Hay alcalde
La idea del alcalde urbano es muy saludable y buena. La deberían haber pergeñado los padres de la patria, pero no lo hicieron quizás porque eran unos gauchos displicentes. El Intendente entonces era el Jefe Político de la ciudad que tenía teatro, y jefe a secas de los miserables pueblos que apenas coloreaban el mapa. Las "otras" ciudades, las que hoy deberían tener alcalde, no tuvieron y tampoco nunca reclamaron sus fueros, sospecho que por la misma indolencia que aquejó a los Constituyentes.
Paso de los Toros, San Carlos, Las Piedras, Carmelo, Juan Lacaze, Bella Unión, Young, por mencionar a las que vienen en mente, deberían haber reclamado desde su fundación una autonomía municipal de corte urbano, y sobre todo, su tajada del pastel. No tiene sentido venir ahora a imponerles su propia autonomía, a grupas de un sistema político que ya no tiene cabida para ella.
Una de las cosas extrañas de esta "elección municipal" es que no se permitió el voto cruzado. Es insondable el propósito de esta enmienda constitucional impuesta por menos de los dos tercios de la Asamblea General. Impone, sin consulta alguna, la elección de un ejecutivo local pero no permite que el elector lo separe del ejecutivo departamental. Si esto no viola en forma flagrante el ánimo de los constituyentes, y el propio concepto convencional de lo que es "municipal", es que no entendí nada sobre los principios que rigen en nuestro sistema político (lo que es enteramente posible).
En este país chico, no solo es importante el dato de que Montevideo apabulla a las otras capitales por su tamaño, es importante también el dato que muchas capitales apabullan a su hinterland en mucho mayor grado. En algunos casos se trata de capitales de mentira, que reinan sobre cientos de miles de hectáreas de pastoreo, quintas, chacras y termas. Salto no llega al 10 por ciento del tamaño de Montevideo, pero es la capital de un enorme territorio sobre el que actúa como municipio con las mismas prerrogativas que lo hace Maldonado sobre San Carlos.
¿Qué sentido tiene inventar alcaldías desprovistas de independencia tributaria a pueblos que además de haber hecho poco por merecerlas, se ven alcanzados por la onda expansiva de una idea loca de Tabaré Vázquez? El mismo grado, sospecho, que trazar los límites de algunos barrios montevideanos que quizás existan solamente en el imaginario de unos aparatchiks de la IMM.
¿No sería mejor ya que estamos queriendo detonar el ordenamiento territorial nacional, empezar por esa institución poco convincente que es la Intendencia Departamental? ¿No sería más valiente emprenderla contra al Constitución que querer venderle gato por liebre y hacer pasar la idea vazquista de desconcentración como si se tratara de de un inventón de su propia factura?
Sería más valiente y mucho más redituable enfrentarse a los localismos que existen, por ejemplo, entre Salto y Paysandú y tratar de convencerlos de que el camino hacia una mayor autonomía es el de hacer lo local más amplio e incluirlo en una entidad de tipo federal llamada, por ejemplo, litoral norte, junto con Artigas. Aprovechar las afinidades entre los departamentos de la costa este (Canelones, Maldonado y Rocha) para dar mayor peso al argumento a favor de la autonomía regional. No la desconcentración de la gestión que propugna Tabaré Vázquez, sino una descentralización política basada en la autonomía tributaria y en la extensión máxima posible de las atribuciones territoriales. O sea, que la educación en "Litoral Norte" no estaría en manos de los aparatchiks de FENAPES sino de otros aparatchiks pero de factura local. "Cut down to size" dicen los gringos.
Menuda tarea sería conciliar los localismos y las desconfianzas, pero como se trata de sentimientos puramente emotivos, las soluciones políticas pueden contemplar también las emociones. Se trata de imaginar unidades territoriales con autonomía tributaria que hagan posible la existencia de alcaldías, y no el presente mamarracho en el que la futura intendenta de Montevideo ya anunció que los alcaldes de otros partidos van a tener que "achicar". Que lo dijo lo dijo y a nadie puede extrañarle, por algo es bolche.
Les digo por qué estamos votando alcalde. Porque lo quiso Tabaré. Es un ejercicio de autogratificación que pretende reinventar el proceso de "descentralización" que Él inició en la intendencia de Montevideo y aplicarlo al país entero. No importa que en Montevideo la tal descentralización haya sido un fracaso que se vistió con el éxito de la desconcentración. Ahora no tiene que ir al Municipio para quejarse o proponer algo, los burócratas de los centros comunales lo harán por usted, si se les da la gana.