos, en todos los sentidos de la palabra, y salen con ganas de devolver la mala onda. Se tortura en las cárceles a tipos que libraron cheques sin fondos o flacos que vendían marihuana, alojados con gente violenta que hace valer su naturaleza. Se pudren en las cárceles sujetos sin condena, presas del escarnio de la sociedad y declarados culpables, por arte de estar presos, sin presunción de inocencia. Se desechan los otros métodos de castigo para los malhechores pacíficos, que gustosamente cumplirían condenas de "servicios comunitarios" y multas pecuinarias antes someterse al castigo inopinado que representan las cárceles del Uruguay.

De esto no puede culparse a la ministra ni al gobierno. Son los jueces los que mandan a la gente presa. ¿Vendés marihuana? marche preso. Apretaste el botón que no era y mataste a uno? marche preso. Le rompiste la vidriera a McDonalds? marche preso. Así podríamos llenar todas las cárceles del mundo.

Los jueces ya sabemos lo que son. Gente que se deja llevar por el vaivén de los vientos. Vientos reaccionarios y castigadores, por lo general, porque la gente palurda suele mezclar a tirios con troyanos como si fueran la misma cosa. La mirada satisfecha del juez penal de Rocha y de su fiscal, después de haber encarcelado a unos funcionarios a lo sumo haraganes, lo dice todo. Nuestros jueces parecen ser inmunes al aprendizaje. Cuando vino la dictadura, siguieron condenando de acuerdo con los principios de turno. Cuando vino Sanguinetti y luego Lacalle (y Batlle y Vázquez) condenaron lo que había que condenar, a la sazón, ladeando la cabeza para otear la mirada de aprobación del mandamás de turno. Ahora, siguen mandando a la gente presa, pero eso si, con una perspectiva de género.

De lo que sí podemos culpar al Gobierno es de cobrar al grito. De colgarse tanto con el clamor de la derecha por "mano dura" que no sale a denunciar a la cultura judicial de meter preso a cualquiera. En su lugar, sale a abrir nuevas cárceles de cuarta (de ahi viene "cuartel" creo) para seguir torturando a la población carcelaria. Hay gente que merece estar presa, pero no creo que constituyan más de la tercera parte de los presos. De hecho, hay gente que merece estar presa y no lo está porque nuestras cárceles parecen ser resumideros a los que va a parar la supina estupidez de nuestros jueces.

Si bien los otros dos poderes del Estado no deben opinar sobre casos particulares frente al Poder Judicial, tienen la obligación de sentar normas de convivencia claras que los jueces no puedan impugnar con el pretexto de ceñirse a la letra escrita. En vez de "ordenar" abrir los cuarteles a nuevas generaciones de presos, Vázquez haría mejor haciendo valer su influencia para hacernos reflexionar sobre el hecho de que un país como el Uruguay, considerado ampliamente como uno de los más seguros de las Américas, esté dando un ejemplo tan lamentable en cuestiones de crimen y de castigo.

Cabe una última reflexión sobre la ideología de los que nos gobiernan. Entraron como cuchillo en la grasa a reprimir. Lo ridículo de Daisy Tourné no pasa por sacarse fotos en la ducha, pasa por haber mamado del afán represor del Estado neo-batllista de Tabaré Vàzquez, que ha llenado al país de inspectores. No es un buen ejemplo para los jueces, porque así, a falta de un ambiente de tolerancia, siempre se los ve librados a sus instintos, aunque este es un temá más del psicoanálisis que de la política.

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