Genes y nenúfares
Félix Ovejero Lucas
Parece que se acaban los años de desvarío posmoderno. En todas partes. Hasta París tiene un límite para acoger charlatanes. En la mudanza, no pocos "humanistas" en período de desintoxicación, con el mismo arrobo con que se encandilaron con deconstrucciones y otros delirios, vuelven su mirada hacia las ciencias naturales. Bienvenida sea la marea si deposita algún sedimento de claridad y de cordura.
Entráis en el gran centro hospitalario y policlínico, os dirigís a las salas de maternidad y pasáis a una de sus dependencias, donde están las incubadoras y las UVI para recién nacidos. Allí encontráis pequeños errores de la productora de hombres. A todos los están manteniendo vivos bajo las campanas de cristal.
Ninguna es mía. Me limito a explotarlas, con bastantes licencias, al hilo de declaraciones de destacados líderes socialistas que, a mi parecer, no acaban de tener un trato cómodo con el ideal igualitario: una se refiere a la naturaleza de la igualdad; la otra, a cómo conseguirla.
Más allá del duelo, morbo y mercancía son las otras caras del memorialismo. Tuve la oportunidad de experimentarlas todas pocos días después del derrumbe de las Torres Gemelas en Nueva York.
Winston Churchill quería detener y fusilar inmediatamente a los máximos dirigentes alemanes. El ministro de Exteriores británico, Anthony Eden, sostuvo en 1942 que debía evitarse a toda costa el "error de no ahorcar al kaiser Guillermo II al final de la I Guerra Mundial y que se abandonara desde el principio cualquier idea de proceder jurídicamente contra los dirigentes del Eje", según cuenta el historiador británico Richard Overy.
¿Es controlable Internet? Éste es un debate sempiterno en el que se mezclan los sueños personales, los grados de (des)conocimiento tecnológico, la rutina del poder y la rapidez del cambio de los parámetros de referencia. Tratemos de clarificarlo.
Amartya Sen, indio de nacimiento, fue premio Nobel de Economía 1998. En esta entrevista aborda, entre otras cosas, las concepciones existentes sobre el desarrollo y algunos lugares comunes sobre la globalización.
Forma parte de nuestro paisaje mediático la discusión recurrente acerca de la utilidad de la filosofía. No reconoceríamos esta sociedad como la nuestra si no hubiera, cada cierto tiempo, un debate suscitado por alguna amenaza ministerial y la correspondiente reacción de los filósofos, una especie, no sé si amenazada, pero sí al menos especialmente obligada a justificarse e incluso a excusarse.
Que alguien haya pronunciado palabras inoportunas sobre la superioridad de la cultura occidental es algo secundario. Es secundario que alguien diga algo que considera correcto, pero que lo haga en el momento equivocado, y es secundario que alguien crea en algo injusto, o de todas formas equivocado, porque el mundo está lleno de gente que cree en cosas injustas o equivocadas, incluso un señor que se llama Bin Laden.
El convencimiento generalizado e indiscutido de que vivimos en la era de la globalización ha comportado, entre otros efectos teóricos, que se hayan convertido en tópicos las referencias a la homogeneización del mundo, a la uniformización de lo que antes era diversidad o, con los términos más al uso, al aplastamiento de las diferencias.
En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo, pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el paso de la lógica a la epilepsia se ha consumado... Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas.
Hace unas cuantas semanas -¡parece que ha pasado un siglo!- los ciudadanos españoles con menos horizonte financiero incorporamos a nuestro vocabulario una nueva fórmula de magia económica: stock options. Gracias a este invento milagroso de la ingeniería especulativa, un puñado de los principales accionistas de la compañía Telefónica vieron incentivada su fidelidad a la empresa repartiéndose algo así como cuarenta mil millones de pesetas.
Justo hace ahora cuatro años. La policía de Washington andaba detrás de un francotirador de quien, a ciencia cierta, lo único que sabía era que poseía una furgoneta blanca, varios rifles y un manual para francotiradores. Entre los cuatro millones de habitantes de la ciudad, sólo 10 cumplían los requisitos. Eso quería decir que nueve de ellos eran inocentes.
A estas alturas, todos tienen su opinión sobre la globalizacion. Éste es el principal mérito del movimiento global contra la globalización: el haber puesto sobre el tapete del debate social y político lo que se presentaba como vía única e indiscutible del progreso de la humanidad.
Durante toda la época industrial, el trabajo gozó de una posición incomparable. Se hallaba en el fundamento de la vida social y en el corazón de un conflicto donde las dos partes pretendían controlarlo: los obreros, que afirmaban poder prescindir de los patronos para organizarse, y los dueños de las fábricas, que pretendían por el contrario que sin ellos la producción dejaría de estar asegurada en condiciones satisfactorias.
Ante las perplejidades e incertidumbres del presente imperfecto, parece ser que no nos queda otra meta que mirar hacia atrás en busca del paraíso perdido por culpa de la modernidad. Así que, en palabras de Karl Kraus, “mi meta es el origen”.
Lady Mary Montagu es, sin duda, la figura femenina más interesante de la primera mitad del siglo XVIII inglés. Consiguió una buena cultura en la biblioteca de su padre, el duque de Kingston, y luego contrarió a su ilustre progenitor casándose a escondidas contra su voluntad.
Hacer sentido: la expresión quiere decir encontrar la clave de acontecimientos cuyo significado no es evidente. También quiere decir que se establecen conexiones, que se hace un sentido, precisamente como se hace algo nuevo a partir de materiales que se han encontrado o que se han impuesto.
Y los atenienses dijeron a los melios: «Vuestra amistad sería una prueba manifiesta de nuestra debilidad, mientras que vuestro odio se interpretaría como una prueba de nuestra fuerza».
Con la fragmentación del espacio público, hace tiempo que nadie pretende ser hoy el portador del interés general (y todos respiramos más tranquilos, aunque sabemos que esto genera a su vez nuevos problemas). Lo que va ganando terreno es una especie de "particularismo generalizado" de grupos que se organizan en torno a intereses específicos.
El otro día vi las imágenes de la visita del primer ministro japonés Junichiro Koizumi al santuario sintoísta de Yasukani, en Tokio, para rendir homenaje a los soldados muertos en actos bélicos y también a algunos ejecutados como criminales de guerra después de la Segunda Guerra Mundial.
En un artículo reciente, Carlos Fuentes hace reflexiones interesantes, como suelen ser las suyas, acerca de la vigencia y tareas de quienes se reclaman de una orientación política de izquierdas, tras la caída del muro de Berlín, de las Torres Gemelas y sobre todo tras tantas iluminadoras caídas paulinas en la ruta a Damasco como hemos tenido en los últimos años.
Cuanto más sabemos del comportamiento humano, más primitivas e injustificadas parecen nuestras instituciones políticas y económicas. Que el funcionamiento de éstas se maneja con reglas bastante simples resulta especialmente evidente cuando prestamos atención a las políticas económicas y a las leyes penales que rigen en nuestras comunidades.
Hubo un tiempo en que los tesoros no estaban localizados en los parqués de la Bolsa ni en los platós televisivos ni en las oficinas bancarias ni en las múltiples "cuevas del poder", sino en islas perdidas, bosques sagrados o en remotos pozos casi inaccesibles, y los caminos que llevaban a ellos, lejos de estar iluminados con luz cegadora, eran difíciles y secretos, únicamente dibujados en mapas a los que se accedía a través de la imaginación.
'Globalización' significa que todos dependemos unos de otros. Las distancias importan poco ahora. Lo que suceda en un lugar puede tener consecuencias mundiales. Gracias a los recursos, instrumentos técnicos y conocimientos que hemos adquirido, nuestras acciones abarcan enormes distancias en el espacio y en el tiempo.
La memoria sigue ganando batallas en la lucha contra el olvido. El Senado argentino anula las leyes de punto final y obediencia debida que exculparon en 1987 a los acusados de haber violado los derechos humanos durante la dictadura; el Gobierno chileno quiere revisar el punto muerto en que se encuentra la valoración del pasado; el PSOE se plantea exigir al Gobierno una ley que reconozca que los tribunales de la dictadura franquista eran ilegales.
Primo Levi regresó a Auschwitz, donde estuvo internado de febrero de 1944 hasta la liberación del campo en enero de 1945, dos veces en su vida: en 1965 y en 1982. En la segunda oportunidad lo hizo acompañado por un grupo de estudiantes y profesores de instituto, representantes de la comunidad judía y cargos electos de la provincia de Florencia, organizadora de la visita. También viajó con él un equipo de la RAI, dirigido por Emanuele Ascarelli y Daniel Toaff.
Raspa usted la estrella de David que luce Ariel Sharon y aparece una cruz gamada. La crítica a la política del Estado de Israel está tan emocionalmente cargada que se confunde israelí con israelita, política gubernamental con historia del pueblo judío. Editoriales, intelectuales o dibujantes porfían en una escalada expresiva que cristaliza en juicios tales como que los judíos no han aprendido nada, que las antiguas víctimas se han convertido en nuevos verdugos.
Lo que sigue tiene su origen en una reflexión más larga acerca de la función que está cumpliendo en las sociedades occidentales desarrolladas la recurrente apelación a Auschwitz y al holocausto, convertidos en cifra y signo del mal en el mundo contemporáneo. Me planteaba en un momento dado la cuestión de la autoridad para reclamar responsabilidad por tales sucesos que realmente poseen muchos de los que parecen arrogarse ese papel. Era al llegar a este punto en el que se me abrió otra línea de argumentación.
Sin la fuerza del consumismo desfallecería la base del sistema y, en consecuencia, la producción, el empleo, la renta, las oportunidades de vivir y, ahora, además, el método automático de hacer el bien al prójimo. Dar limosna comprando, salvar a un pobre derrochando: el sistema se ha acoplado tanto con el consumo y el consumismo como la naturaleza con el reciclaje".