Apuntes de campaña/1

Péguele a Argentina y gane un voto

Jorge Barreiro

El ataque a Argentina y los argentinos parece haberse convertido en uno de los recursos favoritos de los candidatos en esta campaña electoral. Cualquiera diría que hacer alguna referencia a la escasa vocación republicana de los argentinos es el peaje a pagar por subir un punto en los sondeos. Manifestar cierta arrogante compasión por las malas maneras cívicas de los vecinos, ufanarse de la propia honestidad en contraste con la indecencia que reinaría en Argentina o simplemente recordar nuestra incierta singularidad son platos infaltables en el menú que ofrecen los presidenciables.

La suposición de que este penoso recurso deleita al electorado pone en evidencia el arraigado anti-argentinismo existente en esta provincia, pero también la infertilidad de la campaña electoral, en la que los gestos impactantes, el guiño de complicidad al votante, la estocada fácil o el ‘ustedes son peores’ apenas disimulan la ausencia de reflexiones sobre los ineludibles problemas que debe enfrentar este país.

Uno de ellos es la relación con Argentina. Y no parecía mal encaminada la iniciativa de José ‘Pepe’ Mujica de reunirse con Cristina Kirchner para tender algún puente que, tarde o temprano, deberá tenderse con el gobierno de ese país, salvo que se piense que Uruguay y Argentina pueden seguir ladrándose eternamente. Pero la fórmula del Frente Amplio pareció más inclinada a hacerse perdonar semejante “traición” que pasar a la ofensiva y exigirle a sus rivales que expusieran una mejor idea sobre cómo superar el impasse con Argentina.

Luego, todo se desmadró. La cortedad de miras y las urgencias de la carrera electoral (sí, al parecer se trata de una carrera) alimentaron el más rancio chauvinismo. Para Mujica los argentinos son “burros”. El gobierno es burro, los gremios agropecuarias son burros, los radicales son “nabos”, los peronistas son “patoteros”, la sociedad argentina es “histérica” y el comportamiento de ese país, “incomprensible” para el autocomplaciente republicanismo uruguayo. Ya nos dirá Mujica, si llega a ser presidente, cómo piensa “recomponer” la relación con Argentina después de este elogio de la argentinidad. Cuando alguien le preguntó al presidente Tabaré Vázquez si le preocupaba el costo político que podían tener para el Frente Amplio las declaraciones de Mujica, respondió como el estadista que es: “lo único que me preocupa es lo que pueda salirse de la costumbre, del modo de vida de los uruguayos". ¡Vaya preocupación para un presidente de izquierda!

El candidato blanco, Luis Alberto Lacalle, no desaprovechó la ocasión para reprocharle a Mujica su visita a la presidenta argentina, al parecer una traición a las esencias patrias ni para hacer todo lo contrario dos semanas más tarde, es decir pedir disculpas a los argentinos por los exabruptos de Mujica. Pero su genio nacionalista o los resultados de la última encuesta, da igual, pudieron más y sus elegantes maneras diplomáticas duraron lo que un lirio. Cuando un periodista hizo referencia a la inseguridad pública a uno y otro lado del Río de la Plata, Lacalle lo cortó en seco: “No nos compare con lo peor”. Lo peor, se sabe, es siempre Argentina.

Alguien definió al nacionalismo como el narcisismo de la diferencia (“nosotros somos únicos”). Y yo agregaría que el nacionalismo uruguayo es el arte de exorcizar nuestro complejo de enanos. Todo lo cual es una pena, porque ese nacionalismo es totalmente anti-político. Cuando se convoca a la patria desaparece la política.

Respuestas

A ver si esta vez mis comentarios no sufren la censura del moderador...

Francamente me tiene un poco cansado la tesis subyacente (y nada original) del articulo sobre el "increiblemente bajo" nivel de dicusion de esta campaña. No lo entiendo, parece que se acaba de descubrir la redondez de la tierra al percatarse de que en las campañas practicamente nunca se discute nada. Ya que, salvo escasisimas excepciones, todo gira siempre en torno a ataques pertidarios o personales y eslogans de propuestas tan huecos y vacios de contenido como un tambor. De todas formas este no es el punto central del articulo asi que no me voy a detener mucho en el.

Anti-argentinismo. Digamos que no estamos ante un fenomeno nuevo en la sensibilidad politica uruguaya. Mas viejo que el aujero del mate, el sentimiento de rechazo a "los argentino" (aunque mas bien sea a "los porteños", ya que es bien conocido que para un uruguayo enojado todo argentino es porteño) tiene bastante tiempo jugando en las relaciones con la vecina orilla. Y esto ha -obviamente- jugado un papel mas o menos importante en las distintas elecciones uruguayas a lo largo del siglo XX. Creo que Barreiro acierta al reconocer al periodo politico actual como de bastante antiargentinismo, pero se equivoca al decir que no rinde electoralmente. Buena parte de la politica internacional del actual gobierno se ha basado directa o indirectamente en los conflictos mas recientes (Botnia y compania) con el gobierno argentino, y es indiscutible que pocas veces se ha logrado niveles tan altos de unidad frente a una "causa nacional". Por esto, no tendria que sorprender que en esta campaña electoral en particular volvieramos por momentos a meter estos berrinches arriba de la mesa.

Mujica no hizo nada nuevo en estas ultimas semanas; ni al reunirse con los kirchner ni al declarar lo que declaro sobre el gobierno argentino. No hay dudas que el Pepe ha sido el unico de los dirigentes frentistas de peso que mantuvo (hasta cierto punto) las opiniones y los gestos mas moderados cuando todo el gobierno se embarcaba junto con la oposicion en una guerra de histeria y desatino contra el gobierno argentino. Ha sido desde hace tiempo el politico que mas fluidamente se ha contactado con las fuerzas politicas de la vecina orilla, llegando a hacer algunos gestos timidos de conciliacion. Por lo que dificilmente se le pueda reprochar haber aportado tal o cual grano de arena en el empeoramiento de las relaciones de ambos paises. Por otro lado, sus declaraciones sobre el conflicto entre el gobierno argentino y las gremiales rurales tampoco son nuevas. Las mismas cosas ya fueron planteadas por mujica a los medios argentinos hace tiempo, cuando todavia estaba caliente la arena de la pelea. Vaya uno a saber porque, pero lo cierto es que fueron tomadas en ese entonces como una opinion sensata y razonable, lo logico viniendo de un uruguayo (porque si, muchos porteños en general tienen un prejuicio igual de estupido que el nuestro, pero al reves). Por lo tanto, hay que estar muy desnorteado para creer que las declaraciones de Mujica a La Nacion van a afectar de alguna forma las relaciones futuras con el gobierno argentino.

A Lacalle se le pueden criticar muchas cosas relativas a su vision de politica internacional. Sin ir muy lejos, antes de que se desmadrara todo (como dice Barreiro), Lacalle declaro que el no iba a reunirse con la presidenta argentina en su gira durante la campaña electoral por "obvias razones". Uno puede incluso retroceder atras en el tiempo e intentar cuantificar el grado de responsabilidad del partido nacional y en particular de sus actuales candidatos en el actual conflicto con Argentina. Pero creo que citar una frase como la señalada por Barreiro esta en un nivel de maniqueismo equivalente a las rasgaduras blancas por las declaraciones de Mujica sobre la justicia. Osea, pobre, muy pobre.
Seria mas interesante, por ejemplo, que se especulara sobre cual fue el destino de la supuesta "propuesta de conciliacion" de la que era portador Mujica al termino de su encuentro con los Kirchner. Existio realmente esa propuesta? Y de ser asi, que sucedio? Acaso murio en la inercia obstinada y negligente de nuestro presidente?

Estoy de acuerdo con que Mujica fue el único que intentó poner algo de sensatez en el conflicto con Argentina, de tender algún puente (por usar una palabra que viene a cuento del asunto). Precisamente por eso me sorprendió sobremanera que luego se despachara con una catarata de desprecios y lugares comunes sobre el ser argentino.

Mi tesis NO es que el discurso anti-argentino no da dividendos electorales. Lo que sostengo es que los políticos uruguayos SUPONEN que el anti-argentinismo sí da dividendos electorales. No sé si finalmente los dará o no, pero los candidatos se comportan como si los diera. Esa suposición indica algo: como mínimo que sospechan que los uruguayos son mayoritariamente anti-argentinos (o anti-porteños, que para esa mentalidad suelen ser sinónimos) .

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